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Producción de cine

«Todos somos Gaza», la apuesta documental más valiente de los próximos Premios Goya

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Un momento del rodaje del documental "Todos somos Gaza"

La nominación a los Premios Goya de «Todos somos Gaza», el nuevo largometraje documental dirigido por Hernán Zin, ha situado en el centro del panorama audiovisual español una obra que desborda los límites habituales del género. No se trata solo de un film sobre un conflicto: es un proyecto de largo aliento que ha acompañado durante más de una década a una generación marcada por la guerra, el bloqueo y la resistencia cotidiana.

Con esta película, Zin culmina un viaje creativo que comenzó en 2014 con Nacido en Gaza. Aquel trabajo retrataba a diez niños durante la ofensiva militar de ese año y mostraba, desde su mirada, el impacto íntimo de la violencia. Once años después, el director regresa a ellos para registrar cómo el tiempo ha transformado sus vidas y también el territorio que habitan.

El resultado es una obra de continuidad excepcional dentro del cine documental contemporáneo: pocas veces se ha seguido a unos mismos protagonistas durante un periodo tan prolongado y en circunstancias tan extremas.

Un proyecto imposible que se hizo desde dentro

El rodaje de «Todos somos Gaza» estuvo condicionado desde el inicio por una realidad incontestable: la Franja se ha convertido en uno de los lugares más inaccesibles del planeta para corresponsales y cineastas extranjeros. Ante la imposibilidad de entrar, el proyecto se articuló a través de una colaboración directa con cineastas gazatíes, que asumieron la cámara y la mirada desde el interior del territorio.

Durante más de 22 meses, en condiciones de enorme precariedad y riesgo, este equipo local filmó la vida cotidiana y los grandes acontecimientos que sacudían la región. La película nace así de una doble tensión: la urgencia periodística de registrar lo que sucede y la voluntad cinematográfica de construir un relato humano, íntimo y complejo. Algunos miembros del rodaje resultaron heridos mientras documentaban la realidad del conflicto, un dato que habla del precio que a veces exige la preservación de la memoria.

El film no se limita a mostrar imágenes de destrucción. Observa también los gestos mínimos de la vida que resiste: el intento de abrir un pequeño negocio, la celebración de un cumpleaños, el estudio interrumpido por un bombardeo, el deseo obstinado de imaginar un futuro. Esa proximidad emocional es la que convierte la película en algo más que un documento histórico.

Uno de los grandes valores de «Todos somos Gaza» es su capacidad para construir un relato intergeneracional: los niños que conocimos en Nacido en Gaza reaparecen ahora como jóvenes adultos cuyas biografías condensan el impacto del tiempo y de la guerra.

Udai intenta formar una familia mientras los suyos luchan por reconstruir, una y otra vez, un negocio arrasado por las ofensivas; Bisán continúa estudiando y persiguiendo su vocación periodística pese a haber perdido a toda su familia en la infancia; Mohamed, que ya de niño cargaba con la responsabilidad de sostener a los suyos, arriesga hoy su vida para ayudar también a otros; y Hamada arrastra las secuelas de un bombardeo sufrido cuando era pequeño y debe enfrentarse a nuevas pérdidas en la edad adulta.

A través de estas historias, el documental compone un retrato coral que trasciende lo individual: no son solo testimonios del dolor, sino también de la identidad, la dignidad y la obstinada voluntad de seguir viviendo. La cámara observa cómo los sueños infantiles chocan con una realidad que parece repetirse sin tregua y cómo, aun así, persiste la necesidad de imaginar algo distinto.

Hernán Zin: veinte años mirando de frente

Hernán Zin es uno de los nombres fundamentales del documental social europeo. Nominado a los premios Emmy, Grammy y Goya, ha rodado en más de 80 países y dirigido más de 40 documentales y series estrenadas en plataformas como Netflix, HBO, Amazon Prime, Disney+, Paramount, Al Jazeera o The New York Times. Su cine se ha caracterizado siempre por colocar a las personas en el centro del relato y por entender la cámara como herramienta de memoria y transformación.

Su relación con Gaza comenzó en 2006. Desde entonces ha regresado de forma recurrente, construyendo un vínculo narrativo y personal que encuentra en «Todos somos Gaza» una de sus expresiones más profundas. El propio director lo explica con palabras que revelan la dimensión vital del proyecto:

“Llegué a Gaza por primera vez hace veinte años y lo que encontré me marcó para siempre: por primera vez en todos los conflictos que había cubierto, la infancia era el objetivo principal. Niños y niñas asesinados deliberadamente, hospitales pediátricos desbordados, un cerco brutal que despojaba a toda una población de su derecho a moverse, a estudiar, a decidir su futuro. Supe que tenía que volver, que debía documentar Gaza a largo plazo. Nacido en Gaza nació de esa convicción y Todos somos Gaza es su continuación natural: once años acompañando a los mismos niños, hoy jóvenes adultos. Rodar durante más de dos años en pleno genocidio, de la mano de cineastas gazatíes, ha sido el proceso más duro de mi vida, pero también el más necesario. Esta película no me pertenece: es un testimonio histórico y un recordatorio incómodo de que lo que ocurre en Gaza nos interpela como humanidad.”

El lugar del documental en el cine de hoy

La presencia de «Todos somos Gaza» en los Premios Goya tiene un valor que va más allá del reconocimiento a una película concreta. Supone reivindicar el papel del cine documental como espacio de memoria colectiva en un tiempo dominado por la inmediatez y el ruido informativo. Frente a la sucesión de titulares fugaces, el film propone la duración, el acompañamiento y la escucha.

El proyecto demuestra que el cine puede convertirse en un archivo vivo: un lugar donde el paso del tiempo queda inscrito en los rostros y en las voces, donde las historias individuales ayudan a comprender procesos históricos de enorme complejidad.

También abre un debate sobre las nuevas formas de producción en contextos de guerra, donde la colaboración con equipos locales no es solo una opción ética, sino una necesidad creativa.

«Todos somos Gaza» no ofrece respuestas sencillas. Tampoco pretende hacerlo. Lo que propone es mirar de frente a unas vidas que continúan pese a todo y recordar que detrás de cada cifra hay un nombre, un cuerpo y un futuro en disputa. En un momento en el que el dolor se ha vuelto imagen cotidiana, la película reivindica la empatía como forma de conocimiento.

La nominación al Goya confirma que el cine español sigue encontrando en el documental un territorio de riesgo y de compromiso. Y que, a veces, acompañar durante once años a un grupo de niños que crecen bajo las bombas puede ser una de las formas más poderosas de contar nuestro tiempo.

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