Connect with us

Entrevistas

Merry Colomer (Morena Films): «Con «La luz» queríamos aportar nuestro granito de arena a un problema que afecta a toda la sociedad»

Publicado

el

La última película de Fernando Franco, La luz, acaba de llegar a las salas españolas con la voluntad de abrir un espacio de reflexión sobre uno de los temas más delicados y complejos de nuestra sociedad: la gestión de los abusos sexuales dentro de la Iglesia. Protagonizada por Alberto San Juan, la película se aproxima a esta realidad desde una mirada rigurosa, alejada del sensacionalismo y centrada en las consecuencias que estos casos han tenido sobre las víctimas y sobre las instituciones encargadas de darles respuesta.

Detrás del proyecto se encuentra Merry Colomer, productora de Morena Films, compañía responsable de títulos tan reconocidos como Campeones, Celda 211, Cerdita o Campeonex. En esta entrevista, Colomer nos habla sobre el origen de La luz, el proceso de trabajo junto a Fernando Franco, los retos de financiar una película de marcado carácter autoral y social, el papel de Alberto San Juan en el proyecto y cómo afronta Morena Films un momento de profunda transformación dentro de la industria audiovisual.

La luz aborda un tema especialmente delicado y complejo. Desde el punto de vista de producción, ¿qué fue lo que os hizo pensar que era una película que Morena Films debía sacar adelante?

Yo creo que, ante las investigaciones que se estaban publicando en prensa sobre el tema de los abusos, especialmente a raíz del trabajo realizado por El País, sentí la pulsión de que gran parte de nuestra responsabilidad como cineastas es poder ofrecer un terreno de juego adicional a temas que nos afectan a todos como sociedad.

Me parecía importante aportar nuestro granito de arena para plantear un problema tan relevante y contribuir a generar cierta conciencia sobre cuestiones que a veces pueden resultar más difíciles de abordar únicamente a través de los periódicos. Creo que el cine es una herramienta fantástica para ofrecernos diferentes puntos de vista, perspectivas y miradas sobre asuntos importantes.

Desde Morena Films siempre hemos tenido un compromiso por hacer películas que importen y que nos cuenten algo que nos haga pensar y reflexionar.

La película se aproxima a los abusos dentro de la Iglesia desde una perspectiva poco habitual. ¿Cómo fue el proceso de desarrollo del proyecto junto a Fernando Franco y en qué momento sentisteis que habíais encontrado el enfoque adecuado para contar esta historia?

La verdad es que, ante la necesidad y la pulsión de adentrarnos en este tema de la gestión de los abusos por parte de la Iglesia, pensé inmediatamente en Fernando. Es un director al que admiro desde hace muchísimo tiempo y, además, es un cineasta que se acerca a los proyectos con mucha verdad, con mucho rigor y con un proceso de documentación muy exhaustivo.

Desde las primeras conversaciones que mantuvimos, yo tenía claro que quería hacer una película sobre este tema, aunque no sabía exactamente cómo abordarlo. Sí teníamos muy claro que queríamos hacer una película rigurosa y centrada en la gestión de este problema, independientemente de las creencias, la ideología, la religión o la fe de cada uno.

Siempre hemos intentado hacer una película respetuosa con la gente, manteniendo el foco en lo realmente problemático, que es la gestión de estos abusos, que en nuestra opinión no se está abordando a la altura de las circunstancias ni de las necesidades de las víctimas, que son las principales damnificadas.

Morena Films tiene una larga trayectoria apostando por proyectos con una fuerte dimensión social, pero también con una clara vocación cinematográfica. ¿Dónde encaja La luz dentro de la línea editorial de la productora?

Morena tiene una estructura un poco atípica, porque somos cinco productores que trabajamos bajo el paraguas de la compañía, con Pilar Benito al frente de la dirección general, y cada uno desarrolla en cierta medida su propia línea editorial.

Creo que, igual que les ocurre a mis compañeros, a mí me preocupan determinados temas sociales y, en este caso, sentí la necesidad de dar voz a una cuestión con una clara dimensión social. Pero nuestra intención siempre ha sido acercarnos al público. Al final hacemos películas para que la gente las vea.

La luz encaja perfectamente dentro de la filosofía de Morena porque somos una productora consciente de la responsabilidad social que tenemos desde nuestro lugar dentro de la industria. Y eso abarca tanto la dimensión cinematográfica como la dimensión social de hacer películas que importen y que lleguen al público.

En una industria donde cada vez resulta más difícil financiar proyectos originales y alejados de las fórmulas más comerciales, ¿qué dificultades encontrasteis para levantar una película como esta y cuáles fueron las claves para conseguir que saliera adelante?

Lo cierto es que hemos tenido un proceso de desarrollo bastante largo. Fernando y yo empezamos a trabajar en el proyecto a finales de 2021.

La estructura de financiación que finalmente ha sostenido la película ha sido relativamente sencilla. Si no recuerdo mal, Disney, a través de Buena Vista, fue uno de los primeros socios en incorporarse. Después se sumaron Televisión Española, Movistar+ y Canal Sur, que nos han apoyado sin fisuras.

Al final hemos conseguido construir una estructura de financiación sencilla, pero muy sólida, y eso nos ha ayudado muchísimo a sacar adelante la película.

La película cuenta con Alberto San Juan al frente del reparto. Desde producción, ¿qué importancia tuvo su incorporación al proyecto y cómo influyó en el proceso de financiación o desarrollo?

Alberto es claramente uno de los mejores actores de su generación y, evidentemente, es un elemento esencial que suma muchísimo al proyecto.

Es un actor con una enorme versatilidad y una capacidad de registro espectacular, que además atraviesa un momento muy interesante de su carrera. Frente a un guion tan sólido como el que planteaba Fernando, su incorporación aportó una gran fortaleza al proyecto.

Obviamente, contar con un actor de su nivel también repercute en la solidez que adquiere una película en un momento determinado de su desarrollo y financiación.

Fernando Franco es un director con una voz muy reconocible y una filmografía muy personal. Como productora, ¿cómo se acompaña un proyecto dirigido por un cineasta con una identidad autoral tan marcada sin perder de vista las necesidades industriales de la producción?

Para mí trabajar con Fernando ha sido un lujo y una auténtica gozada. Es un cineasta muy generoso y creo que en todo momento nos hemos entendido muy bien respecto a la película que queríamos hacer.

Fernando llegó con un planteamiento muy original y muy sólido desde la primera idea que concibió para abordar la película. Creo que ambos hemos sabido identificar desde el principio cuál era la película que queríamos construir.

Cada película tiene unas necesidades distintas y precisamente el valor de un cineasta de la altura de Fernando reside también en saber enfocar la historia adecuada. En este caso, creo que hemos acertado al mantener un fuerte componente autoral, pero al mismo tiempo conseguir una película cercana al público. Ese entendimiento mutuo ha sido fundamental durante todo el proceso.

La película se mueve en terrenos emocionalmente muy complejos y exige un importante trabajo de investigación y documentación. ¿Cómo se gestionó ese proceso previo al rodaje para asegurar el rigor del proyecto?

Fernando es un director muy estudioso. Desde el principio fuimos creando una base de datos que íbamos completando con todas las noticias que iban apareciendo sobre el tema. Además, Fernando ha realizado una labor de documentación enorme a nivel periodístico y también se ha reunido con asociaciones de víctimas, con víctimas directamente y con sacerdotes.

Ha sido un proceso muy exhaustivo y muy riguroso. Nos parecía que un tema como este requería precisamente eso: un rigor excepcional, algo que ya está presente en todas las películas de Fernando, pero que en La luz ha sido especialmente evidente. Ha sido impresionante ver cómo ha trabajado hasta el más mínimo detalle para que todo se ajustase lo máximo posible a la realidad en todos los aspectos de la historia.

Morena Films combina habitualmente cine de autor, producciones internacionales, series y proyectos con vocación comercial. ¿Crees que hoy una productora necesita diversificar más que nunca para poder seguir apostando por películas como La luz?

Creo que precisamente uno de los grandes valores de Morena Films es esa combinación entre cine de autor, producciones internacionales y proyectos con una vocación más comercial.

Para mí, la diversidad es donde reside realmente el valor de lo que hacemos. Formar parte de una productora como Morena, donde puedes trabajar con cineastas que se expresan de maneras muy diferentes para contar historias, es un valor añadido enorme.

Para mí es fundamental desarrollar mi trabajo en un entorno en el que se apuesta por películas como La luz, Cerdita, Campeones en los márgenes, Campeones o Celda 211. Precisamente esa diversificación es uno de nuestros puntos fuertes. Además, somos cinco productores independientes, cada uno con una mirada distinta sobre el cine, y creo que eso enriquece muchísimo la compañía.

Desde tu experiencia, ¿cómo ha cambiado el trabajo del productor en los últimos años? ¿Qué competencias son hoy imprescindibles para sacar adelante una película en el contexto actual?

A mí me gusta trabajar muy cerca de los guionistas y de los directores. Desde que empecé a producir mis propios proyectos no he sentido un gran cambio en esa manera de relacionarme con el talento, porque me gusta estar muy presente y considero que gran parte de mi trabajo consiste en acompañar a los cineastas desde el guion hasta la dirección para que puedan sacar adelante la película que tienen en la cabeza.

Ese apoyo y esa voluntad de ayudar son claves desde el principio.

Si hablamos de una perspectiva más amplia, sí es cierto que en los últimos años han aparecido nuevos jugadores en el sector, especialmente las plataformas, y eso ha cambiado tanto las posibilidades de financiación como la diversidad de proyectos que se desarrollan.

Pero para mí sigue siendo imprescindible creer en la película, apoyar al cineasta y que exista un entendimiento mutuo desde el principio. Si quieres que alguien esté comprometido con un proyecto, tú tienes que ser el primero en estar al pie del cañón, acompañándolo durante todo el proceso. La figura del productor es fundamental precisamente porque está desde el inicio ayudando a que los proyectos y sus autores puedan desarrollarse.

La financiación audiovisual vive una transformación constante, con la entrada de plataformas, fondos e incentivos internacionales. ¿Qué aprendizajes os ha dejado La luz desde el punto de vista de la estructuración financiera del proyecto?

Efectivamente, la financiación audiovisual ha experimentado un cambio enorme con la llegada de las plataformas, los originales y los fondos internacionales.

Creo que cada proyecto tiene unas vías de financiación más o menos claras. No todos están pensados para convertirse en coproducciones internacionales o para encajar dentro de la estrategia de una plataforma, porque cada fondo o empresa tiene unos objetivos muy concretos respecto a los proyectos que quiere desarrollar.

En el caso de La luz, siempre tuvimos claro que era una película que iba a seguir una vía más tradicional de financiación, con el apoyo de una televisión nacional, que en este caso ha sido RTVE, una televisión de pago como Movistar Plus+ y una distribución en salas.

Creo que el principal aprendizaje ha sido comprobar que acertamos en la manera de posicionar y construir la película. La entrada de Buena Vista en la distribución también ha sido clave, porque ha aportado una solidez muy importante al proyecto.

La película aborda una temática compleja y exigente para el espectador. ¿Cómo se diseña, junto al distribuidor, una estrategia de lanzamiento capaz de conectar con el público adecuado?

Nosotros siempre tuvimos claro que estábamos haciendo una película cuya actualidad nos iba acompañando.

Cuando comenzamos a pensar en el proyecto ni siquiera se había creado la Unidad de Víctimas ni se había publicado el informe del Defensor del Pueblo, pero sí sabíamos que estábamos trabajando sobre un tema importante y de enorme relevancia social. Con el paso de los años, mientras desarrollábamos y rodábamos la película, la actualidad ha hecho que este debate cobre todavía más fuerza.

La investigación de El País ha sido muy importante en ese acompañamiento. Desde el principio quisimos que la película formara parte de la conversación pública, más allá del ámbito exclusivamente cinematográfico. Por eso decidimos estrenarla en junio, coincidiendo con la visita del Papa, porque nos parecía un momento oportuno para aportar una voz más, a través del cine, a un debate tan relevante.

Creemos que el cine tiene la capacidad de hacernos ver cuestiones que a veces quedan relegadas a los márgenes y, tanto desde la distribución como desde la comunicación, hemos intentado que La luz se incorpore a esa conversación y aporte su granito de arena a un tema tan importante.

Para terminar, mirando al futuro del sector audiovisual español, ¿qué retos consideras prioritarios para las productoras independientes en los próximos años y qué papel crees que seguirá desempeñando Morena Films dentro de ese escenario?

Creo que uno de los principales retos de las productoras independientes es seguir apostando por la diversidad. Y para que eso sea posible, es fundamental contar con un apoyo decidido por parte de las administraciones públicas.

Por ejemplo, considero que los incentivos fiscales son esenciales para que la producción independiente siga viva, porque precisamente son las productoras independientes las que velan por la diversidad de proyectos y de miradas dentro del sector audiovisual.

No podemos perder de vista esa necesidad de seguir apostando por la diversidad cultural y audiovisual. Y en ese sentido, Morena Films tiene una clara vocación de continuar siendo una productora independiente que apueste por contenidos diversos, sólidos y capaces de llegar al público desde distintos ángulos.

ProduccionAudiovisual.com es un blog independiente dedicado a la industria audiovisual en español. Desde 2014 comparte análisis, recursos y experiencias sobre financiación, producción y distribución de cine, televisión y nuevos formatos, con un enfoque práctico orientado a profesionales, estudiantes y empresas del sector. Más que un medio de actualidad, es un espacio para entender cómo se levantan los proyectos, cómo se estructura el negocio y cómo evoluciona el oficio de producir en un entorno en constante transformación.

Deja un comentario

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Entrevistas

‘Influjo psíquico’: entrevistamos a Alejandra Cardona e Idoya Barrabés

Publicado

el

¿Puede una persona ser condenada por ejercer un «influjo psíquico» sobre otras? Esta es la sorprendente pregunta que sirve de punto de partida a Influjo psíquico, el documental dirigido por Alejandra Cardona, con guion de Ana María Pinar y producido por Idoya Barrabés a través de Milyuna Historias, que investiga el proceso judicial contra el expresidente ecuatoriano Rafael Correa y profundiza en el fenómeno del lawfare, es decir, la utilización de la justicia como herramienta de confrontación política.

Tras tres años de investigación y rodajes en ocho países, la película llegó a España el pasado 1 de octubre con una proyección especial en el Palacio de la Prensa de Madrid. A medio camino entre la investigación periodística y el thriller documental, la producción reúne testimonios de distintas sensibilidades políticas y plantea preguntas sobre la relación entre justicia, poder y democracia.

En ProduccionAudiovisual.com entrevistamos a su directora, Alejandra Cardona, y a su productora, Idoya Barrabés, para conocer cómo se gestó este ambicioso proyecto, los desafíos de convertir un complejo caso judicial en una historia cinematográfica y las dificultades de financiar, rodar y distribuir un documental independiente de estas características.

¿Cómo nace Influjo psíquico y qué fue lo que os llevó a convertir el caso de Rafael Correa y el concepto de influjo psíquico en el punto de partida de una película?

La película nace casi por casualidad. Después de que Milyuna Historias, la productora, participara en la producción de Petro, el documental sobre el expresidente colombiano Gustavo Petro, conocemos el caso de Rafael Correa y descubrimos que había sido condenado por cohecho mediante «influjo psíquico». El concepto nos llamó muchísimo la atención y empezamos a investigar qué significaba realmente y cómo se había utilizado dentro de la sentencia. A partir de ahí entendimos que había una historia mucho más amplia y profunda, porque el caso nos permitía hablar, en realidad, de la relación entre justicia y poder y acercarnos a un fenómeno mucho más amplio como es el lawfare, es decir, el uso de los procesos judiciales como herramienta para proscribir contendientes políticos.

El proyecto se desarrolló durante tres años y en ocho países. ¿Cómo se organiza una investigación y un rodaje de estas características y cómo fue evolucionando la película durante ese tiempo?

Ha sido un proceso muy vivo, porque empezamos con una idea bastante más pequeña y la propia investigación fue abriendo caminos que no habíamos previsto. Cada entrevista nos llevaba a otra persona, a otro documento o incluso a otro país, de manera que la película fue creciendo de forma bastante orgánica. Hemos rodado en Ecuador, México, Venezuela, Colombia, España, Bélgica, Israel y Canadá, siguiendo las distintas ramificaciones de una historia que acabó siendo mucho más internacional de lo que imaginábamos al principio.

¿Cómo se abordó desde el guión una historia con tantas dimensiones (judicial, política y social) para conseguir que resultara comprensible para un público que quizá no conozca el contexto ecuatoriano?

Ese ha sido probablemente uno de los mayores retos del guion, porque necesitábamos explicar un procedimiento judicial muy complejo sin convertir la película en una clase de derecho ni exigir al espectador conocimientos previos sobre Ecuador. Por eso intentamos ir siempre de lo particular a lo general, utilizando el caso de Correa como hilo conductor y explicando únicamente aquello que el espectador necesita para poder avanzar en la historia. También recurrimos a gráficos, archivos y testimonios que nos permitieran traducir conceptos jurídicos complejos a un lenguaje mucho más accesible.

La película incorpora testimonios de personas con posiciones políticas muy diferentes. ¿Cómo trabajasteis la búsqueda de fuentes y la construcción de una mirada plural sobre los acontecimientos?

Desde el principio tuvimos claro que queríamos una película plural y que todos los agentes involucrados debían estar presentes. Buscamos voces de distintas sensibilidades políticas, juristas, politólogos, periodistas, protagonistas directos e incluso personas ideológicamente enfrentadas entre sí. Para nosotras era especialmente interesante comprobar qué ocurría cuando personas que parten de posiciones políticas muy distintas llegaban, sin embargo, a preguntas similares sobre el funcionamiento de la justicia. Por esta razón nos resulta tan interesante el testimonio de la ex vicepresidenta del Ecuador, Verónica Abad; ella denunció estar sufriendo lawfare por parte de su propio gobierno.

También contactamos con la ex fiscal Salazar y con el presidente Moreno, creíamos que era muy importante que ellos tuvieran espacio en la película, pero declinaron amablemente su participación. Hay muchos testimonios delante de la cámara pero hay muchos más que han formado parte de la investigación y la documentación y cimentan la mirada que hemos vertido en la película aunque no aparezcan en primera persona ante el espectador.

¿Qué retos supuso trabajar con un caso judicial todavía tan vinculado al debate político y cómo habéis buscado mantener el rigor documental sin perder la tensión narrativa?

El principal reto ha sido separar todo lo posible los hechos de las posiciones políticas, porque alrededor de Correa existe una polarización enorme. Por eso hemos intentado volver constantemente a las fuentes, a la sentencia, a los documentos y a los testimonios directos, mientras que cinematográficamente buscábamos construir una historia que mantuviera la tensión. Al final, el rigor y la narración no deberían ser incompatibles, queríamos contar una historia de forma atractiva intentando que los hechos fueran digeribles para un público que no tiene por qué saber nada del sistema judicial o político del Ecuador.

La película se acerca por momentos al lenguaje del thriller. ¿Qué decisiones de dirección, montaje, música o tratamiento de los archivos os ayudaron a construir esa dimensión cinematográfica?

Desde el principio queríamos alejarnos del documental construido únicamente a partir de entrevistas, porque la propia historia tenía elementos de investigación, poder y suspense que permitían acercarse al thriller. El montaje, la música, el tratamiento de los archivos, las imágenes aéreas y el uso de documentos y grafismos nos ayudaron a construir esa atmósfera, mientras que el rodaje en tantos lugares aportó una dimensión visual e internacional que también era importante para la película.

Habéis trabajado con una gran cantidad de documentación, archivos y testimonios. ¿Cómo fue el proceso de investigación y selección de materiales hasta llegar al montaje definitivo?

Fue un proceso enorme de acumulación y después de descarte, porque durante tres años reunimos entrevistas, sentencias, informes, noticias, archivos audiovisuales y muchísima documentación. Llegó un momento en el que el trabajo consistió sobre todo en decidir qué necesitaba realmente la película y qué, aunque fuera interesante, nos alejaba de su hilo principal. El montaje fue fundamental para encontrar ese equilibrio y conseguir que una investigación muy extensa terminara convertida en una historia que pudiera seguirse con claridad.

Y en este punto, la actualidad no nos ayudaba porque no han dejado de “pasar cosas” durante estos cuatro años, acontecimientos que era imposible en muchos casos obviar. Por eso uno de los momentos más dolorosos y al mismo tiempo liberadores ha sido ponerle el punto y final a una historia que todavía se está escribiendo.

Desde el punto de vista de la producción, ¿qué supuso levantar un largometraje documental independiente durante tres años y coordinar un equipo y rodajes en ocho países?

Supuso mucha flexibilidad y bastante resistencia, porque un documental independiente de estas características se construye mientras se investiga, se rueda y se busca financiación al mismo tiempo. Además, trabajar en ocho países implica coordinar equipos, viajes, permisos, personajes y situaciones que muchas veces cambian en el último momento. Ha sido una producción compleja, aunque esa dificultad también terminó enriqueciendo muchísimo la película.

¿Cómo ha sido el recorrido de Influjo psíquico desde sus primeras fases de desarrollo hasta llegar a su estreno en España y qué aprendizajes os lleváis del proceso de producción y búsqueda de financiación?

Ha sido un recorrido bastante artesanal, porque la película fue creciendo mientras investigábamos, rodábamos y buscábamos financiación para poder seguir avanzando. Empezamos con un proyecto mucho más pequeño y acabamos rodando durante tres años en ocho países, de manera que cada nueva etapa nos obligaba a replantear también la producción.

El mayor aprendizaje ha sido entender que levantar un documental independiente exige mucha perseverancia y una enorme capacidad de adaptación, porque casi nunca dispones desde el principio de todos los recursos que necesitarías y, sin embargo, tienes que conseguir que esa limitación no termine viéndose en la pantalla. Por otra parte, abordar temas políticos no siempre resulta fácil de financiar o distribuir.

Más allá del caso de Rafael Correa, ¿qué pregunta queríais que quedara en el espectador después de ver la película y qué os gustaría que generara el debate posterior al estreno?

Nos gustaría que el espectador saliera preguntándose qué ocurre con una democracia cuando la justicia puede convertirse en un instrumento de la lucha política, independientemente de quién sea la persona afectada o de si estamos de acuerdo con ella. La película utiliza el caso de Rafael Correa porque es extraordinariamente singular, pero nuestra intención siempre ha sido ir más allá y hablar de la fragilidad de las instituciones, del respeto al debido proceso y de la necesidad de mantener una mirada crítica ante cualquier forma de poder.

Continue Reading

Entrevistas

[PODCAST] Elisa Sirvent repasa su trayectoria como directora de producción en el nuevo podcast de APPA

Publicado

el

La Asociación de Profesionales de la Producción Audiovisual (APPA) estrena un nuevo episodio de su podcast. En esta ocasión, la invitada es Elisa Sirvent, directora de producción y socia de la asociación, que comparte su experiencia profesional en una conversación conducida por Aurora Martínez.

A lo largo del episodio, Sirvent repasa su trayectoria en la industria audiovisual, habla sobre el papel de la dirección de producción en los rodajes y comparte algunas de las experiencias que ha vivido al frente de proyectos cinematográficos y televisivos. Entre los títulos en los que ha trabajado figuran Alcarràs, La contadora de películas y Els encantats, entre otros.

Como es habitual, el programa también incluye sus secciones dedicadas a la actualidad del sector, consejos de producción, noticias sobre inteligencia artificial y la participación de colaboradores habituales de APPA.

Una charla especialmente interesante para estudiantes, profesionales y cualquier persona que quiera conocer mejor el papel de la dirección de producción dentro de la industria audiovisual.

¡Dale al play!

Continue Reading

Entrevistas

Alberto Ammann: «La mujer de la fila es una película que no tiene nacionalidad»

Publicado

el

Coincidiendo con el estreno en España de La mujer de la fila, conversamos con el actor sobre el reto de interpretar una historia basada en hechos reales, el trabajo junto al director Benjamín Ávila y la evolución de su carrera entre el cine de autor, las grandes producciones y las series internacionales.

La mujer de la fila llega a los cines españoles para acercar al público una realidad poco habitual en la ficción: la de las familias de las personas privadas de libertad. Dirigida por el cineasta argentino Benjamín Ávila, la película toma como punto de partida la historia real de Andrea Casamento, activista que durante años luchó por visibilizar la situación de las familias de las personas encarceladas y por mejorar sus condiciones.

En este contexto, Alberto Ammann interpreta a Alejo, un personaje cuya presencia resulta fundamental en el recorrido emocional de la protagonista. Para construirlo, el actor no solo trabajó estrechamente con Benjamín Ávila, sino que también tuvo la oportunidad de conocer al verdadero Alejo y profundizar en la realidad que inspira la película.

Más allá de hablar de La mujer de la fila, durante la conversación también repasamos su manera de elegir proyectos, su creciente interés por la producción audiovisual y la visión que tiene sobre una profesión que le ha llevado a participar en películas y series tanto en España como a nivel internacional.

A continuación, reproducimos la entrevista completa.

Aunque La mujer de la fila se rodó y estrenó hace ya un tiempo, me gustaría empezar preguntándote qué fue lo que más te llamó la atención del proyecto cuando te llegó y qué hizo que quisieras formar parte de él?

Lo primero que me llamó la atención fue el mundo de las mujeres que sostienen a las familias de las personas privadas de libertad. Era una realidad completamente desconocida para mí y me impresionó descubrir hasta qué punto son ellas quienes mantienen unidas esas familias durante todo el proceso.

También me interesó mucho la historia concreta de Andrea Casamento y de Alejo. Al final es una historia de amor muy bonita, pero también de resistencia y de humanidad.

Y, por supuesto, estaba Benjamín Ávila. Yo había visto Infancia clandestina muchos años antes y me había parecido una película extraordinaria. Me emocionó muchísimo y tenía muchas ganas de trabajar con él porque me parece un director con una mirada muy especial.

Has trabajado con directores de perfiles muy distintos a lo largo de tu carrera. ¿Qué destacarías de la forma de dirigir de Benjamín Ávila y qué te llevas del proceso de rodaje de La mujer de la fila?

Lo que más destacaría de Benjamín es su profundidad y su enorme humanidad. Tiene una capacidad muy especial para mirar a los personajes, las historias y los conflictos sin quedarse nunca en la superficie.

Es una persona muy sensible y eso se refleja en su forma de dirigir. Siempre busca entender qué ocurre realmente dentro de cada personaje y eso hace que el trabajo como actor sea muy enriquecedor. A mí me interesa mucho trabajar con directores que tienen esa mirada, porque te invitan constantemente a profundizar y a encontrar matices.

Tu personaje tiene una presencia contenida, pero muy significativa dentro de la historia. ¿Cómo se construye un personaje que aparece menos tiempo en pantalla, pero que debe resultar creíble y dejar huella en el recorrido emocional de la protagonista?

Creo que gran parte de ese trabajo nace del propio guion y de la forma en la que Benjamín construye las escenas. Había algo muy delicado en esa relación entre los personajes y era importante que cada encuentro tuviera peso emocional.

Yo intenté conectar con la vulnerabilidad de Alejo. Es un hombre que lleva muchos años viviendo en un entorno marcado por la violencia, la tensión y la prisión. Recuperar esa parte más inocente, más humana, era fundamental para entenderlo.

Además, hablé mucho con Andrea Casamento y conocí el trabajo de la organización que creó junto a otras mujeres en distintos países. Entender cómo son tratadas las familias de las personas encarceladas, especialmente las mujeres, fue muy importante para construir esa relación. En ese contexto, encontrarse con un gesto de cariño, de comprensión o incluso de vulnerabilidad por parte de Alejo supone un verdadero bálsamo para ella.

Todo ese trabajo fue posible gracias a muchas conversaciones con Benjamín. Su dirección fue clave para encontrar el tono que necesitaba el personaje.

La película parte de una historia real y pone el foco en una realidad que rara vez vemos representada en el cine: la de las familias de las personas privadas de libertad. Como actor, ¿cambia tu forma de preparar un personaje cuando sabes que detrás de la ficción hay personas que han vivido realmente esa experiencia?

Sí, cambia mucho. En este caso tuve la oportunidad de reunirme con el verdadero Alejo, la persona a la que interpreto en la película.

Pudimos tomar un café, hablar durante horas, reírnos y compartir muchas experiencias de vida. También me contó episodios muy duros de los más de veinte años que pasó en prisión. Escucharle fue muy inspirador porque te ayuda a comprender hasta qué punto una experiencia así puede marcar el carácter y la forma de relacionarse con el mundo.

Muchas veces la realidad supera a la ficción. Yo podía imaginar determinadas situaciones, pero conocerlas de primera mano te sitúa en otro lugar completamente distinto. Esa conversación fue fundamental para construir el personaje con honestidad.

Tu filmografía combina cine de autor, grandes producciones y series internacionales. Mirando atrás, ¿cómo ha cambiado tu forma de elegir los proyectos y qué buscas hoy en un guion para decidir involucrarte?

Lo primero que busco siempre es una buena historia. Si un guion consigue tocarme alguna fibra y siento que, como espectador, tendría ganas de ver esa película, ya tiene mucho ganado.

Después me fijo en el personaje y en si existe un espacio creativo donde pueda aportar algo. Si siento que puedo disfrutar construyéndolo, el proyecto ya me interesa, independientemente del género.

En esta etapa de mi vida también estoy empezando a involucrarme en la producción. Tengo ganas de impulsar historias que me gustaría ver en pantalla y muchas veces, para que esas películas existan, uno tiene que implicarse desde el origen del proyecto. Es una evolución bastante natural después de tantos años de profesión.

Para terminar, ¿por qué recomendarías La mujer de la fila al público español?

La recomendaría porque es una película que no tiene nacionalidad. Habla de una realidad que trasciende cualquier país: la de las familias de las personas privadas de libertad, un mundo muy desconocido para la mayoría de nosotros.

Creo que es importante tomar conciencia de que no todas las personas que están en prisión son personas perdidas para siempre y de que el sistema penitenciario todavía tiene mucho camino por recorrer. Una condena no debería convertirse en un viaje al infierno. Además, quienes se quedan fuera también terminan viviendo su propia condena.

Me gustaría que el público se acercara a la película dejando a un lado los prejuicios. Todos los tenemos, pero esta historia invita precisamente a hacer el ejercicio de ponerse en el lugar de Andrea, de Alejo y de tantas personas que viven una situación como esta. Después cada uno hará su propia lectura, pero creo que merece la pena recorrer ese camino.

 

Continue Reading