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Producción de cine

Entrevista a Sandra Hermida, directora de producción de «Un monstruo viene a verme»

«Ha sido el rodaje más complicado y multidisciplinar que he organizado nunca»

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Sandra Hermida es sin duda una de las directoras de producción más relevantes del cine español actual. Por sus manos han pasado proyectos como “No llores, vuela”, “Carmina y amén”, “Retorno a Hansala”, “La noche de los girasoles” o “Biutiful”, además de “El Orfanato” y “Lo Imposible”, películas por las que ganó el Goya a Mejor de Dirección de Producción en 2008 y 2013. Hoy converso con ella, con motivo de su nominación por la dirección de producción de «Un monstruo viene a verme» en los próximos Premios Goya del día 4 de febrero, para descubrir cómo fue el rodaje de la última película de Juan Antonio Bayona. 

Con más de 26 millones de euros recaudados, «Un monstruo viene a verme» fue de lejos la película española más exitosa de 2016. ¿Cuál crees que es ha sido la clave del éxito?

Es una película muy especial. La interpretación de Bayona del maravilloso libro de Patrick Ness, combinando el drama de un niño que se enfrenta al final de su infancia con la fantasía y el poder sanador del arte, hacen de “Un Monstruo viene a verme” una película de las que ya no se hacen. Bayona es garantía de espectáculo visual. Sus películas rebosan belleza fotográfica, espectacularidad visual y grandes interpretaciones. Creo que la belleza y la emoción que desprende unido a la impecable campaña de promoción de Mediaset y el tirón de Bayona como director han llenado las salas. Y, por supuesto, que al público le ha gustado y la ha recomendado.

La película se rodó entre Huddersfield (Reino Unido) y Tarrasa ¿Podrías explicarnos brevemente cómo fue la producción?

Desarrollo y preproducción fueron en Barcelona. Además de los objetivos habituales de dichas fases (localizaciones, diseño de producción, dimensionar el proyecto, casting, etc.), teníamos un reto nuevo y desconocido: crear un monstruo de 13 metros de alto. En el diseño colaboraron desde Jim Kay, ilustrador del libro, hasta DDT, diseñadores y ejecutores de los prostéticos de la película. En paralelo, fuimos previsualizando todas las secuencias en las que aparecía el monstruo para anticipar las necesidades de rodaje y de construcción de los decorados.

El rodaje comenzó en Oxford, donde hicimos el motion capture con Liam Neeson. El objetivo de utilizar esta técnica es que queríamos que Liam dotara al monstruo de su interpretación física además de poner su voz. La captura de sus movimientos y la grabación de sus facciones interpretando fueron la guía para el equipo de animadores a la hora de crear y mover el monstruo digital. Liam interpretó todas sus secuencias con Lewis, Conor. De este modo se convirtieron en ensayos para el niño, que tendría que reinterpretarlas delante de cámara en solitario meses después. Mientras tanto el Barcelona, DDT construía partes físicas del monstruo (2 brazos, cabeza animatrónica y pies) que utilizaríamos en diferentes planos y secuencias del rodaje. La máxima era utilizar el monstruo físico siempre que fuera posible.

El rodaje continuó en Manchester, donde rodamos los exteriores durante 3 semanas y media. Y nos trasladamos a Barcelona para completar el rodaje en los platós de Tarrasa. Allí construimos la casa de la abuela, la casa de Conor y su madre, tanto el backyard exterior como el interior, el aula de la escuela, la habitación del hospital, la maqueta la iglesia y cementerio que se destruye y el decorado del cementerio destruyéndose en tamaño real durante la secuencia de la pesadilla de Conor.

El nivel de complejidad técnica en el rodaje fue enorme: efectos físicos, efectos visuales, prostéticos gigantes, maquillaje especial (enfermedad madre), previsualización en set para poder componer cuadro con un gigante digital, especialistas, varias unidades trabajando al mismo tiempo en diferentes sets, 3 montadores trabajando al mismo tiempo en diferentes secuencias para asegurarnos que teníamos todos los planos que necesitábamos. Literalmente el rodaje más complicado y multidisciplinar que he organizado nunca.

¿Cuál fue el principal reto al que os tuvisteis que enfrentar durante las 16 semanas de rodaje?

Simultanear la creación de una criatura de 13 metros realizada con una combinación de prostéticos y efectos digitales, basada en la captura de movimiento de un actor, que interacciona dramática y físicamente con el protagonista de la película en decorados y localizaciones exteriores, mientras nos enfrentábamos a un rodaje tan intenso emocionalmente protagonizado por un niño de 12 años, ha sido sin duda el mayor desafío de la producción.

Imagino que además en este caso la postproducción habrá sido complicada… 

La postproducción de un “Monstruo viene a verme” empezó el primer día de producción de la película. El diseño, conceptualización y previsualización del monstruo empezaron antes de la búsqueda de localizaciones. Durante el rodaje, utilizábamos una técnica de previsualización que permitía a los montadores tener planos con un borrador del monstruo. Los equipos de vfx estuvieron constantemente en rodaje supervisando y encargándose de los más de 500 planos de vfx que estaban planteados. Las partes prostéticas del monstruo implicaban extensión digital, por lo que el asesoramiento de vfx era imprescindible en el rodaje.

El montaje comenzó el segundo día de rodaje y se mantuvo abierto hasta el final del proceso de postproudcción. Los equipos de 3D comenzaron a trabajar con el material de motion capture de Liam Neeson mientras aún estábamos rodando. El diseño de sonido llevo meses. Encontrar el sonido del Monstruo y de la pesadilla eran sus grandes retos.

La producción de los cuentos de animación ocurrió en paralelo a la producción de la película. Los equipos de diseño, creación artística y ejecución de producción trabajaron durante más de 1 años en ambas piezas. Actualizando los cambios que iba requiriendo el montaje principal y que afectaba a los cuentos. Los títulos de crédito, creados a partir de los dibujos de los cuentos, que a su vez estaban conectados a los dibujos de Conor y de la Madre, requirieron de gran comunicación entre todos los departamentos. Sin duda la postproducción más larga, intensa, compleja y bonita de mi vida. Aprendizaje en estado puro.

¿Cuál es el secreto para hacer que una película de 30 millones de presupuesto no tenga nada que envidiar a las superproducciones de Hollywood?

El secreto es el equipo. Contar con un equipo motivado, profesional, que comprenda los objetivos que el director necesita alcanzar, que sienta la película como suya y que se deje la piel en llevarla a cabo. ¡Y ese es nuestro fuerte! Y lo hago extensible al resto de técnicos españoles. Nuestra industria y nuestra visibilidad internacional se deben a la calidad de nuestros equipos, instalaciones y proveedores. Ellos y ellas son los que nos hacen competitivos, aunque no contemos con una política de incentivación de rodajes extranjeros, como en casi todo el resto de Europa.

No es la primera película que produces a Juan Antonio Bayona ¿Cómo es trabajar con él?

Juan Antonio es el director más exigente que conozco. Vive por y para el cine. Eso sumado a su gigantesco talento visual y su mirada tan singular, llena de pureza casi infantil, de los dramas humanos le hace un director único y que consigue conectar con todo tipo de públicos. Sus películas lo tienen todo: espectáculo, emoción, belleza… Eso sí, para ejecutar su visión hay que dejarse la piel: aprender, investigar, crear, inventar, sufrir, trabajar hasta la extenuación… No hay zona de confort posible con él.

Por último. De las 10 películas españolas más vistas del año 2016, 9 habían sido producidas por Mediaset, Atresmedia o TVE. Detrás de «Un monstruo viene a verme» está Telecinco Cinema. ¿Qué opinas del papel que han tornado las televisiones en la industria cinematográfica española?

El apoyo de las televisiones al cine español es imprescindible para los productores. Tanto las televisiones públicas, mediante compra de derechos de antena, como las televisiones privadas, combinado derechos con coproducción, hacen posible la cantidad y calidad de las películas que hacemos. Tan importante como el apoyo para la producción es el apoyo, especialmente de las tv privadas, en la comunicación y distribución. Sin una campaña potente de comunicación es imposible competir en salas ni llegar al público.

El problema es que con la actual Ley del Cine es prácticamente imposible producir sin contar con una tv y un agente de ventas internacionales, por lo que proyectos más pequeños, artísticos y/o con menos vocación comercial se quedan prácticamente sin opciones de realizarse.

El cine debería de ser considerado un activo cultural, como el resto de manifestaciones culturales. Es industria, es negocio, es arte, es cultura… No deberíamos de tener leyes que limitaran los contenidos culturales a un solo modelo. Una sociedad rica culturalmente es una sociedad mejor, más tolerante, más heterogénea, más respetuosa. Teatro, Literatura, Arte, Cine…. que haya mucho, que sea muy diverso, ¡que haya para todos!

Licenciado en Comunicación Audiovisual, Master MBA y Master en Administración de Industrias Culturales. A lo largo de mi vida laboral he participado en la producción de diversos proyectos audiovisuales de televisión, publicidad, video digital y cine tanto en España como en Reino Unido, Perú y México. Desde 2018 trabajo Morena Films (Madrid) donde actualmente desarrollo mis propios proyectos como productor de cine y televisión.

2 Comments

2 Comments

  1. Enrique

    08/02/2017 at 13:13

    Vaya directora de producción. Vaya currículum y vaya entrevista. Y además consigue un montón de nominaciones a los Goya.
    Enhorabuena a ambos, entrevistada y entrevistador.

    • Rodrigo Espinel

      08/02/2017 at 14:41

      Gracias !

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Producción de cine

¿Puede una película creada con inteligencia artificial competir en el Festival de Venecia?

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Nos guste o no, la inteligencia artificial se está abriendo paso a gran velocidad en la industria audiovisual. Su presencia ya no se limita a experimentos tecnológicos o pequeñas producciones concebidas alrededor de estas herramientas: cada vez resulta más habitual encontrarla integrada en procesos de desarrollo, rodaje y, especialmente, postproducción.

Esta realidad plantea inevitablemente nuevas preguntas. Una de ellas tiene que ver con los grandes festivales internacionales: ¿puede una película creada, total o parcialmente, mediante inteligencia artificial competir en igualdad de condiciones con el resto?

En el Festival Internacional de Cine de Venecia, la respuesta es sí.

Las normas de la Mostra contemplan la participación de películas en cuyo proceso de creación haya intervenido la inteligencia artificial, incluyendo el uso de herramientas generativas. Y hay un matiz importante: no se trata de una novedad anunciada para la próxima edición. Esta posibilidad ya estaba contemplada en la normativa de la 83ª Mostra, celebrada en septiembre de 2026.

El planteamiento del festival italiano no pasa por excluir una película por el simple hecho de haber utilizado inteligencia artificial.

Una producción puede recurrir a estas herramientas y presentarse al festival. La condición es que sus responsables informen de su utilización e identifiquen en qué partes o procesos de la película han intervenido.

La cuestión, por tanto, no parece estar tanto en si se utiliza inteligencia artificial, sino en conocer cómo y para qué se ha utilizado.

Y esa distinción puede ser cada vez más importante. La IA puede emplearse para generar una imagen completa, pero también intervenir en efectos visuales, sonido, doblaje, restauración, creación de fondos o diferentes tareas de postproducción.

¿Podría una película realizada con IA ganar el León de Oro?

En principio, sí.

Venecia no reserva una competición específica para las obras realizadas con inteligencia artificial ni las aparta de las principales secciones por el mero hecho de haber recurrido a esta tecnología.

Por tanto, el uso de IA no impediría por sí mismo que una película fuese seleccionada para la competición oficial y optase a sus premios, incluido el León de Oro.

Este punto resulta especialmente significativo porque supone tratar la inteligencia artificial como una herramienta que puede formar parte del proceso cinematográfico, en lugar de convertir automáticamente el denominado “cine con IA” en una categoría independiente.

La inteligencia artificial ya está presente en la Mostra

Y no estamos hablando únicamente de una posibilidad recogida sobre el papel.

La edición de 2026 contó con producciones que habían recurrido a inteligencia artificial durante su elaboración. Entre ellas se encontraba Be Brave, documental dirigido por Francesco Carrozzini sobre Renzo Rosso, fundador de Diesel, presentado fuera de competición.

La película empleó imágenes generadas mediante IA para representar determinados episodios del pasado de Rosso de los que no existía material audiovisual.

Es un buen ejemplo de hacia dónde puede dirigirse inicialmente la integración de estas tecnologías en producciones convencionales: no necesariamente películas generadas íntegramente por una máquina, sino obras en las que determinadas imágenes o procesos son resueltos mediante herramientas generativas.

Una frontera cada vez más difícil de establecer

La posición de Venecia resulta especialmente relevante por el peso que tiene la Mostra dentro del circuito cinematográfico internacional.

La inteligencia artificial ha dejado de ser únicamente una curiosidad tecnológica y está entrando progresivamente en herramientas utilizadas de manera cotidiana por la industria. Eso obligará a festivales, academias y organismos audiovisuales a decidir qué usos consideran admisibles y qué grado de transparencia deben exigir a las producciones.

Además, hablar simplemente de una “película hecha con inteligencia artificial” puede resultar cada vez menos preciso.

No es lo mismo utilizar IA para eliminar un elemento de un plano que generar un escenario completo. Tampoco lo es modificar una voz, rejuvenecer digitalmente a un intérprete, crear unos segundos de material inexistente o construir buena parte de una película mediante modelos generativos.

Entre todos esos supuestos existe un enorme territorio que probablemente crecerá durante los próximos años.

Por ahora, Venecia ha optado por no cerrar la puerta a estas herramientas y exigir que su utilización sea identificada.

Así que, ante la pregunta de si una película creada con inteligencia artificial puede competir en el Festival de Venecia, la respuesta es sí.

La siguiente pregunta será bastante más difícil de responder: ¿hasta dónde puede intervenir la inteligencia artificial en una película sin cambiar nuestra idea de lo que significa crear cine?

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Industria del cine de Castilla y León, para algo que tienen se lo niegan

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Este artículo cuenta con el respaldo de un nutrido grupo de profesionales de la industria audiovisual de Castilla y León. Entre sus firmantes se encuentran directores como Néstor López, Cristina Urgel, Herminio Cardiel, Javier de la Iglesia, Isabel Medarde, Sergio Pereda, Celia de Coca, Alejandro Martos del Campo o Álvaro Mascarell; actrices como Azucena de la Fuente; y productores como David Castro, Clara Santaolaya, Héctor Varela, María Esparcia, Carlos Medina, Miguel A. Valdivieso, Sergio Muñoz, o Rodrigo Espinel.

Producir cine desde Castilla y León nunca ha sido especialmente fácil. No porque falten talento, historias, profesionales o localizaciones, sino porque, a diferencia de lo que sucede en otros territorios, la industria audiovisual de la comunidad dispone de relativamente pocas herramientas públicas que favorezcan su consolidación.

Las ayudas autonómicas a la producción son limitadas. Ridículas si se comparan con otros territorios. Este año, para más inri, amenazan con no publicarse. Las administraciones locales, con algunas excepciones reseñables —entre ellas, el esfuerzo que desde hace años realiza el Ayuntamiento de Valladolid para atraer, apoyar y patrocinar económicamente rodajes—, tampoco disponen de grandes instrumentos de financiación. Y la televisión autonómica, que en otros territorios constituye una pieza importante del ecosistema audiovisual, no desempeña en Castilla y León ese papel inversor en la producción cinematográfica.

El resultado es conocido por quienes nos dedicamos a esto: buena parte del talento audiovisual nacido o formado en Castilla y León termina desarrollando su carrera fuera de la comunidad, muy especialmente en Madrid: Productores, directores, guionistas, técnicos, actores y otros profesionales que mantienen vínculos con su tierra, pero que difícilmente pueden construir desde ella una trayectoria profesional continuada.

Sin embargo, Castilla y León tiene algo que ya querrían para sí muchas comunidades autónomas: uno de los festivales de cine más prestigiosos de España y con una extraordinaria proyección internacional.

La Semana Internacional de Cine de Valladolid, la SEMINCI, es una marca construida durante décadas, reconocida dentro y fuera de nuestras fronteras y capaz de reunir cada año en Valladolid a cineastas, productores, distribuidores, programadores, críticos y responsables de algunas de las instituciones cinematográficas más relevantes.

Es, probablemente, una de las herramientas de política cinematográfica más poderosas de las que dispone Castilla y León. Y, paradójicamente, la industria audiovisual de la propia comunidad nunca ha terminado de encontrar realmente su sitio en ella.

Tradicionalmente, la presencia del audiovisual regional ha quedado fundamentalmente circunscrita a «Castilla y León en Largo» y «Castilla y León en Corto», dos secciones que, pese a su importancia para quienes participan en ellas, no siempre han recibido la atención, visibilidad y cuidado que merecerían dentro del conjunto del festival. A ello se suman iniciativas como la presentación de los proyectos seleccionados en Seminci Factory o la programación de Quercus, una sesión de cortometrajes regionales de la mano de la Coordinadora de Festivales de Cine de Castilla y León y la Junta.

Son iniciativas positivas. Pero parecen insuficientes para el potencial que tendría SEMINCI como punto de encuentro entre el festival y el tejido profesional de su territorio.
Conviene aclarar algo para evitar equívocos.

No creemos que la solución pase por establecer cuotas de películas castellanas y leonesas en la Sección Oficial. Sería, probablemente, un tiro en el pie. Un festival internacional debe programar las mejores películas que considere oportunas de acuerdo con su línea editorial, y habrá años en los que exista una película de Castilla y León capaz de competir de tú a tú con la selección internacional y otros en los que sencillamente no la haya. Forzar esa presencia no ayudaría ni al festival ni, probablemente, a la propia película.

La cuestión es otra.

Un festival no es únicamente las películas que programa. Es también las personas a las que reúne, las conversaciones que provoca, los contactos que facilita y la comunidad profesional que construye a su alrededor. Y es precisamente ahí donde Seminci podría hacer mucho más por el audiovisual castellano y leonés sin comprometer un solo ápice su independencia artística.

Además, muchas de esas medidas ni siquiera requieren grandes presupuestos.

¿Por qué no realizar cada año una invitación expresa a la alfombra roja del festival a los numerosos actores y actrices castellanos y leoneses que han construido carreras relevantes fuera de la comunidad? Muchos viven a menos de una hora del Teatro Calderón y estarían encantados de aportar su visibilidad para proyectar aún más el certamen.

¿Por qué no procurar que profesionales vinculados a Castilla y León estén presentes regularmente en los jurados del festival, siempre que sus trayectorias lo justifiquen? Con un poco de mimo se convertirían en los mejores embajadores del certamen.

¿Por qué no reunir durante esos días a productores, directores, guionistas y técnicos originarios de la comunidad que trabajan habitualmente fuera de ella? ¿Por qué no aprovechar la presencia en Valladolid de la industria nacional e internacional para facilitar su encuentro con quienes intentan producir desde Castilla y León? ¿Se les invita al menos a acreditarse gratuitamente como invitados de industria?

Sin duda, el hecho de repartir un centenar de acreditaciones de industria (solo la acreditación, sin pagar nada de viajes ni alojamiento) sería un catalizador extraordinario para la industria local. Reunir a un centenar de profesionales de la región compartiendo y viviendo el festival no solo es fácil y económico, sino que supone una oportunidad que no nos podemos permitir desperdiciar.

No se trata de convertir SEMINCI en una feria regional ni de alterar aquello que precisamente le ha permitido alcanzar su prestigio. Todo lo contrario. Se trata de aprovechar ese prestigio.

Castilla y León difícilmente podrá competir a corto plazo con comunidades que cuentan con televisiones autonómicas fuertemente inversoras, incentivos fiscales específicos, fondos audiovisuales más potentes o ecosistemas empresariales que llevan consolidándose hace décadas. Pero sí puede utilizar inteligentemente los activos que ya posee.
Y SEMINCI es uno de los mayores.

Hay además una cuestión menos tangible, pero igualmente importante: la pertenencia. Una industria se construye también haciendo que sus profesionales quieran seguir vinculados a ella. Muchos cineastas castellanos y leoneses desarrollamos nuestra actividad profesional fuera de la comunidad porque las oportunidades están fuera. Eso no significa que hayamos dejado de sentirnos parte de su tejido cultural y audiovisual.

Un festival como SEMINCI podría convertirse durante una semana al año en el lugar donde ese talento disperso vuelve a encontrarse. Donde quienes se quedaron conozcan a quienes se fueron. Donde una productora joven de Valladolid pueda coincidir con un productor nacido en León que trabaja en Madrid, con una actriz salmantina que desarrolla su carrera nacional o con un director burgalés que lleva años rodando fuera. Y donde todos ellos, a su vez, entren en contacto con la extraordinaria comunidad cinematográfica que el festival consigue atraer cada otoño.

Eso también es política industrial. Y cuesta bastante menos que crear una nueva línea de subvenciones.

La SEMINCI pertenece, por supuesto, al cine y a su público. Su vocación internacional y su independencia deben preservarse. Pero también es una institución profundamente vinculada a Valladolid y a Castilla y León. No parece descabellado pedir que una parte de toda esa capacidad de convocatoria, prestigio y relaciones revierta de manera más decidida sobre el ecosistema audiovisual que tiene alrededor.

Durante años hemos hablado de la necesidad de construir una verdadera industria audiovisual en Castilla y León. Para hacerlo harán falta más financiación, más implicación institucional, más producción y, algún día, quizá también una televisión autonómica que entienda el audiovisual como algo más que contenido que emitir.
Mientras tanto, hay herramientas que ya existen.

Y para algo que tenemos, sería una pena seguir negándonoslo.

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Producción de cine

¿Qué tipo de programas mantienen viva la televisión lineal en España?

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Cada mes se publican los datos de audiencia y el debate suele centrarse en qué cadena ha ganado, qué programa ha liderado el prime time o quién atraviesa una mejor racha. Sin embargo, el último Balance GECA de mayo de 2026, elaborado por el analista y consultor televisivo Kantar Media/GECA, permite extraer una conclusión mucho más interesante: identificar qué tipos de contenidos siguen teniendo la capacidad de congregar a millones de espectadores en una época dominada por Netflix, YouTube, TikTok y el consumo bajo demanda.

Porque la verdadera batalla de la televisión ya no se libra entre Antena 3, Telecinco o La 1. Se libra contra cualquier otra pantalla capaz de captar la atención de los espectadores.

Durante años se dio por hecho que la ficción sería el principal motor de las audiencias televisivas. Sin embargo, los datos de mayo cuentan una historia muy diferente.

Si analizamos los contenidos diarios más vistos del mes, los tres primeros puestos corresponden a programas informativos. En concreto, Antena 3 Noticias 1, Antena 3 Noticias 1 Fin de Semana y Antena 3 Noticias 2 ocuparon las tres primeras posiciones del ranking mensual. El informativo de sobremesa presentado por Sandra Golpe promedió un 23,3 % de cuota y más de 2,15 millones de espectadores, mientras que la edición nocturna de Vicente Vallés alcanzó un 18,4 % de share y cerca de 1,9 millones de seguidores.

La información sigue siendo el gran refugio de la televisión

La fortaleza de los informativos no es casual.

En un ecosistema donde la información circula de forma fragmentada a través de redes sociales, plataformas digitales y aplicaciones de mensajería, los informativos continúan ofreciendo algo muy valioso: una cita diaria reconocible, una marca consolidada y una percepción de credibilidad que sigue atrayendo a millones de espectadores.

No es un fenómeno exclusivo de Antena 3. Los Telediarios de La 1 también figuran entre los contenidos más vistos de la cadena pública y constituyen uno de sus principales pilares de audiencia.

De hecho, basta observar cualquier jornada de audiencia para comprobar que los informativos siguen dominando el ranking diario. El pasado 1 de junio, por ejemplo, Antena 3 Noticias 1 volvió a ser el programa más visto del día con más de 2,1 millones de espectadores y un 23,1 % de cuota de pantalla.

El entretenimiento familiar sigue funcionando

La segunda gran conclusión del estudio es que la televisión lineal sigue siendo extremadamente competitiva cuando apuesta por formatos de entretenimiento capaces de reunir a públicos muy amplios.

Entre los programas más vistos del mes aparecen espacios como El Hormiguero, Pasapalabra o Tu cara me suena, formatos que llevan años en antena pero que continúan manteniendo cifras envidiables para cualquier cadena. Según el informe, El Hormiguero promedió 1,64 millones de espectadores, mientras que Pasapalabra superó los 1,56 millones y Tu cara me suena rondó los 1,5 millones.

No es casualidad que todos ellos compartan características similares: son formatos familiares, generan conversación social y, sobre todo, funcionan mejor cuando se consumen en directo.

En otras palabras, ofrecen algo que el vídeo bajo demanda todavía tiene dificultades para replicar: la sensación de evento compartido.

El directo se ha convertido en el contenido premium de la televisión

Quizá la transformación más importante de los últimos años sea que la televisión ha dejado de competir en cantidad para competir en inmediatez.

Las plataformas ofrecen miles de películas y series que pueden verse en cualquier momento. Precisamente por eso, los contenidos que mejor funcionan en televisión suelen ser aquellos cuyo valor desaparece parcialmente si no se consumen en directo.

Los informativos son un ejemplo evidente, pero también el deporte, los concursos, los realities o los grandes programas de entretenimiento.

La propia evolución de las cadenas refleja esta tendencia. Antena 3 logró liderar el 96 % de los días de mayo y colocó 99 de las 100 emisiones más vistas del mes gracias a una combinación de informativos, concursos y entretenimiento en directo, más que por sus series o películas.

El deporte sigue siendo una máquina de generar audiencias

Aunque el ranking mensual estuvo dominado por los informativos y el entretenimiento, los eventos deportivos continúan siendo los únicos capaces de alterar puntualmente el equilibrio habitual de las audiencias.

La final de la UEFA Champions League emitida por RTVE fue una de las pocas emisiones que logró romper el monopolio de Antena 3 entre los contenidos más vistos del mes.

Esto confirma algo que la industria lleva años observando: los derechos deportivos son cada vez más valiosos porque constituyen uno de los últimos contenidos verdaderamente masivos que los espectadores siguen prefiriendo consumir en directo.

La televisión ya no compite contra otras cadenas

Quizá la enseñanza más interesante del Balance GECA sea que las cadenas que mejor funcionan son precisamente las que han entendido que su competencia ya no está en el mando a distancia.

La verdadera competencia de Antena 3 no es Telecinco.

La verdadera competencia de La 1 no es laSexta.

La competencia real son Netflix, YouTube, TikTok, Twitch, los videojuegos, los podcasts y cualquier otra alternativa capaz de ocupar el tiempo libre de los espectadores.

Por eso resulta tan significativo comprobar qué programas siguen liderando las audiencias. No son necesariamente los más caros ni los más innovadores. Son aquellos que ofrecen algo que todavía conserva valor en una era de consumo individualizado: información relevante, emoción compartida o acontecimientos que merece la pena seguir en tiempo real.

Y esa puede ser la principal lección que deja el Balance GECA de mayo de 2026: la televisión lineal ha perdido la batalla de la exclusividad, pero sigue ganando cuando ofrece aquello que las plataformas todavía no han conseguido sustituir.

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