Cuando una película sale mal, solemos fijarnos en el guion, las interpretaciones o la dirección. Sin embargo, muchos de los problemas que aparecen durante un rodaje tienen su origen mucho antes de que se encienda la primera cámara.
La preproducción es una de las fases menos visibles del proceso cinematográfico, pero también una de las más decisivas. Es el momento en el que una idea empieza a convertirse en una película real: se ajusta el presupuesto, se eligen las localizaciones, se forma el equipo, se planifica el rodaje y se intenta anticipar cualquier imprevisto.
Aunque cada producción tiene sus particularidades, hay una serie de tareas que prácticamente todas comparten. Estas son ocho de las más importantes.
1. Convertir el guion en un plan de trabajo
Todo empieza con el desglose del guion. Escena por escena se identifican los personajes, localizaciones, atrezzo, vestuario, efectos especiales y cualquier otro elemento que será necesario durante el rodaje. Este documento se convierte en la hoja de ruta de toda la producción.
2. Ajustar la película al presupuesto
Una vez definido el alcance del proyecto llega el momento de hacer números. El presupuesto no solo determina cuánto costará la película, sino que también condiciona muchas decisiones creativas. En esta fase es habitual replantear escenas, reducir jornadas o buscar alternativas que permitan mantener la esencia del proyecto sin disparar los costes.
3. Reunir al equipo creativo y técnico
Director de fotografía, dirección artística, sonido, maquillaje, vestuario o producción. La preproducción es el momento de incorporar a los responsables de cada departamento y empezar a trabajar de forma coordinada. Cuanto antes se compartan las necesidades de cada área, menos problemas aparecerán durante el rodaje.
4. Encontrar las localizaciones adecuadas
Una localización puede cambiar por completo una película. Además de su valor narrativo, hay que valorar aspectos como los accesos, el ruido, la disponibilidad, los permisos o las necesidades técnicas. Muchas decisiones del plan de rodaje dependerán precisamente de estos espacios.
5. Diseñar cómo se va a rodar
Antes de grabar una sola escena conviene decidir cómo se contará visualmente la historia. Storyboards, listas de planos, referencias visuales o plantas de cámara ayudan a que todo el equipo comparta la misma visión y agilizan enormemente el trabajo durante el rodaje.
6. Organizar el calendario
El orden del guion rara vez coincide con el orden de rodaje. Las jornadas se planifican buscando la máxima eficiencia: agrupando escenas por localización, disponibilidad del reparto o necesidades de producción. Un buen plan de rodaje puede ahorrar tiempo, dinero y muchos quebraderos de cabeza.
7. Revisarlo todo antes de empezar
Pocos días antes del rodaje suele celebrarse la visita técnica o tech scout. En ella participan los responsables de cada departamento para recorrer las localizaciones y comprobar que todo está preparado: iluminación, accesos, tomas de corriente, logística o movimientos de cámara.
8. Llegar al primer día con todo listo
En la recta final se realizan los ensayos con los actores, se ultiman las órdenes de rodaje y cada departamento prepara su material. Cuantas más decisiones estén tomadas antes de empezar a filmar, más fluido será el trabajo sobre el set.
Una buena preproducción siempre merece la pena
No existe una fórmula mágica para garantizar el éxito de una película. Pero sí hay algo en lo que prácticamente todos los profesionales coinciden: un rodaje bien preparado suele ser un rodaje más eficiente, con menos imprevistos y un mejor aprovechamiento del tiempo y del presupuesto. Porque en el cine, como en casi todo, una buena planificación suele marcar la diferencia.