Rodar en la Cañada Real no es solo un desafío técnico o logístico: es una inmersión total en un territorio vivo, complejo y frágil que obliga a replantear cada decisión, cada plan de rodaje y cada certeza profesional. Para Antonello Novellino, director de producción de “Ciudad sin sueño”, este proyecto supuso probablemente el mayor reto de su carrera. Hoy, su nominación al Premio Goya 2026 a la Mejor Dirección de Producción reconoce no solo la excelencia organizativa de un rodaje extremo, sino una forma de entender la producción desde el respeto, la escucha y el compromiso humano.
Con más de 28 años de trayectoria en la industria audiovisual, Novellino afrontó este proyecto como un verdadero reto creativo y humano. En esta entrevista, que recuperamos ahora con motivo de su nominación, el director de producción reflexiona sobre los desafíos del rodaje, la importancia del trabajo previo y el valor del equipo como eje vertebrador del proceso.
“Cada proyecto es un nuevo comienzo. Aunque la experiencia te ayuda a resolver problemas con mayor rapidez, ningún rodaje se parece a otro”, explica. Tras haber trabajado en todo tipo de producciones, desde cortometrajes de mínimos recursos hasta largometrajes de gran envergadura, Novellino destaca que Ciudad sin sueño le situó ante un contexto completamente distinto.
El rodaje se desarrolló en estrecha colaboración con los vecinos de la Cañada Real, una comunidad con dinámicas propias, ajenas al ritmo industrial del cine. “Guillermo Galoe llevaba años trabajando allí, primero con el documental y después con el cortometraje. Esa relación de confianza fue clave para poder plantear el largometraje desde el respeto absoluto al entorno y a las personas”.
La complejidad no era solo logística, sino también emocional. Rodar en espacios que son hogares reales implicaba asumir una enorme responsabilidad. “No se trataba de buscar localizaciones bonitas, sino de comprender que estábamos entrando en la vida cotidiana de la gente. Las localizaciones no eran escenarios: eran casas, calles, espacios de convivencia”.
Uno de los grandes retos fue aceptar que la planificación debía adaptarse constantemente. La Cañada Real impone su propio ritmo: accesos complicados, calles estrechas, limitaciones técnicas y una vida comunitaria que no se puede alterar. “Había que estar abiertos a la improvisación diaria. Por eso fue fundamental contar con un equipo técnico extremadamente resolutivo, flexible y comprometido”.
Novellino subraya especialmente el papel de su equipo de producción, así como la colaboración con dirección, casting, localización, eléctricos y grip, destacando la implicación colectiva como una de las claves del éxito del rodaje. “Este tipo de proyectos solo funcionan cuando todo el equipo entiende el sentido profundo de la película y se compromete más allá de lo estrictamente profesional”.
Desde el punto de vista organizativo, el rodaje se articuló en torno a una antigua fábrica de muebles reconvertida en centro logístico, utilizada habitualmente por asociaciones locales. Este espacio permitió centralizar la operativa diaria y reforzar el vínculo con la comunidad, extendiendo la colaboración más allá del propio rodaje.
La película no solo supuso un desafío técnico, sino también una experiencia profundamente transformadora. “Era fundamental ser honestos con la historia, sin romantizar la realidad. La verdad del entorno marcaba cada decisión de producción”.
La nominación al Goya reconoce precisamente esa capacidad para conjugar rigor industrial, sensibilidad social y excelencia técnica. Un galardón que sitúa el trabajo de dirección de producción en el centro del proceso creativo y pone en valor una labor esencial, muchas veces invisible.
Ciudad sin sueño compite este año en varias categorías, consolidándose como una de las propuestas más relevantes del cine español reciente y confirmando a Antonello Novellino como una de las figuras clave de la producción cinematográfica contemporánea.