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Jorge Castellanos Ballesteros (LAZONA): «Los presupuestos de producción están aumentando mientras que las fuentes de financiación tradicionales no crecen al mismo ritmo»

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Con motivo del estreno de Cada día nace un listo, la nueva película de Arantxa Echevarría, hablamos con Jorge Castellanos Ballesteros, productor ejecutivo de LAZONA y responsable de la producción ejecutiva del proyecto.

La película supone el regreso de la directora al terreno de la comedia tras el éxito de La infiltrada y llega a los cines como una sátira negra cargada de acción, crítica social y un marcado carácter coral. Detrás de la cámara, sin embargo, existe también una compleja historia de desarrollo, financiación y planificación que comenzó hace más de una década.

En esta conversación, Castellanos repasa el largo recorrido del proyecto, reflexiona sobre los retos actuales de la producción cinematográfica en España y analiza cuestiones tan relevantes como la evolución de la financiación, la importancia de los incentivos fiscales o el papel cada vez más estratégico del productor ejecutivo.

«Cada día nace un listo» es un proyecto con una larga trayectoria dentro de LAZONA. ¿Cómo llegó la película hasta convertirse finalmente en realidad?

Es un proyecto que lleva muchos años en la compañía. Lo comenzaron Gonzalo Salazar-Simpson, Enrique Urbizu y Michel Gaztambide hace más de doce años, aunque en aquel momento no consiguió salir adelante. Hace un par de años decidimos recuperarlo junto a Atresmedia Cine y se lo propusimos a Arantxa Echevarría. Venía de hacer La infiltrada y tenía muchas ganas de volver a la comedia. El tono le entusiasmó desde el primer momento y decidió sumarse al proyecto, reescribiéndolo junto a Patricia Campo.

Esta es vuestra cuarta colaboración con Arantxa Echevarría. ¿Qué aporta como directora desde la perspectiva de producción?

Arantxa es una persona con una enorme inteligencia y una intuición extraordinaria para dirigir. Desde el principio tenía muy claro qué película quería hacer. Ella decía que quería rodar un «Guy Ritchie con txapela» y sabía perfectamente cómo conseguirlo.
Lo que me transmite como productor es muchísima tranquilidad porque tiene una versatilidad increíble. Hemos trabajado juntos en películas muy diferentes entre sí y siempre consigue encontrar el tono adecuado para cada proyecto.

Precisamente el tono parece uno de los grandes desafíos de la película. ¿Fue también el principal reto durante el desarrollo?

Sin duda. Estamos ante una mezcla de comedia negra, thriller, acción y crítica social. Durante el desarrollo hablamos muchísimo sobre cómo equilibrar todos esos elementos.

Tanto Lourdes Navarro, desde Atresmedia Cine, como yo mismo trabajamos muy cerca de Arantxa en esa fase. Cuando comenzaron los ensayos y vimos la planificación que había preparado, entendimos que tenía perfectamente controlada la combinación de géneros y que la película estaba en buenas manos.

¿Y cuáles fueron los principales desafíos desde la producción ejecutiva?

Hubo dos grandes retos. El primero fue creativo: equilibrar todas las tramas de una película coral donde conviven muchos personajes.

El segundo fue económico. Nuestro objetivo era proporcionar a Arantxa todos los recursos necesarios para hacer la película que imaginaba. Eso incluía secuencias complejas como aterrizar un helicóptero en el estadio de Anoeta.

Ahí fue fundamental el trabajo de Sergio Gil Alonso, director de producción de la película. Creo que conseguimos que cada euro aparezca reflejado en pantalla. Cuando alguien piensa que una película ha costado bastante más de lo que realmente ha costado, probablemente es uno de los mejores elogios que puede recibir un productor.

El reparto reúne a actores muy conocidos y con agendas complejas. ¿Cómo condiciona el casting la planificación de una producción?

Cuando empiezas a organizar una película, el casting acaba marcando buena parte de los tiempos de producción. En nuestro caso, hubo dos nombres que resultaron clave a la hora de fijar el calendario de rodaje: Hugo Silva y Susi Sánchez.

Hugo llevaba vinculado al proyecto desde hacía años y todos teníamos claro que era el actor ideal para interpretar a Toni Lomas. En el caso de Susi, Arantxa Echevarría y Patricia Campo escribieron el personaje de Mari pensando específicamente en ella, por lo que fue una gran noticia que decidiera sumarse al proyecto y confiar plenamente en la propuesta.

Una vez encajadas esas piezas fundamentales, Arantxa trabajó junto a la directora de casting Rosa Estévez para completar un reparto que combinara talento, personalidad y atractivo para el gran público. Al tratarse de una película con vocación claramente comercial, era importante contar con intérpretes reconocibles, pero también capaces de dar profundidad a unos personajes muy particulares.

El resultado es un elenco del que estamos especialmente orgullosos, con nombres como Belén Rueda, Dafne Fernández, Jaime Olías, Diego Anido, Ginés García-Millán, Sofía Otero, Gonzalo de Castro o Pedro Casablanc, entre otros.

Por supuesto, coordinar las agendas de tantos actores con sus compromisos previos y las necesidades del rodaje siempre supone un auténtico ejercicio de encaje de bolillos. En esta ocasión, sin embargo, todo fluyó mejor de lo habitual y conseguimos sacar adelante la planificación sin grandes contratiempos.

En los últimos años se habla mucho de financiación audiovisual. ¿Ha cambiado realmente la manera de financiar cine comercial en España?

Una vez pasado el boom y el cambio de paradigma que supuso la llegada de las plataformas a España, creo que en los últimos cinco años no ha cambiado tanto la forma de financiar el cine comercial. Los financiadores siguen siendo prácticamente los mismos, al menos en lo que respecta a la financiación tradicional.

Donde sí ha habido cambios relevantes es en el plano legislativo, especialmente en los incentivos en territorios como Canarias, Euskadi o Navarra, que han favorecido que películas como “Cada día nace” un listo hayan podido salir adelante. En nuestro caso concreto, sin el cambio legislativo en la Hacienda guipuzcoana de hace unos años, probablemente no habríamos podido hacer esta
película.

Más allá de esto, uno de los cambios más claros es que el incremento de los costes de producción no ha ido en paralelo con un aumento de las fuentes de financiación privadas. Es cierto que, con la llegada de las plataformas, tenemos más ventanas que vender para financiar las películas, pero en los últimos cinco años la cantidad que obtenemos los productores por la venta de derechos no se ha incrementado, mientras que sí lo ha hecho el coste de producirlas.

Con ejemplos de LAZONA, no sé si hoy podríamos hacer “Chinas” o “La consagración de la primavera”, que fueron posibles gracias a presupuestos muy ajustados y que hoy, seguramente, serían en torno a un 20 o 30% más altos. Y, sin embargo, no creo que hubiéramos podido levantar más financiación.

La película tiene un ritmo visual muy exigente. ¿Cómo se afronta un rodaje así en apenas seis semanas?

Con muchísima preparación. Quizá el mayor desafío fue conseguir encajar la película que Arantxa quería hacer dentro de un plan de rodaje tan ajustado. Rodamos en apenas seis semanas y pudimos sacar adelante todo el material gracias a una planificación muy precisa y al gran trabajo de coordinación entre Arantxa Echevarría, Pilar Sánchez Díaz como directora de fotografía y Rafa Rojas como primer ayudante de dirección.

Desde el principio sabíamos que había secuencias especialmente complejas que requerían una preparación casi milimétrica. La planificación fue tan exhaustiva que, una vez arrancaba cada jornada, se aprovechaba prácticamente cada minuto disponible.

El mejor ejemplo fue la secuencia del helicóptero en Anoeta. Por cuestiones logísticas y presupuestarias solo podíamos realizar dos operaciones de aterrizaje y despegue y disponíamos de menos de dos horas para rodar todo lo que necesitábamos. En una situación así no existe margen para el error. Todos los departamentos tenían que estar perfectamente coordinados para que cada plano saliera exactamente como estaba previsto.

También hubo otras escenas especialmente delicadas desde el punto de vista de producción. La secuencia final del caserío, por ejemplo, tenía una puesta en escena bastante compleja, así que decidimos adelantarnos al problema y organizar varios ensayos previos en la propia localización con los actores y un equipo reducido. Eso nos permitió llegar al día de rodaje con todo muy trabajado y ganar una seguridad que resultó fundamental para que la secuencia funcionara como queríamos.

Al final, cuando afrontas una película de estas características con un calendario tan ajustado, la clave está en anticiparte a los problemas antes de que aparezcan.

Desde fuera parece una coproducción muy sólida entre varias compañías. ¿Cómo fue la colaboración entre LAZONA, LAZONA Zinema, Atresmedia Cine y Lamia Producciones?

La relación ha sido estupenda.

Con Atresmedia Cine hemos coproducido ya varias películas y tenemos otras tantas por venir por lo que ya nos conocemos bien y es un gusto colaborar con ellos. En cuanto a Lamia, es exactamente igual. Paralelamente a Cada Día Nace un Listo estábamos
rodando con ellos “Inurri Itsuak (Las ciegas hormigas)” que se estrenará próximamente. He tenido mucha suerte con los profesionales que tuve como compañeros este viaje porque la coordinación entre todos fue muy fácil por la confianza y el respeto profesional que nos tenemos.

Cuando consigues combinar esas tres dimensiones, es motivo de celebración. Pero la realidad es que el primer requisito siempre es la viabilidad industrial. Puedes tener un gran guion, un director extraordinario y una enorme vocación comercial, pero si no logras estructurar la financiación necesaria, la película nunca llegará a existir.

Una vez resuelto eso, intentamos orientar cada proyecto hacia el circuito que mejor encaje con sus características, ya sea festivales, premios o mercado comercial.

Desde tu experiencia como productor ejecutivo, ¿qué equilibrio debe encontrar una película entre vocación comercial, identidad autoral y viabilidad industrial?

Es muy difícil encontrar ese equilibrio y cuando se dan los tres es un motivo de celebración como ocurrió el año pasado con “Los domingos” que arrasó tanto en premios como en taquilla. Ahora bien, a la hora de producir una película lo primero siempre es la viabilidad industrial: puedes tener al mejor director o directora, al mejor guionista y un proyecto con una gran vocación comercial, pero si no consigues encontrarle un hueco en la industria y convencer a los financiadores, se quedará en eso, en un proyecto, y nunca se materializará.

Una vez sorteado ese obstáculo, intentamos encaminar la película más hacia un circuito de festivales y premios o hacia la taquilla según las características de cada proyecto.

LAZONA acumula una trayectoria muy diversa, combinando éxitos de taquilla, cine de autor, series y teatro. ¿Cómo encaja «Cada día nace un listo» dentro de la estrategia actual de la compañía?

Esta película es muy importante para nosotros por diversas razones, pero me gustaría destacar dos. La primera es seguir trabajando con Arantxa. Es la cuarta película suya que producimos y hay un entendimiento mutuo y una admiración por su trabajo que hacen que la relación con ella sea muy importante para la compañía.

Además, desde la creación de LAZONA Zinema en 2023, y con Jesús Choya a la cabeza, estar presentes en Euskadi y promover la industria cinematográfica vasca es un aspecto clave para nosotros, y esta película era una gran oportunidad en ese sentido.

¿Qué aprendizaje deja «Cada día nace un listo» a nivel de producción?

Principalmente, la importancia de la persistencia.

Este proyecto pasó casi una década guardado en un cajón hasta que aparecieron las circunstancias adecuadas para recuperarlo. Si algo demuestra esta película es que nunca se sabe cuándo una idea puede volver a activarse.

También me reafirma en algo fundamental: rodearse de personas con talento y en las que confías. Producir siempre implica asumir riesgos y dar saltos de fe. Cuando trabajas con profesionales como Arantxa Echevarría y con equipos sólidos, todo el proceso resulta mucho más sencillo.

El audiovisual español atraviesa un momento de gran actividad. ¿Cuáles son hoy los principales retos para los productores ejecutivos?

La industria vive un momento apasionante porque cada vez existe más interés internacional por nuestras películas y se están abriendo nuevas oportunidades de financiación y coproducción.

Pero al mismo tiempo, los presupuestos siguen creciendo y las estructuras financieras son cada vez más complejas. Eso obliga a los productores ejecutivos a ser más creativos y a dominar ámbitos muy diversos.

Hoy no basta con entender la parte artística de una película. También hay que conocer incentivos fiscales, ayudas públicas, cambios legislativos, contratos, convenios y mecanismos de financiación. Es una profesión que exige formación continua y capacidad de adaptación constante.

Y precisamente ahí está uno de los grandes desafíos de la producción audiovisual contemporánea.

ProduccionAudiovisual.com es un blog independiente dedicado a la industria audiovisual en español. Desde 2014 comparte análisis, recursos y experiencias sobre financiación, producción y distribución de cine, televisión y nuevos formatos, con un enfoque práctico orientado a profesionales, estudiantes y empresas del sector. Más que un medio de actualidad, es un espacio para entender cómo se levantan los proyectos, cómo se estructura el negocio y cómo evoluciona el oficio de producir en un entorno en constante transformación.

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‘Influjo psíquico’: entrevistamos a Alejandra Cardona e Idoya Barrabés

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¿Puede una persona ser condenada por ejercer un «influjo psíquico» sobre otras? Esta es la sorprendente pregunta que sirve de punto de partida a Influjo psíquico, el documental dirigido por Alejandra Cardona, con guion de Ana María Pinar y producido por Idoya Barrabés a través de Milyuna Historias, que investiga el proceso judicial contra el expresidente ecuatoriano Rafael Correa y profundiza en el fenómeno del lawfare, es decir, la utilización de la justicia como herramienta de confrontación política.

Tras tres años de investigación y rodajes en ocho países, la película llegó a España el pasado 1 de octubre con una proyección especial en el Palacio de la Prensa de Madrid. A medio camino entre la investigación periodística y el thriller documental, la producción reúne testimonios de distintas sensibilidades políticas y plantea preguntas sobre la relación entre justicia, poder y democracia.

En ProduccionAudiovisual.com entrevistamos a su directora, Alejandra Cardona, y a su productora, Idoya Barrabés, para conocer cómo se gestó este ambicioso proyecto, los desafíos de convertir un complejo caso judicial en una historia cinematográfica y las dificultades de financiar, rodar y distribuir un documental independiente de estas características.

¿Cómo nace Influjo psíquico y qué fue lo que os llevó a convertir el caso de Rafael Correa y el concepto de influjo psíquico en el punto de partida de una película?

La película nace casi por casualidad. Después de que Milyuna Historias, la productora, participara en la producción de Petro, el documental sobre el expresidente colombiano Gustavo Petro, conocemos el caso de Rafael Correa y descubrimos que había sido condenado por cohecho mediante «influjo psíquico». El concepto nos llamó muchísimo la atención y empezamos a investigar qué significaba realmente y cómo se había utilizado dentro de la sentencia. A partir de ahí entendimos que había una historia mucho más amplia y profunda, porque el caso nos permitía hablar, en realidad, de la relación entre justicia y poder y acercarnos a un fenómeno mucho más amplio como es el lawfare, es decir, el uso de los procesos judiciales como herramienta para proscribir contendientes políticos.

El proyecto se desarrolló durante tres años y en ocho países. ¿Cómo se organiza una investigación y un rodaje de estas características y cómo fue evolucionando la película durante ese tiempo?

Ha sido un proceso muy vivo, porque empezamos con una idea bastante más pequeña y la propia investigación fue abriendo caminos que no habíamos previsto. Cada entrevista nos llevaba a otra persona, a otro documento o incluso a otro país, de manera que la película fue creciendo de forma bastante orgánica. Hemos rodado en Ecuador, México, Venezuela, Colombia, España, Bélgica, Israel y Canadá, siguiendo las distintas ramificaciones de una historia que acabó siendo mucho más internacional de lo que imaginábamos al principio.

¿Cómo se abordó desde el guión una historia con tantas dimensiones (judicial, política y social) para conseguir que resultara comprensible para un público que quizá no conozca el contexto ecuatoriano?

Ese ha sido probablemente uno de los mayores retos del guion, porque necesitábamos explicar un procedimiento judicial muy complejo sin convertir la película en una clase de derecho ni exigir al espectador conocimientos previos sobre Ecuador. Por eso intentamos ir siempre de lo particular a lo general, utilizando el caso de Correa como hilo conductor y explicando únicamente aquello que el espectador necesita para poder avanzar en la historia. También recurrimos a gráficos, archivos y testimonios que nos permitieran traducir conceptos jurídicos complejos a un lenguaje mucho más accesible.

La película incorpora testimonios de personas con posiciones políticas muy diferentes. ¿Cómo trabajasteis la búsqueda de fuentes y la construcción de una mirada plural sobre los acontecimientos?

Desde el principio tuvimos claro que queríamos una película plural y que todos los agentes involucrados debían estar presentes. Buscamos voces de distintas sensibilidades políticas, juristas, politólogos, periodistas, protagonistas directos e incluso personas ideológicamente enfrentadas entre sí. Para nosotras era especialmente interesante comprobar qué ocurría cuando personas que parten de posiciones políticas muy distintas llegaban, sin embargo, a preguntas similares sobre el funcionamiento de la justicia. Por esta razón nos resulta tan interesante el testimonio de la ex vicepresidenta del Ecuador, Verónica Abad; ella denunció estar sufriendo lawfare por parte de su propio gobierno.

También contactamos con la ex fiscal Salazar y con el presidente Moreno, creíamos que era muy importante que ellos tuvieran espacio en la película, pero declinaron amablemente su participación. Hay muchos testimonios delante de la cámara pero hay muchos más que han formado parte de la investigación y la documentación y cimentan la mirada que hemos vertido en la película aunque no aparezcan en primera persona ante el espectador.

¿Qué retos supuso trabajar con un caso judicial todavía tan vinculado al debate político y cómo habéis buscado mantener el rigor documental sin perder la tensión narrativa?

El principal reto ha sido separar todo lo posible los hechos de las posiciones políticas, porque alrededor de Correa existe una polarización enorme. Por eso hemos intentado volver constantemente a las fuentes, a la sentencia, a los documentos y a los testimonios directos, mientras que cinematográficamente buscábamos construir una historia que mantuviera la tensión. Al final, el rigor y la narración no deberían ser incompatibles, queríamos contar una historia de forma atractiva intentando que los hechos fueran digeribles para un público que no tiene por qué saber nada del sistema judicial o político del Ecuador.

La película se acerca por momentos al lenguaje del thriller. ¿Qué decisiones de dirección, montaje, música o tratamiento de los archivos os ayudaron a construir esa dimensión cinematográfica?

Desde el principio queríamos alejarnos del documental construido únicamente a partir de entrevistas, porque la propia historia tenía elementos de investigación, poder y suspense que permitían acercarse al thriller. El montaje, la música, el tratamiento de los archivos, las imágenes aéreas y el uso de documentos y grafismos nos ayudaron a construir esa atmósfera, mientras que el rodaje en tantos lugares aportó una dimensión visual e internacional que también era importante para la película.

Habéis trabajado con una gran cantidad de documentación, archivos y testimonios. ¿Cómo fue el proceso de investigación y selección de materiales hasta llegar al montaje definitivo?

Fue un proceso enorme de acumulación y después de descarte, porque durante tres años reunimos entrevistas, sentencias, informes, noticias, archivos audiovisuales y muchísima documentación. Llegó un momento en el que el trabajo consistió sobre todo en decidir qué necesitaba realmente la película y qué, aunque fuera interesante, nos alejaba de su hilo principal. El montaje fue fundamental para encontrar ese equilibrio y conseguir que una investigación muy extensa terminara convertida en una historia que pudiera seguirse con claridad.

Y en este punto, la actualidad no nos ayudaba porque no han dejado de “pasar cosas” durante estos cuatro años, acontecimientos que era imposible en muchos casos obviar. Por eso uno de los momentos más dolorosos y al mismo tiempo liberadores ha sido ponerle el punto y final a una historia que todavía se está escribiendo.

Desde el punto de vista de la producción, ¿qué supuso levantar un largometraje documental independiente durante tres años y coordinar un equipo y rodajes en ocho países?

Supuso mucha flexibilidad y bastante resistencia, porque un documental independiente de estas características se construye mientras se investiga, se rueda y se busca financiación al mismo tiempo. Además, trabajar en ocho países implica coordinar equipos, viajes, permisos, personajes y situaciones que muchas veces cambian en el último momento. Ha sido una producción compleja, aunque esa dificultad también terminó enriqueciendo muchísimo la película.

¿Cómo ha sido el recorrido de Influjo psíquico desde sus primeras fases de desarrollo hasta llegar a su estreno en España y qué aprendizajes os lleváis del proceso de producción y búsqueda de financiación?

Ha sido un recorrido bastante artesanal, porque la película fue creciendo mientras investigábamos, rodábamos y buscábamos financiación para poder seguir avanzando. Empezamos con un proyecto mucho más pequeño y acabamos rodando durante tres años en ocho países, de manera que cada nueva etapa nos obligaba a replantear también la producción.

El mayor aprendizaje ha sido entender que levantar un documental independiente exige mucha perseverancia y una enorme capacidad de adaptación, porque casi nunca dispones desde el principio de todos los recursos que necesitarías y, sin embargo, tienes que conseguir que esa limitación no termine viéndose en la pantalla. Por otra parte, abordar temas políticos no siempre resulta fácil de financiar o distribuir.

Más allá del caso de Rafael Correa, ¿qué pregunta queríais que quedara en el espectador después de ver la película y qué os gustaría que generara el debate posterior al estreno?

Nos gustaría que el espectador saliera preguntándose qué ocurre con una democracia cuando la justicia puede convertirse en un instrumento de la lucha política, independientemente de quién sea la persona afectada o de si estamos de acuerdo con ella. La película utiliza el caso de Rafael Correa porque es extraordinariamente singular, pero nuestra intención siempre ha sido ir más allá y hablar de la fragilidad de las instituciones, del respeto al debido proceso y de la necesidad de mantener una mirada crítica ante cualquier forma de poder.

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[PODCAST] Elisa Sirvent repasa su trayectoria como directora de producción en el nuevo podcast de APPA

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La Asociación de Profesionales de la Producción Audiovisual (APPA) estrena un nuevo episodio de su podcast. En esta ocasión, la invitada es Elisa Sirvent, directora de producción y socia de la asociación, que comparte su experiencia profesional en una conversación conducida por Aurora Martínez.

A lo largo del episodio, Sirvent repasa su trayectoria en la industria audiovisual, habla sobre el papel de la dirección de producción en los rodajes y comparte algunas de las experiencias que ha vivido al frente de proyectos cinematográficos y televisivos. Entre los títulos en los que ha trabajado figuran Alcarràs, La contadora de películas y Els encantats, entre otros.

Como es habitual, el programa también incluye sus secciones dedicadas a la actualidad del sector, consejos de producción, noticias sobre inteligencia artificial y la participación de colaboradores habituales de APPA.

Una charla especialmente interesante para estudiantes, profesionales y cualquier persona que quiera conocer mejor el papel de la dirección de producción dentro de la industria audiovisual.

¡Dale al play!

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Alberto Ammann: «La mujer de la fila es una película que no tiene nacionalidad»

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Coincidiendo con el estreno en España de La mujer de la fila, conversamos con el actor sobre el reto de interpretar una historia basada en hechos reales, el trabajo junto al director Benjamín Ávila y la evolución de su carrera entre el cine de autor, las grandes producciones y las series internacionales.

La mujer de la fila llega a los cines españoles para acercar al público una realidad poco habitual en la ficción: la de las familias de las personas privadas de libertad. Dirigida por el cineasta argentino Benjamín Ávila, la película toma como punto de partida la historia real de Andrea Casamento, activista que durante años luchó por visibilizar la situación de las familias de las personas encarceladas y por mejorar sus condiciones.

En este contexto, Alberto Ammann interpreta a Alejo, un personaje cuya presencia resulta fundamental en el recorrido emocional de la protagonista. Para construirlo, el actor no solo trabajó estrechamente con Benjamín Ávila, sino que también tuvo la oportunidad de conocer al verdadero Alejo y profundizar en la realidad que inspira la película.

Más allá de hablar de La mujer de la fila, durante la conversación también repasamos su manera de elegir proyectos, su creciente interés por la producción audiovisual y la visión que tiene sobre una profesión que le ha llevado a participar en películas y series tanto en España como a nivel internacional.

A continuación, reproducimos la entrevista completa.

Aunque La mujer de la fila se rodó y estrenó hace ya un tiempo, me gustaría empezar preguntándote qué fue lo que más te llamó la atención del proyecto cuando te llegó y qué hizo que quisieras formar parte de él?

Lo primero que me llamó la atención fue el mundo de las mujeres que sostienen a las familias de las personas privadas de libertad. Era una realidad completamente desconocida para mí y me impresionó descubrir hasta qué punto son ellas quienes mantienen unidas esas familias durante todo el proceso.

También me interesó mucho la historia concreta de Andrea Casamento y de Alejo. Al final es una historia de amor muy bonita, pero también de resistencia y de humanidad.

Y, por supuesto, estaba Benjamín Ávila. Yo había visto Infancia clandestina muchos años antes y me había parecido una película extraordinaria. Me emocionó muchísimo y tenía muchas ganas de trabajar con él porque me parece un director con una mirada muy especial.

Has trabajado con directores de perfiles muy distintos a lo largo de tu carrera. ¿Qué destacarías de la forma de dirigir de Benjamín Ávila y qué te llevas del proceso de rodaje de La mujer de la fila?

Lo que más destacaría de Benjamín es su profundidad y su enorme humanidad. Tiene una capacidad muy especial para mirar a los personajes, las historias y los conflictos sin quedarse nunca en la superficie.

Es una persona muy sensible y eso se refleja en su forma de dirigir. Siempre busca entender qué ocurre realmente dentro de cada personaje y eso hace que el trabajo como actor sea muy enriquecedor. A mí me interesa mucho trabajar con directores que tienen esa mirada, porque te invitan constantemente a profundizar y a encontrar matices.

Tu personaje tiene una presencia contenida, pero muy significativa dentro de la historia. ¿Cómo se construye un personaje que aparece menos tiempo en pantalla, pero que debe resultar creíble y dejar huella en el recorrido emocional de la protagonista?

Creo que gran parte de ese trabajo nace del propio guion y de la forma en la que Benjamín construye las escenas. Había algo muy delicado en esa relación entre los personajes y era importante que cada encuentro tuviera peso emocional.

Yo intenté conectar con la vulnerabilidad de Alejo. Es un hombre que lleva muchos años viviendo en un entorno marcado por la violencia, la tensión y la prisión. Recuperar esa parte más inocente, más humana, era fundamental para entenderlo.

Además, hablé mucho con Andrea Casamento y conocí el trabajo de la organización que creó junto a otras mujeres en distintos países. Entender cómo son tratadas las familias de las personas encarceladas, especialmente las mujeres, fue muy importante para construir esa relación. En ese contexto, encontrarse con un gesto de cariño, de comprensión o incluso de vulnerabilidad por parte de Alejo supone un verdadero bálsamo para ella.

Todo ese trabajo fue posible gracias a muchas conversaciones con Benjamín. Su dirección fue clave para encontrar el tono que necesitaba el personaje.

La película parte de una historia real y pone el foco en una realidad que rara vez vemos representada en el cine: la de las familias de las personas privadas de libertad. Como actor, ¿cambia tu forma de preparar un personaje cuando sabes que detrás de la ficción hay personas que han vivido realmente esa experiencia?

Sí, cambia mucho. En este caso tuve la oportunidad de reunirme con el verdadero Alejo, la persona a la que interpreto en la película.

Pudimos tomar un café, hablar durante horas, reírnos y compartir muchas experiencias de vida. También me contó episodios muy duros de los más de veinte años que pasó en prisión. Escucharle fue muy inspirador porque te ayuda a comprender hasta qué punto una experiencia así puede marcar el carácter y la forma de relacionarse con el mundo.

Muchas veces la realidad supera a la ficción. Yo podía imaginar determinadas situaciones, pero conocerlas de primera mano te sitúa en otro lugar completamente distinto. Esa conversación fue fundamental para construir el personaje con honestidad.

Tu filmografía combina cine de autor, grandes producciones y series internacionales. Mirando atrás, ¿cómo ha cambiado tu forma de elegir los proyectos y qué buscas hoy en un guion para decidir involucrarte?

Lo primero que busco siempre es una buena historia. Si un guion consigue tocarme alguna fibra y siento que, como espectador, tendría ganas de ver esa película, ya tiene mucho ganado.

Después me fijo en el personaje y en si existe un espacio creativo donde pueda aportar algo. Si siento que puedo disfrutar construyéndolo, el proyecto ya me interesa, independientemente del género.

En esta etapa de mi vida también estoy empezando a involucrarme en la producción. Tengo ganas de impulsar historias que me gustaría ver en pantalla y muchas veces, para que esas películas existan, uno tiene que implicarse desde el origen del proyecto. Es una evolución bastante natural después de tantos años de profesión.

Para terminar, ¿por qué recomendarías La mujer de la fila al público español?

La recomendaría porque es una película que no tiene nacionalidad. Habla de una realidad que trasciende cualquier país: la de las familias de las personas privadas de libertad, un mundo muy desconocido para la mayoría de nosotros.

Creo que es importante tomar conciencia de que no todas las personas que están en prisión son personas perdidas para siempre y de que el sistema penitenciario todavía tiene mucho camino por recorrer. Una condena no debería convertirse en un viaje al infierno. Además, quienes se quedan fuera también terminan viviendo su propia condena.

Me gustaría que el público se acercara a la película dejando a un lado los prejuicios. Todos los tenemos, pero esta historia invita precisamente a hacer el ejercicio de ponerse en el lugar de Andrea, de Alejo y de tantas personas que viven una situación como esta. Después cada uno hará su propia lectura, pero creo que merece la pena recorrer ese camino.

 

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