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Más de 400 planos generados con IA y éxito internacional: los Hermanos Sepúlveda nos cuentan más sobre “Idilia”

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Tras una sólida carrera en el mundo de la publicidad, José Taltavull Sepúlveda y Javier Canales Sepúlveda presentan su ópera prima “Idilia”, un largometraje de ficción que ellos mismos definen como una “distopía futurista” con tintes de terror, alejada de los parámetros convencionales de la ciencia ficción. La película abre debate sobre aquello que nos define como humanos y plantea interrogantes en torno a las posibilidades y amenazas del uso de la inteligencia artificial, no solo desde el relato, sino también desde la técnica: el metraje integra más de 420 planos generados con IA. En esta entrevista conversamos con los hermanos Sepúlveda para conocer los pormenores detrás de este título   

Vienen del mundo de la publicidad y tienen un largo recorrido en esa área.  ¿Cómo tomaron la decisión de dar el salto al cine?

José: Somos hermanos, yo soy 12 años mayor que Javier. Siempre estuve ligado al diseño y al motion graphic, luego estudié edición de vídeo en el CEF, donde fui creciendo y montamos una agencia. Mi hermano estudió en una escuela donde yo había dado clases y luego saltó a la ESCAC a hacer guión. Yo ya estaba haciendo publicidad en Madrid para marcas como Dior, Lotería y Apuestas, Apple Pay, muy comerciales.

Cuando Javier terminó, nos ofrecieron hacer un documental y conectamos, empezamos a trabajar juntos. Desde ahí hicimos documentales, publicidad y vídeos para grandes marcas como Frontera o Iberostar. La publicidad nos enseñó a manejar tiempo, recursos y a contar historias de manera efectiva.

Siempre supimos que haríamos cine, y gracias a Javier que escribe guiones, se abrieron esas posibilidades. Venimos de la publicidad, sabemos emplear los recursos y controlar todo; nuestro reto era hacer una película con poco dinero en un espacio-tiempo limitado. Diseñamos el guión y la producción pensando en nuestro presupuesto, con actores entrando y saliendo de forma muy estructurada. Hicimos 209 viñetas, el storyboard de la película a la vieja usanza.

Javier: La publicidad es una gran escuela, porque tienes que tenerlo todo súper medido al trabajar con un cliente. Además, es buena preparación para el cine, ya que haces cosas muy diferentes: rodar un documental no tiene nada que ver con rodar una pieza publicitaria que parece un tráiler. A nosotros también nos gustaba jugar, probar distintos enfoques: diálogos, voz en off, experimentar con formatos. Esa variedad te da un aprendizaje muy valioso. Y no solo aprendes a rodar, sino también a tratar con clientes, entender sus intereses y manejar la presión de las reuniones. Todo eso es parte también del cine y del audiovisual.

El cine y la publicidad manejan diferentes dinámicas y ritmos de trabajo ¿Cómo se seleccionó al equipo detrás de Idilia?

José: Venir de la publicidad nos llevó a trabajar con el mismo equipo de siempre, que también quería dar el salto al cine. Eso fue muy rico: gente meticulosa, acostumbrada a otro ritmo y a otros sueldos, que en una peli de bajo presupuesto aceptó involucrarse. Sumamos talento en lo técnico, lo gráfico con Studio Roses —premiado varias veces—, el set design con un estudio de arquitectura multipremiado, y así, entre amigos y contactos de publicidad, fuimos armando un equipo sólido. La clave fue conseguir mucho con pocos medios. Al final, ha sido un cúmulo de casualidades y experiencia, y también influye que no tenemos 20 años: yo tengo 53 y Javier 41.

Javier: Hacer una película es como planear un atraco: necesitas a la gente adecuada. La experiencia en publicidad te da ese perfil, porque conoces a colaboradores con los que ya has trabajado y sabes que responden bien. Por ejemplo, la portada de la peli, con esa tipografía tan chula, la hizo Rafa Roses, con quien llevamos años currando. Le explicas el concepto y él ya lo desarrolla. Así pasa con todos: trabajar con gente de confianza, con la que estás a gusto, hace que todo fluya y que hablen el mismo idioma.

¿Cómo consiguieron financiar la película y qué obstáculos encontraron?

José:  El plan de financiación vino tanto de la publicidad como de la amistad, porque muchos de nuestros amigos son dueños de negocios con los que ya trabajábamos. Optamos por la deducción fiscal y la inversión privada, un camino que quizá ahora no repetiríamos, porque entendimos después que a la gente le gusta involucrarse desde el principio, como ocurre con un original. Aun así, nuestra idea siempre fue hacer esta primera película como punto de partida para una segunda, y que esta quedara como referencia y siguiera generando ingresos y royalties con el tiempo.

Idilia nace precisamente de esa necesidad: necesitábamos un millón cuatrocientos, pero solo conseguimos la mitad gracias a un amigo que decidió invertir. Al principio parecía un problema, pero se convirtió en ventaja: sin más socios, fuimos más competitivos en la toma de decisiones. Javier entonces dijo: “Con este dinero podemos hacer una película; tengo una novela escrita y podemos sacar de ahí un fragmento y adaptarlo al presupuesto”. El reto fue justo ese: escribir un guion ajustado al dinero disponible.

La estrategia fue clara: la protagonista en el centro, y que todo el reparto y la historia giraran en torno a ella. La película se rodaba en un espacio-tiempo muy concreto, casi siempre en la habitación, y no había margen para dar marcha atrás ni inventar otras localizaciones. Eso generó complicidad y exigió precisión.

Al final, rodamos en 15 días, con dos semanas previas de ensayo. Esto fue en junio y en diciembre la película ya estaba editada. La anécdota es que la parte más larga fueron los títulos de crédito: tardamos más que en rodar la propia peli, porque la tecnología de IA iba avanzando tan rápido que lo que hacíamos quedaba obsoleto enseguida. Tuvimos que recular varias veces, simplificar, ceñirnos al guion y mantener la estética sin arriesgar demasiado en movimientos o efectos.

Javier: Para complementar lo que dijo mi hermano: si has visto la película, verás que es muy genuina, con pocos referentes, bastante original. Tenemos nuestra propia voz al hacer cine, y eso es paradójico, porque es lo que uno busca en un director, pero al mismo tiempo lo hace más difícil de financiar: tener una voz propia parece arriesgado. Por eso es tan importante haber encontrado gente que confiara en nosotros y apostara por lo que queríamos contar. Hoy en día muchas películas se parecen entre sí, y levantar una que sea diferente, una voz nueva, es complicado. Gracias a nuestro recorrido en publicidad, tanto el mío como el de mi hermano, hemos podido obtener esa confianza y el privilegio de hacer lo que queríamos.

Y ojo con ese consejo tan repetido de “escribe lo que quieras y luego ya busca la financiación”. Eso lo puede hacer Nolan, Spielberg, alguien con una trayectoria consolidada. Pero imagina que alguien que nunca ha hecho cine aparece con un proyecto de 35 millones: si tú fueras el productor, lo verías inviable. Por eso hay que tener en cuenta el presupuesto desde el principio, también cuando escribes; es una parte fundamental del proceso.

¿Cómo resolvieron el rodaje en solo 15 días?

José: Pensábamos que con el presupuesto que teníamos podíamos rodar en tres semanas, pero el productor nos aclaró: tres semanas no son 21 días, son cinco días de lunes a viernes. Al final nos faltaron seis días y los 250 planos previstos se quedaron en menos de 200. La planificación estaba muy bien estructurada, pero aun así hubo que recortar.

Javier: Eso lo vimos en preproducción, no en rodaje. Cuando escribes y diriges, tienes que reescribir y ajustar: cortar escenas, condensar planos, rodar en tres tomas lo que pensabas en cinco. No es perder, es economizar y gestionar para que la película funcione lo mejor posible

La película transcurre principalmente en un único espacio. ¿Se trata de una localización real intervenida o diseñaron el espacio desde cero?

José: Cuando Javi me leyó el guion, hicimos un primer boceto del set, centrado en un sofá. Veníamos de proyectos distintos y quisimos crear un espacio que estuviera conectado con la narrativa de la historia. Trabajamos con arquitectos que hicieron prototipos en 3D; se propuso un sofá versátil, abatible y adaptable a nuestras cámaras.

Decidimos construir el set a medida en lugar de alquilar uno, combinando un enfoque arquitectónico y un estudio antropológico sobre cómo se viviría la época que retratábamos. Encontramos un estudio fotográfico relativamente amplio en Binissalem, Mallorca y montamos todo allí. Tuvimos que adaptar el set a las dimensiones del espacio e insonorizarlo para poder rodar. Nos enfocamos mucho en la luz: junto a Carlos Ramírez, nuestro gaffer, calculamos cómo se movería en el tiempo y el espacio para que acompañara la historia.

Javier: Queríamos que cada elemento del escenario tuviera un propósito dentro de la película. Por ejemplo, la ventana permite fijar la luz, la mesa y el puff se usan en momentos clave y  la estantería tiene objetos analógicos, porque a ella le gusta mucho lo analógico, eso también nos cuenta parte de la historia del personaje. Cada detalle, aunque pocos, está pensado con un minimalismo intencional: que sea estético y, al mismo tiempo, útil para contar la historia.

¿Qué papel jugaron los actores en este esquema tan acotado?

José: El elenco fue fundamental. Norma hizo un trabajo impresionante, trabajando con microgestos, casi sin moverse por momentos. Su monólogo de nueve minutos, rodado de un solo perfil y sin cortes, es impecable: pasa de estar drogada a inmovilizada, asustada y confundida, algo muy difícil de transmitir. Ganó un premio en Nueva York como mejor actriz, y es merecidísimo. 

Pero no solo ella: Raúl Prieto también hizo un papel impresionante. Alfons Nieto, Andrew Tarbet, Eva Isanta… todos han aportado mucho. Sus actuaciones son las que sostienen la película.

Los créditos de la película se mimetizan con la historia, pero la técnica detrás de ellos llama mucho la atención. ¿Cómo tomaron la decisión de hacerlos íntegramente con inteligencia artificial?

Javier: Sí, en el guion teníamos una parte en la que queríamos mostrar el paso del tiempo con fotografías, como hacía Álex de la Iglesia en Balada triste de trompeta, usando fotos de archivo. Entonces dijimos: “¿y si lo hacemos con inteligencia artificial?”. Nos pusimos a probar un poco, a experimentar, y vimos que podía funcionar.

José: En un inicio nos inspiramos en el estilo del fotoperiodismo y pensamos en crear una secuencia de imágenes fijas que reflejaran el paso del tiempo. Luego caímos en cuenta de que se quedaban lentas en montaje, así que empezamos a probar con Runway, que en ese momento era muy rudimentario. Teníamos problemas con la verosimilitud de rostros y manos, por ejemplo. Generamos más de 9.000 imágenes, prueba y error, y nos quedamos con 420 planos animados.

Cuando la peli ya estaba montada, vi que lo hecho al principio se quedaba antiguo frente a herramientas nuevas como Veo, así que decidimos rehacer los 420 planos con tecnología china (Kling), buscando realismo y coherencia estética. Al final los créditos tuvieron más planos que la propia película, casi tres veces, y se convirtieron en una pieza autónoma con música del Niño de Elche y Ellian, un masterpiece que debía funcionar por sí solo y explicar bien el paso del tiempo y la llegada de Idilia a España.

Para darle coherencia visual usamos círculos, trabajamos con hormigón y elementos arquitectónicos diseñados con Xim Izquierdo y el estudio de arquitectura, inspirándonos en cómo se construirá en 2050 con criterios passivhaus, materiales reciclables o estructuras prefabricadas. Todo esto nos ayudó a imaginar un futuro verosímil. Para mí, estos créditos no solo acompañan la película, también plantean preguntas sobre cómo imaginamos y representamos un mundo distópico.

Javier: Es que los créditos son casi otra obra. Tienen un arco, tienen un discurso, y funcionan aparte. Y encima abren un debate, porque claro, la IA está ahí, y genera preguntas: ¿qué pasa si la usamos mal? ¿Qué pasa si se convierte en una herramienta para manipular? Pero al mismo tiempo es una herramienta creativa que te permite cosas que antes eran imposibles con un presupuesto como el nuestro. Entonces está esa ambigüedad, que nos interesaba mucho.

Existe controversia en torno al uso de inteligencia artificial en el cine. ¿Cómo recibieron esta apuesta técnica los festivales?

José: La película podría situarse en cualquier momento de cambio histórico. Jugamos con el storytelling de la IA, pero no queríamos que fuese el centro; en realidad es una película de diálogos, de familia, comunicación y violencia.

Aun así, al moverla en prensa surgió interés por la IA, que hoy genera un debate entre visiones positivas y negativas, en una tensión tecno-humanista. El contexto de la huelga en Hollywood, con el escaneo de actores o el uso de GPT en guiones, reforzó la idea de la IA como “enemigo”. Ese miedo surge de la desinformación o de lo difícil que resulta legislar algo que avanza tan rápido.

Sin embargo,  la reacción fue muy positiva. En Nueva York ganamos premios, se llenaban las salas, y la crítica fue buena. Lo que parecía que podía ser un problema, al final fue un atractivo.

Javier: Creo que una película debe tener un punto polémico, pero no de forma artificial; no es un niño que patalea para llamar la atención. Tiene que abordar algo que preocupa a la gente y exponerlo. La inteligencia artificial es un tema que está ahí, se debate, pero no del todo, y el cine puede ser un marco para reflexionar sobre ello. Por ejemplo, en nuestra ópera prima pusimos los títulos de crédito con IA y explicamos esa contradicción. Puede generar críticas, pero no lo hicimos para provocar, sino para poner el tema sobre la mesa. Creo que ser un poco transgresor es necesario para expresar algo de verdad, aunque haya gente a la que no le guste. El artista tiene la función de mostrar lo que está pasando: habrá películas con IA, habrá cambios sociales, cosas que gusten y cosas que no, pero va a pasar, y hay que contarlo.

Más allá de la película, ¿qué visión personal tienen sobre la inteligencia artificial?

José: Yo al principio era muy pesimista, pensaba que el mundo estaba perdido. Pero luego me puse a estudiar un máster en inteligencia artificial generativa, y empecé a verlo de otra forma. Ahora lo usamos en preproducción: para desglosar guiones, calcular recursos, planificar rodajes. Y creo que, usada éticamente, puede ser una herramienta brutal, que nos lleve a una era de abundancia, como dicen algunos. Evidentemente hay riesgos, pero depende de cómo se use.

Javier: Yo soy más escéptico. A mí no me preocupa la IA en sí, sino quién la controla y para qué la usa. Si está en manos de las personas adecuadas, puede ser una maravilla. Pero si está en manos equivocadas, puede ser muy peligrosa. El problema no es la herramienta, sino el ser humano. Y la peli también habla un poco de eso, del riesgo de la deshumanización.

Idilia ha estado presente en el International Filmmaker Festival de Nueva York y ha conseguido dos premios ¿Cómo ha sido el recorrido por festivales y cuál es el siguiente paso para la película?

José: Con Idilia nos dimos cuenta pronto de que era una película complicada de catalogar: no es terror del todo, pero tiene algo de terror; tampoco es pura ciencia ficción, aunque sí plantea una distopía futurista. Eso hace que no encaje en todos los festivales. Al principio probamos con Málaga y no entramos, y ahí entendimos que cada certamen tiene su público. Entonces con Javi analizamos bien qué festivales podían ir mejor, incluso usando herramientas como GPTs, e hicimos una selección. Ahora mismo tenemos la intención de llegar a Sitges o a Gijón, hacer un recorrido internacional por Portugal, Colombia, Francia y estrenar en salas comerciales antes del año.

Estamos trabajando con una agencia de ventas internacional y hablando con dos distribuidoras, pero es un proceso complejo, sobre todo con una película que se sale de los patrones clásicos. Nuestro objetivo es que Idilia siga ganando premios y creciendo poco a poco, que se convierta en un caso de estudio: una película pequeña, rodada en 15 días, que logra estrenarse en cines y tiene premios en lugares como Nueva York. El sueño sería cerrar el ciclo en los Goya. Todo empezó en FANT Bilbao y luego Atlántida, donde presentamos la película en nuestra isla, con nuestra gente. Fue realmente emocionante.

Javier: Cuando terminas una peli sin saber qué pasará, es una alegría ver que entra en festivales, gana premios y gusta a la crítica.

Los hermanos Sepúlveda nos cuentan además que preparan Hienas, una nueva historia que contrasta la inocencia de la niñez con lo retorcido de la corrupción y las ansias de poder. De momento comparten con nosotros los créditos iniciales de Idilia, generados con inteligencia artificial y mencionados múltiples veces en esta entrevista.

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[PODCAST] Elisa Sirvent repasa su trayectoria como directora de producción en el nuevo podcast de APPA

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La Asociación de Profesionales de la Producción Audiovisual (APPA) estrena un nuevo episodio de su podcast. En esta ocasión, la invitada es Elisa Sirvent, directora de producción y socia de la asociación, que comparte su experiencia profesional en una conversación conducida por Aurora Martínez.

A lo largo del episodio, Sirvent repasa su trayectoria en la industria audiovisual, habla sobre el papel de la dirección de producción en los rodajes y comparte algunas de las experiencias que ha vivido al frente de proyectos cinematográficos y televisivos. Entre los títulos en los que ha trabajado figuran Alcarràs, La contadora de películas y Els encantats, entre otros.

Como es habitual, el programa también incluye sus secciones dedicadas a la actualidad del sector, consejos de producción, noticias sobre inteligencia artificial y la participación de colaboradores habituales de APPA.

Una charla especialmente interesante para estudiantes, profesionales y cualquier persona que quiera conocer mejor el papel de la dirección de producción dentro de la industria audiovisual.

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Alberto Ammann: «La mujer de la fila es una película que no tiene nacionalidad»

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Coincidiendo con el estreno en España de La mujer de la fila, conversamos con el actor sobre el reto de interpretar una historia basada en hechos reales, el trabajo junto al director Benjamín Ávila y la evolución de su carrera entre el cine de autor, las grandes producciones y las series internacionales.

La mujer de la fila llega a los cines españoles para acercar al público una realidad poco habitual en la ficción: la de las familias de las personas privadas de libertad. Dirigida por el cineasta argentino Benjamín Ávila, la película toma como punto de partida la historia real de Andrea Casamento, activista que durante años luchó por visibilizar la situación de las familias de las personas encarceladas y por mejorar sus condiciones.

En este contexto, Alberto Ammann interpreta a Alejo, un personaje cuya presencia resulta fundamental en el recorrido emocional de la protagonista. Para construirlo, el actor no solo trabajó estrechamente con Benjamín Ávila, sino que también tuvo la oportunidad de conocer al verdadero Alejo y profundizar en la realidad que inspira la película.

Más allá de hablar de La mujer de la fila, durante la conversación también repasamos su manera de elegir proyectos, su creciente interés por la producción audiovisual y la visión que tiene sobre una profesión que le ha llevado a participar en películas y series tanto en España como a nivel internacional.

A continuación, reproducimos la entrevista completa.

Aunque La mujer de la fila se rodó y estrenó hace ya un tiempo, me gustaría empezar preguntándote qué fue lo que más te llamó la atención del proyecto cuando te llegó y qué hizo que quisieras formar parte de él?

Lo primero que me llamó la atención fue el mundo de las mujeres que sostienen a las familias de las personas privadas de libertad. Era una realidad completamente desconocida para mí y me impresionó descubrir hasta qué punto son ellas quienes mantienen unidas esas familias durante todo el proceso.

También me interesó mucho la historia concreta de Andrea Casamento y de Alejo. Al final es una historia de amor muy bonita, pero también de resistencia y de humanidad.

Y, por supuesto, estaba Benjamín Ávila. Yo había visto Infancia clandestina muchos años antes y me había parecido una película extraordinaria. Me emocionó muchísimo y tenía muchas ganas de trabajar con él porque me parece un director con una mirada muy especial.

Has trabajado con directores de perfiles muy distintos a lo largo de tu carrera. ¿Qué destacarías de la forma de dirigir de Benjamín Ávila y qué te llevas del proceso de rodaje de La mujer de la fila?

Lo que más destacaría de Benjamín es su profundidad y su enorme humanidad. Tiene una capacidad muy especial para mirar a los personajes, las historias y los conflictos sin quedarse nunca en la superficie.

Es una persona muy sensible y eso se refleja en su forma de dirigir. Siempre busca entender qué ocurre realmente dentro de cada personaje y eso hace que el trabajo como actor sea muy enriquecedor. A mí me interesa mucho trabajar con directores que tienen esa mirada, porque te invitan constantemente a profundizar y a encontrar matices.

Tu personaje tiene una presencia contenida, pero muy significativa dentro de la historia. ¿Cómo se construye un personaje que aparece menos tiempo en pantalla, pero que debe resultar creíble y dejar huella en el recorrido emocional de la protagonista?

Creo que gran parte de ese trabajo nace del propio guion y de la forma en la que Benjamín construye las escenas. Había algo muy delicado en esa relación entre los personajes y era importante que cada encuentro tuviera peso emocional.

Yo intenté conectar con la vulnerabilidad de Alejo. Es un hombre que lleva muchos años viviendo en un entorno marcado por la violencia, la tensión y la prisión. Recuperar esa parte más inocente, más humana, era fundamental para entenderlo.

Además, hablé mucho con Andrea Casamento y conocí el trabajo de la organización que creó junto a otras mujeres en distintos países. Entender cómo son tratadas las familias de las personas encarceladas, especialmente las mujeres, fue muy importante para construir esa relación. En ese contexto, encontrarse con un gesto de cariño, de comprensión o incluso de vulnerabilidad por parte de Alejo supone un verdadero bálsamo para ella.

Todo ese trabajo fue posible gracias a muchas conversaciones con Benjamín. Su dirección fue clave para encontrar el tono que necesitaba el personaje.

La película parte de una historia real y pone el foco en una realidad que rara vez vemos representada en el cine: la de las familias de las personas privadas de libertad. Como actor, ¿cambia tu forma de preparar un personaje cuando sabes que detrás de la ficción hay personas que han vivido realmente esa experiencia?

Sí, cambia mucho. En este caso tuve la oportunidad de reunirme con el verdadero Alejo, la persona a la que interpreto en la película.

Pudimos tomar un café, hablar durante horas, reírnos y compartir muchas experiencias de vida. También me contó episodios muy duros de los más de veinte años que pasó en prisión. Escucharle fue muy inspirador porque te ayuda a comprender hasta qué punto una experiencia así puede marcar el carácter y la forma de relacionarse con el mundo.

Muchas veces la realidad supera a la ficción. Yo podía imaginar determinadas situaciones, pero conocerlas de primera mano te sitúa en otro lugar completamente distinto. Esa conversación fue fundamental para construir el personaje con honestidad.

Tu filmografía combina cine de autor, grandes producciones y series internacionales. Mirando atrás, ¿cómo ha cambiado tu forma de elegir los proyectos y qué buscas hoy en un guion para decidir involucrarte?

Lo primero que busco siempre es una buena historia. Si un guion consigue tocarme alguna fibra y siento que, como espectador, tendría ganas de ver esa película, ya tiene mucho ganado.

Después me fijo en el personaje y en si existe un espacio creativo donde pueda aportar algo. Si siento que puedo disfrutar construyéndolo, el proyecto ya me interesa, independientemente del género.

En esta etapa de mi vida también estoy empezando a involucrarme en la producción. Tengo ganas de impulsar historias que me gustaría ver en pantalla y muchas veces, para que esas películas existan, uno tiene que implicarse desde el origen del proyecto. Es una evolución bastante natural después de tantos años de profesión.

Para terminar, ¿por qué recomendarías La mujer de la fila al público español?

La recomendaría porque es una película que no tiene nacionalidad. Habla de una realidad que trasciende cualquier país: la de las familias de las personas privadas de libertad, un mundo muy desconocido para la mayoría de nosotros.

Creo que es importante tomar conciencia de que no todas las personas que están en prisión son personas perdidas para siempre y de que el sistema penitenciario todavía tiene mucho camino por recorrer. Una condena no debería convertirse en un viaje al infierno. Además, quienes se quedan fuera también terminan viviendo su propia condena.

Me gustaría que el público se acercara a la película dejando a un lado los prejuicios. Todos los tenemos, pero esta historia invita precisamente a hacer el ejercicio de ponerse en el lugar de Andrea, de Alejo y de tantas personas que viven una situación como esta. Después cada uno hará su propia lectura, pero creo que merece la pena recorrer ese camino.

 

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Entrevistamos a Pedro Aguilera director de «Día de caza»

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Pedro Aguilera regresa a la dirección con Día de caza, una reinterpretación libre del clásico de Carlos Saura que traslada sus conflictos al presente con un reparto encabezado por Rossy de Palma, Carmen Machi, Blanca Portillo y Zoé Arnao.

Con motivo de su estreno en cines el pasado viernes, conversamos con el cineasta sobre el origen de este ambicioso proyecto, el reto de dialogar con una obra tan icónica sin renunciar a una voz propia, la construcción de un potente reparto femenino y las claves de una película que reflexiona sobre el poder, la desigualdad y las heridas que siguen presentes en la España actual.

¿De dónde surge la idea de hacer “Día de caza”?

El origen de todo fue una reflexión sobre los remakes como fuente de inspiración cinematográfica. Cuando hice la primera versión del guion de DÍA DE CAZA, allá por 2018, no existía todavía ninguna revisión de una película importante de la cinematografía española. No existían remakes dentro del cine español, hechos por un cineasta español. Algo que es tan común en otras cinematografías, como la italiana, la francesa o en estados unidos, aquí no existe. y no sé bien por qué… ¿quizá porque no admiramos y respetamos tanto lo que han hecho nuestros maestros? Yo siempre estoy interesado en mi cine en cambiar los procesos de trabajo, cambiar la forma de trabajar para llegar a imágenes nuevas, salir de mi zona de confort. Solo cambiando el proceso podemos llegar a imágenes nuevas.

El proceso es la clave del cambio, de la sorpresa. Después de tres largometrajes escribiendo desde mi mundo, con mis ideas y mi propia voz, me pareció un reto introducir una voz ajena en mi propio lenguaje cinematográfico. De esta reflexión surgieron dos películas, mi film anterior, SPLENDID HOTEL que habla de la historia del poeta Arthur Rimbaud en África y después está DÍA DE CAZA. Pero ambas surgen de esa premisa, “introducir una voz ajena en mi propia voz”. Como una especie de invasión controlada, un virus auto inoculado. Cada película, después, fue concebida de maneras muy muy diferentes.

En el caso de DÍA DE CAZA el dilema era poder defender mi propia visión trabajando con el material de otro cineasta. Me pareció que eso era un reto interesante. Y creo que DÍA DE CAZA juega con ello a diversos niveles, básicamente se trataba de preguntarse: ¿puede hacer y decir una mujer en 2026 lo mismo que un hombre hacía y decía en 1966 en una España muy diferente a la actual? Y mi respuesta fue que sí, y que realmente eso plantea un dilema muy poderoso, no sólo cinematográfico sino histórico, sobre qué ha cambiado en España en todo este tiempo y qué no ha cambiado nada.

¿Cómo fue el proceso de adaptar el guion de Saura y Angelino Fons?

Fue un aprendizaje fascinante. Sabía que mi versión tenía que ser tremendamente igual, y tremendamente diferente. Entonces el juego conceptual era, por un lado, dejar intactos los momentos que creo que sí son universales y atemporales, y por otro, cambiar todo lo que sí se había desfasado con el tiempo, desde expresiones hasta acciones concretas. Al mismo tiempo reforzar la trama, justificar una matanza en femenino es mucho más difícil que en lo testosterónico. En ese sentido, para la construcción de los personajes fue clave Lola mayo, la coguionista. Y meter nuevos elementos desde lo contemporáneo: por ejemplo el juego con los drones, los dispositivos, en relación con la trama de las escuchas ilegales. También estaba el tema de “la sombra” de la película, en la de Saura son los muertos y los fantasmas de la guerra civil, aquí los de la crisis económica del 2008, la burbuja inmobiliaria, la corrupción.

La película retrata una España actual en la que el abuso del poder está muy presente,

Sí, creo que el abuso de poder y la desigualdad no han cambiado en sesenta años, ni en España ni en el mundo, lamentablemente. Quizá hasta se están acuciando más. “Que todo cambie para que todo siga igual” decía Lampedusa en el Gatopardo. Creo que eso es parte de este proyecto, la sensación extraña y triste de que apenas hemos aprendido de nuestros errores en todo este tiempo. DÍA DE CAZA es, lamentablemente, cada vez más actual. Sin duda hay dueños de latifundios que no son caciques y que cuidan mucho de sus trabajadores, pero los hay que no. Lo he visto con mis propios ojos. Y está el tema de mantener el poder a toda costa, eliminar elementos que nos impidan medrar o continuar en la hegemonía. Lo leemos en los periódicos y lo vemos en la TV, así somos, homo sapiens. Lo que sea por sobrevivir, por aguantar en el poder, por someter a la competencia.

La película tiene una identidad propia, ¿cómo has conseguido separarte de una película tan icónica como es “La caza”?

Como he dicho antes, trabajando mi versión en múltiples direcciones, una de ellas es que la película de Saura está “dentro” de la mía. Por eso digo que es más una secuela que un remake. Me costó defender mi propia voz durante el proceso, la encontré sobre todo en la edición y en el sonido, pero creo que había ya semillas plantadas en el guion, en los diálogos y en la forma de rodar. Considero DÍA DE CAZA una película muy personal, curioso viniendo de un texto ajeno. Supongo que Scorsese piensa lo mismo de “el cabo del miedo” o De Palma de “Scarface”. Ese era el reto. Creo que lo hemos conseguido.

¿Cómo fue la selección del casting principal de la película?

Quería cambiar el tono del guion. LA CAZA original de Saura es una película seca y dura, yo quería introducir un aire más de humor negro, de sátira, quitarle realismo y naturalismo, hacer algo más fresco y contemporáneo. Desde la primera versión del guion pensé en ellas, en Machi, Portillo y De Palma. Escribimos ya sabiendo que eran ellas, y claro, ese tono se fue manifestando en los textos. Era muy importante, no solo que fueran grandes actrices, sino de una edad muy concreta, pues nacieron más o menos cuando se hizo la película de Saura, en 1966. Eso las hace «hijas» de la película y de ese momento histórico. Tenían que ser mujeres adultas, con fuerza y personalidad. Trabajamos mucho para que cada una de ellas tuviera su propia voz, su propia energía y matices y claro estas super actrices, que son artistas realmente, más allá de ser intérpretes, le han dado mucha fuerza al texto. Tuvimos la fortuna de que apoyaron el proyecto y participaron de inmediato.

Creo que están increíbles en la película. Y por supuesto Zoé Arnao también, que les da el contrapunto perfecto, desde otra generación, otra mirada, otra energía. Arnao hizo el casting con muchas otras actrices, y la mayoría lo hicieron increíble, fue difícil decidirse, además el texto de la prueba era complejo y largo. Pero Arnao tenía algo único que era lo que buscaba, creo que hemos acertado con su elección. Es muy difícil estar en la escucha y en segundo plano en secuencias con estas actrices con tanta fuerza y experiancia, y al mismo tiempo manifestar sutilmente el carácter necesario, la personalidad, la integridad de su personaje, con pocos gestos y miradas. Me encanta cómo ha quedado su personaje, era eso precisamente lo que buscaba.

La fotografía, que corre a cargo de Eva Díaz, es toda con luz natural, ¿de dónde surge esa decisión y cómo fue la preparación y el rodaje? Además hay un juego muy interesante entre la cámara y el dron que vigila…

Eva Díaz ha hecho un trabajo extraordinario, y no era fácil. Por las necesidades y por las limitaciones que teníamos. Por un lado, no solo a nivel presupuestario, si no también como decisión formal, decidimos no trabajar nunca con luz eléctrica, todo luz natural, con todo lo que eso supone. Al mismo tiempo mantener el “raccord” lumínico pues todo pasa en un mismo día. Y también yo quería que la cámara se moviera mucho, sutilmente, pero en movimiento siempre, lo que implicó utilizar todo tipo de elementos, desde travellings, y grúas, hasta steadicam o drones.

Trabajamos con 4 drones diferentes para diversas cosas. El principal, y más grande, llevaba nuestra cámara Alexa y era complejo de manejar. Esa idea la trabajamos con Eva desde el concepto de “elevación”. En la película de Saura todo es a ras de tierra, a la altura de los ojos de los personajes, al trasladarlo a lo femenino comenzamos a hablar del acto de volar, o de elevarse. “Elevarse, hasta de la muerte” decíamos en rodaje. De ahí viene ese movimiento de alzamiento de algunos planos. Sí, en femenino, la cámara se eleva, pero ¿qué pasa cuando te elevas demasiado? Ese fue el tema interesante. Pues que te alejas tanto de los personajes que los conviertes en figuras de una maqueta, en una abstracción, los deshumanizas, eso es lo que trabajamos.

Y para las escenas de caza elevadas le enseñé a Eva mis referencias de cuadros de Brueghel o las fotos de Jeff Wall, hay una “elevación adecuada”, sobrevolamos la escena, como si mirara un dron. Y finalmente te preguntas ¿quién mira? Esa es una pregunta importante de la película. No solo hay un dron que vigila, un personaje de la trama, también hay una cámara que ve el dron que vigila, ¿es el cineasta el que observa eso o hay alguien más? Básicamente se trata de la pérdida de la privacidad en el mundo contemporáneo. Siempre hay alguien mirando. ¿Quién está mirando? Es una pregunta importante que lanza la película.

La música de Fernando Vacas tiene una gran presencia en la historia, ¿en qué se inspira? ¿Cómo fue el proceso de composición?

¡¡Es magnífica!! Para mí la película no estuvo lista hasta que llegó la música de Vacas. ¡Es un genio! Elevó, nuevamente ese concepto, la película a otro nivel. La amplió, no solo la acompaña, multiplica la película a nivel semántico y sensorial. Pero fue un proceso largo, complejo y difícil. No llegamos a ella de primeras, y Juan Ferro, el diseñador de sonido, fue clave en el proceso. Lo logramos entre los tres, pero las composiciones, el arte, la artesanía y el saber hacer son de Fernando Vacas. Todo son instrumentos analógicos, no hay nada digital, tocados de manera magistral.

Fernando reunió a unos cuantos músicos brillantes y grabó mucho material, porque mis referencias e indicaciones al principio fueron muy generales, pero teníamos flautas y arpas y chelos y muchas cosas… lo difícil fue comenzar a limpiar todo eso, ver los árboles dentro del bosque. Poco a poco fuimos limpiando y quedó esta estructura muy interesante basada en las tres primeras notas del himno de España que toca un contrabajo y que luego se van distorsionando y rompiendo de diversas maneras y una es con la percusión. Algo atávico, repetitivo, ancestral, una música que te atrapa y no te deja escapar, como si fueras su presa auditiva.

A niveles de producción ¿cómo fue el rodaje? ¿Cuáles fueron los principales retos y dificultades?

Lo más difícil fue eliminar 20 páginas de guion por temas presupuestarios, yo tenía muchas ideas locas que no pude probar, algunas seguro que no hubieran funcionado, pero de otras siempre me quedará la duda. En principio era un rodaje de 6 semanas y lo redujimos a 5, o sea, 25 días de rodaje. Lo que es muy poco para ciertas cosas complejas que teníamos que hacer.

Otro tema fue el calor, en la dehesa extremeña en julio y agosto a 40 grados a la sombra, hay un momento en que no puedes pensar con lucidez, y a las actrices les afectó mucho, aunque también aportó un extra de tensión que vino bien en otros sentidos. Ellas, vestidas de otoño -porque la película ocurre en noviembre-, con escopetas, caminando sin parar por la dehesa, estaban agotadas. Y luego rodamos muchos planos en plano secuencia, algunos de 5 minutos, lo que implica más ensayos y otras dificultades. Pero todo salió bien, tuvimos suerte en algunos momentos también.

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