Durante los últimos años, la conversación sobre el futuro del cine ha girado casi siempre alrededor de las plataformas de streaming. Sin embargo, hay otro eslabón de la cadena que también atraviesa un momento delicado: las salas de exhibición. Las recientes declaraciones de Pablo Umaña, presidente de Cinemark Colombia, vuelven a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿sigue siendo económicamente viable el negocio de los cines?
En una entrevista concedida a InfoNegocios, Umaña reconoció que el modelo actual de la exhibición atraviesa importantes dificultades y llegó a calificar la situación como «económicamente inviable». Sus palabras no se centran únicamente en la asistencia de público, sino en la propia estructura del negocio y en cómo ha cambiado la forma en la que las películas generan ingresos.
- El presidente de Cinemark Colombia asegura que el verdadero negocio de una cadena de cines ya no está en la venta de entradas, sino en la confitería y el consumo dentro de las salas.
El cine ya no termina cuando acaba la proyección
Uno de los aspectos más interesantes de su reflexión tiene que ver con la evolución del modelo de explotación audiovisual. Según explica Umaña, mientras las grandes productoras siguen obteniendo ingresos cuando una película llega al streaming, la televisión o los formatos domésticos, las cadenas de exhibición dejan de participar en ese recorrido en el momento en que el título abandona la cartelera.
Es una realidad que pone de manifiesto cómo el valor económico de una película se ha desplazado hacia una explotación cada vez más diversificada, mientras que los exhibidores continúan dependiendo casi exclusivamente de la asistencia a las salas.
¿Por qué las palomitas siguen siendo tan importantes?
Las declaraciones de Umaña también desmontan una idea muy extendida entre el público. Muchas personas piensan que el principal ingreso de un cine procede de la venta de entradas, cuando, en realidad, buena parte de la rentabilidad depende de la restauración y la confitería. La venta de comida y bebida continúa siendo uno de los pilares que sostiene el negocio de la exhibición.
Esto explica por qué cualquier descenso en la asistencia tiene un efecto multiplicador sobre las cuentas de resultados. No solo se venden menos entradas; también disminuye el consumo que tradicionalmente ha permitido compensar los elevados costes de operación de los complejos cinematográficos.
Un reto que va mucho más allá de Colombia
Aunque las declaraciones hacen referencia al mercado colombiano, el debate trasciende las fronteras del país. En los últimos años, numerosas cadenas de exhibición de todo el mundo han tenido que replantear su modelo tras la pandemia, el cambio de hábitos de consumo y el crecimiento de las plataformas de streaming. Algunas compañías han apostado por experiencias premium, salas de lujo o eventos especiales para diferenciarse de la oferta doméstica. Otras han buscado nuevas fuentes de ingresos para mantener la rentabilidad.
El gran desafío es que el cine ya no compite únicamente con otras salas. Compite con el salón de casa, con las plataformas, con los videojuegos, con las redes sociales y con un consumidor que dispone de muchas más opciones de ocio que hace una década.
El futuro del cine también se juega en la exhibición
Cuando se habla de la industria audiovisual, gran parte de la atención suele centrarse en la producción, la financiación o las plataformas. Sin embargo, las salas siguen siendo una pieza esencial de la cadena de valor. Si la exhibición pierde fuerza, también se resiente el lanzamiento de las películas, su impacto cultural e incluso parte de su rentabilidad posterior.
Por eso, las palabras del presidente de Cinemark Colombia invitan a mirar más allá de un caso concreto. Plantean una reflexión sobre cómo debe evolucionar el modelo de negocio de las salas para seguir siendo sostenible en un ecosistema audiovisual donde las ventanas de explotación se han multiplicado y el comportamiento del público continúa cambiando. Si la producción y la distribución ya han transformado sus estrategias, quizá la gran pregunta sea si la exhibición tendrá que reinventarse una vez más para mantener su papel dentro de la industria.