La diversidad continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes del audiovisual español. Así lo concluye el nuevo Informe ODA 2026, elaborado por el Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales, que tras analizar 125 películas y 91 temporadas de series estrenadas durante 2025 detecta un escenario marcado por el estancamiento en la representación de determinados colectivos y la persistencia de numerosos estereotipos narrativos.
Una de las principales novedades de esta séptima edición es la incorporación de un apartado dedicado a la clase social, una variable que permite observar hasta qué punto las ficciones españolas reflejan las desigualdades económicas actuales. Los datos apuntan a un fenómeno de «desclasamiento» en pantalla: predominan personajes de clase media, mientras que cuestiones como la precariedad, las dificultades de acceso a la vivienda o el impacto cotidiano de las desigualdades apenas aparecen representadas. Cuando la pobreza forma parte del relato, suele hacerlo como detonante dramático, mientras que los entornos acomodados se presentan con frecuencia como escenarios normalizados y poco cuestionados.
El estudio también pone el foco en la representación de las personas con discapacidad. Aunque el porcentaje de personajes con discapacidad ha aumentado respecto al año anterior, pasando del 3,2 % al 5,8 %, el informe señala que persisten determinados patrones narrativos. En muchos casos, la discapacidad continúa utilizándose como elemento desencadenante de la trama o como una consecuencia asociada al sufrimiento y al castigo. Frente a ello, ODA destaca propuestas recientes como Sorda, valorada por ofrecer una aproximación más compleja y alejada de enfoques paternalistas.
La representación de personajes racializados tampoco sale especialmente bien parada. Según el informe, estos apenas representan el 10 % del total de personajes analizados y su presencia ha descendido con respecto a 2024. Además, muchas de las historias continúan asociando migración, racialización y precariedad económica, alimentando una imagen poco diversa de la sociedad española contemporánea. ODA identifica incluso un nuevo estereotipo recurrente, denominado «Pepito grillo», para describir a aquellos personajes racializados cuya función principal consiste en servir de conciencia moral a los protagonistas blancos.
En cuanto a la representación LGBTIQA+, el informe detecta un estancamiento prácticamente idéntico al registrado el año pasado. Los personajes queer representan algo más del 10 % del total, pero su presencia se concentra en un número muy reducido de producciones. De hecho, cerca de tres cuartas partes de las películas españolas estrenadas en 2025 no incluyen ningún personaje LGBTIQA+, mientras que buena parte de las historias protagonizadas por estos personajes siguen girando alrededor de temas como la discriminación, el rechazo o las relaciones afectivas, limitando la diversidad de experiencias mostradas en pantalla.
La situación de las mujeres también presenta luces y sombras. Mientras que en las series aumenta ligeramente su presencia, en el cine disminuye. El informe destaca además que la violencia sexual continúa siendo una de las tramas más recurrentes asociadas a personajes femeninos y señala cómo la representación de mujeres mayores sigue siendo escasa y, en ocasiones, vinculada a visiones estereotipadas sobre el envejecimiento.
La presentación del informe tuvo lugar en Espacio Fundación Telefónica y contó con una mesa de debate moderada por la divulgadora cultural Eugenia Tenenbaum, en la que participaron el director Afioco Gnecco, la creadora Samia Jahjah, el cineasta Domingo Pisón y Paula Serna, directora de investigación de ODA. Durante la conversación se insistió en que la diversidad no debería limitarse a la representación en pantalla, sino extenderse también a los equipos creativos y técnicos que participan en el desarrollo de las obras audiovisuales.
Más allá de los porcentajes, el Informe ODA 2026 vuelve a plantear una cuestión que cada vez interesa más a la industria: qué historias se cuentan, quién las cuenta y hasta qué punto el audiovisual contribuye a ampliar —o a reducir— los imaginarios colectivos de una sociedad cada vez más diversa. Un debate que, lejos de cerrarse, parece llamado a ocupar un lugar cada vez más relevante en el desarrollo de proyectos, las políticas públicas y las estrategias de producción de los próximos años.