Connect with us

Producción de cine

“Los españoles hemos mejorado mucho nuestra actitud hacia el cine propio”

Emilio C. García Fernández, autor de “Marca e identidad del cine español”

Published

on

Catedrático de Historia del Cine de la Universidad Complutense de Madrid, autor de más de una docena de libros propios y coautor de cerca de otro medio centenar de títulos, Emilio C. García Fernández es una de las voces académicas más autorizadas para hablar de la situación de la industria del cine nacional. Hoy conversamos con él con motivo de la reciente presentación del libro “Marca e identidad del cine español. Proyección nacional e internacional entre 1980 y 2014”. Un proyecto con el que se quiere valorar si se puede proponer una definición de la imagen de marca “Cine Español” y abordar los primeros pasos para futuras decisiones en torno a su gestión.

¿La industria del cine español siempre ha estado en crisis?

Una de las constantes históricas de la industria cinematográfica es la inestabilidad en su financiación porque la dependencia manifiesta del Estado, de los Gobiernos autonómicos y locales, de las compañías públicas y privadas de televisión y de programas internacionales como Media e Ibermedia no ha permitido asumir el compromiso de consolidar su propia estructura y fortalecerla año tras año.

La falta de una solvencia industrial propia genera búsquedas que sólo conducen a improvisaciones constantes de las que se deriva la eterna “crisis” que tantos titulares ha generado a lo largo de un siglo. La crisis no sólo es industrial, es también mental, creativa y emocional. Tiene que ver con un sentimiento hacia la producción propia que se ha asentado históricamente en la mente de los españoles.

Algunas cosas han cambiado con los años y, por ejemplo, mientras la industria cinematográfica española sigue en crisis la percepción que tienen los españoles de su propio cine ha evolucionado positivamente. El prejuicio que ha dominado a lo largo de los años va desapareciendo lentamente, pero se manifiesta una demanda de calidad que, todavía, muestra un gran desequilibrio entre lo que se produce y las películas que realmente interesan a los españoles.

Según recoge el estudio, en los últimos 35 años se produjeron 3.967 películas en España por parte de 1.021 empresas productoras, pero sin embargo más de la mitad participaron en un solo film. ¿A qué crees que se deba esta circunstancia?

Los datos que se recogen en nuestra investigación trasmiten una realidad sobre la que nadie quiere hablar, aunque la mayoría de los implicados en la industria lo conocen desde siempre y, especialmente, desde 1980, punto de partida del estudio.

Sorprende que teniendo la referencia de todo lo realizado durante el franquismo no se hubiese apostado en los primeros años ochenta por cambiar algunas cosas como, por ejemplo, que la solidez de la industria era condición fundamental para que el cine español fueran consolidando un sólido edificio. Es evidente que la fortaleza en el sector de producción habida en aquella época tuvo que ver con las ayudas del Estado y con diversas iniciativas que ayudaron a una producción continuada de calidad y que fue muy bien aceptada por el público de la época.

Cuando se inicia la etapa democrática, desde la administración del Estado (llámese Ministerio de Cultura) se inicia una etapa de fortalecimiento del cine español a partir de una idea de calidad que nada tiene que ver con los intereses del público general. Este momento es clave (Decreto de 1983) porque cuando en defensa de un cine de “calidad” se impulsa un proyecto de producción en el que todo el mundo puede asumir esa faceta profesional más allá de que sea director o guionista. La existencia de un buen puñado de productores que sólo asumen esa tarea e intentan complicarse la vida con varios proyectos no logra consolidarse y comienzan a aparecer productores oportunistas apoyándose en una normativa que así se lo permite.

De ahí surge un sector todavía más atomizado, que es secuela de lo habido durante el franquismo y, consecuentemente, alarga el problema hasta el día de hoy. Un sector atomizado no permite consolidar una industria eficaz y rentable, porque evoluciona a un ritmo incierto, generado a partir de iniciativas individuales que no saben si tendrán continuidad, reafirmando la improvisación como una realidad.

Un 20% de las películas producidas no llegan a estrenarse en salas. ¿No es un porcentaje demasiado alto?

Continuando con lo anterior, debo decir como reflexión general que en el mundo del cine (como en otros sectores) no vale todo; o mejor, no vale cualquier cosa, sea un guión, una historia, un proyecto. Es decir, que se han hecho muchas películas que ya inicialmente se preveía no tendrían repercusión ni proyección. Los empeños personales deben existir sabiendo que la creatividad es tan amplia y diversa como personas existen, pero cuando se impulsan proyectos que están sostenidos por financiación pública hay que ser respetuosos con quienes están implicados en esa financiación.

Muchos directores a lo largo de estos últimos 35 años han pensado que los proyectos que tenían entre manos eran fundamentales para la industria, la sociedad y la cultura española y, realmente, eran todo lo contrario. El problema reside en que un director lleva a imágenes su propio guión y se implica en la producción y acude a las vías de financiación (pública) existentes para sacar adelante su proyecto sí o sí, y eso no pasa en industrias similares en otros países, en donde son muy respetuosos con los riesgos.

No obstante, hay otra lectura paralela que tiene que ver con la distribución y exhibición. En España han desaparecido casi todas las distribuidoras propias y cualquier película española que quiera entrar en el mercado ha de ponerse en manos de la majors estadounidenses. Si a esto le añadimos que el parque de salas está también controlado -a través del paquete de películas- por esas grandes empresas, la dificultad es mayor. Por lo tanto, si muchos proyectos que no se sostienen creativamente tienen que solver mayores obstáculos, se puede entender perfectamente por qué el porcentaje de películas sin estrenar es tan amplio.

Y una última cuestión. Cuando decimos que anualmente no se estrena un 20% de películas producidas estamos señalando que son muchos los directores que no pasan de un primer proyecto; es decir, que tienen y tendrán dificultades para poder continuar con su carrera.

En la presentación del libro acusabas a la industria del cine español de ser poco transparente. ¿Por qué crees que hay este temor a compartir datos? ¿Cómo podría beneficiarnos una mayor transparencia?

Personalmente, te puedo decir que llevo cuarenta años investigando cine español, lo que supone que he buceado en muchos archivos y me conozco materiales de primera mano y documentos que reflejan a qué nivel de información se ha movido la industria del cine español.

Los expedientes administrativos del cine español indican que en todas las épocas se ha evitado una información que pudiera dar detalles de lo que realmente ha ocurrido con un proyecto: cuánto fue su presupuesto, cuánto han cobrado los actores y los demás participantes en el mismo; además, de donde llegó el dinero: cuánto ha puesto el productor y cuánto la administración y otros organismos públicos.

Yo siempre he defendido que cuando un proyecto se sostiene con dinero público ha de dejar muy claro cuáles han sido las partidas y cómo se han distribuido realmente. Antes, en los expedientes que se podían consultar precisaban los detalles pero quienes acudíamos a ellos sabíamos que había otra lectura. Todo este material estaba en el archivo ministerial y quienes tuvieran algún interés por el tema tenía que hacer el esfuerzo por desplazarse y dedicar tiempo a ello.

Un ejemplo de todo esto es que el control de taquilla que se implantó en 1965 nunca proporcionó los datos reales sobre el negocio del cine. Sí, era una información aproximada de lo que estaba sucediendo, y permitían manejar esa información en los trabajos que hemos realizado. Pero, la realidad, la que se conocía en toda la industria era que los exhibidores manipulaban la venta de entradas y no reflejaban el aforo que habían tenido.

Esto que pudo quedar en una anécdota se extendió a partir de los años ochenta y fue más allá, cuando se detectó que muchos directores compraban entradas para alcanzar el mínimo exigido por la ley para poder acceder a las ayudas oficiales existentes en cada momento.

Desde que Internet se desarrolla y disponemos de información en la Red al alcance de todos, nos encontramos que nadie refleja esas cuestiones en todo lo referido a cada una de las películas. Es decir, que tanto en la Web del Instituto de las Ciencias y las Artes Audiovisuales (del Ministerio de Cultura) como las de las productoras no hacen mención de las ayudas recibidas, cosa de la que nadie se preocupó y que nosotros hemos denunciado en varias ocasiones. Esta opacidad en un síntoma de que las cosas no están nada claras y que nadie quiere dar pistas de cómo se mueve la industria cinematográfica española para poder seguir exigiendo más y más respaldo público.

También se advierte de una gran inestabilidad debido a los vaivenes de las ayudas públicas y la participación cada vez mayor de los grandes grupos audiovisuales. ¿Como afecta esto en el desarrollo de una industria solvente y sólida?

Uno de los mantra que los profesionales de la industria cinematográfica española han repetido durante toda su vida es el abandono en el que se encuentran por parte del Gobierno (de cualquier color e ideología). Por otro lado, los ciudadanos españoles siempre han dicho y repetido que los del cine sólo quieren más ayudas y “vivir del cuento”.

La realidad de las ayudas públicas es que la industria cinematográfica española quizás sea el sector industrial y empresarial que menos ayudas de recibe por parte del Gobierno Español y todo lo que llega de Europa y se reparte por los distinto ámbitos y sectores, lo que pasa es que se ha hecho muy popular porque sus profesionales denunciaron permanentemente lo que ellos consideraban era una discriminación, sin pensar que el problema principal estaba en que sus productos, en las películas que lanzaban al mercado y no interesaban a los espectadores.

Si como comenté con anterioridad la industria tuviera sus propios recursos no estaría pendiente de lo que decidiera un departamento ministerial o un canal de televisión. Una cosa es solicitar una participación en la producción de un proyecto y otra que lo financien casi totalmente. Es así como desaparecieron los productores de antaño y lo que entiendo es la figura fundamental en la industria.

Esta situación ha proyectado mayor inestabilidad y solvencia en el cine español, más allá de que, evidentemente, hayamos tenido y tengamos éxitos importantes de taquilla y sobre ellos se quiera construir que todo marcha muy bien. En este sentido quiero recordar que de las casi 4.000 películas producidas en 35 años sólo 181 han superado el medio millón de espectadores, lo que confirma que la industria, los profesionales, el público y todos los que estudiamos, analizamos y conocemos desde perspectivas directas y complementarias la situación tenemos que buscar una solución.

De todas las películas producidas en los últimos 35 años, solo cerca de un tercio fueron coproducciones. Desde tu punto de vista, ¿Con una mejor política fiscal esta situación podría revertirse?

La coproducción se implantó como fórmula de negocio porque facilitaba muchas cosas, en especial el reparto del riesgo empresarial, la apertura de mercados y, si partimos de la base de que el rodaje se desarrollara en España, más negocio y mejores resultados para la economía doméstica.

A lo largo de la historia este modelo ha funcionado relativamente bien; es decir, se desarrollaron muchos proyectos y se mejoró la dinámica industrial. Lo que ya no está tan claro es que se haya aplicado el mismo criterio en la promoción y explotación comercial de las películas por parte de los países implicados. Aquí ha estado siempre el problema principal.

El modelo fiscal necesita un cambio. El Gobierno tiene que plantearse seriamente que los revulsivos empresariales, de inversión y financiación llegan por una política fiscal adecuada para que todos aquellos que puedan estar interesados en invertir en cine puedan hacerlo contando con el beneficio correspondiente

En España se han rodado muchas producciones extranjeras y coproducciones, por lo tanto hay una experiencia en este sentido. Debe aprovecharse las ventajas que ya se conocen que aplican otros países para que esto redunde en beneficio de todos.

Al margen, importante por cierto, de que proyectos extranjeros se rueden en España, la cuestión que subyace en todo esto se centra en cuántos fondos, personas físicas o jurídicas quieren realmente invertir en cine español.

Llega la “Fiesta del Cine” y las salas de cine se llenan. Se acaba y los espectadores huyen despavoridos. ¿El problema es el precio de la entrada? 

El por qué los espectadores han huido de las salas de cine es porque, inicialmente, se fueron cerrando las salas que estaban cerca, las habituales en los espacios urbanos, por grandes complejos que se trasladaron a los centros comerciales del extrarradio de las ciudades. La moda se ha extendido como una fiebre y estoy convencido que, más allá del momento, la gente se ha cansado de tener que desplazarse a dichos lugares. Además, las nuevas ventanas de comercialización han abierto otras opciones de consumo que no ha tenido en cuenta la industria cinematográfica.

Por último, el precio de la entrada en esta situación no es el que corresponde. Creo que situarse en los 4,50 euros sería muy positivo para el negocio. El problema es que los sectores implicados, especialmente la distribución y exhibición, no quieren verlo. Es verdad que en la oferta actual hay muchos tipos de entrada (día del espectador, para mayores, abonos diversos, etc.), pero eso no hace más que condicionar la asistencia a las salas y, salvo en casos muy concretos, no aprecio que sea un revulsivo.

Y, claro, después, o antes, está el asunto del IVA cultural. El cine como industria tiene una proyección cultural que se evidencia en una parte de su oferta. Cada vez estoy más convencido, de que el IVA hay que situarlo en el 5% pero con una condición, puesto que hasta ahora, y en épocas anteriores que se situó entre el 8 y el 10%, no se ha aplicado como debiera ser. Me refiero a que cuando se aplica un determinado tipo de IVA este tiene que repercutir en el precio de la entrada. Si se pide un IVA reducido es para que todos los implicados resulten beneficiados, no sólo los empresarios de salas, los distribuidores y productores. El IVA lo tiene que notar el público cuando pasa por taquilla. Si la industria quiere mantener sus márgenes aunque se reduzca el IVA defenderé que se mantenga como está.

En vuestro estudio rompéis un mito. La piratería no afecta tanto a las producciones nacionales como se pensaba, porque principalmente “el pirata” consume contenidos internacionales. ¿Se ha utilizado la piratería como escusa frente al temor de afrontar el nuevo paradigma digital? ¿Que no están sabiendo sacar todo el provecho a las plataformas de VOD?

La industria cinematográfica española ha repetido a lo largo del tiempo, como si de otro mantra se tratara, que el cine español no podía despegar porque la piratería estaba arruinando su negocio. Llegaron a convencerse de que eso era así y para reafirman su posición presentaban los resultados de estudios que abordaban la repercusión económica de la piratería. No he encontrado en todos estos años una referencia concreta a cómo estaba afectando claramente al cine español. Nunca. Por eso, después de analizar detenidamente, o hasta donde hemos podido la situación (por la falta de transparencia existente), hemos comprobado que todos los que ven contenidos audiovisuales por televisión, las nuevas plataformas y Internet tienen una amplia oferta que va desde el pago, visionado en abierto y consumo en movilidad, lo que viene a ratificar que a priori no es necesario piratear. Pero si vamos un poco más allá, nos encontramos que si se piratea algo audiovisual es, siempre, producción internacional. El cine español no interesa para piratear.

Lo que sí está claro es que la industria cinematográfica española no se ha adaptado, todavía, al nuevo modelo digital. Va con mucho retraso y se le está pasando el tiempo. En este mismo sentido, las plataformas existentes no está haciendo la oferta adecuada. Han tirado de catálogos que no tienen en cuenta la diversidad de públicos y llevan retraso en ampliar su oferta. Se aprecia que no se está haciendo la inversión adecuada, los empresarios creen que por tener unos cuantos títulos ya es suficiente. No, este no es el camino. Como tampoco es el adecuado que cuando un ciudadano entra en las diversas plataformas cada una tenga un precio distinto para la misma película.

Por último, ¿Qué imagen tenemos los españoles de nuestro cine?

Los españoles hemos mejorado mucho nuestra actitud hacia el cine propio. Aquel prejuicio existente que se extendió durante mucho tiempo de que el cine español era malo por naturaleza ha desaparecido en buena medida y hoy, más allá de críticas a ciertas actuaciones de la profesión y sobre los modelos empresariales, tenemos que afirmar que queremos ver cine español.

Una cuestión relevante a la que hemos llegado con el estudio es que si la industria cinematográfica española se viera a sí misma haría un ejercicio de sinceridad importante que le ayudaría a afrontar la situación para buscar soluciones a los problemas que tiene, porque los tiene y muchos.

Otra es que, como llevo diciendo desde hace treinta años, para comprender el cine español hay que conocerlo, y quizá fue ese el motivo del prejuicio generalizado: que nadie veía cine español y hablaba de oídas (en este sentido la crítica ha tenido mucho que ver, como también decimos en la investigación).

El estudio “Análisis de la imagen del cine español” que se realizó para nuestra investigación (entre el 6 y 28 de marzo de 2014, fechas previas al estreno de Ocho apellidos vascos) confirma el buen aprecio que los ciudadanos españoles tenemos por nuestro cine, pero también se deduce algo muy importante: que la industria debe escuchar mucho más, debe pensar en quién es su receptor directo y, además, considerar la proyección internacional.

Muchas personas siguen manteniendo la idea de que el cine español tiene que seguir los pasos del cine estadounidense, actitud que lleva al error de apreciación. La mayoría en lo que insiste es en que mejore la promoción y publicidad de las películas y que todos los implicados en la producción deben participar más activamente en dichas iniciativas.

Y termino diciendo que estamos viviendo un momento interesante para que pongan en marcha iniciativas que redunden en una mayor aproximación entre público y película. No se puede mantener un nivel de producción tan alto, sobre todo cuando un 20% de la producción anual no se estrena y aquellas películas que consiguen pantalla apenas llegan a un puñado de espectadores.

Nosotros consideramos que la industria cinematográfica española debe depender de sus propios recursos, por eso apostamos por la creación de un Centro Nacional del Audiovisual (ya la Academia del Cine debería ser del Audiovisual) y que el sector no tenga que depender de diez ventanillas que corresponden a otros tantos ministerios públicos; la administración única, la ventanilla única todavía tiene que implantarse para esta industria.

Licenciado en Comunicación Audiovisual, Master MBA y Master en Administración de Industrias Culturales. A lo largo de mi vida laboral he participado en la producción de diversos proyectos audiovisuales de televisión, publicidad, video digital y cine tanto en España como en Reino Unido, Perú y México.

Producción de cine

¿Qué países europeos realizan más coproducciones?

Published

on

Las coproducciones mayoritarias ya representan el 20,4% del total del volumen de producción en Europa según el último informe presentado por el Observatorio Audiovisual Europeo relativo al periodo 2007 – 2016.

Pero ¿Qué países europeos realizan más coproducciones?

Si bien es cierto que tanto Bélgica (56%) como Luxemburgo (53%) produjeron en ese periodo más películas como coproductores mayoritarios que como productores nacionales, en términos absolutos, los principales países productores de Europa coincide también con los principales países coproductores: Francia encabeza la lista (con 566 coproducciones de 2007 a 2016), seguida por España que ya ocupa el segundo lugar (460 coproducciones), Alemania (411) y Suiza (221).

Una buena noticia para la industria del cine en nuestro país si tenemos en cuenta los buenos resultados de taquilla que acompañan a este modelo de producción. Para que te hagas una idea el 24,2% de las coproducciones europeas representan el 50,3% de la taquilla europea. Además, las coproducciones europeas generan el triple de admisiones que las películas nacionales europeas. Y por si fuera poco, hay que tener en cuenta que de promedio las coproducciones europeas circulan casi el doble que las producciones puramente nacionales y que en los últimos años el número de estrenos de películas en un país que no sea el principal país de producción ha crecido un 62.9%.

CON QUIÉN COPRODUCE EUROPA

Los productores europeos buscan coproductores entre sus socios habituales y más cercanos. Si bien es cierto que a lo largo del periodo analizado en el estudio los productores europeos realizaron coproducciones con 150 países (105 como coproductor mayoritario y 142 como coproductor minoritario), la realidad es que el 60% de las veces se trataron de coproducciones realizadas con otros países europeos.

Las producciones belgas-francesas encabezan la lista de las coproducciones más habituales (con la participación de al menos un socio europeo) la siguen las coproducciones entre Reino Unido y Estados Unidos, las coproducciones entre Italia y Francia, y finalmente las coproducciones entre Francia y Alemania.

En términos de diversidad, sólo cuatro países participaron en coproducciones europeas con más de 25 países: Alemania (31), EE. UU. (30), Francia (29) y el Reino Unido (26). Además, sólo 36 de los 142 países involucrados en una producción europea como coproductor minoritario participaron en proyectos en 10 o más países durante el período 2010-2015.

Por cierto, como puedes ver en el siguiente cuadro, el número promedio de socios involucrados en una coproducción europea ha aumentado en los últimos años pasando de un promedio de 1,48 socios en 2010 a 1,65 corpoductores en 2015.

Fuente: Film production in Europe Production volume, co-production and worldwide circulation

Continue Reading

Producción de cine

El volumen de producción del cine europeo ha crecido un 49% en la última década

Published

on

Según el Observatorio Audiovisual Europeo, entre 2007 y 2016 se han producido más de 18.000 películas en Europa. Una cifra récord que representa un crecimiento del 49% en la última década si tenemos en cuenta que en 2017 se produjeron 1.422 largometrajes mientras que en 2016 la cifra había aumentado hasta los 2.123.

El mayor crecimiento se ha producido en el volumen de documentales realizados, que durante ese período casi se ha doblando (698 películas en 2016), mientras que la producción de ficción aumentó un 33% (1.426 películas en 2016). De hecho, los documentales han pasado de representar el 25% del total de la producción en 2007, a representar el 33% en 2016. Por cierto,  el 20,4% de las producciones realizadas en Europa son coproducciones mayoritarias.

CUESTIÓN DE CINCO PAISES

Los cinco principales países productores europeos – el Reino Unido, Francia, Alemania, España e Italia – representan el 53,6% de la producción total en los 36 países analizados. Estos mismos países también fueron los únicos con cifras de producción superiores a 1.500 películas entre 2007 y 2016. Además, los 10 principales países productores representaron el 73% de las películas filmadas entre 2007 y 2016. En el lado opuesto encontramos a un grupo de 18 países que produjeron de media menos de 25 películas al año durante ese período.

Como se puede ver en los dos gráficos circulares que te muestro más abajo, España y Turquía mejoraron su posición en la parte superior, mientras que el peso relativo de la producción británica y suiza disminuyó con el tiempo. En términos generales, la concentración en la parte superior se mantuvo igual, con los 26 países fuera de los 10 principales que representan entre el 27% y el 28% de la producción total.

Sólo cinco países indicaron un descenso en la producción entre 2007-2008 y 2015-2016: el Reino Unido, Bélgica, Noruega, Estonia y Hungría. En el lado opuesto encontramos a 10 países (fundamentalmente de Europa del Este) que duplicaron su volumen de producción durante el mismo período.

Por cierto, a nivel paneuropeo, hubo un 39% de crecimiento: 35% dentro de la UE, 60% fuera de la UE, con Rusia (40%) y, especialmente, Turquía (180%) por encima de los niveles generales promedio. A su vez, todos los principales países productores de la UE, con la excepción de España (89%) y Dinamarca (35,6%), mostraron un crecimiento por debajo de los niveles de la UE.

Fuente: Film production in Europe Production volume, co-production and worldwide circulation

Continue Reading

Producción de cine

¿Cada vez vamos más al cine en Europa?

Published

on

El número de espectadores de cine volvió a crecer en 2017 en Europa.

Según los datos que maneja MEDIA Salles de los 36 países donde las cifras ya están disponibles, el año pasado 1.328,7 millones de espectadores fueron al cine en Europa, lo que representa un aumento del 2,0% sobre los 1.302,1 de 2016.

Sin embargo este aumento no se ha dado por igual en todos los territorios. Mientras que en los 18 países de europa occidental, con un total de 881.2 millones de admisiones, revelan un descenso del 1.6%, perdiendo más de 14 millones de espectadores, en los otros 18 territorios restantes el crecimiento continúa, elevándose a un total de 447.4 millones de boletos, en comparación con los 406.4 millones en 2016, y aumentando en un 10.1%.

En cualquier caso la caída que parece emerger de las cifras globales de Europa occidental en realidad oculta tendencias bastante desiguales en los diferentes países, con algunos mercados que han obtenido incrementos de hasta 6% y otros que incluso han registrado pérdidas que superan el 10%.

PIERDEN

Francia (de lejos el principal mercado del territorio) a pesar de perder alrededor de 4 millones de espectadores (-1.8%), registró su tercer mejor resultado desde 1968. Pero están las cosas en Italia y Noruega. En Italia las estimaciones de MEDIA Salles reflejan un descenso de aproximadamente el 12%. Noruega, que no ha sido capaz de repetir el excelente resultado de 2016 (13,1 millones de espectadores), cerrando con 11,8 millones lo que supone una caída del 10,3%. También ha disminuido el número de espectadores en Austria (-1,9%), Suecia (-3%), Islandia (-3,4%) y Dinamarca (-3,8%).  En cualquier caso el mayor descenso ha sido el registrado en el pequeño mercado de Liechtenstein (-17,6%).

GANAN

Alemania, donde las entradas vendidas ascienden a 122,3 millones, ha experimentado un aumento del 1,0%, y el Reino Unido, que gana más de 2 millones de espectadores (+ 1,4%), una vez más cruzando el umbral de los 170 millones. También creció el número de espectadores en Holanda (+ 5,3%), que termina con 36 millones de espectadores y continúa la serie positiva de resultados que los ha llevado a duplicar sus ingresos desde mediados de los años noventa, Portugal (+ 4.4%), Irlanda (+ 2.1%) y Finlandia (3,6%).

¿Y ESPAÑA?

En cuanto a España, podemos hablar de una situación de estabilidad básica, ya que las estimaciones de MEDIA Salles apuntan a 101,2 millones de espectadores, lo que supone un ligero descenso con respecto a los 101.8 millones en 2016 (-0.6%). Una situación de estabilidad que también se ha dado en Suiza (que repite los 13,5 millones de espectadores de 2016), en Bélgica (cuyas cifras de momento son sólo estimaciones) y en Grecia (que ha cerrado el año con un aumento de sólo el 0,7%).

Continue Reading
Advertisement

Facebook

Newsletter

Lo más leido