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‘No hay fantasmas’, el corto ganador del Méliès de Plata que busca llevar el género a los Goya 2024

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¿Cómo sería una película de fantasmas… sin fantasmas?

Esa es la pregunta que el director cántabro Nacho Solana y el guionista Jordi Farga se plantearon hace ya más de tres años, en los albores de la pandemia. Solana, que venía de haber entrado en la shortlist de cortometrajes de los Goya 2015 con Namnala, y Farga, que en 2016 estrenó el largometraje El debut, se obsesionaron con esa pregunta hasta el punto que, en poco tiempo, ya no era solo motivo de hipótesis si no que se convirtió en la premisa de No hay fantasmas, un ejercicio cinematográfico que en apenas 15 minutos revisita el concepto clásico de los cazafantasmas para articular un relato sensible y sutil sobre el duelo y las heridas abiertas del pasado.

Protagonizado por Catalina Sopelana (El vecino, Modelo 77, Mantícora) junto a Agus Ruiz (El ministerio del tiempo) y Loli Astoreka (Nora), No hay fantasmas es una coproducción entre la gallega Mordisco Films, la cántabra [pico tres cine] y la vasca Amania Films.

Una apuesta decidida por la unión de fuerzas transcantábrica, que también se revela como una rareza entre el más de medio centenar de candidatos al Goya mejor cortometraje de ficción en este primer año sin shortlist prenominaciones: por un lado, por su inmersión absoluta en el cine fantástico, aunque desde una perspectiva poco habitual donde el foco está puesto en la dimensión emocional de sus personajes; y, por otro, por haber optado por la deslocalización de su producción, alejándose de los grandes polos de la industria audiovisual de nuestro país y ubicando todo el rodaje en Cantabria, con un equipo mixto de profesionales de distintas regiones donde destacan voces emergentes como las de Laura Hojas en la dirección de fotografía o Nerea Mugüerza en el montaje.

Desde su rodaje a finales de 2021 hasta su candidatura a la nominación a los Goya, el recorrido de No hay fantasmas le ha llevado por casi un centenar de festivales internacionales, entre los que destacan calificadores de los Premios Oscar como los estadounidenses Bend Film Festival, Rhode Island International Film Festival o el St. Louis International Film Festival; el festival de cortometrajes de Teherán o el Foyle Film Festival británico.

Además, ha tenido una abultada carrera en el circuito de cine fantástico, participando en algunas de las citas más importantes del género a nivel mundial (Fantasia de Montreal, los festivales de cine fantástico de Bruselas y París, el Zagreb Fantastic) y obteniendo uno de los prestigiosos Méliès de Plata en el Grimmfest de Manchester, uno de los quince festivales que otorgan este premio al mejor cortometraje fantástico de su sección oficial, nominándolo automáticamente al Méliès de Oro, una suerte de “Oscar” del cine de género.

Como señaló el propio jurado del Grimmfest en el fallo que concedió el Méliès a No hay fantasmas, se trata de un corto que “se mueve de la ironía humanista a un final emocionalmente devastador” con una propuesta visual “elegante y sutil”. Un trabajo que pelea ahora por cerrar su exitoso recorrido internacional en casa, llevando el género a Valladolid el próximo mes de febrero.

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