La reciente noticia de que Disney haya conseguido más de 2.000 millones de dólares en devoluciones fiscales gracias a sus rodajes en Reino Unido no es solo un titular llamativo: es la prueba de hasta qué punto la política fiscal condiciona dónde se hacen las grandes películas.
El modelo británico, con una legislación estable y porcentajes de retorno muy atractivos, ha convertido al país en polo de atracción para Hollywood. Estudios como Pinewood, Leavesden o Shepperton funcionan ya como auténticas fábricas de blockbusters, generando miles de puestos de trabajo y alimentando a toda una red de empresas locales. Su actual sistema, el Audio-Visual Expenditure Credit (AVEC), permite a las producciones reclamar hasta un 34 % del gasto considerado británico —con un retorno neto de alrededor del 25,5 %—, y en el caso de proyectos independientes puede alcanzar el 53 %. Eso sí, el gasto elegible está limitado al 80 % del presupuesto total y los proyectos deben cumplir con criterios culturales o de coproducción, un requisito clave para poder acceder a estas devoluciones.
El ejemplo británico demuestra que las majors apuestan por lugares donde, además de ahorrar costes, encuentran seguridad jurídica y agilidad administrativa. Y ese es el camino que debe seguir también España, que en los últimos años ha dado pasos importantes para captar rodajes de gran envergadura.
Actualmente, las producciones extranjeras que ruedan en nuestro país pueden beneficiarse de deducciones del 30 % sobre el primer millón de euros y del 25 % sobre el resto, con un límite de 20 millones por película —o **10 millones por episodio en series—. Al menos la mitad de la base deducible debe corresponder a gastos realizados en España y, en ningún caso, la ayuda puede superar el 50 % del presupuesto total. Además, algunas comunidades autónomas han introducido mejoras significativas que convierten a España en uno de los destinos más competitivos de Europa: Canarias ofrece hasta un 54 % sobre el primer millón y un 45 % sobre el resto de los gastos, Navarra aplica hasta un 35 % y el País Vasco llega al 60 % en determinados supuestos.
El desafío, por tanto, es doble: atraer producciones internacionales que dinamicen la economía y consoliden a los profesionales locales, pero sin caer en la tentación de ser únicamente un “plató barato”. La experiencia británica demuestra que la clave está en equilibrar la llegada de grandes blockbusters con el fortalecimiento del tejido creativo propio.