El inicio de 2026 está dejando buenas sensaciones en el mercado publicitario español, pero no todos los medios están aprovechando este impulso. Según los últimos datos de Infoadex, la inversión publicitaria alcanzó en febrero los 428,9 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 6,4% respecto al mismo mes del año anterior. Sin embargo, el cine vuelve a desmarcarse de esta tendencia positiva.
La inversión publicitaria en salas cinematográficas cayó un 26% en febrero, quedándose en 1,1 millones de euros frente a los 1,5 millones registrados en 2025. Se trata del descenso más acusado entre todos los medios analizados y consolida al cine como el soporte con menor volumen de inversión dentro del ecosistema publicitario.
Lo llamativo es que esta caída se produce en un contexto favorable para la exhibición. Las salas están viviendo un buen arranque de año en asistencia, lo que sugiere que el problema no está en la falta de público, sino en cómo las marcas están priorizando sus inversiones. Cada vez más, los anunciantes optan por canales que ofrecen segmentación precisa y resultados medibles en tiempo real, algo en lo que el entorno digital sigue marcando la diferencia.
Aun así, el balance a más largo plazo ofrece una lectura algo más optimista. En el conjunto de 2025, la inversión publicitaria en cine creció un 6,2%, alcanzando los 25 millones de euros. Es una cifra modesta si se compara con otros medios, pero indica que el cine mantiene cierto atractivo, especialmente en campañas de imagen y branding donde la experiencia de pantalla grande sigue siendo un valor diferencial.
Mientras tanto, el resto del mercado continúa avanzando. La televisión mantiene su posición como principal medio por volumen de inversión, aunque con un crecimiento moderado, mientras que los canales digitales —especialmente buscadores y redes sociales— siguen ganando terreno a buen ritmo. Este desplazamiento confirma un cambio estructural en la forma en la que las marcas conectan con el público.
En este escenario, el cine se enfrenta a un reto claro: reivindicar su papel dentro de las estrategias publicitarias actuales. Su capacidad para generar impacto en un entorno inmersivo y con alta atención del espectador es indiscutible, pero necesita encontrar fórmulas que lo integren mejor con el ecosistema digital y lo hagan más competitivo en términos de planificación y medición.
La cuestión no es si el cine sigue siendo un buen soporte publicitario, sino cómo puede adaptarse a un mercado que cada vez exige más datos, más flexibilidad y una conexión más directa con las audiencias.