Producción de cine
El modelo “triple one” y sus posibilidades de producción para el mercado de ficción audiovisual
Give me one character, one location and one plot. That´s all I really need.
Publicado
hace 4 añosel

Como toda industria, la ficción audiovisual aposenta sus principios en dos columnas básicas que sostienen el alma del negocio: Entretener fascinando al mayor número de espectadores posibles con criterios de calidad artística, y generar ingresos suficientes para poder seguir manteniendo un óptimo nivel producción que conjugue los tres valores esenciales: Calidad, crítica y rendimiento.
Varios son los modelos de producción que se desarrollan en la industria de la ficción, dependiendo todos ellos de valores y parámetros que van desde el género y formato de la obra, pasando entre otros por el target, el presupuesto, los costes por encima y debajo de la línea[1], el número de localizaciones o la estrategia de P&A[2].
El género y el formato del proyecto son determinantes a la hora de encauzar de manera correcta la estrategia de desarrollo de producción de nuestra obra, siendo quizás las primeras acotaciones naturales que presentan la biología técnica del producto. Ello determina por tanto, otros parámetros de una ecuación cuyas variables son un conjunto de claves fundamentales junto con una serie de imponderables que deben ser cuidadosamente previstos.
Development Production Project = Genre & Format + Target + Budget + Funding + P&A + Profit Calculations
La producción audiovisual de ficción debe tener como lema la famosa frase que según algunas lenguas, se podía leer enmarcada en algunos de los despachos con más solera de la industria hollywoodiense: “Nobody knows anything”. Una premisa para recordar al productor la vulnerabilidad de su esfuerzo, tal y como lo hacía quien laureaba a los grandes generales romanos al mismo tiempo que se les recordaba que sólo eran seres mortales y no todopoderosos dioses.
Y es que nadie sabe nada, porque si tuviéramos la fórmula exacta para el éxito comercial de las películas, entonces serían las entidades bancarias quienes producirían, y no las productoras o los estudios. El riesgo, es el mejor y más grande compañero de cama de la producción en la ficción audiovisual, y por tanto, es él quien quita y quien da los mayores placeres que se desprenden de la gesta que significa apostar por levantar un proyecto para convertir y codificar un guion escrito en una obra audiovisual.
La división por género y formato es como ya hemos dicho, una de las primeras identidades naturales del producto, y por tanto una de las herramientas principales a las que acogerse cuando se decide enfocar el desarrollo de la producción en el caso de que estos dos valores no nos hagan descartar entrar en la producción del mismo.
Son muchos y muy variados los caminos por lo que podemos transitar a la hora de definir una estrategia de producción para un proyecto de ficción y en este sentido, el presupuesto y la capacidad de financiación del mismo son como todo el mundo sabe, las variables más determinantes para poder enfocar correctamente un desarrollo eficaz, realista y sostenible que no dé lugar a siniestras sorpresas y fallos irreparables que puedan dañar tanto la calidad o la distribución del producto, como las cuentas de la entidad productora.
Una de las teorías que más han dado que hablar en los últimos tiempos, son algunos estudios que determinan la capacidad de generar beneficios según el género y formato de la obra, otorgando a algunos de ellos más seguridad a la hora de apostar por su desarrollo.
Es el caso por ejemplo del llamado Low Budget horror movie, el cual goza de una gran reputación como el más proclive al beneficio a la hora de su producción. Algunos estudios, tales como el famoso análisis de investigación[3] realizado por Stephen Follows, acrecentaron de manera objetiva la capacidad de este género y formato como el más afín al beneficio económico dentro de la industria cinematográfica mundial, si bien es cierto que, como todo estudio analítico, contaba con una serie de parámetros que condicionaban los resultados[4].
En cualquier caso, la investigación demostró que entre todas las películas estrenadas en los cines de Estados Unidos entre 1996 y 2016, las películas de terror parecían tener más probabilidad de obtener beneficios en comparación con las películas de otros géneros, estimando que durante ese periodo, el 53% de las películas de terror estrenadas en las salas de cine tenían probabilidades de generar beneficios, comprándolo con la media de la industria del 37% en todos los demás géneros.

Tabla incluida en el estudio de Stephen Follows sobre el cálculo de las posibilidades de beneficio de las producciones de terror entre 1996 y 2016 con respecto al resto de los géneros cinematográficos.
A pesar de los innumerables estudios de mercado que proliferan en la industria, los análisis exhaustivos de datos y tendencias, los departamentos de desarrollo, marketing y cuentas que dominan y condicionan las producciones actuales, es evidente que siempre será la intuición del productor el arma más poderosa para dar luz verde a un proyecto.
En este caso, el conocimiento del mercado y la experiencia acumulada, quedan al albur de la capacidad del productor para tener un pálpito, una corazonada o una emoción a la hora de tomar la decisión de con que producción ocupar los próximos años de su vida. Y es así, contra todo proceso de lógica institucional y estadística, donde se han cosechado algunos de los éxitos más sonoros y rotundos de la historia de la ficción audiovisual y donde reside la verdadera grandeza de esta profesión.
En este artículo, nos decantamos ante un formato que, por su propia y especial idiosincrasia, es aplicable sobre todo a los géneros de thriller y terror, aunque no es descartable en otros diferentes. El modelo triple one[5] o one to one-one, se nutre de tres coordenadas concretas para realizar su formato: 1 character, (1 personaje), 1 plot (Una trama), 1 location (1 localización).
La simplificación de estos tres soportes narrativos a su máxima expresión, hacen que desarrollar una historia en la que de manera constante se conjugue una contundencia dramática capaz de mantener la atención del espectador mientras al mismo tiempo confluya la calidad lineal, sea un reto extraordinario para los creadores y para la estrategia de desarrollo del proyecto. Es precisamente esta delicada ecuación, lo que hace tan atractiva y compleja su propia realización. Dicha ecuación, no tiene por qué tener su origen en la falta de recursos, sino que puede revelarse como una declaración para trabajar exclusivamente en la historia acotando al máximo las posibilidades de construcción del relato y ponerlas al servicio absoluto de la producción y del espectador.
Creo que todo creador, todo guionista, director o productor, debe saber concretar y construir narrativas con las menos herramientas posibles, pues no sólo agudiza nuestra capacidad de innovación generando recursos alternativos, sino que además, acelera la capacidad de concentración en los elementos esenciales de la obra para poder más adelante, expandirlo de cara a producciones más complejas y caras. En definitiva, aprender a construir historias eficientes con pocos recursos narrativos, ayuda a adquirir una fuerte experiencia en la gestión y el desarrollo coherente de las herramientas de producción al servicio de la obra.
Una sola trama con un solo personaje en una sola localización, plantea efectivamente un complejísimo reto a nivel creativo, pero también puede ser deseable a la hora de acometer el producto, ya que en teoría, y siempre y cuando las variables no lo justifiquen[6], abaratará costes de producción y simplificará los ya de por si difíciles tramites que requerirá el proyecto.
El triple one, es un modelo de creación y desarrollo que, ante su evidente apariencia de sencillez narrativa, se esconde una complejidad tan fascinante como impredecible. Ante todo, necesita una gran historia. Un relato casi perfecto, eficaz, original, de fuerte estructura y de una solidez argumental tan contundente como intuitiva. No caben en este formato evidencias de fallas en su construcción argumental, pues su sencillez estructural hará más visibles las costuras de su única trama.
La solvencia constructiva requiere en esta apuesta de una verdadera capacidad real para construir una trama sólida que evite fugas en el desarrollo. El espectador, debe estar atrapado en todo momento en la incertidumbre de la causa-efecto sin prejuicio de la verosimilitud, la cadencia y el ritmo del relato. Una sola trama en una sola localización con un solo sujeto protagonista, puede en consecuencia acelerar y concentrar toda la capacidad de producción del proceso técnico y económico, pero no por ello dejará de plantear los retos mínimos que se desprenden de toda producción audiovisual al uso.
Plantear la unidad como una variable argumental (1-1-1), no significa que sea de manera estricta e inamovible[7], pero si marca un camino de simplicidad que plantea un formato fascinante tanto en la parte creativa como en la parte comercial.

Este modelo, representado en algunos filmes paradigmáticos del mismo como “Locke”, “The phone booth”, o de manera más exacta en “Buried”, hace que deban agudizarse al máximo el rendimiento creativo y la capacidad de producción del equipo, pero si se consigue llegar a la resolución de la ecuación, se generan obras maestras de una calidad innegable y de una originalidad que puede llegar a presentarse como el mayor valor intrínseco a la misma producción. Una trama perfecta y sólida, un personaje bien construido y con un objetivo innegable y una localización rotundamente estética al mismo tiempo que funcional, son las claves del éxito de este formato de producción.
Decía Jean-Luc Godard que, para hacer una película, lo único que se necesita es una chica y una pistola, y la nueva predisposición del público a consumir narrativas más certeras, concretas y universales, hace que la concreción sea un valor en alza sin menospreciar las grandes producciones con complejas construcciones narrativas y logísticas.
Pero es evidente, que no existe un espacio seguro en el ámbito de la producción audiovisual de ficción, y menos a la hora de asegurarse una fuente fácil de rédito económico ya sea a través de elección del género y formato, o intentado asegurar la producción a costa de los gustos del público en función de las taquillas o el consumo predominante. La producción es imprevisible y está sujeta a la enigmática aventura de la incertidumbre, dos conceptos de extraordinaria valía a la hora de definirla y amplificar la idiosincrasia que da sentido a su existencia y su fascinante atractivo.
Adentrarse en el proceloso mundo de la producción de productos de ficción, es un camino inigualable, ante el cual, todo aquel dispuesto a aventurarse en él, debe saber que no encontrará la fórmula de inversión perfecta, donde hasta la apuesta más segura puede fracasar por factores imprevistos. Producir ficción es lo más parecido a la vida, que, con sus imprevistos, pueden llevarnos a descubrir los lugares más apasionantes de su anatomía a través de los fracasos más abrumadores y los éxitos más inesperados.
Aunque la industria de la producción cinematográfica es extraordinariamente susceptible a los cambios de gustos y modas, lleva más de cien años viviendo a base de toda clase de vaivenes propios del modelo de negocio y de los avances sociales y digitales de los que irremediablemente forma parte. Por ello, podemos decir que, aunque la producción de proyectos de ficción no es precisamente una opción profesional segura o una oportunidad infalible de inversión, siempre conlleva la inefable capacidad de seducir ante la posibilidad de que esta vez, con este proyecto, sigamos sin saber nada, pero volvamos a disfrutarlo todo.
Es posible que el triple one, bajo esa capa de esplendorosa sencillez, esconda el formato más complejo e inexplorado de la producción cinematográfica universal, pero cuando los astros se alinean y las variables encajan, se produce uno de los mayores milagros que nos sugiere la profesión.
Una buena trama, un buen personaje y una buena localización.
Quizás, sea todo lo que necesitemos para seguir sabiendo, que no sabemos nada.
REFERENCIAS
[1] Under the line / below the line
[2] Prints & advertisements
[3] https://stephenfollows.com/horrorreport/
Con más de 200 páginas, es el más extenso y preciso estudio de investigación sobre el mercado de la producción de cine de terror, donde tras un estudio de 18 meses, se calcularon las posibilidades de beneficio de este tipo de films.
[4] No se cuentan las producciones de menos de 500.000 dólares. Todas las películas de terror que se mencionan llegaron a los cines de Estados Unidos lo que suele significar que han sido adquiridas por un distribuidor estadounidense. Los datos tienen en cuenta todos los flujos de ingresos como salas de cine y televisión y todos los costes incluyendo publicidad y distribución.
[5] Término acuñado por el propio autor.
[6] De nada vale hacer un modelo Triple one para abaratar costes en rodaje, si se encarecen otras partidas como por ejemplo las acometidas por encima de la línea o una localización extraordinariamente cara o compleja.
[7] No es necesario ceñirse al triple 1 de manera estrictica, ya que podemos tomarnos alguna licencia que no desvirtúe la esencia del modelo, como por ejemplo añadir algún personaje o localización, siempre que esté justificado y que la esencia del modelo siga permaneciendo en su trama sin prejuicio de la misma.
Luis M. Ferrández es Doctor en Ciencias de la información por la universidad Complutense de Madrid. Como guionista y director es responsable de películas como “La pantalla herida”, 249, la noche en que una becaria encontró a Emiliano Revilla”, “Hemisferio” o “Clarividencia”. Ha trabajado como ayudante de dirección de varias películas además de desarrollar proyectos de cine y TV en varias productoras. Es analista de guiones con más de 50 proyectos asesorados en los últimos años. Actualmente es el coordinador del departamento de proyectos de ficción y documental en Chester Media. Compagina su carrera profesional con la docencia impartiendo formación relacionada con la cinematografía y la narrativa audiovisual.

Producción de cine
Las 8 habilidades que más valoran hoy las productoras a la hora de contratar
Publicado
hace 34 minutosel
12/09/2026
Entrar en la industria audiovisual nunca ha sido cuestión de tener el currículum perfecto. En un sector donde cada proyecto crea un equipo desde cero y los tiempos siempre juegan en contra, las productoras buscan profesionales capaces de dar respuestas desde el minuto uno. Aunque la formación técnica y la experiencia son importantes, el verdadero factor diferencial radica en las habilidades blandas y la adaptabilidad a entornos inciertos.
¿Qué cualidades marcan realmente la diferencia al postularte a una productora?
1. Resolución de problemas en tiempo real
En un rodaje, el imprevisto es la norma. Un cambio meteorológico repentino, una localización que se cae a última hora o un fallo técnico exigen reacciones inmediatas. Las productoras necesitan perfiles que mantengan la calma, evalúen alternativas rápidamente y propongan soluciones en lugar de paralizarse.
2. Rigor, organización y atención al detalle
El audiovisual es un engranaje de cientos de microtareas interconectadas. Un permiso olvidado, un correo traspapelado o un error en una reserva representan costes reales y retrasos en la producción. Trabajar con orden no consiste solo en llevar una agenda, sino en desarrollar una metodología impecable que garantice el control sin perder perspectiva.
3. Comunicación clara y profesional
Desde redactar un correo formal a una entidad pública hasta coordinar por teléfono con un proveedor o un técnico, saber comunicarse ahorra tiempo y dinero. Comunicar bien implica transmitir información con precisión, brevedad y corrección para evitar malentendidos que entorpezcan el rodaje.
4. Capacidad de integración y trabajo en equipo
Ninguna película, serie o anuncio es obra de una sola persona. El audiovisual es intrínsecamente colaborativo. Se valora especialmente a quienes saben escuchar, comparten la información de forma transparente y priorizan el éxito del proyecto colectivo frente al lucimiento individual.
5. Agilidad de aprendizaje y adaptabilidad
Los modelos de financiación, las plataformas de distribución y las tecnologías cambian de un año a otro. La curiosidad constante y la facilidad para asimilar metodologías o herramientas nuevas son indispensables para no quedar obsoleto a las primeras de cambio.
6. Soltura con el ecosistema digital
Más allá del software especializado, es fundamental manejar con soltura herramientas de planificación, hojas de cálculo y plataformas de trabajo colaborativo. Asimismo, la integración de la inteligencia artificial en procesos como desgloses de guion, gestión documental o análisis de datos convierte a la alfabetización tecnológica en una ventaja competitiva directa.
7. Proactividad con buen criterio
Anticiparse a las necesidades del equipo marca la diferencia entre ser un asistente más o convertirse en un perfil imprescindible. Tener iniciativa para proponer soluciones —siempre con el criterio suficiente para consultar antes de actuar— es una de las cualidades que más recuerdan los directores de producción.
8. Fiabilidad absoluta
En un sector donde la mayoría de los trabajos llegan por recomendación, la confianza es la divisa más valiosa. Cumplir con los plazos, llegar puntual, mantener la confidencialidad de las producciones y ser transparente con las limitaciones personales genera un prestigio profesional duradero.
La actitud como motor de carrera
Las competencias técnicas se aprenden: hay manuales, softwares y compañeros dispuestos a enseñar cómo estructurar un presupuesto o un plan de rodaje. Sin embargo, la responsabilidad, la serenidad bajo presión y el compromiso no se pueden improvisar.
A la hora de contratar un perfil junior, las productoras apuestan antes por la actitud que por la experiencia. En una industria que se reinventa en cada proyecto, tus habilidades personales no solo te abrirán la primera puerta, sino que sostendrán el resto de tu carrera.
Producción de cine
¿Tienes un documental en desarrollo? CaixaForum+ abre una nueva vía de financiación
Publicado
hace 4 horasel
12/09/2026
CaixaForum+ abre por primera vez una convocatoria dirigida a productoras con proyectos de no ficción en desarrollo, a los que podrá incorporarse mediante financiación completa como Original CaixaForum+ o en régimen de coproducción.
La convocatoria admite cortometrajes, largometrajes y series documentales, siempre que se trate de obras originales e inéditas que todavía se encuentren en fase de desarrollo.
Los proyectos deberán encuadrarse en dos grandes áreas. Por un lado, cultura, donde tienen cabida propuestas relacionadas con creación contemporánea, patrimonio, memoria, historia, procesos artísticos, creadores, nuevos fenómenos culturales o las conexiones entre cultura, ciencia, tecnología y sociedad.
La segunda línea está dedicada a los grandes retos sociales contemporáneos, con temas como pobreza, desigualdad y exclusión social, longevidad, envejecimiento, participación de las personas mayores o soledad no deseada.
Para las productoras, uno de los aspectos más interesantes es que se plantean dos modelos de participación: en la modalidad Original CaixaForum+, la plataforma asumirá íntegramente la financiación del proyecto; mientras que la segunda vía permitirá presentar proyectos planteados como coproducciones.
La convocatoria permanecerá abierta hasta el 13 de octubre de 2026 a las 00:00 horas. Tras una primera evaluación, los proyectos seleccionados participarán en entrevistas entre el 23 y el 27 de noviembre. La resolución final está prevista para el 23 de diciembre.
Con esta iniciativa, CaixaForum+ da un paso más allá de la adquisición y difusión de contenidos para entrar directamente en la producción y coproducción de nuevos proyectos documentales.
Producción de cine
España y Canadá estrechan lazos en el cine con un nuevo acuerdo de coproducción
Publicado
hace 7 horasel
12/09/2026
España y Canadá firmarán el próximo 13 de septiembre un nuevo tratado de coproducción cinematográfica, actualizando un marco bilateral que se remonta a 1985 y que regula las películas realizadas conjuntamente por productoras de ambos países.
La firma tendrá lugar durante el Toronto International Film Festival (TIFF) y correrá a cargo de la directora general del ICAA, Marta Serrano, y el ministro canadiense de Cultura e Identidad, Marc Miller.
La actualización resulta especialmente relevante para los productores porque los tratados de coproducción permiten que una película realizada entre empresas de los países firmantes pueda ser reconocida como producción nacional en ambos territorios y, por tanto, acceder a los mecanismos de apoyo y financiación previstos por cada cinematografía. En España, las coproducciones internacionales reconocidas pueden acceder, entre otras herramientas, a ayudas del ICAA y deducciones fiscales.
El acuerdo sustituirá y modernizará el convenio bilateral firmado originalmente en 1985, posteriormente modificado en 1990-91 y 2006. Será además el primer nuevo acuerdo internacional de coproducción suscrito por el ICAA desde el firmado con Colombia en 2025.
La firma coincidirá con una importante presencia española en Toronto. Doce producciones y coproducciones españolas participarán en siete secciones del festival, incluyendo cuatro títulos en Special Presentations y dos estrenos mundiales en Discovery.
También llegarán a Toronto las tres películas españolas que compitieron este año en la Sección Oficial de Cannes: La Bola Negra, Amarga Navidad y El Ser Querido. Además, Penélope Cruz recibirá durante el certamen un reconocimiento especial a su trayectoria.
El ICAA e ICEX estarán presentes asimismo en el mercado de TIFF con un pabellón conjunto y una delegación integrada por ocho empresas españolas de la industria audiovisual, en una edición que reforzará especialmente los vínculos entre las industrias cinematográficas española y canadiense.



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