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Entrevista a Gonzaga Manso: “Dos días nace de algo muy íntimo, pero habla de lo que todos vamos a tener que afrontar”
Publicado
hace 3 mesesel

Gonzaga Manso debuta en el largometraje con Dos días, una historia íntima y profundamente humana que ha conectado con el público desde su paso por el Festival de Málaga, donde se alzó con la Biznaga de Plata del Público. Producida por Películas Pendelton —responsables de títulos tan reconocidos como Campeones o El milagro de P. Tinto—, la película nos sitúa en la costa gallega para acompañar a dos hombres mayores en una travesía que es tanto física como emocional.
Protagonizada por Saturnino García, ganador del Goya, y por el actor no profesional Jesús Outes “Meiriño”, percebeiro jubilado, Dos días propone un viaje en alta mar que obliga a sus personajes a enfrentarse a sus recuerdos, a sus silencios y a todo aquello que nunca se dijeron. Con una mirada cálida que combina humor y emoción, la película aborda temas como la memoria, el paso del tiempo o los vínculos familiares desde un lugar muy cercano y reconocible. Hablamos con Gonzaga Manso sobre su ópera prima, el origen de la historia y los retos de levantar un proyecto tan personal.
— ¿Qué ha significado para ti que Dos días haya tenido esa acogida tan cálida en el Festival de Málaga y, especialmente, recibir el Premio del Público en una sección fuera de concurso?
Pues la verdad que fue una pasada. Después de tanto tiempo trabajando en la película, proyectarla por primera vez con público ya en sí es una experiencia muy emocionante. Pero encima tener esa acogida, escuchando la risa de la gente, notando la emoción… fue una de las experiencias más bonitas que he vivido en mi carrera. La acogida fue brutal, el Q&A fue maravilloso y luego encima ganar el premio del público fue un colofón espectacular. La verdad que el paso por el festival fue inmejorable.
— Dos días es tu ópera prima. ¿En qué momento sientes que esta historia —tan íntima y a la vez tan universal— tenía que ser tu primer largometraje?
La necesidad de escribir esta historia surgió después de un verano, hace ya bastantes años, que pasé en casa de mis abuelos, en A Coruña. De hecho, es la misma casa en la que hemos rodado la peli, esa es la casa real de mis abuelos. Allí nos juntamos toda la familia cada verano, en un caos maravilloso. Yo además pasaba mucho tiempo con mi abuelo, salíamos a pescar juntos y compartíamos muchas horas. Y recuerdo que ese fue el primer verano en el que él estaba empezando a estar jodido.
Entonces sencillamente me surgió la necesidad de poner en el papel eso que yo había sentido ese verano. Necesitaba expresarme, entender un poco mejor lo que estaba viendo en él y hablar de ese conflicto que, de algún modo, ya empezaba a asomar.
Fue una escritura relativamente rápida y muy fluida, porque en realidad estaba muy basada en mi propia experiencia y en un cúmulo de sensaciones que había tenido durante mi vida: mi adolescencia, el entorno familiar, mi relación con mi abuelo… Pero como bien dices creo que, a pesar de ser una historia muy personal, es a la vez es muy universal porque habla de cosas tan amplias y tan importantes como el amor, la familia y lidiar con el paso del tiempo, que eso es algo que al final tendremos que hacer todos.
— La película gira en torno a la memoria, la vejez y las cuentas pendientes. ¿Qué te interesaba explorar de ese momento vital en el que el pasado empieza a pesar más que el futuro?
Pues fíjate que lo que más me interesaba era el punto de inflexión, el punto de cambio a partir del cual empiezas a decaer y empiezas a no ser independiente.
Ese punto en el que cosas que habías hecho siempre, cosas tan sencillas como salir a pescar en tu barca o arreglar una contraventana, pues de repente ya te cuestan o no eres capaz de hacerlas.
En ese punto de inflexión es donde quería poner al personaje. Porque en ese cambio de rol pasan muchas cosas… hay negación, hay orgullo, hay cabezonería. Pero también hay momentos absurdos, humor y mucha ternura.
A mí me parece un momento muy interesante. No quería contar la historia de un hombre muy mayor pero que está en sus perfectas capacidades, ni quería contar la historia de un hombre muy mayor que está fatal y no puede valerse por sí mismo. Me interesaba justamente el paso de un estado al otro, y lo que conlleva.
— El personaje de José Antonio, interpretado por Saturnino García, está atravesado por esa pérdida progresiva de memoria. ¿Cómo trabajaste con él para construir esa fragilidad sin caer en el dramatismo excesivo?
Yo tenía claro que no quería hacer una peli dramática. Quería una peli que, hablando de algo serio e importante, con profundidad, fuese muy cálida, que te hiciera reír en ocasiones y que te dejase con una sensación muy positiva al terminar. Eso es algo que tuve claro desde el principio. Es una peli en la que yo me quería sentir un poco en casa. Entonces era vital cómo tratar este tema de la pérdida de memoria.
La verdad es que pasó una cosa bastante curiosa, que es que en las primeras conversaciones con Saturnino, él me decía: “No, pero si mi personaje está bien, no es que tenga nada. Mi personaje lo que pasa es que tiene algún lapsus, alguna equivocación, pero está perfectamente bien.” Y él interpretó el personaje desde ahí.
¿Qué pasa? Que en el propio texto, en las propias circunstancias y por cómo le tratan los demás personajes, entendías que esto no era tan así… Pero justamente esa mezcla me parecía muy interesante porque tenía mucha verdad. Porque es probablemente como hubiera reaccionado una persona en esa situación, en la cual está empezando a tener un problema de memoria, pero no quiere admitirlo y sobre todo quiere ocultarlo a los demás.
Entonces lo que hice fue coger esa interpretación del guion que hizo Saturnino y utilizarla para balancear el tono.
— Uno de los elementos más interesantes del film es la combinación de actores profesionales con alguien como Jesús Outes, que viene de fuera del mundo interpretativo. ¿Qué te aportaba esa mezcla y cómo fue el proceso de dirección con perfiles tan distintos?
Estoy de acuerdo, me parece que esa mezcla es muy interesante para la película. Por un lado teníamos la solidez de los actores profesionales y particularmente de Saturnino, que es un actor muy disciplinado, muy trabajador, que se sabe hasta la última coma del guión. Y esa profesionalidad se mezclaba de repente con Jesús, con Meiriño que es como le llamamos, que es todo lo contrario. Es una persona que nunca jamás había interpretado y que tenía más dificultades a la hora de memorizar tanto texto, pero que sin embargo aportaba una espontaneidad brutal.
Juntarles a los dos era tener lo mejor de los dos mundos. Por un lado la solidez de Saturnino y por el otro el desmadre de Meiriño. Y eso creo que ayuda mucho a la relación de los personajes y a creernos sus dinámicas.
Eso sí, el trabajo con ellos fue radicalmente diferente. Con Meiriño hubo mucho más tiempo de ensayo, de trabajar en la intención de cada escena, de aprender el texto e interiorizarlo para luego “olvidarlo” y ser él mismo… fue un proceso probablemente más largo y complicado, pero también muy bonito.
— El mar no es solo un escenario, sino casi un personaje más. ¿Qué papel juega ese entorno en la narrativa y cómo condicionó el rodaje a nivel creativo y logístico?
Por un lado, el mar era fundamental narrativamente para aislar a los personajes y ponerlos en una situación complicada. Para forzar a que estuvieran juntos, a que hablaran, a que se abriesen…
También me interesaba mucho la soledad de estos dos personajes en la barca comparada con el caos familiar y el contraste que se generaba al saltar de un punto al otro.
Eso sí, a nivel logístico fue complicadísimo. Todas las escenas de mar están rodadas realmente en el mar, no hay nada en estudio. Y rodar en el mar es sin duda lo más difícil que he hecho nunca, por todas las limitaciones que te impone.
— La película transita entre el humor y la emoción de forma muy natural. ¿Cómo encontraste ese tono sin que uno anule al otro?
Ese tono entre dos aguas me parecía muy importante para la peli. Es algo que ya venía desde la escritura. Mi miedo era pasarme con la comedia, porque si te pasas es más difícil emocionar. Entonces la clave fue buscar humor en situaciones cotidianas, sin forzarlo demasiado.
— Hay algo muy físico en la historia: dos hombres mayores enfrentándose a una situación límite. ¿Te interesaba también hablar de la vulnerabilidad masculina desde ese lugar?
Más que hablar de la vulnerabilidad en sí misma, para mí era una herramienta para conseguir que estos dos hombres se abrieran. Esa fragilidad, el contexto, la cercanía de la muerte… es lo que permite que digan cosas que en otro momento no dirían.
— Vienes de trabajar en una producción respaldada por Películas Pendelton. ¿Cómo ha sido ese acompañamiento en tu salto al largometraje?
Pues una maravilla. Han apoyado muchísimo el proyecto y han aportado muchísimo a través de su experiencia. Han sido unos compañeros de viaje fantásticos.
— Después de este primer proyecto, ¿sientes que Dos días define el tipo de historias que quieres contar?
Ahora mismo estoy tan metido en Dos días y tan contento con el resultado, que siento que este tipo de historias es un lugar en el que me gustaría seguir. Pero tampoco me cierro a otros registros. Lo importante para mí es encontrar historias que me conmuevan de verdad y que sienta necesarias.
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