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Producción de cine

“Tras el COVID19 la inversión en desarrollos de contenidos españoles está siendo una de las favoritas de los inversores”

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Ignacio de Medina, Productor Ejecutivo y director de Nuevos Proyectos en el Grupo Black Panther.

Entrevisto a Ignacio de Medina, empresario e inversor, actualmente director del área de Nuevos Proyectos y Producción Ejecutiva del Grupo Black Panther y Socio de la recién inaugurada área de inversiones en Entertainment & Media del fondo de inversión IRMinvest International, además de panelista en diversos foros y eventos del sector, como MIPCOM o IBERSERIES.

Bajo tu perspectiva, ¿cómo ves el futuro inmediato y a medio plazo de la industria audiovisual en España y a nivel internacional?

Creo que tenemos una gran oportunidad. Si antes de todo el tema del coronavirus ya notábamos un crecimiento del sector, ahora se plantea un crecimiento aún más exponencial. Más que nunca ha quedado claro que el contenido es el rey. Y España lleva varios años posicionándose como un referente de producción de contenidos a nivel internacional. Sabemos que hay más demanda que nunca, y sabemos que nuestra oferta está de moda y bien valorada. Aprovechemos entonces la oportunidad.

¿En España hay muchos inversores orientados a la producción de contenidos? ¿Cuáles son estos perfiles?

Dado el crecimiento de las llamadas “inversiones alternativas”, cada vez más los pequeños fondos y gestores de activos deciden incluir la inversión en entretenimiento y medios dentro de este “pack”.

Es cierto que en España los inversores tradicionales no tiene costumbre de invertir en el sector, algo que en países como USA está a la orden del día. Una de mis labores en el fondo IRMinvest, y la que más tiempo me exige, es la elaboración de material formativo para inversores sobre los verdaderos casos de negocio y estructuras que nuestra industria maneja. Con proyectos concretos. Una vez lo entienden, es muy asombroso ver cómo cambia su perspectiva y opinión en cuanto a la inversión en producción audiovisual, cine y TV. Creo que esta labor es imprescindible por parte de los que formamos el tejido empresarial de esta industria para poder hacerla crecer.

¿Qué es lo que los inversores buscan al invertir en proyectos audiovisuales?

Por encima de todo, rentabilidad. Muchas veces se nos olvida hablar en términos de rentabilidad cuando nos reunimos con ellos. No hay que olvidar que son inversores. Quieren saber la rentabilidad que obtendrán por el dinero que invierten. Os sorprendería mucho ver lo poco que les interesa a los inversores conocer el funcionamiento a nivel de producción o distribución, o todo el plano creativo.

Muchos de estos inversores lo que buscan también con estas inversiones alternativas es que los proyectos tengan impacto social, y no solo recuperen su inversión en términos económicos, sino también en términos de reputación corporativa y de marca. Este tipo de series o películas “branded content” les atrae mucho.

Hablas del gran interés de la inversión en desarrollos, ¿qué tipo de contenidos crees que captarán el interés de los inversores? ¿Ha cambiado el COVID19 estas preferencias?

El espectador ahora busca más que nada evadirse. Hemos salido de una crisis internacional muy importante cuyos efectos negativos, sobre todo económicos, arrastraremos por varios meses (quizás años). Todo esto sumado al “agotamiento” de las reservas de contenido de todas las plataformas debido al confinamiento, genera una clara necesidad de desarrollar y producir contenido. Eso está claro.

Creo que los contenidos que se desarrollarán a partir de ahora irán más orientados a un fuerte consumo de entretenimiento por parte de la audiencia. Hablando de mi experiencia personal, por nuestra parte en Black Panther estamos en búsqueda y desarrollo de contenidos tipo factual, aspiracionales (travel shows, consumo de lujo, etc), docu-realities y también true-crime. Todo ello sin dejar de lado la ficción.

¿En qué proyectos estáis trabajando en Grupo Black Panther como productora?

Desde hace algo más de un año realizamos una gran inversión en Black Panther Films, la línea de negocio de la compañía orientada a creación y producción de contenidos. Hemos hecho una gran inversión en talento creativo. Nuestra misión es invertir en el desarrollo de contenidos muy orientados a negocio, con un enfoque internacional, y con un plan de retornos muy bien establecido. Generamos los proyectos desde la perspectiva del negocio y la aterrizamos en el plano creativo con nuestro equipo. Esto nos permite trabajar en desarrollos de forma casi industrial, generando un gran volumen de desarrollos propios o ad hoc en la mitad del tiempo de mercado. Tenemos muy en mente el punto de vista de los inversores, sin olvidar nunca que somos parte de una industria creativa.

Actualmente también estamos en varios acuerdos con LATAM. Tenemos claro que son nuestros socios internacionales más importantes dada la relevancia que todo el mercado hispanohablante tiene en la distribución de contenidos y en la industria en general.

(contenido patrocinado)

Licenciado en Comunicación Audiovisual, Master MBA y Master en Administración de Industrias Culturales. A lo largo de mi vida laboral he participado en la producción de diversos proyectos audiovisuales de televisión, publicidad, video digital y cine tanto en España como en Reino Unido, Perú y México. Desde 2018 trabajo Morena Films (Madrid) donde actualmente desarrollo mis propios proyectos como productor de cine y televisión.

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Producción de cine

María Esparcia y Pablo Moreno: «El cine puede conservar algo que ya no existe y hacer que vuelva a respirar»

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Pastoris, el nuevo largometraje dirigido por Pablo Moreno y producido por María Esparcia a través de Stellarum Films, llegó a los cines españoles el pasado 21 de agosto. Protagonizada por Sergio Cardoso, la película cuenta con guion de Pablo Moreno y montaje de María Esparcia y se adentra en la historia de Domingo, un pastor que regresa a su hogar después de haber sido dado por muerto durante la Guerra de la Independencia.

A través de un viaje de trashumancia desde Salamanca hasta los pastos invernizos de Extremadura, Pastoris se acerca a una forma de vida vinculada estrechamente al territorio y a unas tradiciones que forman parte de la memoria rural.

Uno de los elementos más singulares de la película es que está rodada íntegramente en palra d’El Rebollar, una variedad lingüística que actualmente hablan alrededor de 500 personas. La decisión de utilizar esta lengua va más allá de una elección artística y conecta con uno de los grandes temas de la película: la conservación de una identidad y de un patrimonio cultural que durante años también ha estado marcado por la vergüenza de quienes lo hablaban.

Con motivo del estreno de Pastoris, hablamos con María Esparcia y Pablo Moreno sobre el origen de la película, la decisión de rodar en palra, los retos de levantar una producción desde un territorio alejado de los grandes centros audiovisuales y la capacidad del cine para conservar historias, lenguas y formas de vida que corren el riesgo de desaparecer.

Pastoris nace de un territorio y una realidad cultural muy concretos. ¿Qué os llevó a querer convertir la historia de la trashumancia y la vida rural de El Rebollar en una película?

MARÍA: La verdad es que decidimos hacer la película como un regalo a nuestros hijos, para que pudieran ver de dónde vienen, qué han sufrido y vivido sus antepasados, cómo hablaban, qué cosas creían, etc. La familia de Pablo viene de una saga de pastores, y esa vida, con sus tradiciones tan singulares, ahora nos puede parecer ciencia ficción. Por eso nos parecía tan importante hacer una película en la que se pudiera vivir con todo ese patrimonio inmaterial y, gracias a las características propias del lenguaje audiovisual, poder viajar al pasado, y que todo eso al menos no se pierda. Es como un mensaje en una botella.

PABLO: La necesidad de hablar de lo nuestro, de los lugares y de las personas que nos han hecho ser quienes somos. Durante muchos años parece que para contar una historia en el cine había que mirar muy lejos, cuando aquí teníamos un universo prácticamente desconocido y con una enorme fuerza cinematográfica.

Por eso Pastori* nace también de una cierta urgencia. No queríamos hacer una película sobre el pasado contemplándolo desde fuera, sino intentar entrar en él, habitarlo durante un tiempo y convertir ese patrimonio en una historia viva. Porque una cultura desaparece de verdad cuando deja de ser contada. Y el cine tiene esa capacidad maravillosa de conservar algo que ya no existe y hacer que, durante dos horas, vuelva a respirar.

Uno de los elementos más singulares del proyecto es que está rodada íntegramente en palra d’El Rebollar, una variedad lingüística que actualmente hablan alrededor de 500 personas. ¿Cómo influyó esta decisión en la escritura, la producción y el propio rodaje de la película?

MARÍA: La decisión de rodar en palra fue una decisión muy clara a nivel creativo, pero muy difícil de tomar a nivel de producción, porque claro, al fin y al cabo, el cine también es una industria, y en ese sentido es una locura.

De hecho, comenzamos a rodar en ambos idiomas, en palra y en castellano, pero el segundo día decidimos que no, que la película tenía sentido en palra, y que de todas maneras se entendía muy bien. Pero en castellano perdía su esencia y esa magia, ya que hasta el sonido de la palra es como ancestral.

Además, una de las razones por las que decidimos rodar en palra es porque es una variante dialectal que muchos dejaron de hablar por vergüenza, porque la gente les decía que hablaban mal, y nos parecía importante honrar a toda esta gente, y apostar por la identidad, de la que muchas veces se han sentido avergonzados en los pueblos y que, sin embargo, es un tesoro cultural.

Es una película que hemos hecho por puro amor al arte, no por amor a la industria, así que nuestras decisiones a nivel empresarial pueden parecer una locura, pero estamos felices de haber decidido con la libertad que se merece el arte.

PABLO: Mis antepasados proceden de la zona de El Rebollar, al sur de la provincia de Salamanca, y mi abuela conservaba todavía gran parte de esta lengua. Muchas veces hablaba con cierta vergüenza porque durante toda su vida había escuchado que hablaba mal, que aquello era una forma incorrecta de expresarse.

Y, sin embargo, era una mujer de una enorme fortaleza: emprendedora, carismática, capaz de sacar adelante negocios y sostener a su familia con muchísimo esfuerzo, aunque no sabía leer ni escribir. Pastoris está rodada en palra, en buena medida, por ella.

Una de las cosas que más me apena es que muriera antes de que yo pudiera decirle que ella no hablaba mal. Que hablaba una lengua heredada de generaciones y que no tenía absolutamente nada de lo que avergonzarse.

Creo que durante demasiado tiempo hemos confundido diversidad con incorrección, especialmente en el mundo rural. Todas las lenguas y hablas de nuestro país forman parte de un patrimonio que nos pertenece a todos. Son una riqueza cultural inmensa y, cuando una de ellas desaparece, no perdemos solamente palabras: perdemos una determinada manera de nombrar el mundo, de pensarlo y de relacionarnos con él.

Si Pastoris puede contribuir, aunque sea mínimamente, a que la palra d’El Rebollar sea escuchada con orgullo en lugar de con vergüenza, para mí la película ya habrá servido para algo.

Pastoris es una película muy vinculada a un territorio concreto, pero también habla de temas como la identidad, la tradición y la desaparición de una forma de vida. ¿Qué queríais contar y qué os gustaría que se llevara el espectador después de verla?

MARÍA: Hemos querido hacer una película muy local y muy universal a la vez. Es una película hecha desde la verdad, desde la raíz, desde el sufrimiento que dejan las guerras a todos los niveles, y eso por desgracia sigue siendo muy universal.

Creo que cualquier persona de cualquier país puede sentirse identificada con el viaje interior de Domingo. Al fin y al cabo, los humanos somos todos muy parecidos aunque vivamos en culturas completamente diferentes, pero en el fondo queremos y ansiamos interiormente las mismas cosas.

Esta película habla de la recuperación de la humanidad, de la dignidad, de la búsqueda de un sentido en un mundo que ha sido destrozado, y habla de la necesidad que tenemos de la naturaleza para reencontrarnos con nosotros mismos. Porque al fin y al cabo todos venimos de ahí.

Una cosa que me parece preciosa de la película es que Domingo al final hace un viaje por las cuatro estaciones, y esos ritmos de la naturaleza, esa vida que se encoge y se expande y florece, es como el viaje interior de Domingo. Y hay unas escenas en las que él parece que va perdiendo la vida, mientras las ovejas van naciendo, nos habla de la vida y de la esperanza desde lo más sencillo. Es una película que tiene muchas capas, y creo que eso también la hace muy universal.

Nos gustaría que el espectador se llevara un poquito de conciencia, en el sentido de que nuestra vida, con más comodidades y libertades, se asienta en el sufrimiento de muchas personas, que han ido sacrificándose para dar un futuro mejor a sus hijos y sus nietos, que somos nosotros, como el personaje de Justa, la mujer de Domingo, que sale poco, pero es la gran víctima del filme, y el reflejo del sufrimiento silencioso que han vivido las mujeres a lo largo de los siglos. Porque Domingo tiene salida, pero ella está atrapada.

Y nos gustaría que se llevaran un poco de amor y verdad, que al viajar con Domingo puedan vivir con él esa reconstrucción llena de esperanza.

PABLO: Hace poco, después de uno de los pases, una espectadora nos dijo que Pastoris no era una película, sino un viaje de vida. Me gustó mucho esa definición, porque creo que la película propone precisamente eso: entrar durante dos horas en un territorio, en una época y en una forma de entender el mundo que para algunos espectadores será muy cercana y para otros completamente desconocida, pero que puede resultar igualmente emocionante.

Creo firmemente que el conocimiento compromete. Cuando conocemos un paisaje, unas costumbres, una lengua o a las personas que habitan un territorio, inevitablemente empezamos a mirarlo de otra manera. Mostrar nuestra tierra, nuestras gentes y nuestra cultura a través del cine es también una forma de acercarlas a los demás y, de algún modo, de protegerlas.

A lo largo de nuestra vida hemos aprendido a querer lugares que nunca hemos pisado gracias al cine. Todos reconocemos Nueva York, Monument Valley o el Gran Cañón porque centenares de películas nos han llevado hasta allí. Entonces, ¿por qué no mostrar también al mundo nuestros paisajes? ¿Por qué no pensar que El Rebollar, sus montes, sus caminos, su lengua o la vida de sus pastores también merecen formar parte del imaginario cinematográfico?

En ese sentido, Pastoris tiene algo de mensaje en una botella. Es el testimonio de un mundo que está desapareciendo, pero no queríamos contemplarlo únicamente con nostalgia. Queríamos dejar constancia de que existió, de que tuvo una enorme dignidad y de que somos, en buena medida, consecuencia de aquellas personas.

Si después de ver la película alguien mira con otros ojos a sus abuelos, a su pueblo o a esa cultura cercana que quizá siempre había considerado pequeña o poco importante, entonces habremos conseguido mucho.

La película se ha realizado desde un territorio alejado de los grandes centros de producción audiovisual. ¿Qué dificultades os habéis encontrado a la hora de levantar y producir el proyecto y qué ventajas tiene trabajar tan cerca del territorio que cuenta la historia?

MARÍA: Nosotros llevamos 20 años apostando por rodar desde Ciudad Rodrigo, y la verdad es que estar alejado de los centros de producción no es fácil. Es una apuesta muy a contracorriente y siempre hemos intentado buscar y aprovechar las ventajas de estar en una zona rural.

También creo que nos ha hecho buscar soluciones empresariales con mucha creatividad. Al final nosotros hacemos cine un poco como en los inicios, de una manera “fordista”, que además es mucho más sostenible, cosa que también nos importa mucho, porque cuando vives cerca de la naturaleza, la naturaleza te da tanto que quieres cuidarla.

A lo largo de estos años hemos ido formando y detectando talento local, y hemos ido fabricando nuestro propio vestuario, nuestros platós, tenemos unos pequeños estudios, y, como la mayoría de películas que hemos hecho han sido de época, al final tenemos mucho valor en especie, lo que nos da mucha libertad a la hora de producir, porque el valor en especie reduce los costes reales.

Ya solo falta que las leyes permitan “monetizar” ese valor en especie, y así también se pueda añadir ese valor al coste real de las producciones. Creo que esa política favorecería rodajes mucho más sostenibles, porque favorecería el reciclaje, por ejemplo, de los platós, y no su destrucción.

Una de las grandes dificultades que nos encontramos es la falta de logística, porque no tenemos trenes, y solo hay un autobús que va a Salamanca, la ciudad más cercana, que está a una hora. Tampoco hay tantos servicios como en una ciudad, aunque paguemos los mismos impuestos como empresa, no tenemos ni la mitad de ventajas. Aquí, por ejemplo, ni siquiera contamos con un hospital.

Pero, por otro lado, a nuestro equipo le encanta venir a rodar a Ciudad Rodrigo porque es como una inmersión, es diferente. Y una de las grandes ventajas es que todo está muy virgen, todo está cerca y hay un gran patrimonio natural e histórico, por lo que para nosotros es como tener un gran plató natural a nuestra disposición, además con una gran variedad paisajística, y sin perder tiempo al moverse entre localizaciones, porque todo está muy cerca.

Creo que ese es uno de los grandes atractivos para las productoras que vienen a rodar aquí. Nosotros comenzamos a hacer services hace unos cinco años y no dejan de aumentar las producciones que se animan a venir.

PABLO: Una de nuestras grandes ventajas es el conocimiento profundo del territorio. Cuando pensamos en localizar una película, ya sea para nosotros o para una producción que viene de fuera, sabemos dónde buscar, qué rincón poco conocido puede funcionar, con quién tenemos que hablar o qué posibilidades ofrece cada lugar.

Ese conocimiento, unido a todas las capacidades que hemos ido adquiriendo durante estos veinte años, hace que hoy venir a rodar aquí sea una opción perfectamente viable y, además, muy atractiva.

Pero para nosotros también hay una cuestión de compromiso. Cuando pusimos en marcha la productora, hace ya más de dos décadas, teníamos la idea de hacer un cine que pudiera transformar algo, que dejara una huella más allá de las propias películas. Y siempre he pensado que, si quieres cambiar el mundo, tienes que empezar por tu propia casa.

Nuestra comarca forma parte de eso que se ha denominado la “España vaciada”, una expresión que cada vez me gusta menos porque parece describir un territorio condenado, un lugar del que ya solo cabe marcharse. Y nosotros queremos demostrar precisamente lo contrario: que también desde aquí se pueden crear proyectos, generar empleo, formar profesionales y construir una pequeña industria cultural.

Creo profundamente que las industrias culturales pueden ser un motor de desarrollo para el medio rural. El cine, además, tiene una particularidad muy hermosa: no necesita esconder el territorio para generar actividad, sino que precisamente puede convertirlo en uno de sus principales valores. Puede utilizar sus paisajes, su patrimonio, su historia, su lengua y su identidad y, al mismo tiempo, proyectarlos hacia fuera.

Para nosotros esa es una de las grandes aspiraciones: demostrar que Ciudad Rodrigo y esta parte de la provincia de Salamanca no tienen por qué ser únicamente lugares donde se rueda ocasionalmente una película, sino que pueden ser también lugares desde los que se hace cine.

Desde que comenzó el proyecto hasta su llegada ahora a los cines, ¿cuál ha sido el recorrido de Pastoris y qué momentos han sido especialmente importantes para conseguir que la película llegara hasta aquí?

MARÍA: Bueno, el recorrido no ha sido fácil, ya sabes cómo están las cosas, cada vez hay más producciones y hay menos hueco en las salas.

Creo que nos ha costado mucho “soltar” la película, porque estábamos muy apegados, nos llevó alrededor de un año de rodaje y es un proyecto muy personal. Pero al final nos hemos lanzado y decidimos comenzar el estreno por las plazas de los pueblos, para que los primeros espectadores fueran esas personas que tienen poco acceso a la pantalla, pero que han vivido mucho de lo que tiene Pastoris, así que es una forma bonita de devolverles algo.

PABLO: Ha sido un viaje largo. La idea concreta de Pastoris nació a finales de 2022, aunque creo que la semilla de esta película llevaba muchos años dentro de mí.

Desde el principio sabíamos que no podía ser un rodaje convencional: necesitábamos atravesar las estaciones, adaptarnos a los ritmos de los animales y, además, ir acompasando la producción a nuestras propias posibilidades económicas. Todo eso hizo que el rodaje se prolongara durante cerca de un año y medio.

Uno de los primeros momentos importantes llegó cuando tuvimos un montaje que ya podíamos enseñar y fuimos seleccionados en SEMINCI, dentro de la sección Castilla y León en Largo. Para nosotros fue un impulso importante, porque era la primera vez que la película salía realmente de casa y comenzaba a encontrarse con espectadores.

Después llegaron otros festivales, nacionales e internacionales, y poco a poco empezamos a comprobar que una historia tan vinculada a un lugar concreto podía conectar también con públicos muy alejados de él.

Otro momento decisivo fue conocer a House of Film, la agencia estadounidense que se encarga de las ventas internacionales de la película. Cuando la vieron y decidieron apostar por ella sentimos una enorme alegría, porque uno de nuestros mayores temores siempre había sido que Pastoris pudiera percibirse como una película excesivamente localista, difícil de comprender fuera de nuestro territorio. Y ocurrió justamente lo contrario: descubrimos que cuanto más auténtica y concreta era la película, más universal podía resultar.

Y ahora llegamos a los cines. El 21 de agosto se estrena comercialmente en España, pero al mismo tiempo estamos viviendo un recorrido paralelo que para nosotros tiene muchísimo sentido: llevarla a las plazas de los pueblos, en proyecciones al aire libre como las de toda la vida, con una pantalla en la fachada de un ayuntamiento, en un frontón o incluso sobre el paredón de una iglesia.

Hay algo muy hermoso en ese recorrido: una película que nació intentando conservar la memoria de un mundo rural termina regresando precisamente a esos pueblos y siendo vista por personas que reconocen muchas de las cosas que aparecen en ella.

De alguna manera, antes de salir al mundo, Pastoris ha vuelto a casa.

Pastoris también plantea una cuestión interesante para la industria: ¿puede el audiovisual ayudar a conservar y dar visibilidad a territorios, lenguas y tradiciones que están desapareciendo? ¿Qué papel creéis que puede jugar el cine en ese proceso?

MARÍA: El cine es, en mi opinión, una de las herramientas más poderosas para ello. Leí un libro que se llamaba La traducción del mundo, de Juan Gabriel Vásquez, en el que explicaba cómo traducimos el mundo a través de la ficción, y cómo a través de ella podemos conocer, entender y empatizar con otras realidades, con otras culturas.

Y este es el gran poder que tiene el cine. No se me ocurre otra manera mejor de dar visibilidad a territorios, lenguas y tradiciones que están desapareciendo que a través de una película, porque es una manera de que no se pierdan y de que se puedan revivir.

PABLO: Sin duda. El audiovisual, y especialmente el cine, tiene una enorme capacidad para conservar un territorio, una lengua o unas costumbres. Una vez que una película está hecha, todo ese universo queda de alguna manera fijado en el tiempo.

Y no hablo solo de conservar palabras o paisajes. El cine puede guardar una forma de caminar, de trabajar, de relacionarse con los animales, de mirar el cielo, de rezar, de vestir o de entender el mundo. Cosas que muchas veces no aparecen en los libros y que, cuando desaparece una generación, pueden perderse para siempre.

A lo largo de la historia, el cine también ha contribuido a recuperar lenguas, tradiciones y culturas que parecían condenadas a desaparecer, porque cuando algo vuelve a ser visto, escuchado y contado, vuelve también a adquirir valor.

Con Pastoris hemos tenido la enorme suerte de poder tomar una especie de última fotografía de un mundo que está llegando a su fin. Y además hacerlo cuando todavía quedaban personas capaces de transmitirnos ese conocimiento de primera mano. Ahí está, para mí, una parte fundamental de la autenticidad de la película.

Quizá dentro de cincuenta o cien años muchas de las cosas que aparecen en Pastoris ya no existan, pero alguien podrá poner la película y volver a escuchar cómo sonaba la palra, ver cómo se conducía un rebaño o cómo era la relación de aquellas personas con el paisaje.

Ese es uno de los grandes poderes del cine: no puede impedir que el tiempo pase, pero sí puede evitar que todo desaparezca con él.

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Producción de cine

Berlinale 2027 empieza a mover ficha: nuevas oportunidades para llevar tu proyecto al mercado internacional

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Si tienes un largometraje en desarrollo, una serie documental, un proyecto de animación o una película de género buscando socios internacionales, Berlinale 2027 ya empieza a abrir puertas.

El European Film Market (EFM) y los diferentes programas de Berlinale Pro han anunciado nuevas convocatorias para su próxima edición, que se celebrará en Berlín del 10 al 16 de febrero de 2027. Una nueva oportunidad para productores y creadores que quieran encontrar financiación, coproducción, ventas o nuevos contactos profesionales.

Una de las principales citas volverá a ser el Berlinale Co-Production Market, que se celebrará del 13 al 16 de febrero y seleccionará alrededor de 30 proyectos de largometraje de ficción y 10 proyectos de series dramáticas.

La propuesta está especialmente pensada para productores con experiencia que busquen socios internacionales para sus proyectos. Los seleccionados tendrán acceso a una agenda de reuniones individuales previamente programadas con coproductores, agentes de ventas, distribuidores, plataformas, commissioners e inversores.

El plazo para presentar largometrajes termina el 16 de septiembre de 2026, mientras que los proyectos de series dramáticas podrán enviarse hasta el 1 de octubre.

Documentales y animación también tienen su espacio

Una de las novedades de Berlinale 2027 será el EFM Doc Series Pitch, una nueva plataforma dedicada específicamente a proyectos de series documentales con vocación internacional.

El programa, desarrollado junto a DOK.fest München, DOK.forum, EFM DocSalon y Berlinale Series Market, permitirá a los proyectos seleccionados presentar sus propuestas ante productores, financiadores, distribuidores y responsables de adquisición mediante pitching, reuniones y actividades de matchmaking.

La convocatoria permanecerá abierta hasta el 1 de octubre de 2026.

También habrá una nueva oportunidad para la animación con EFM Animation Days, dirigido a proyectos animados en primeras fases de desarrollo que tengan potencial de coproducción internacional y estén buscando agentes de ventas.

Los proyectos seleccionados podrán presentarse ante productores, televisiones, distribuidores, inversores y posibles socios internacionales durante el EFM 2027. El plazo también termina el 1 de octubre.

Y si haces cine de género, apunta esta fecha

El EFM Frontières Focus volverá a Berlín en 2027 después de su primera edición. La iniciativa, organizada junto al festival Fantasia International Film Festival, busca poner en contacto proyectos de género con profesionales de la industria internacional.

La convocatoria está abierta a proyectos que busquen visibilidad, contactos y oportunidades de colaboración y financiación. En este caso, habrá algo más de margen: las candidaturas podrán presentarse hasta el 15 de noviembre de 2026.

Berlinale también mira hacia los libros

Y todavía hay otra convocatoria en camino.

Books at EFM 2027 ampliará sus actividades para conectar propiedades intelectuales procedentes del mundo editorial con productores y profesionales audiovisuales interesados en adaptaciones.

Además de las obras de ficción seleccionadas por su potencial para convertirse en películas o series, la próxima edición incorporará IP infantil y familiar y libros de no ficción que puedan transformarse en series documentales.

La convocatoria está prevista para principios de septiembre de 2026.

Una agenda que conviene tener en el radar

Con todas estas convocatorias, Berlinale 2027 vuelve a demostrar que el festival es mucho más que una cita para estrenar películas. Para los productores, el European Film Market se convierte durante esos días en un punto de encuentro para buscar financiación, socios, ventas y nuevas oportunidades internacionales.

Y lo interesante es que hay propuestas para proyectos en momentos muy diferentes: desde una película que todavía necesita encontrar coproductores hasta una serie documental en desarrollo, un proyecto de animación o una producción de género.

Así que si tienes un proyecto sobre la mesa, quizá sea buen momento para mirar el calendario y empezar a preparar el dossier.

Porque Berlín todavía queda lejos, pero algunas de sus convocatorias tienen la fecha límite bastante más cerca.

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Producción de cine

‘Cara Sucia’, de Ignacio Acconcia, seleccionada para el Foro de Coproducción de San Sebastián

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El proyecto, producido por Ayhe Productions y coproducido por Kabiria Films, busca consolidar su financiación y ampliar su recorrido internacional.

‘Cara Sucia’, el nuevo largometraje del cineasta Ignacio Acconcia, ha sido seleccionado para participar en el Foro de Coproducción del Festival de San Sebastián, uno de los principales puntos de encuentro para productores, financiadores y otros profesionales de la industria cinematográfica europea.

Liderada por la productora tarraconense Ayhe Productions y coproducida por Kabiria Films, la película llegará al foro en una fase decisiva de su desarrollo. Su participación permitirá al equipo presentar el proyecto ante posibles socios internacionales y explorar nuevas vías de financiación, producción y distribución.

‘Cara Sucia’ es una historia de iniciación protagonizada por Bruno, un adolescente colombiano con vitíligo que vive en un barrio industrial de Tarragona. A través de su experiencia, la película aborda cuestiones como la inmigración, la discapacidad, la identidad y la pertenencia desde una perspectiva íntima y personal.

El proyecto será el segundo largometraje de Ignacio Acconcia y su primera película de ficción, después de trabajos como ‘El niño de fuego’ e ‘Imade’. El director continúa así desarrollando una filmografía de fuerte identidad autoral, especialmente interesada en dar visibilidad a personajes y comunidades habitualmente infrarrepresentados.

La selección en San Sebastián se suma a una trayectoria de desarrollo que ya cuenta con el apoyo del ICEC, la financiación del ICAA y el patrocinio del Ayuntamiento de Tarragona. El proyecto también ha participado en iniciativas como Match Me! de Locarno, EAVE Puentes, D’A Film Lab, Rueda Residencias, el Campus de Verano de la Academia de Cine y Cine Qua Non Lab.

Para Ayhe Productions, la participación supone además un nuevo paso en su proyección internacional. La compañía independiente está especializada en películas de carácter autoral, propuestas visuales ambiciosas y proyectos con capacidad para circular más allá del mercado español.

El Foro de Coproducción se celebrará del 21 al 23 de septiembre de 2026, dentro del Festival de San Sebastián, y reunirá a destacados profesionales de la industria audiovisual internacional.

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