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Industria audiovisual Castilla y León

Enrique García-Vázquez: del imaginario popular al surrealismo en el videoclip de San Miguel Fraser

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Un momento del rodaje del videoclip (Foto: Arturo del Valle)

Enrique García firma uno de esos videoclips que entienden la música como un territorio narrativo propio. En “A la luna de enero”, tema tradicional de Badilla de Sayago (Zamora) recuperado por el Consorcio de Fomento Musical de Zamora y reinterpretado por San Miguel Fraser, el realizador y productor parte del cruce entre el folk californiano y la raíz castellana para levantar un universo tan reconocible como extraño, donde la memoria popular, la identidad territorial y un humor surrealista conviven con una pulsión visual decididamente contemporánea.

Realizado por Moraleja Films y rodado en Santiago del Arroyo, Boecillo y Aldeamayor de San Martín (Valladolid), el videoclip convierte la tradición oral y musical en una experiencia cinematográfica que dialoga con el imaginario íntimo de la banda.

Seleccionada en el 22 Certamen Nacional de Videoclips de la SECIME, la pieza confirma además el excelente momento creativo de un formato que cada vez se acerca más al lenguaje del cortometraje. Hablamos con García sobre cómo se construye el universo visual de “A la luna de enero”, su manera de asumir dirección, guion y montaje como un mismo gesto autoral, y por qué el videoclip sigue siendo uno de los espacios más fértiles para empujar los límites del lenguaje audiovisual.

San Miguel Fraser construye un universo muy singular al mezclar el folk californiano con la raíz castellana. ¿Desde qué imágenes o sensaciones empezaste a construir la propuesta visual del videoclip y qué querías que respirara desde el primer plano?

Los músicos tenían bastante claro su tema a nivel conceptual. Yo al escucharlo llegué rápido a pensar en el tono. Juntos construimos un universo propio ya no para el tema, sino para San Miguel Fraser, ya que era su primer videoclip. Nos movíamos entre lo tradicional, representado a través de la nostalgia, y lo vanguardista, representado a través de lo bizarro. Sabíamos también que queríamos alejarnos de lo pedante y tener un tono ligero con algo de humor surrealista. Fue fácil porque me rodeo de un equipo increíble y porque San Miguel Fraser nos trataron de lujo, lo que hizo que todo el mundo en rodaje estaba muy motivado con el proyecto.

En este proyecto asumes dirección, guion y montaje, tres áreas que condicionan por completo el lenguaje final de la pieza. ¿Cómo fue ese proceso de pensar el videoclip desde la escritura hasta la sala de edición y qué parte terminó redefiniendo más el resultado?

Me gusta mucho abrir y cerrar mis proyectos. Por el camino creo en la confianza en el equipo para crear. Escribo tratando de escaletar bien el tema y asegurarme de tener metraje suficiente en montaje. En rodaje ejecutamos el guion pero siempre permitiéndonos que ocurra la magia y aparezcan nuevos elementos. Mi forma de rodar se basa en eso, en confiar en las mentes de Karu Borge (dire de foto) y Alezeia F. Vidal (dire de arte) para impulsar las ideas plasmadas en guion.

La música de la banda parte de una mezcla muy rica entre memoria popular, identidad territorial y sensibilidad contemporánea. ¿Cómo trabajaste esa dualidad para que el videoclip no se quedara solo en lo estético, sino que dialogara realmente con el imaginario del grupo?

Había que crear un mundo completo. Lo basamos en los recuerdos de infancia de María San Miguel en su pueblo. Galen Fraser aportó también su buen carácter y sentido del humor. Es como que la historia del videoclip pasa en el mundo de las ideas compartido por los dos músicos.

El videoclip forma parte del 22 Certamen Nacional de Videoclips de la SECIME, un espacio cada vez más relevante para este formato dentro del circuito audiovisual. ¿Qué significa para ti estar en Medina y cómo encaja esta selección dentro del recorrido que imagináis para la pieza?

Pues es una grata sorpresa. La verdad es que con los videoclips no te planteas de primeras un recorrido por festivales. De hecho, por primera vez he estado con un videoclip hace nada, en el festival de Soria. Y nos llevamos un premio con el videoclip «Espejo, sol y Luna» de Castora Herz. Me siento muy orgulloso de formar parte de alguna manera de este movimiento de revisitar nuestra tradición que estamos viviendo. Son grupos a los que que admiro y me encanta que sus videoclips se vean en festivales. La distribución de estos es muy casera. Te puedes imaginar, me gasto un par de euros de mi bolsillo y yo mismo hago un par de inscripciones a festivales que conozco de antes, poco más. Eso sí, de momento nos cogen en todo lo que presentamos, así que puedo decir que la distribución es casera pero efectiva.

Cada vez más videoclips se acercan al lenguaje del cortometraje y a una narrativa más cinematográfica. En tu caso, ¿cómo entiendes esa frontera entre videoclip, pieza artística y relato audiovisual, y dónde sitúas este trabajo dentro de tu trayectoria?

El videoclip es una joyita, de lo mejor que te puede tocar hacer por encargo. Te permite experimentar, jugar… y los rodajes son muy disfrutables. El equipo generalmente también se divierte y es el espacio para hacer aquello que no te atreverías hacer en ficción. Y esto pasa de siempre, directores como David Fincher venían de hacer videoclips para MTV, y gracias a ello supieron dar una vuelta al lenguaje cinematográfico.

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