El Consejo de Ministros ha dado luz verde a una nueva inyección de dinero público en el sector audiovisual: 44 millones de euros que irán al fondo Culture CAP7, especializado en financiar proyectos de esta industria. La operación se vehiculará a través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), un organismo pensado para canalizar inversiones hacia proyectos relacionados con la innovación y la cultura.
Según la versión oficial, el objetivo es facilitar financiación a pequeñas y medianas empresas, impulsar la creación de nuevas compañías y, en general, dar solidez a un ecosistema que en los últimos años ha ganado peso dentro y fuera del país.
Este movimiento no es aislado: forma parte del llamado Spain Audiovisual Hub, una estrategia de gran escala dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Desde su lanzamiento en 2021, el Hub ha movilizado ya 1.600 millones de euros para el sector. Con esas cifras, el Gobierno presume de resultados: aseguran que el empleo vinculado al audiovisual ha crecido un 107% en los últimos cinco años y que la taquilla de 2024 casi duplicó la registrada en 2021.
Lo cierto es que estas estadísticas muestran una tendencia positiva, pero también abren preguntas: ¿hasta qué punto ese crecimiento se debe a la inyección de dinero público?, ¿qué parte de la industria se está beneficiando realmente?, ¿llega esta financiación a las pequeñas productoras o se concentra en los grandes jugadores?
Lo que viene ahora
Con los 44 millones aprobados, arranca oficialmente la segunda fase del Spain Audiovisual Hub, que promete movilizar 1.712 millones de euros adicionales en instrumentos financieros. En papel, la meta es “consolidar el sector audiovisual, dotándolo de resiliencia y competitividad internacional”. En la práctica, habrá que seguir de cerca cómo se distribuyen los fondos y qué impacto real tienen sobre la diversidad de proyectos que llegan a pantallas y plataformas.
Por ahora, lo que está claro es que el audiovisual español sigue siendo un terreno estratégico en el que se juega mucho más que entretenimiento: hablamos de empleo, de imagen exterior y, sobre todo, de quién controla los recursos que deciden qué historias se cuentan y cuáles no.