“El mundo del cortometraje es un suicidio económico”

Pedro del Rio, Miembro del Comité de Selección de la SEMINCI

Miembro del Comité de Selección de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, Pedro del Rio ha realizado además en los últimos años múltiples proyectos cinematográficos que van desde la dirección de multipremiados videoclips y cortometrajes hasta la producción ejecutiva del documental “El viejo Rock” que se estrena el próximo 12 de junio a las 20:00 horas en la Cineteca del Matadero. 

Desde hace un año eres miembro del Comité de Selección de la SEMINCI. ¿Cómo ves el panorama actual? ¿Es difícil encontrar buenos títulos que permitan mantener el prestigio de un festival como el de Valladolid?

Trabajar como miembro del comité de selección de un festival con la trayectoria y el prestigio de Seminci es a la vez un reto y una gran responsabilidad, ya que principalmente hay que aprender a equilibrar la valoración objetiva de la calidad de una película con tu gusto personal. Al final es un trabajo muy enriquecedor porque aprendes a ver cine de otra manera, y sobre todo pasan por tus manos trabajos a los que es muy difícil acceder por las vías convencionales. Evidentemente ves largometrajes de poca calidad porque llega de todo, pero globalmente existe un alto nivel en el cine de autor que facilita el poder mantener el prestigio del festival.

¿Cómo se lleva a cabo el proceso de selección de las películas que participaran en Septiembre en el Festival?

Hay dos vías principales, por un lado está el visionado de lo que va llegando al festival, y por otro la búsqueda de títulos, principalmente en festivales como Berlín o Cannes. Los miembros del comité vamos viendo películas y haciendo criba hasta que se va llegando a la selección final.

¿Cómo ves el nivel de las producciones españolas actuales?

Hay de todo, como en todas las industrias. La crisis ha hecho mella y sobre todo ha descendido el número de producciones, pero sigue habiendo excelentes películas, y están surgiendo cineastas nuevos que van conviviendo en armonía con otros más veteranos. Es interesante que películas tan arriesgadas como “La herida” de Fernando Franco convivan con otras de corte más clásico como “No habrá paz para los malvados” de Enrique Urbizu. Ambas son películas notables que nos dan visibilidad y muestran versatilidad en nuestro cine, lo cual siempre es positivo.

Y respecto al estado actual de nuestra industria ¿Opinas que pecamos de victimismo y falta de autocrítica?

Es cierto que quizá en los últimos años hay cierta tendencia a acentuar los factores positivos de los largometrajes que salen adelante por encima de los negativos, pero es más un mecanismo de supervivencia que falta de autocrítica, ya que es inevitable que intentemos afianzar lo poco que hay teniendo en cuenta el hachazo que ha sufrido la cultura a raíz de la crisis económica. La reducción de ayudas públicas y la subida del IVA han hecho polvo a todos los sectores relacionados con el audiovisual, desde la producción a la exhibición, al no existir una contrapartida que anime a la inversión privada mediante incentivos fiscales más atractivos.

Al final es la pescadilla que se muerde la cola, porque para que el sector se activara a nivel privado haría falta que éxitos de taquilla como “8 apellidos vascos” dejaran de ser hechos puntuales, pero para que eso sucediera necesitas una maquinaria publicitaria detrás que casi ningún proyecto puede permitirse precisamente porque hay tan poco dinero que cuando las películas se terminan, apenas queda ya nada para promocionar.

Has sido ayudante de dirección de numerosos cortometrajes profesionales. ¿Cual crees que es el mayor reto que tuvieron que asumir los productores de esos cortometrajes para sacarlos adelante?

El mayor reto siempre es conseguir el dinero para hacerlo. El mundo del cortometraje es un suicidio económico, ya que no hay manera de recuperar la inversión más allá de ganar premios en festivales. La masificación de cortometrajes realizados gracias a la aparición del digital y el abaratamiento de costes que esto supone tampoco es la panacea, ya que está bien que se ruede mucho, y que casi cualquiera pueda iniciarse, pero por otro lado hay tal cantidad de cortometrajes al año que cada vez es más difícil destacar. Al final yo creo que el principal reto del productor es conseguir equilibrar las necesidades reales del proyecto con el presupuesto obtenido, y por supuesto en un mundo utópico pagar al equipo.

¿En España se valora realmente el cortometraje como género o se le sigue mirando como un subproducto o un “simple escalón para hacer cine de verdad”?

Aquí habría que distinguir entre espectadores e industria. Los espectadores actuales están acostumbrados a consumir rápidamente productos audiovisuales, videoclips, videos de youtube, de ahí el auge de las series de televisión en cierto modo. Yo veo en festivales de cortometrajes muchos espectadores jóvenes que disfrutan viendo cortos y valoran muy positivamente este formato. A nivel industrial es diferente, el mundo del corto se ve en cierta manera como plataforma de lanzamiento para directores, técnicos, etc. Lo cual es totalmente lógico teniendo en cuenta que es un formato que no dinamiza realmente la industria al resultar casi siempre imposible pagar al equipo.

Últimamente también has dirigido varios videoclips que han sido muy reconocidos en festivales especializados. ¿Cuanto cuesta hacer un videoclip profesional?

Hoy en día es difícil llegar a cubrir las necesidades económicas reales para rodar un videoclip, pero creativamente es un formato muy interesante para experimentar cosas inimaginables en otros ámbitos. Esto hay que equilibrarlo con las necesidades comerciales, porque evidentemente no deja de ser un producto cuyo fin es vender otro producto. Yo realmente hasta ahora estoy contento porque he podido hacer un poco lo que he querido, pero no siempre es así.

Hace unos meses se estrenó el documental “El viejo Rock” en el que participabas como productor ejecutivo. ¿Es rentable hoy en día producir un documental en España?

No lo es. El mundo de la exhibición está cambiando a marchas forzadas adaptándose a la escasez de espectadores, cada vez más habituados a consumir cine en casa, y si ya es difícil que películas aparentemente comerciales consigan visibilidad en salas, no te quiero contar lo que pasa con productos minoritarios. Habrá que ver cómo evolucionan las cosas, y cómo se van asentando las plataformas virtuales tipo Filmin, ya que es el camino a seguir para estos proyectos. La crisis también ha provocado que se rueden más documentales que antes por su bajo coste en comparación con la ficción, por lo que a los problemas antes citados hay que sumar una mayor competencia para unos largometrajes a los que es realmente difícil sacar una rentabilidad económica.

¿Habeis recibido algun tipo de ayudas públicas o subvenciones para sacar adelante el proyecto?

El documental tiene una ayuda del Principado de Asturias, y está en parte financiado por el propio director, Pablo Sánchez Blasco, que quería sacarlo adelante como fuera. Los cinco años de producción dan fe de ello.


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Sobre Rodrigo Espinel

Licenciado en Comunicación Audiovisual, Master MBA y Master en Administración de Industrias Culturales. A lo largo de su carrera, Rodrigo Espinel ha participado en la producción de diversos proyectos audiovisuales de televisión, publicidad, video digital y cine tanto en España como en Reino Unido, Perú y México.

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