La compositora canaria Celia Rivero Santana firma la banda sonora del documental «Ganas de vivir», el debut en el largometraje de El Langui. La película, estrenada en el Festival de Málaga, recorre la historia de Desirée desde una mirada íntima y profundamente humana, donde la emoción convive con el silencio y la verdad de los testimonios.
En este contexto, la música debía encontrar un equilibrio delicado: acompañar sin invadir, sostener sin subrayar, amplificar la energía vital de su protagonista sin caer en lo evidente. Rivero construye un universo sonoro que nace de la propia fuerza de Desi, articulado en torno a un leitmotiv ascendente que simboliza su perseverancia y su impulso constante hacia adelante. En esta entrevista, la compositora reflexiona sobre el proceso creativo, el diálogo con el montaje y el papel del silencio en una obra donde cada nota está al servicio de la emoción contenida.
La historia de Desirée es profundamente íntima y emocional. ¿Cómo abordaste la composición para acompañar su viaje sin subrayar en exceso las emociones ni caer en lo evidente?
Fue una búsqueda de fusionar la emoción con la sutileza, buscando remover a los espectadores con cuidado y sobre todo en escenas y momentos concretos que crecían en la intensidad de esa emoción con la entrada cuidadosa de la música.
¿Desde qué lugar nace la música de la película? ¿Partiste de algún concepto, textura o instrumento concreto que te ayudara a definir su identidad sonora?
La música nace de la energía de Desi y de su historia. Ella me transmitió perseverancia y fuerza, y su historia muestra su crecimiento, sus ganas de vivir a pesar de las dificultades tan dolorosas por las que ha pasado. Con todo esto enseguida me viene una melodía que representa todo este conjunto, creando un Leit-motiv que identifique a Desi y a su energía, a partir de una sucesión de notas que se mueven de manera ascendente, parándose en medio del camino, pero siempre hacia arriba, como ella.
En un documental donde la verdad y los silencios tienen tanto peso, ¿Cómo decidiste cuándo debía entrar la música y, sobre todo, cuándo debía desaparecer?
Ese es un trabajo muy fino que hicimos entre todos, analizando y probando. La música entra en momentos clave para sostener e incrementar la emoción de lo que estamos viendo, y el silencio es muy importante. Hay secuencias de diálogo que de por sí tienen un gran peso y necesitamos ese espacio vacío, sin música, para respirar, para que luego este discurso musical vuelva a cobrar más fuerza con su entrada, siempre como sostén y apoyo emocional.
¿Cómo fue el proceso de trabajo con Langui y con el equipo de montaje? ¿La música llegó al final como cierre emocional o fue dialogando con las imágenes desde fases más tempranas?
El proceso de trabajo con todo el equipo fue interesante, cada cual aportó su punto de vista particular y entre todos buscamos un equilibrio que favoreciera a la historia de Desi y a lo que cada secuencia necesitaba en cada momento. La música comenzó a surgir en primeras versiones de montaje, captando esa energía de Desi y de su historia , y fue creciendo a medida que también lo hacía el montaje.
Desde Canarias para el mundo. La grabación de la banda sonora suele ser un momento clave en el proceso. ¿Cómo trabajaste con tus músicos y el productor para dar forma definitiva al sonido de la película?
Para mí este es uno de los momentos más importantes y enriquecedores. Me gusta trabajar con un equipo que se involucre en la emoción de la música que estamos grabando, y de la historia que acompaña. Y así fue. En la sesión de grabación teníamos una pantalla grande en la que veíamos las escenas para las que estábamos interpretando la música, y eso hacía que todos estuviéramos inmersos en la historia. Estos detalles dan alma a la banda sonora y la personalizan por completo, para mí marcan una diferencia muy grande y le dan una humanidad única y especial. Fue un equipo de grabación muy profesional, humano y maravilloso.
Si tuvieras que definir en una idea o sensación lo que querías que el espectador experimentara a través de la música, ¿cuál sería y cómo la tradujiste en el lenguaje sonoro de la película?
Serían esas ganas de vivir, esa conexión con uno mismo y con la vida, transitando también el dolor sin dejarlo de lado, como parte del proceso. Esta idea está presente a lo largo de toda la banda sonora, pasando por distintas emociones, donde todo cabe, todo es válido, y cada proceso es único. A lo largo de esta historia la música nos acompaña, nos sostiene, nos remueve y también nos llena de fuerza y de esperanza.