Entrevistas
Entrevista a Néstor López y Carlos Valle, directores del corto documental con más opciones en los Goya
Publicado
hace 2 añosel

El cortometraje documental «Semillas de Kivu» pone sobre la mesa uno de los mayores genocidios de la historia agravado por hechos tan graves como la violación a mujeres, en algunos casos menores, utilizado como arma de guerra. Denis Mukwege, ginecólogo y Premio Nobel de la Paz, es el protagonista de esta película cuya visibilidad es fundamental para proteger su vida y propiciar la reinserción en sus comunidades de millones de madres que deciden dar a luz a los hijos de sus agresores en el icónico Hospital Panzi de la República Democrática del Congo. El cortometraje, que obtuvo el Premio Abycine-Amnistia Internacional, aspira a la nominación en los Premios Goya en la categoría de ‘Mejor Cortometraje Documental’. Hoy entrevistamos a sus directores: el leonés Néstor López y Carlos Valle.
El título del documental, «Semillas de Kivu», transmite una idea de esperanza. ¿Cómo llegasteis a este concepto y cómo lograsteis reflejarlo en un contexto tan devastador como el del Congo?
Néstor: Llegamos a este concepto después de trabajar en la investigación durante un tiempo. A medida que fuimos profundizando veíamos que la parte vital de la sociedad era femenina, que la parte activa y productiva eran ellas, que de ellas nacía todo y moría todo. Ellas y sus hijos no consentidos son semillas donde aflora un acto de resistencia cuando decides florecer la semilla con amor y salir adelante.
En algún momento habéis mencionado que, al llegar al hospital de Panzi, os impactó ver a tantas mujeres conviviendo en el jardín, un espacio que describís como una burbuja de paz. ¿Cómo influyó esa imagen en la narrativa final del documental?
Carlos: Fue algo de lo más impactante que vivimos. Tras recorrer kilómetros de tierra hermosa devastada y convivir con la tensión del lugar llegar allí y ver un refugio de paz con cientos de mujeres luchando por recuperarse fue algo que provoco que tomara un espacio importante en el documental, paso a ser el eje neurálgico de la historia.
Inicialmente, el proyecto se centraba en Denis Mukwege. ¿En qué momento decidisteis que las protagonistas debían ser las mujeres y cómo cambió esto el enfoque del documental?
Néstor: En realidad centrarnos en Denis fue una idea muy inicial, como germen. Rápidamente, tras la investigación, fuimos viendo que la historia de Denis era importante como voz autorizada y contexto, pero que las protagonistas tenían que ser ellas, Neema, Charlotte, Aline, Njota, porque lo que queríamos contar era el acto de resistenciaa la guerra por el mero hecho de salir adelante. Eso era lo que ellas reflejaban, hacíamos más justicia a nuestro punto de vista poniendo el foco en ellas.
¿Cómo fue el proceso de rodaje? ¿Qué retos enfrentasteis al filmar en la República Democrática del Congo?
Carlos: Era vivir en tension las 24 horas, muchos desplazamientos con peligro, parte del rodaje de noche, accediendo por zonas contrarias donde se suponía que no estaba activa la zona de guerra… era difícil. Aparte de esto, uno de los grandes retos era convivir con la falta de electricidad. Disponíamos de una pequeña placa solar que en seguida se agotaba, dejamos de calentar el agua el segundo día para poder volcar el material y cargar el ordenador o las baterías de las cámaras. Pero no era suficiente y teníamos que ir aprovechando cualquier generador o placa solar que encontrábamos por el camino.
Néstor: El equipo local fue imprescindible, construimos la historia con ellos, muchas decisiones fueron conjuntas. Además la produccion era totalmente local, así como la accesibilidad y el trabajo de campo. Vitales. Aladin, Pascale, Crispin, Mama Esther, Denis… ellos son el equipo.
¿Cómo preparabais a las mujeres protagonistas para compartir sus historias frente a la cámara?
Néstor: La preparación con las mujeres no es fácil. El otro día en la premiere del corto, un responsable de Médicos Sin Fronteras nos dijo que ellos en el Hospital de Panzi no lograban que las mujeres hablaran, que es realmente difícil, y efectivamente lo es. Nosotros hemos conseguido algo realmente complicado, que es que se abran ante la historia para contarlo todo. Esto es el cúmulo de trabajo de varios años, con el equipo local que nos ayuda a ir generando con el paso de los días confianza y nosotros trabajamos primero esa confianza, que entiendan que no somos periodistas, que no buscamos el amarillismo ni aprovecharnos de nadie. Te tienen que ver meterte en el barro, y nos metimos. Luego tienes que darlas el espacio que necesiten, y tienes que lograr que entiendan que tú estás allí para construir una película, para buscar la belleza que existe en contraposición del horror. Cuando entienden eso, van adelante con lo que haga falta. En cuanto al ambiente de trabajo éramos poca gente, y sobre todo pocos locales, ya que ante nosotros sienten menos vergüenza, así aseguramos respeto y cuidado. Nos hicimos amigos, y a partir de ahí, todo fluye.
Carlos: El enfoque se mantuvo bastante puro en general, lógicamente encontramos cosas que hicieron mutar la idea pero logramos acercarnos bastante, fueron muchos años previos de trabajo. Nos impacto especialmente encontrar a 550 mujeres recibiendo ayuda médica, el hospital hace un trabajo titánico, se matan a trabajar, y aún así no dan abasto a las solicitudes y cuando ya no hay sitio en el hospital duermen en lugares aledaños, ocupando los espacios que pueden. En el documental hay un momento que Charlotte mete una colchoneta debajo de una cama y se echa ahí. Es realmente el lugar donde duerme. No hay sitio para todas. Necesitan ayuda, el hospital no da más abasto. Y en el documental no hay nada que no sea cierto.
Aunque Denis Mukwege no es actor, ¿Cómo trabajasteis con él para que su presencia en cámara fuera tan auténtica y conmovedora?
Carlos: Bueno, el doctor es una figura internacional, lo lleva de serie, así que en realidad fue sencillo. Conocíamos muy bien su discurso y lo que piensa, hemos visto, leído y oído todo el material que existe sobre él, así que supimos como enfocar las preguntas. En cuanto a su día a día, eso fue más difícil. Ganarnos su confianza fue especialmente difícil ya que está acostumbrado a que no todos los que van tengan la sensibilidad adecuada para el respeto de las personas. Tuvimos que enseñarle planos y material, cuando los vio decía que eran muy bellos, se sorprendía por el respeto con el que filmábamos, nos felicito. Entendió que éramos cineastas y a partir de ahí fuimos uno.
El documental evita mostrar imágenes explícitas de los quirófanos y se enfoca en el proceso de recuperación emocional y social de las mujeres. ¿Qué desafíos enfrentasteis al decidir qué aspectos de sus historias incluir o dejar fuera?
Néstor: Tenemos más de 30 horas de material. Hemos usado 29 minutos. Eso significa que hemos dejado fuera material valioso priorizando la narrativa. Las decisiones de qué introducir y qué no se tomaron en montaje especialmente. Aunque la idea de no meter quirófanos o de no profundizar en la reconstrucción física es más que nada artística, nos interesa más la recuperacion psicológica, la reinserción social o el como convivir con la violencia que los procesos médicos, que se sobre entienden en el documental con la escena de la consulta médica en 40 segundos.
En un contexto de violencia sexual utilizada como arma de guerra, ¿Cómo lograsteis que las mujeres confiasen en ustedes para contar sus historias más dolorosas frente a la cámara?
Néstor: Como decíamos antes, la confianza se trabaja. Años antes de viajar ya empezamos a trabajarla a través de la investigación. La rigurosidad de nuestra investigación nos ha permitido conocer bien los casos, tipificarlos, saber como enfrentarnos a ellos, entender a las víctimas y saber leerlas bien, en definitiva, nos ha ejercitado la empatía suficiente para que la confianza y la cercanía fuera real y no impostada. Íbamos preparados, junto a Aladin, excelentísima persona y nuestro fixer en la zona, logramos poco a poco hacerlas entender que nuestro objetivo era retratarlas como las veíamos, como pura admiración de alguien que decide vivir y que se convierte en resistencia a la violencia. Se dice pronto.
El conflicto y sus consecuencias son profundamente desconocidos en países como España. ¿Qué impacto esperáis generar con «Semillas de Kivu» para sensibilizar a la audiencia sobre esta crisis humanitaria?
Carlos: Somos cineastas, y como cineastas nuestro trabajo es usar la mirada, aquí hacemos lo mismo. Queremos que se mire hacia aquí, que entres un rato en este mundo y descubras que todo en el mundo está conectado, que no es ajeno ni lejano. Traerlo a España, a Europa, es vital, porque no podemos quedarnos sin hacer nada, necesitamos repensar todo.
El documental muestra tanto el sufrimiento como la resiliencia de las protagonistas. ¿Qué aprendizaje os llevais tras haber trabajado en este proyecto?
Néstor: Que siempre merece la pena seguir adelante. Que siempre merece la pena seguir viviendo y criar y vivir con amor a los tuyos, por mucha violencia que exista, siempre merecerá la pena.
El hospital de Panzi no solo reconstruye físicamente a las víctimas, sino que también busca sanar heridas psicológicas y sociales. ¿Qué aspectos de este enfoque integral queríais destacar en la narrativa?
Néstor: Es la parte más importante del documental, es realmente donde se sitúa la historia, justo antes de su reinserción social. Quisimos destacar las contradicciones de las que han sufrido tal nivel de violencia, desde la culpabilidad, hasta la resiliencia o hasta el odio a ti misma, que al final es la pura humanidad, pero que finalmente haces lo posible por decidir que no es el fin del mundo y seguir con tu vida. Al final, queríamos indagar en el como es posible convivir con el trauma cuando tienes un bebé fruto de esa violencia y al que cuidar cada día.
Sabemos que una de las mayores barreras para filmar fue el respeto y la protección hacia las víctimas. ¿Cómo conseguisteis equilibrar esta sensibilidad con la necesidad de documentar la realidad para el público?
Néstor: Montaje, montaje y montaje. Guion, guion y guion. Ese equilibrio es buscado desde el principio. En montaje fuimos probando y testeando con gente de confianza y cineastas cercanos como funcionaba ese equilibrio, hasta que sentimos que lo habíamos logrado.
Carlos: La realidad de la historia es absoluta, todo es cierto, la propia historia real es tan impactante que hemos tenido que medir como lo contamos para que el impacto sea real, pero que la gente sienta que necesita verlo.
Tras su estreno y las nominaciones que ha recibido, ¿Qué pasos planeáis dar para que este documental tenga un impacto más allá de los festivales y alcance a comunidades o instituciones clave?
Carlos: Ya estamos trabajando en ello. Tenemos proyecciones confirmadas en instituciones internacionales de alta importancia política. También tenemos una agencia francesa trabajando por su visibilidad en Europa y en universidades e instituciones relevantes, más todo el trabajo que estamos realizando con asociaciones.
¿Qué expectativas tenéis para los Premios Goya y su impacto en la visibilidad del documental? ¿Planeáis expandir esta historia en un largometraje o serie documental?
Carlos: Actualmente estamos en la shorlist de Goya a Mejor Cortometraje Documental. Entrar nominados nos daría una visibilidad multiplicadora, que es lo que la historia merece. Cambiaría la vida del corto y la vida de más personas. De expectativas no sabemos, pero las reacciones están siendo increíbles, nunca nos habían recibido tan bien.
Néstor: El proyecto se expandirá, estamos luchando el largometraje, ya llevamos varios años trabajando allí y seguiremos, aunque la historia sea otra cosa y otros protagonistas, el universo del que partimos es este mismo conflicto.
Cómo directores, ¿Cómo lograsteis equilibrar el tono emocional de la película sin caer en el sensacionalismo? ¿Qué aspectos del documental se modificaron en la edición para reforzar el mensaje que querían transmitir?
Carlos: Ese equilibrio es lo que decíamos antes, montaje y guion. Y testear cuando había dudas.
Néstor: En el documental se modifica el orden de las cosas para construir una narrativa y que se entiendan las cosas. Hubo 17 versiones de montaje hasta que lo encontramos.
¿Cuáles fueron las decisiones más difíciles que tuvisteis que tomar durante el proceso creativo?
Néstor: Qué dejar fuera. Con tanto material tan valioso, decidir qué dejar fuera es realmente duro. Por suerte, nuestra montadora, Cristina otero, no tenía apego al material y aportaba mucha luz sobre qué escenas incluir y cuáles no. Y luego probamos todas las opciones posibles. Creo que no hubo una sola opcion que no probáramos. Ese trabajo se nota en la obra, todo fluye, la película viaja hacia varios sitios.
¿Hay alguna anécdota detrás de cámaras que haya marcado al equipo durante la grabación?
Carlos: Muchas. Si tuviéramos que elegir una sería cuando tuvimos que salir corriendo de Essance, el barrio más peligroso de Bukavu. Fuimos con cámara oculta a buscar a menores que vivían en contexto de prostitución, ya que muchas no llegan al hospital. Allí nos esperaban muchos hombres fuera que intentaron agredirnos, tuvimos que salir corriendo como pudimos esquivando lo que nos tiraban.
¿Qué momento del rodaje resultó ser completamente inesperado o improvisado?
Néstor: El acceso al país, en el último viaje, ya que hicimos varios, fue vestidos de misioneros, ya que siendo cineastas y con un material como el que llevábamos, era imposible acceder a varias zonas. Esto nos lleva a saber manejar situaciones de tensión, debido a proyectos anteriores en zonas de conflicto sabíamos algunas nociones de saber estar, perfil bajo y aguantar hasta llegar a una negociación que nos permita avanzar. En cuanto a lo emocional, acceder a prostíbulos de menores de edad es una cosa terrible, a mí me ha marcado para siempre.
¿Cómo contribuye la banda sonora de Arturo Cardelús a intensificar el impacto emocional del documental?
Carlos: Arturo estaba en el proyecto desde el inicio, su increíble capacidad de mezclar la alta composición con lo emocional era el punto que buscábamos para acceder a la emoción sin manipular la realidad. El sonido está muy trabajado y depurado, hemos trabajado muchísimo con el sonido directo, fue un gran problema el sonido directo porque no es fácil, pero era la apuesta, conseguir el sonido real y trabajarlo. El sonido de un pájaro silbando cuando Charlotte sufre un ataque de migraña por el golpe en la violación, es totalmente directo. Eso es lo que buscábamos en cada plano sonoro.
¿Qué mensaje esperáis que se lleve el público tras ver «Semillas de Kivu»?
Néstor: Queríamos lograr que el impacto emocional fuera incontestable para gritar que esta zona merece ya justicia. Que son 200 años donde la colonización no deja de reinventarse y que las consecuencias son solo locales. Esta zona merece justicia. ¿Qué más se necesita?
Carlos: Ya están actuando instituciones internacionales de gran peso que van a colaborar con el corto. La intención es que consigamos que se vea y ojalá alguien sienta algo importante que se deba hacer allí.
¿Creéis que la narrativa audiovisual es la herramienta más poderosa para abordar conflictos silenciados como el del Congo?
Carlos: No sé si la más poderosa, pero desde luego es una herramienta comunicativa, y tiene un gran poder. Aún así, es la que sabemos hacer, es nuestro oficio.
Por último, si pudierais volver al inicio del proyecto, ¿harías algo diferente?
Néstor: Muchas cosas, ¡pero soy cineasta! Siempre pienso eso de mis proyectos, cambiaría casi todo, es defecto profesional. Lo que sin duda no cambiaría es el mensaje y la idea del corto, eso es un gran orgullo, y tampoco cambiaría las escenas que nos encontramos allí sin preverlo, estar abierto a todo es algo que jamás cambiaría.
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[PODCAST] Elisa Sirvent repasa su trayectoria como directora de producción en el nuevo podcast de APPA
Publicado
hace 2 mesesel
25/07/2026
La Asociación de Profesionales de la Producción Audiovisual (APPA) estrena un nuevo episodio de su podcast. En esta ocasión, la invitada es Elisa Sirvent, directora de producción y socia de la asociación, que comparte su experiencia profesional en una conversación conducida por Aurora Martínez.
A lo largo del episodio, Sirvent repasa su trayectoria en la industria audiovisual, habla sobre el papel de la dirección de producción en los rodajes y comparte algunas de las experiencias que ha vivido al frente de proyectos cinematográficos y televisivos. Entre los títulos en los que ha trabajado figuran Alcarràs, La contadora de películas y Els encantats, entre otros.
Como es habitual, el programa también incluye sus secciones dedicadas a la actualidad del sector, consejos de producción, noticias sobre inteligencia artificial y la participación de colaboradores habituales de APPA.
Una charla especialmente interesante para estudiantes, profesionales y cualquier persona que quiera conocer mejor el papel de la dirección de producción dentro de la industria audiovisual.
¡Dale al play!
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Alberto Ammann: «La mujer de la fila es una película que no tiene nacionalidad»
Publicado
hace 2 mesesel
16/07/2026
Coincidiendo con el estreno en España de La mujer de la fila, conversamos con el actor sobre el reto de interpretar una historia basada en hechos reales, el trabajo junto al director Benjamín Ávila y la evolución de su carrera entre el cine de autor, las grandes producciones y las series internacionales.
La mujer de la fila llega a los cines españoles para acercar al público una realidad poco habitual en la ficción: la de las familias de las personas privadas de libertad. Dirigida por el cineasta argentino Benjamín Ávila, la película toma como punto de partida la historia real de Andrea Casamento, activista que durante años luchó por visibilizar la situación de las familias de las personas encarceladas y por mejorar sus condiciones.
En este contexto, Alberto Ammann interpreta a Alejo, un personaje cuya presencia resulta fundamental en el recorrido emocional de la protagonista. Para construirlo, el actor no solo trabajó estrechamente con Benjamín Ávila, sino que también tuvo la oportunidad de conocer al verdadero Alejo y profundizar en la realidad que inspira la película.
Más allá de hablar de La mujer de la fila, durante la conversación también repasamos su manera de elegir proyectos, su creciente interés por la producción audiovisual y la visión que tiene sobre una profesión que le ha llevado a participar en películas y series tanto en España como a nivel internacional.
A continuación, reproducimos la entrevista completa.
Aunque La mujer de la fila se rodó y estrenó hace ya un tiempo, me gustaría empezar preguntándote qué fue lo que más te llamó la atención del proyecto cuando te llegó y qué hizo que quisieras formar parte de él?
Lo primero que me llamó la atención fue el mundo de las mujeres que sostienen a las familias de las personas privadas de libertad. Era una realidad completamente desconocida para mí y me impresionó descubrir hasta qué punto son ellas quienes mantienen unidas esas familias durante todo el proceso.
También me interesó mucho la historia concreta de Andrea Casamento y de Alejo. Al final es una historia de amor muy bonita, pero también de resistencia y de humanidad.
Y, por supuesto, estaba Benjamín Ávila. Yo había visto Infancia clandestina muchos años antes y me había parecido una película extraordinaria. Me emocionó muchísimo y tenía muchas ganas de trabajar con él porque me parece un director con una mirada muy especial.
Has trabajado con directores de perfiles muy distintos a lo largo de tu carrera. ¿Qué destacarías de la forma de dirigir de Benjamín Ávila y qué te llevas del proceso de rodaje de La mujer de la fila?
Lo que más destacaría de Benjamín es su profundidad y su enorme humanidad. Tiene una capacidad muy especial para mirar a los personajes, las historias y los conflictos sin quedarse nunca en la superficie.
Es una persona muy sensible y eso se refleja en su forma de dirigir. Siempre busca entender qué ocurre realmente dentro de cada personaje y eso hace que el trabajo como actor sea muy enriquecedor. A mí me interesa mucho trabajar con directores que tienen esa mirada, porque te invitan constantemente a profundizar y a encontrar matices.
Tu personaje tiene una presencia contenida, pero muy significativa dentro de la historia. ¿Cómo se construye un personaje que aparece menos tiempo en pantalla, pero que debe resultar creíble y dejar huella en el recorrido emocional de la protagonista?
Creo que gran parte de ese trabajo nace del propio guion y de la forma en la que Benjamín construye las escenas. Había algo muy delicado en esa relación entre los personajes y era importante que cada encuentro tuviera peso emocional.
Yo intenté conectar con la vulnerabilidad de Alejo. Es un hombre que lleva muchos años viviendo en un entorno marcado por la violencia, la tensión y la prisión. Recuperar esa parte más inocente, más humana, era fundamental para entenderlo.
Además, hablé mucho con Andrea Casamento y conocí el trabajo de la organización que creó junto a otras mujeres en distintos países. Entender cómo son tratadas las familias de las personas encarceladas, especialmente las mujeres, fue muy importante para construir esa relación. En ese contexto, encontrarse con un gesto de cariño, de comprensión o incluso de vulnerabilidad por parte de Alejo supone un verdadero bálsamo para ella.
Todo ese trabajo fue posible gracias a muchas conversaciones con Benjamín. Su dirección fue clave para encontrar el tono que necesitaba el personaje.
La película parte de una historia real y pone el foco en una realidad que rara vez vemos representada en el cine: la de las familias de las personas privadas de libertad. Como actor, ¿cambia tu forma de preparar un personaje cuando sabes que detrás de la ficción hay personas que han vivido realmente esa experiencia?
Sí, cambia mucho. En este caso tuve la oportunidad de reunirme con el verdadero Alejo, la persona a la que interpreto en la película.
Pudimos tomar un café, hablar durante horas, reírnos y compartir muchas experiencias de vida. También me contó episodios muy duros de los más de veinte años que pasó en prisión. Escucharle fue muy inspirador porque te ayuda a comprender hasta qué punto una experiencia así puede marcar el carácter y la forma de relacionarse con el mundo.
Muchas veces la realidad supera a la ficción. Yo podía imaginar determinadas situaciones, pero conocerlas de primera mano te sitúa en otro lugar completamente distinto. Esa conversación fue fundamental para construir el personaje con honestidad.
Tu filmografía combina cine de autor, grandes producciones y series internacionales. Mirando atrás, ¿cómo ha cambiado tu forma de elegir los proyectos y qué buscas hoy en un guion para decidir involucrarte?
Lo primero que busco siempre es una buena historia. Si un guion consigue tocarme alguna fibra y siento que, como espectador, tendría ganas de ver esa película, ya tiene mucho ganado.
Después me fijo en el personaje y en si existe un espacio creativo donde pueda aportar algo. Si siento que puedo disfrutar construyéndolo, el proyecto ya me interesa, independientemente del género.
En esta etapa de mi vida también estoy empezando a involucrarme en la producción. Tengo ganas de impulsar historias que me gustaría ver en pantalla y muchas veces, para que esas películas existan, uno tiene que implicarse desde el origen del proyecto. Es una evolución bastante natural después de tantos años de profesión.
Para terminar, ¿por qué recomendarías La mujer de la fila al público español?
La recomendaría porque es una película que no tiene nacionalidad. Habla de una realidad que trasciende cualquier país: la de las familias de las personas privadas de libertad, un mundo muy desconocido para la mayoría de nosotros.
Creo que es importante tomar conciencia de que no todas las personas que están en prisión son personas perdidas para siempre y de que el sistema penitenciario todavía tiene mucho camino por recorrer. Una condena no debería convertirse en un viaje al infierno. Además, quienes se quedan fuera también terminan viviendo su propia condena.
Me gustaría que el público se acercara a la película dejando a un lado los prejuicios. Todos los tenemos, pero esta historia invita precisamente a hacer el ejercicio de ponerse en el lugar de Andrea, de Alejo y de tantas personas que viven una situación como esta. Después cada uno hará su propia lectura, pero creo que merece la pena recorrer ese camino.
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Entrevistamos a Pedro Aguilera director de «Día de caza»
Publicado
hace 2 mesesel
07/07/2026
Pedro Aguilera regresa a la dirección con Día de caza, una reinterpretación libre del clásico de Carlos Saura que traslada sus conflictos al presente con un reparto encabezado por Rossy de Palma, Carmen Machi, Blanca Portillo y Zoé Arnao.
Con motivo de su estreno en cines el pasado viernes, conversamos con el cineasta sobre el origen de este ambicioso proyecto, el reto de dialogar con una obra tan icónica sin renunciar a una voz propia, la construcción de un potente reparto femenino y las claves de una película que reflexiona sobre el poder, la desigualdad y las heridas que siguen presentes en la España actual.
¿De dónde surge la idea de hacer “Día de caza”?
El origen de todo fue una reflexión sobre los remakes como fuente de inspiración cinematográfica. Cuando hice la primera versión del guion de DÍA DE CAZA, allá por 2018, no existía todavía ninguna revisión de una película importante de la cinematografía española. No existían remakes dentro del cine español, hechos por un cineasta español. Algo que es tan común en otras cinematografías, como la italiana, la francesa o en estados unidos, aquí no existe. y no sé bien por qué… ¿quizá porque no admiramos y respetamos tanto lo que han hecho nuestros maestros? Yo siempre estoy interesado en mi cine en cambiar los procesos de trabajo, cambiar la forma de trabajar para llegar a imágenes nuevas, salir de mi zona de confort. Solo cambiando el proceso podemos llegar a imágenes nuevas.
El proceso es la clave del cambio, de la sorpresa. Después de tres largometrajes escribiendo desde mi mundo, con mis ideas y mi propia voz, me pareció un reto introducir una voz ajena en mi propio lenguaje cinematográfico. De esta reflexión surgieron dos películas, mi film anterior, SPLENDID HOTEL que habla de la historia del poeta Arthur Rimbaud en África y después está DÍA DE CAZA. Pero ambas surgen de esa premisa, “introducir una voz ajena en mi propia voz”. Como una especie de invasión controlada, un virus auto inoculado. Cada película, después, fue concebida de maneras muy muy diferentes.
En el caso de DÍA DE CAZA el dilema era poder defender mi propia visión trabajando con el material de otro cineasta. Me pareció que eso era un reto interesante. Y creo que DÍA DE CAZA juega con ello a diversos niveles, básicamente se trataba de preguntarse: ¿puede hacer y decir una mujer en 2026 lo mismo que un hombre hacía y decía en 1966 en una España muy diferente a la actual? Y mi respuesta fue que sí, y que realmente eso plantea un dilema muy poderoso, no sólo cinematográfico sino histórico, sobre qué ha cambiado en España en todo este tiempo y qué no ha cambiado nada.
¿Cómo fue el proceso de adaptar el guion de Saura y Angelino Fons?
Fue un aprendizaje fascinante. Sabía que mi versión tenía que ser tremendamente igual, y tremendamente diferente. Entonces el juego conceptual era, por un lado, dejar intactos los momentos que creo que sí son universales y atemporales, y por otro, cambiar todo lo que sí se había desfasado con el tiempo, desde expresiones hasta acciones concretas. Al mismo tiempo reforzar la trama, justificar una matanza en femenino es mucho más difícil que en lo testosterónico. En ese sentido, para la construcción de los personajes fue clave Lola mayo, la coguionista. Y meter nuevos elementos desde lo contemporáneo: por ejemplo el juego con los drones, los dispositivos, en relación con la trama de las escuchas ilegales. También estaba el tema de “la sombra” de la película, en la de Saura son los muertos y los fantasmas de la guerra civil, aquí los de la crisis económica del 2008, la burbuja inmobiliaria, la corrupción.
La película retrata una España actual en la que el abuso del poder está muy presente,
Sí, creo que el abuso de poder y la desigualdad no han cambiado en sesenta años, ni en España ni en el mundo, lamentablemente. Quizá hasta se están acuciando más. “Que todo cambie para que todo siga igual” decía Lampedusa en el Gatopardo. Creo que eso es parte de este proyecto, la sensación extraña y triste de que apenas hemos aprendido de nuestros errores en todo este tiempo. DÍA DE CAZA es, lamentablemente, cada vez más actual. Sin duda hay dueños de latifundios que no son caciques y que cuidan mucho de sus trabajadores, pero los hay que no. Lo he visto con mis propios ojos. Y está el tema de mantener el poder a toda costa, eliminar elementos que nos impidan medrar o continuar en la hegemonía. Lo leemos en los periódicos y lo vemos en la TV, así somos, homo sapiens. Lo que sea por sobrevivir, por aguantar en el poder, por someter a la competencia.
La película tiene una identidad propia, ¿cómo has conseguido separarte de una película tan icónica como es “La caza”?
Como he dicho antes, trabajando mi versión en múltiples direcciones, una de ellas es que la película de Saura está “dentro” de la mía. Por eso digo que es más una secuela que un remake. Me costó defender mi propia voz durante el proceso, la encontré sobre todo en la edición y en el sonido, pero creo que había ya semillas plantadas en el guion, en los diálogos y en la forma de rodar. Considero DÍA DE CAZA una película muy personal, curioso viniendo de un texto ajeno. Supongo que Scorsese piensa lo mismo de “el cabo del miedo” o De Palma de “Scarface”. Ese era el reto. Creo que lo hemos conseguido.
¿Cómo fue la selección del casting principal de la película?
Quería cambiar el tono del guion. LA CAZA original de Saura es una película seca y dura, yo quería introducir un aire más de humor negro, de sátira, quitarle realismo y naturalismo, hacer algo más fresco y contemporáneo. Desde la primera versión del guion pensé en ellas, en Machi, Portillo y De Palma. Escribimos ya sabiendo que eran ellas, y claro, ese tono se fue manifestando en los textos. Era muy importante, no solo que fueran grandes actrices, sino de una edad muy concreta, pues nacieron más o menos cuando se hizo la película de Saura, en 1966. Eso las hace «hijas» de la película y de ese momento histórico. Tenían que ser mujeres adultas, con fuerza y personalidad. Trabajamos mucho para que cada una de ellas tuviera su propia voz, su propia energía y matices y claro estas super actrices, que son artistas realmente, más allá de ser intérpretes, le han dado mucha fuerza al texto. Tuvimos la fortuna de que apoyaron el proyecto y participaron de inmediato.
Creo que están increíbles en la película. Y por supuesto Zoé Arnao también, que les da el contrapunto perfecto, desde otra generación, otra mirada, otra energía. Arnao hizo el casting con muchas otras actrices, y la mayoría lo hicieron increíble, fue difícil decidirse, además el texto de la prueba era complejo y largo. Pero Arnao tenía algo único que era lo que buscaba, creo que hemos acertado con su elección. Es muy difícil estar en la escucha y en segundo plano en secuencias con estas actrices con tanta fuerza y experiancia, y al mismo tiempo manifestar sutilmente el carácter necesario, la personalidad, la integridad de su personaje, con pocos gestos y miradas. Me encanta cómo ha quedado su personaje, era eso precisamente lo que buscaba.

La fotografía, que corre a cargo de Eva Díaz, es toda con luz natural, ¿de dónde surge esa decisión y cómo fue la preparación y el rodaje? Además hay un juego muy interesante entre la cámara y el dron que vigila…
Eva Díaz ha hecho un trabajo extraordinario, y no era fácil. Por las necesidades y por las limitaciones que teníamos. Por un lado, no solo a nivel presupuestario, si no también como decisión formal, decidimos no trabajar nunca con luz eléctrica, todo luz natural, con todo lo que eso supone. Al mismo tiempo mantener el “raccord” lumínico pues todo pasa en un mismo día. Y también yo quería que la cámara se moviera mucho, sutilmente, pero en movimiento siempre, lo que implicó utilizar todo tipo de elementos, desde travellings, y grúas, hasta steadicam o drones.
Trabajamos con 4 drones diferentes para diversas cosas. El principal, y más grande, llevaba nuestra cámara Alexa y era complejo de manejar. Esa idea la trabajamos con Eva desde el concepto de “elevación”. En la película de Saura todo es a ras de tierra, a la altura de los ojos de los personajes, al trasladarlo a lo femenino comenzamos a hablar del acto de volar, o de elevarse. “Elevarse, hasta de la muerte” decíamos en rodaje. De ahí viene ese movimiento de alzamiento de algunos planos. Sí, en femenino, la cámara se eleva, pero ¿qué pasa cuando te elevas demasiado? Ese fue el tema interesante. Pues que te alejas tanto de los personajes que los conviertes en figuras de una maqueta, en una abstracción, los deshumanizas, eso es lo que trabajamos.
Y para las escenas de caza elevadas le enseñé a Eva mis referencias de cuadros de Brueghel o las fotos de Jeff Wall, hay una “elevación adecuada”, sobrevolamos la escena, como si mirara un dron. Y finalmente te preguntas ¿quién mira? Esa es una pregunta importante de la película. No solo hay un dron que vigila, un personaje de la trama, también hay una cámara que ve el dron que vigila, ¿es el cineasta el que observa eso o hay alguien más? Básicamente se trata de la pérdida de la privacidad en el mundo contemporáneo. Siempre hay alguien mirando. ¿Quién está mirando? Es una pregunta importante que lanza la película.

La música de Fernando Vacas tiene una gran presencia en la historia, ¿en qué se inspira? ¿Cómo fue el proceso de composición?
¡¡Es magnífica!! Para mí la película no estuvo lista hasta que llegó la música de Vacas. ¡Es un genio! Elevó, nuevamente ese concepto, la película a otro nivel. La amplió, no solo la acompaña, multiplica la película a nivel semántico y sensorial. Pero fue un proceso largo, complejo y difícil. No llegamos a ella de primeras, y Juan Ferro, el diseñador de sonido, fue clave en el proceso. Lo logramos entre los tres, pero las composiciones, el arte, la artesanía y el saber hacer son de Fernando Vacas. Todo son instrumentos analógicos, no hay nada digital, tocados de manera magistral.
Fernando reunió a unos cuantos músicos brillantes y grabó mucho material, porque mis referencias e indicaciones al principio fueron muy generales, pero teníamos flautas y arpas y chelos y muchas cosas… lo difícil fue comenzar a limpiar todo eso, ver los árboles dentro del bosque. Poco a poco fuimos limpiando y quedó esta estructura muy interesante basada en las tres primeras notas del himno de España que toca un contrabajo y que luego se van distorsionando y rompiendo de diversas maneras y una es con la percusión. Algo atávico, repetitivo, ancestral, una música que te atrapa y no te deja escapar, como si fueras su presa auditiva.

A niveles de producción ¿cómo fue el rodaje? ¿Cuáles fueron los principales retos y dificultades?
Lo más difícil fue eliminar 20 páginas de guion por temas presupuestarios, yo tenía muchas ideas locas que no pude probar, algunas seguro que no hubieran funcionado, pero de otras siempre me quedará la duda. En principio era un rodaje de 6 semanas y lo redujimos a 5, o sea, 25 días de rodaje. Lo que es muy poco para ciertas cosas complejas que teníamos que hacer.
Otro tema fue el calor, en la dehesa extremeña en julio y agosto a 40 grados a la sombra, hay un momento en que no puedes pensar con lucidez, y a las actrices les afectó mucho, aunque también aportó un extra de tensión que vino bien en otros sentidos. Ellas, vestidas de otoño -porque la película ocurre en noviembre-, con escopetas, caminando sin parar por la dehesa, estaban agotadas. Y luego rodamos muchos planos en plano secuencia, algunos de 5 minutos, lo que implica más ensayos y otras dificultades. Pero todo salió bien, tuvimos suerte en algunos momentos también.



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