Durante mucho tiempo, el éxito de un festival de cine se medía casi exclusivamente por la calidad de su programación. Cuántas películas proyectaba, qué estrenos acogía o qué nombres pasaban por su alfombra roja eran algunos de los principales indicadores.
Sin embargo, el papel de los festivales está cambiando. Cada vez son más los certámenes que buscan convertirse en espacios donde no solo se exhibe cine, sino donde también se impulsa la creación, se generan oportunidades para la industria y se experimenta con nuevos formatos.
Esa parece ser precisamente la dirección que quiere seguir el Festival Internacional de Cine de Almagro (AIFF), que celebrará su novena edición del 31 de julio al 9 de agosto bajo el lema «Cruza el Umbral». Más allá de la programación cinematográfica, el festival plantea una reflexión interesante sobre cómo están evolucionando este tipo de encuentros dentro del ecosistema audiovisual.
Mucho más que una pantalla
La inauguración correrá a cargo de Dos días, el largometraje dirigido por Gonzaga Manso y premiado con la Biznaga de Plata del Público en el Festival de Málaga. La proyección será gratuita y al aire libre en la Plaza Mayor de Almagro, con la presencia del actor Saturnino García. Un comienzo que mantiene la esencia de cualquier festival: reunir al público alrededor de una historia.
Pero lo interesante llega cuando se observa el conjunto de la programación.
El AIFF ha recibido este año 987 cortometrajes procedentes de 63 países, un 14,6 % más que en la edición anterior, una cifra que confirma el crecimiento internacional del certamen. Además, la Sección Oficial incluirá dos estrenos mundiales y siete estrenos nacionales, consolidando su apuesta por descubrir nuevas miradas cinematográficas.
Los festivales ya también piensan en la industria
Hace unos años era habitual distinguir entre festivales «para el público» y mercados «para los profesionales». Esa frontera es cada vez menos evidente.
Muchos festivales están incorporando actividades que buscan convertirse en un punto de encuentro para creadores, productores y nuevos proyectos. El Festival Internacional de Cine de Almagro es un ejemplo de esa tendencia.
Una de las novedades más llamativas son los Vertical Awards, impulsados junto a CMMPlay. La iniciativa seleccionará entre diez y veinte proyectos de series verticales, cuyos responsables defenderán sus propuestas ante un jurado profesional. El proyecto ganador recibirá 10.000 euros para su producción y estreno en la plataforma digital de CMMPlay.
No deja de ser significativo que un festival tradicional abra espacio a un formato pensado para el consumo móvil. Más que una moda pasajera, refleja cómo la industria empieza a mirar con interés nuevos lenguajes y nuevas formas de distribución.
Cuando el cine también se escucha
Otro de los aspectos que diferencian esta edición es Audio-Visual, una propuesta que sitúa la música en el centro de la experiencia cinematográfica.
Siete compositores interpretarán en directo la banda sonora original de un cortometraje mientras este se proyecta en pantalla, reivindicando el papel de la composición musical dentro del lenguaje audiovisual. Entre los participantes figuran perfiles procedentes tanto del cine como de la música contemporánea y electrónica, configurando una de las actividades más singulares del programa.
El reto de seguir siendo relevantes
La evolución del Festival Internacional de Cine de Almagro también refleja una cuestión de fondo que afecta a muchos certámenes.
Hoy competir no consiste únicamente en proyectar buenas películas. También implica ofrecer experiencias diferentes, crear espacios de networking, impulsar nuevos formatos, conectar con públicos diversos y convertirse en un punto de encuentro para la industria.
En un calendario cada vez más saturado de festivales, encontrar una identidad propia resulta casi tan importante como la calidad de la programación.
Con propuestas que combinan cortometrajes internacionales, cine al aire libre, series verticales, música en directo y actividades dirigidas a profesionales, Almagro busca precisamente ocupar ese espacio.
Porque quizá el futuro de los festivales no pase solo por mostrar cine, sino por convertirse en lugares donde el cine también se crea, se debate y empieza a tomar forma mucho antes de llegar a la pantalla.