Los rodajes audiovisuales se están consolidando como algo más que una cuestión creativa en Castilla y León. Cada vez tienen más peso como motor económico real y, además, como herramienta directa para activar el turismo. Desde la Junta lo tienen claro: quieren seguir atrayendo producciones y reforzar el ecosistema para que esta tendencia no solo continúe, sino que crezca.
Los números ayudan a entender por qué.
En 2024 se registraron 339 rodajes entre cine, series, publicidad y televisión, lo que supone un aumento del 28 % respecto al año anterior. Ese volumen de actividad generó un impacto directo de unos 4,7 millones de euros en la comunidad. Más allá de la cifra, lo interesante es el efecto arrastre: cada proyecto moviliza equipos, servicios, alojamientos y proveedores locales, y además deja una huella promocional que se traduce en visitantes.
Aquí entra en juego algo que en el sector conocemos bien: el valor de la localización como herramienta de marketing territorial. Cuando un espectador reconoce un lugar en pantalla, ese espacio gana atractivo. Y eso, bien trabajado, se convierte en turismo. Es el mismo mecanismo que ha funcionado en otros territorios, pero que en Castilla y León está encontrando ahora un momento especialmente favorable.
Parte de ese crecimiento se explica por la propia diversidad de la comunidad. Pocos territorios ofrecen en un mismo radio tantos tipos de escenarios: desde cascos históricos hasta paisajes rurales o naturales que pueden adaptarse a distintas épocas y géneros. Para producción, eso es oro, porque reduce costes de desplazamiento y amplía las posibilidades narrativas sin salir de una misma región.
A esto se suma el papel de la film commission regional, que está funcionando como una herramienta cada vez más afinada para facilitar los rodajes. No solo se trata de atraer proyectos, sino de acompañarlos: coordinación, permisos, conexión con proveedores locales… todo lo que, en la práctica, marca la diferencia entre elegir una localización u otra. También hay un trabajo importante con los ayuntamientos para agilizar trámites, algo clave cuando los calendarios de producción son ajustados.
Evidentemente, los rodajes generan ciertas incomodidades puntuales —cortes de tráfico, ocupación de espacios—, pero la percepción general es positiva porque el retorno es tangible. No solo en lo económico inmediato, sino en términos de posicionamiento a medio plazo.
Además, Castilla y León juega con una ventaja que no todos los territorios tienen: su histórico cinematográfico. Localizaciones que acogieron rodajes como Doctor Zhivago, El Cid, El bueno, el feo y el malo o Campanadas a medianoche siguen formando parte del imaginario audiovisual y refuerzan esa idea de “plató natural”.
Con este contexto, la estrategia institucional es bastante clara: seguir apostando por los rodajes no solo como actividad cultural, sino como una palanca de desarrollo. Para quienes están en producción, esto se traduce en un territorio cada vez más preparado, competitivo y abierto a proyectos de distintos tamaños.