Valladolid vuelve a convertirse en un gran plató de cine. La ciudad acoge estos días el rodaje de Los salvajes bravos, una producción filipina que ha tomado distintos enclaves del centro urbano para recrear el Madrid de finales del siglo XIX.
El rodaje, que se extiende hasta el 4 de mayo, refuerza el posicionamiento de la ciudad como destino audiovisual internacional, una línea estratégica que el Ayuntamiento y la Valladolid Film Commission llevan años impulsando.
La película, dirigida por el cineasta filipino Paolo Dy, se basa en un hecho real: el traslado de indígenas filipinos a Madrid en 1887 para ser exhibidos en una exposición pública en el parque del Retiro.
A partir de ese episodio, el filme aborda la lucha de estos protagonistas por recuperar su dignidad frente a una situación de explotación y racismo, en lo que se presenta como una reflexión histórica con vocación contemporánea.
El reparto está encabezado por figuras destacadas del cine filipino como Ruru Madrid, Romnick Sarmenta y Michael de Mesa, lo que subraya el carácter internacional del proyecto.
Valladolid como doble de Madrid
Para dar vida a esa historia, el equipo ha elegido varios espacios emblemáticos de Valladolid que se transforman para la ocasión en escenarios del Madrid decimonónico.
El Campo Grande se convierte en el parque del Retiro, mientras que la Acera de Recoletos y la calle Santiago recrean la calle Alcalá. A estos se suman otros puntos clave como la Plaza Mayor o el Círculo de Recreo.
La elección no es casual: la producción ha valorado tanto la arquitectura como la logística de la ciudad, más manejable que Madrid para este tipo de rodajes de época.
Desde el Ayuntamiento destacan que este tipo de proyectos consolidan a Valladolid como un enclave competitivo dentro del sector audiovisual, capaz de atraer producciones internacionales de distinto formato.
El rodaje de Los salvajes bravos se suma así a una tendencia creciente: cada vez más producciones eligen ciudades medias para rodar, combinando patrimonio, costes y facilidades logísticas.
En el caso de Valladolid, la estrategia empieza a dar resultados visibles. Durante unos días, sus calles no solo acogen cámaras, focos y actores, sino que se convierten en otra ciudad y en otro tiempo: el Madrid de 1887 visto desde el cine filipino.