Durante los últimos años, el desarrollo de proyectos se ha convertido en una de las fases más decisivas —y también más complejas— dentro del audiovisual español. En medio de una industria donde cada vez resulta más difícil levantar una ópera prima, programas como La Incubadora de la ECAM han ganado peso como espacios donde los proyectos no solo evolucionan creativamente, sino donde productores y cineastas aprenden a moverse dentro del sector.
Así lo explica Rafa Alberola, director de La Incubadora, que defiende el papel del programa como una herramienta para fortalecer especialmente la figura del productor. “Lo que caracteriza a La Incubadora es que coloca a los productores en el centro”, asegura. El objetivo, explica, no es únicamente acompañar un proyecto concreto, sino ayudar a que quienes participan adquieran herramientas para desarrollar una trayectoria profesional sólida a largo plazo.
Después de nueve ediciones y decenas de películas incubadas, Alberola reconoce que no existe una fórmula exacta para saber qué proyectos consiguen levantarse y cuáles se quedan por el camino. “Cada largometraje sigue su propio recorrido”, señala. A veces influye el contexto, otras el momento en el que aparece el proyecto o incluso factores difíciles de controlar. “Estar en el lugar adecuado en el momento adecuado también tiene algo de azar”, admite.
Para quienes están desarrollando su primer largo, insiste en que la base sigue siendo el guion. “Es fundamental aplicar con la mejor versión posible”, explica. A partir de ahí se construye todo lo demás: una estrategia de producción coherente, una propuesta de dirección sólida y un dossier capaz de defender el proyecto frente a la industria.
Uno de los aspectos que más diferencia a La Incubadora, según Alberola, es el acompañamiento creativo. Aunque desde fuera pueda parecer un espacio donde los proyectos se “reconstruyen”, asegura que el objetivo es justo el contrario: proteger la visión de los autores y ayudarles a desarrollar la mejor versión posible de la película que quieren hacer. Ahí entra en juego el trabajo de los mentores, figuras clave dentro del programa. “No se trata de imponer una forma de pensar o de hacer cine”, explica. “Los mentores tienen que ser generosos, cuestionar cuando es necesario y servir de guía en un proceso creativo que muchas veces es muy solitario”.
En cuanto a la financiación, Alberola reconoce que el contexto actual sigue siendo especialmente complejo para el cine independiente y las óperas primas. Aunque la coproducción internacional no es obligatoria, considera que cada vez es más importante contemplarla como una posibilidad real desde el desarrollo. “Pensar en internacional implica abrirse a nuevas fuentes de financiación y nuevos mercados”, comenta, aunque insiste en que debe ser algo orgánico y coherente con la propia naturaleza del proyecto.
También reflexiona sobre el peso creciente del llamado packaging en la industria. El reparto, el productor o el director tienen cada vez más importancia en las decisiones de televisiones y financiadores, aunque para él el núcleo sigue siendo el mismo: “Un buen guion y un dossier claro continúan siendo lo más importante”.
En los últimos años, La Incubadora también ha sido clave en el impulso de varias directoras fundamentales del cine español reciente. Para Alberola, una de las grandes aportaciones de esta nueva generación está en el efecto referente que generan. “Están abriendo las puertas a nuevas miradas y a nuevas formas de contar historias”, afirma.
Más allá de los proyectos concretos, el director del programa cree que el gran cambio que deja La Incubadora está en la mentalidad de quienes participan. “La experiencia tiene algo transformador”, asegura. El conocimiento adquirido, la red de contactos y el propio sello del programa terminan aportando visibilidad y credibilidad dentro del sector.
Eso sí, Alberola tiene claro que el desarrollo sigue siendo una de las partes más frágiles del sistema audiovisual español. “No creo que esté infravalorado, pero sí infrafinanciado”, resume.
Sobre las nuevas generaciones de cineastas, detecta también ciertos patrones que se repiten en muchos dossiers y pitches. Entre ellos, una tendencia a priorizar el discurso teórico o los temas frente a la propia historia. “A veces la trama queda relegada a un segundo plano”, comenta. También observa cómo muchos proyectos nacen de experiencias personales, algo que considera positivo siempre que no se convierta en la única justificación creativa.
Después de años acompañando proyectos desde sus primeras fases, Rafa Alberola lanza un mensaje muy claro a quienes quieren levantar hoy su primera película en España: paciencia y resistencia. “Esto es una carrera de fondo”, afirma. Y aunque reconoce la dureza del proceso y la incertidumbre constante, también lo resume con una frase que define bien el espíritu de quienes siguen apostando por el cine independiente: “Luego es la cosa más bonita del mundo”.