El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la imposición de un arancel del 100% a todas las películas producidas fuera del país. Lo hizo el pasado 29 de septiembre de 2025 a través de sus redes sociales, en un movimiento que ha sacudido al sector audiovisual mundial y que se suma a la escalada proteccionista de su nuevo mandato.
Según Trump, la medida responde a que “Hollywood está siendo robado por producciones extranjeras”. Sin embargo, más allá de la retórica, lo cierto es que todavía existen muchas incógnitas sobre cómo se aplicaría este gravamen, y qué consecuencias reales tendría para la industria del cine.
Lo que sabemos (y lo que no)
Entre las certezas:
- El arancel planteado sería del 100% para cualquier película producida fuera de EE. UU.
- Forma parte de una política comercial más amplia, que ya ha golpeado sectores como medicamentos, muebles y materias primas.
- El anuncio no vino acompañado de un documento oficial ni calendario de implementación.
Entre las dudas:
- ¿Qué se considerará exactamente “película extranjera”? ¿El lugar de rodaje, la nacionalidad de la productora, la del director?
- ¿Qué pasará con las coproducciones o con los grandes estudios estadounidenses que filman en Canadá, Reino Unido o Nueva Zelanda?
- ¿Cómo afectará al streaming, donde gran parte de la oferta es internacional?
- ¿Qué respuesta darán organismos como la OMC o la Unión Europea?
De materializarse, la medida podría tener varios efectos adversos para la industria. En primer lugar, supondría un aumento de costes para el público, ya que acceder a películas europeas, latinoamericanas o asiáticas en Estados Unidos podría volverse prohibitivo. También representaría un golpe para las coproducciones, que hoy dependen en gran medida de capital transnacional, desincentivando una dinámica clave en el cine contemporáneo.
Hollywood, además, quedaría en una encrucijada, puesto que muchos de sus grandes estudios ruedan en el extranjero para aprovechar incentivos fiscales, y si esas producciones fueran gravadas el efecto sería contraproducente. A esto se suma el riesgo de posibles represalias, con otros países imponiendo barreras a las películas estadounidenses y limitando el mercado de exportación más importante del mundo. Finalmente, no se descarta que la medida genere conflictos legales, al violar tratados comerciales y ser objeto de impugnaciones en instancias internacionales.
Más allá de la letra pequeña, el anuncio encaja con la estrategia política de Trump. Le permite reforzar su discurso proteccionista y mostrarse firme frente a la industria audiovisual local. También funciona como un gesto radical que podría servir de punto de partida para futuras negociaciones, y al mismo tiempo le da margen para capitalizar el simbolismo de “proteger a Hollywood”, incluso si la medida nunca llega a implementarse en su totalidad.
Un futuro incierto
Hoy no está claro si este arancel se convertirá en ley, si quedará en el terreno de la amenaza o si se traducirá en medidas parciales. Lo cierto es que el anuncio ya ha encendido las alarmas en Europa, América Latina y Asia, donde muchas películas dependen del mercado estadounidense para recuperar su inversión.
El cine, por naturaleza, es un arte global. Imponer fronteras comerciales tan drásticas podría no solo encarecer el acceso a historias diversas para el público estadounidense, sino también fragmentar aún más una industria que ha vivido durante décadas del intercambio cultural y financiero.
La pregunta que queda en el aire es: ¿será este un nuevo muro para la cultura, o un movimiento táctico más en la estrategia negociadora de Trump?