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Merry Colomer (Morena Films): «Con «La luz» queríamos aportar nuestro granito de arena a un problema que afecta a toda la sociedad»

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La última película de Fernando Franco, La luz, acaba de llegar a las salas españolas con la voluntad de abrir un espacio de reflexión sobre uno de los temas más delicados y complejos de nuestra sociedad: la gestión de los abusos sexuales dentro de la Iglesia. Protagonizada por Alberto San Juan, la película se aproxima a esta realidad desde una mirada rigurosa, alejada del sensacionalismo y centrada en las consecuencias que estos casos han tenido sobre las víctimas y sobre las instituciones encargadas de darles respuesta.

Detrás del proyecto se encuentra Merry Colomer, productora de Morena Films, compañía responsable de títulos tan reconocidos como Campeones, Celda 211, Cerdita o Campeonex. En esta entrevista, Colomer nos habla sobre el origen de La luz, el proceso de trabajo junto a Fernando Franco, los retos de financiar una película de marcado carácter autoral y social, el papel de Alberto San Juan en el proyecto y cómo afronta Morena Films un momento de profunda transformación dentro de la industria audiovisual.

La luz aborda un tema especialmente delicado y complejo. Desde el punto de vista de producción, ¿qué fue lo que os hizo pensar que era una película que Morena Films debía sacar adelante?

Yo creo que, ante las investigaciones que se estaban publicando en prensa sobre el tema de los abusos, especialmente a raíz del trabajo realizado por El País, sentí la pulsión de que gran parte de nuestra responsabilidad como cineastas es poder ofrecer un terreno de juego adicional a temas que nos afectan a todos como sociedad.

Me parecía importante aportar nuestro granito de arena para plantear un problema tan relevante y contribuir a generar cierta conciencia sobre cuestiones que a veces pueden resultar más difíciles de abordar únicamente a través de los periódicos. Creo que el cine es una herramienta fantástica para ofrecernos diferentes puntos de vista, perspectivas y miradas sobre asuntos importantes.

Desde Morena Films siempre hemos tenido un compromiso por hacer películas que importen y que nos cuenten algo que nos haga pensar y reflexionar.

La película se aproxima a los abusos dentro de la Iglesia desde una perspectiva poco habitual. ¿Cómo fue el proceso de desarrollo del proyecto junto a Fernando Franco y en qué momento sentisteis que habíais encontrado el enfoque adecuado para contar esta historia?

La verdad es que, ante la necesidad y la pulsión de adentrarnos en este tema de la gestión de los abusos por parte de la Iglesia, pensé inmediatamente en Fernando. Es un director al que admiro desde hace muchísimo tiempo y, además, es un cineasta que se acerca a los proyectos con mucha verdad, con mucho rigor y con un proceso de documentación muy exhaustivo.

Desde las primeras conversaciones que mantuvimos, yo tenía claro que quería hacer una película sobre este tema, aunque no sabía exactamente cómo abordarlo. Sí teníamos muy claro que queríamos hacer una película rigurosa y centrada en la gestión de este problema, independientemente de las creencias, la ideología, la religión o la fe de cada uno.

Siempre hemos intentado hacer una película respetuosa con la gente, manteniendo el foco en lo realmente problemático, que es la gestión de estos abusos, que en nuestra opinión no se está abordando a la altura de las circunstancias ni de las necesidades de las víctimas, que son las principales damnificadas.

Morena Films tiene una larga trayectoria apostando por proyectos con una fuerte dimensión social, pero también con una clara vocación cinematográfica. ¿Dónde encaja La luz dentro de la línea editorial de la productora?

Morena tiene una estructura un poco atípica, porque somos cinco productores que trabajamos bajo el paraguas de la compañía, con Pilar Benito al frente de la dirección general, y cada uno desarrolla en cierta medida su propia línea editorial.

Creo que, igual que les ocurre a mis compañeros, a mí me preocupan determinados temas sociales y, en este caso, sentí la necesidad de dar voz a una cuestión con una clara dimensión social. Pero nuestra intención siempre ha sido acercarnos al público. Al final hacemos películas para que la gente las vea.

La luz encaja perfectamente dentro de la filosofía de Morena porque somos una productora consciente de la responsabilidad social que tenemos desde nuestro lugar dentro de la industria. Y eso abarca tanto la dimensión cinematográfica como la dimensión social de hacer películas que importen y que lleguen al público.

En una industria donde cada vez resulta más difícil financiar proyectos originales y alejados de las fórmulas más comerciales, ¿qué dificultades encontrasteis para levantar una película como esta y cuáles fueron las claves para conseguir que saliera adelante?

Lo cierto es que hemos tenido un proceso de desarrollo bastante largo. Fernando y yo empezamos a trabajar en el proyecto a finales de 2021.

La estructura de financiación que finalmente ha sostenido la película ha sido relativamente sencilla. Si no recuerdo mal, Disney, a través de Buena Vista, fue uno de los primeros socios en incorporarse. Después se sumaron Televisión Española, Movistar+ y Canal Sur, que nos han apoyado sin fisuras.

Al final hemos conseguido construir una estructura de financiación sencilla, pero muy sólida, y eso nos ha ayudado muchísimo a sacar adelante la película.

La película cuenta con Alberto San Juan al frente del reparto. Desde producción, ¿qué importancia tuvo su incorporación al proyecto y cómo influyó en el proceso de financiación o desarrollo?

Alberto es claramente uno de los mejores actores de su generación y, evidentemente, es un elemento esencial que suma muchísimo al proyecto.

Es un actor con una enorme versatilidad y una capacidad de registro espectacular, que además atraviesa un momento muy interesante de su carrera. Frente a un guion tan sólido como el que planteaba Fernando, su incorporación aportó una gran fortaleza al proyecto.

Obviamente, contar con un actor de su nivel también repercute en la solidez que adquiere una película en un momento determinado de su desarrollo y financiación.

Fernando Franco es un director con una voz muy reconocible y una filmografía muy personal. Como productora, ¿cómo se acompaña un proyecto dirigido por un cineasta con una identidad autoral tan marcada sin perder de vista las necesidades industriales de la producción?

Para mí trabajar con Fernando ha sido un lujo y una auténtica gozada. Es un cineasta muy generoso y creo que en todo momento nos hemos entendido muy bien respecto a la película que queríamos hacer.

Fernando llegó con un planteamiento muy original y muy sólido desde la primera idea que concibió para abordar la película. Creo que ambos hemos sabido identificar desde el principio cuál era la película que queríamos construir.

Cada película tiene unas necesidades distintas y precisamente el valor de un cineasta de la altura de Fernando reside también en saber enfocar la historia adecuada. En este caso, creo que hemos acertado al mantener un fuerte componente autoral, pero al mismo tiempo conseguir una película cercana al público. Ese entendimiento mutuo ha sido fundamental durante todo el proceso.

La película se mueve en terrenos emocionalmente muy complejos y exige un importante trabajo de investigación y documentación. ¿Cómo se gestionó ese proceso previo al rodaje para asegurar el rigor del proyecto?

Fernando es un director muy estudioso. Desde el principio fuimos creando una base de datos que íbamos completando con todas las noticias que iban apareciendo sobre el tema. Además, Fernando ha realizado una labor de documentación enorme a nivel periodístico y también se ha reunido con asociaciones de víctimas, con víctimas directamente y con sacerdotes.

Ha sido un proceso muy exhaustivo y muy riguroso. Nos parecía que un tema como este requería precisamente eso: un rigor excepcional, algo que ya está presente en todas las películas de Fernando, pero que en La luz ha sido especialmente evidente. Ha sido impresionante ver cómo ha trabajado hasta el más mínimo detalle para que todo se ajustase lo máximo posible a la realidad en todos los aspectos de la historia.

Morena Films combina habitualmente cine de autor, producciones internacionales, series y proyectos con vocación comercial. ¿Crees que hoy una productora necesita diversificar más que nunca para poder seguir apostando por películas como La luz?

Creo que precisamente uno de los grandes valores de Morena Films es esa combinación entre cine de autor, producciones internacionales y proyectos con una vocación más comercial.

Para mí, la diversidad es donde reside realmente el valor de lo que hacemos. Formar parte de una productora como Morena, donde puedes trabajar con cineastas que se expresan de maneras muy diferentes para contar historias, es un valor añadido enorme.

Para mí es fundamental desarrollar mi trabajo en un entorno en el que se apuesta por películas como La luz, Cerdita, Campeones en los márgenes, Campeones o Celda 211. Precisamente esa diversificación es uno de nuestros puntos fuertes. Además, somos cinco productores independientes, cada uno con una mirada distinta sobre el cine, y creo que eso enriquece muchísimo la compañía.

Desde tu experiencia, ¿cómo ha cambiado el trabajo del productor en los últimos años? ¿Qué competencias son hoy imprescindibles para sacar adelante una película en el contexto actual?

A mí me gusta trabajar muy cerca de los guionistas y de los directores. Desde que empecé a producir mis propios proyectos no he sentido un gran cambio en esa manera de relacionarme con el talento, porque me gusta estar muy presente y considero que gran parte de mi trabajo consiste en acompañar a los cineastas desde el guion hasta la dirección para que puedan sacar adelante la película que tienen en la cabeza.

Ese apoyo y esa voluntad de ayudar son claves desde el principio.

Si hablamos de una perspectiva más amplia, sí es cierto que en los últimos años han aparecido nuevos jugadores en el sector, especialmente las plataformas, y eso ha cambiado tanto las posibilidades de financiación como la diversidad de proyectos que se desarrollan.

Pero para mí sigue siendo imprescindible creer en la película, apoyar al cineasta y que exista un entendimiento mutuo desde el principio. Si quieres que alguien esté comprometido con un proyecto, tú tienes que ser el primero en estar al pie del cañón, acompañándolo durante todo el proceso. La figura del productor es fundamental precisamente porque está desde el inicio ayudando a que los proyectos y sus autores puedan desarrollarse.

La financiación audiovisual vive una transformación constante, con la entrada de plataformas, fondos e incentivos internacionales. ¿Qué aprendizajes os ha dejado La luz desde el punto de vista de la estructuración financiera del proyecto?

Efectivamente, la financiación audiovisual ha experimentado un cambio enorme con la llegada de las plataformas, los originales y los fondos internacionales.

Creo que cada proyecto tiene unas vías de financiación más o menos claras. No todos están pensados para convertirse en coproducciones internacionales o para encajar dentro de la estrategia de una plataforma, porque cada fondo o empresa tiene unos objetivos muy concretos respecto a los proyectos que quiere desarrollar.

En el caso de La luz, siempre tuvimos claro que era una película que iba a seguir una vía más tradicional de financiación, con el apoyo de una televisión nacional, que en este caso ha sido RTVE, una televisión de pago como Movistar Plus+ y una distribución en salas.

Creo que el principal aprendizaje ha sido comprobar que acertamos en la manera de posicionar y construir la película. La entrada de Buena Vista en la distribución también ha sido clave, porque ha aportado una solidez muy importante al proyecto.

La película aborda una temática compleja y exigente para el espectador. ¿Cómo se diseña, junto al distribuidor, una estrategia de lanzamiento capaz de conectar con el público adecuado?

Nosotros siempre tuvimos claro que estábamos haciendo una película cuya actualidad nos iba acompañando.

Cuando comenzamos a pensar en el proyecto ni siquiera se había creado la Unidad de Víctimas ni se había publicado el informe del Defensor del Pueblo, pero sí sabíamos que estábamos trabajando sobre un tema importante y de enorme relevancia social. Con el paso de los años, mientras desarrollábamos y rodábamos la película, la actualidad ha hecho que este debate cobre todavía más fuerza.

La investigación de El País ha sido muy importante en ese acompañamiento. Desde el principio quisimos que la película formara parte de la conversación pública, más allá del ámbito exclusivamente cinematográfico. Por eso decidimos estrenarla en junio, coincidiendo con la visita del Papa, porque nos parecía un momento oportuno para aportar una voz más, a través del cine, a un debate tan relevante.

Creemos que el cine tiene la capacidad de hacernos ver cuestiones que a veces quedan relegadas a los márgenes y, tanto desde la distribución como desde la comunicación, hemos intentado que La luz se incorpore a esa conversación y aporte su granito de arena a un tema tan importante.

Para terminar, mirando al futuro del sector audiovisual español, ¿qué retos consideras prioritarios para las productoras independientes en los próximos años y qué papel crees que seguirá desempeñando Morena Films dentro de ese escenario?

Creo que uno de los principales retos de las productoras independientes es seguir apostando por la diversidad. Y para que eso sea posible, es fundamental contar con un apoyo decidido por parte de las administraciones públicas.

Por ejemplo, considero que los incentivos fiscales son esenciales para que la producción independiente siga viva, porque precisamente son las productoras independientes las que velan por la diversidad de proyectos y de miradas dentro del sector audiovisual.

No podemos perder de vista esa necesidad de seguir apostando por la diversidad cultural y audiovisual. Y en ese sentido, Morena Films tiene una clara vocación de continuar siendo una productora independiente que apueste por contenidos diversos, sólidos y capaces de llegar al público desde distintos ángulos.

ProduccionAudiovisual.com es un blog independiente dedicado a la industria audiovisual en español. Desde 2014 comparte análisis, recursos y experiencias sobre financiación, producción y distribución de cine, televisión y nuevos formatos, con un enfoque práctico orientado a profesionales, estudiantes y empresas del sector. Más que un medio de actualidad, es un espacio para entender cómo se levantan los proyectos, cómo se estructura el negocio y cómo evoluciona el oficio de producir en un entorno en constante transformación.

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[PODCAST] Elisa Sirvent repasa su trayectoria como directora de producción en el nuevo podcast de APPA

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La Asociación de Profesionales de la Producción Audiovisual (APPA) estrena un nuevo episodio de su podcast. En esta ocasión, la invitada es Elisa Sirvent, directora de producción y socia de la asociación, que comparte su experiencia profesional en una conversación conducida por Aurora Martínez.

A lo largo del episodio, Sirvent repasa su trayectoria en la industria audiovisual, habla sobre el papel de la dirección de producción en los rodajes y comparte algunas de las experiencias que ha vivido al frente de proyectos cinematográficos y televisivos. Entre los títulos en los que ha trabajado figuran Alcarràs, La contadora de películas y Els encantats, entre otros.

Como es habitual, el programa también incluye sus secciones dedicadas a la actualidad del sector, consejos de producción, noticias sobre inteligencia artificial y la participación de colaboradores habituales de APPA.

Una charla especialmente interesante para estudiantes, profesionales y cualquier persona que quiera conocer mejor el papel de la dirección de producción dentro de la industria audiovisual.

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Alberto Ammann: «La mujer de la fila es una película que no tiene nacionalidad»

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Coincidiendo con el estreno en España de La mujer de la fila, conversamos con el actor sobre el reto de interpretar una historia basada en hechos reales, el trabajo junto al director Benjamín Ávila y la evolución de su carrera entre el cine de autor, las grandes producciones y las series internacionales.

La mujer de la fila llega a los cines españoles para acercar al público una realidad poco habitual en la ficción: la de las familias de las personas privadas de libertad. Dirigida por el cineasta argentino Benjamín Ávila, la película toma como punto de partida la historia real de Andrea Casamento, activista que durante años luchó por visibilizar la situación de las familias de las personas encarceladas y por mejorar sus condiciones.

En este contexto, Alberto Ammann interpreta a Alejo, un personaje cuya presencia resulta fundamental en el recorrido emocional de la protagonista. Para construirlo, el actor no solo trabajó estrechamente con Benjamín Ávila, sino que también tuvo la oportunidad de conocer al verdadero Alejo y profundizar en la realidad que inspira la película.

Más allá de hablar de La mujer de la fila, durante la conversación también repasamos su manera de elegir proyectos, su creciente interés por la producción audiovisual y la visión que tiene sobre una profesión que le ha llevado a participar en películas y series tanto en España como a nivel internacional.

A continuación, reproducimos la entrevista completa.

Aunque La mujer de la fila se rodó y estrenó hace ya un tiempo, me gustaría empezar preguntándote qué fue lo que más te llamó la atención del proyecto cuando te llegó y qué hizo que quisieras formar parte de él?

Lo primero que me llamó la atención fue el mundo de las mujeres que sostienen a las familias de las personas privadas de libertad. Era una realidad completamente desconocida para mí y me impresionó descubrir hasta qué punto son ellas quienes mantienen unidas esas familias durante todo el proceso.

También me interesó mucho la historia concreta de Andrea Casamento y de Alejo. Al final es una historia de amor muy bonita, pero también de resistencia y de humanidad.

Y, por supuesto, estaba Benjamín Ávila. Yo había visto Infancia clandestina muchos años antes y me había parecido una película extraordinaria. Me emocionó muchísimo y tenía muchas ganas de trabajar con él porque me parece un director con una mirada muy especial.

Has trabajado con directores de perfiles muy distintos a lo largo de tu carrera. ¿Qué destacarías de la forma de dirigir de Benjamín Ávila y qué te llevas del proceso de rodaje de La mujer de la fila?

Lo que más destacaría de Benjamín es su profundidad y su enorme humanidad. Tiene una capacidad muy especial para mirar a los personajes, las historias y los conflictos sin quedarse nunca en la superficie.

Es una persona muy sensible y eso se refleja en su forma de dirigir. Siempre busca entender qué ocurre realmente dentro de cada personaje y eso hace que el trabajo como actor sea muy enriquecedor. A mí me interesa mucho trabajar con directores que tienen esa mirada, porque te invitan constantemente a profundizar y a encontrar matices.

Tu personaje tiene una presencia contenida, pero muy significativa dentro de la historia. ¿Cómo se construye un personaje que aparece menos tiempo en pantalla, pero que debe resultar creíble y dejar huella en el recorrido emocional de la protagonista?

Creo que gran parte de ese trabajo nace del propio guion y de la forma en la que Benjamín construye las escenas. Había algo muy delicado en esa relación entre los personajes y era importante que cada encuentro tuviera peso emocional.

Yo intenté conectar con la vulnerabilidad de Alejo. Es un hombre que lleva muchos años viviendo en un entorno marcado por la violencia, la tensión y la prisión. Recuperar esa parte más inocente, más humana, era fundamental para entenderlo.

Además, hablé mucho con Andrea Casamento y conocí el trabajo de la organización que creó junto a otras mujeres en distintos países. Entender cómo son tratadas las familias de las personas encarceladas, especialmente las mujeres, fue muy importante para construir esa relación. En ese contexto, encontrarse con un gesto de cariño, de comprensión o incluso de vulnerabilidad por parte de Alejo supone un verdadero bálsamo para ella.

Todo ese trabajo fue posible gracias a muchas conversaciones con Benjamín. Su dirección fue clave para encontrar el tono que necesitaba el personaje.

La película parte de una historia real y pone el foco en una realidad que rara vez vemos representada en el cine: la de las familias de las personas privadas de libertad. Como actor, ¿cambia tu forma de preparar un personaje cuando sabes que detrás de la ficción hay personas que han vivido realmente esa experiencia?

Sí, cambia mucho. En este caso tuve la oportunidad de reunirme con el verdadero Alejo, la persona a la que interpreto en la película.

Pudimos tomar un café, hablar durante horas, reírnos y compartir muchas experiencias de vida. También me contó episodios muy duros de los más de veinte años que pasó en prisión. Escucharle fue muy inspirador porque te ayuda a comprender hasta qué punto una experiencia así puede marcar el carácter y la forma de relacionarse con el mundo.

Muchas veces la realidad supera a la ficción. Yo podía imaginar determinadas situaciones, pero conocerlas de primera mano te sitúa en otro lugar completamente distinto. Esa conversación fue fundamental para construir el personaje con honestidad.

Tu filmografía combina cine de autor, grandes producciones y series internacionales. Mirando atrás, ¿cómo ha cambiado tu forma de elegir los proyectos y qué buscas hoy en un guion para decidir involucrarte?

Lo primero que busco siempre es una buena historia. Si un guion consigue tocarme alguna fibra y siento que, como espectador, tendría ganas de ver esa película, ya tiene mucho ganado.

Después me fijo en el personaje y en si existe un espacio creativo donde pueda aportar algo. Si siento que puedo disfrutar construyéndolo, el proyecto ya me interesa, independientemente del género.

En esta etapa de mi vida también estoy empezando a involucrarme en la producción. Tengo ganas de impulsar historias que me gustaría ver en pantalla y muchas veces, para que esas películas existan, uno tiene que implicarse desde el origen del proyecto. Es una evolución bastante natural después de tantos años de profesión.

Para terminar, ¿por qué recomendarías La mujer de la fila al público español?

La recomendaría porque es una película que no tiene nacionalidad. Habla de una realidad que trasciende cualquier país: la de las familias de las personas privadas de libertad, un mundo muy desconocido para la mayoría de nosotros.

Creo que es importante tomar conciencia de que no todas las personas que están en prisión son personas perdidas para siempre y de que el sistema penitenciario todavía tiene mucho camino por recorrer. Una condena no debería convertirse en un viaje al infierno. Además, quienes se quedan fuera también terminan viviendo su propia condena.

Me gustaría que el público se acercara a la película dejando a un lado los prejuicios. Todos los tenemos, pero esta historia invita precisamente a hacer el ejercicio de ponerse en el lugar de Andrea, de Alejo y de tantas personas que viven una situación como esta. Después cada uno hará su propia lectura, pero creo que merece la pena recorrer ese camino.

 

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Entrevistamos a Pedro Aguilera director de «Día de caza»

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Pedro Aguilera regresa a la dirección con Día de caza, una reinterpretación libre del clásico de Carlos Saura que traslada sus conflictos al presente con un reparto encabezado por Rossy de Palma, Carmen Machi, Blanca Portillo y Zoé Arnao.

Con motivo de su estreno en cines el pasado viernes, conversamos con el cineasta sobre el origen de este ambicioso proyecto, el reto de dialogar con una obra tan icónica sin renunciar a una voz propia, la construcción de un potente reparto femenino y las claves de una película que reflexiona sobre el poder, la desigualdad y las heridas que siguen presentes en la España actual.

¿De dónde surge la idea de hacer “Día de caza”?

El origen de todo fue una reflexión sobre los remakes como fuente de inspiración cinematográfica. Cuando hice la primera versión del guion de DÍA DE CAZA, allá por 2018, no existía todavía ninguna revisión de una película importante de la cinematografía española. No existían remakes dentro del cine español, hechos por un cineasta español. Algo que es tan común en otras cinematografías, como la italiana, la francesa o en estados unidos, aquí no existe. y no sé bien por qué… ¿quizá porque no admiramos y respetamos tanto lo que han hecho nuestros maestros? Yo siempre estoy interesado en mi cine en cambiar los procesos de trabajo, cambiar la forma de trabajar para llegar a imágenes nuevas, salir de mi zona de confort. Solo cambiando el proceso podemos llegar a imágenes nuevas.

El proceso es la clave del cambio, de la sorpresa. Después de tres largometrajes escribiendo desde mi mundo, con mis ideas y mi propia voz, me pareció un reto introducir una voz ajena en mi propio lenguaje cinematográfico. De esta reflexión surgieron dos películas, mi film anterior, SPLENDID HOTEL que habla de la historia del poeta Arthur Rimbaud en África y después está DÍA DE CAZA. Pero ambas surgen de esa premisa, “introducir una voz ajena en mi propia voz”. Como una especie de invasión controlada, un virus auto inoculado. Cada película, después, fue concebida de maneras muy muy diferentes.

En el caso de DÍA DE CAZA el dilema era poder defender mi propia visión trabajando con el material de otro cineasta. Me pareció que eso era un reto interesante. Y creo que DÍA DE CAZA juega con ello a diversos niveles, básicamente se trataba de preguntarse: ¿puede hacer y decir una mujer en 2026 lo mismo que un hombre hacía y decía en 1966 en una España muy diferente a la actual? Y mi respuesta fue que sí, y que realmente eso plantea un dilema muy poderoso, no sólo cinematográfico sino histórico, sobre qué ha cambiado en España en todo este tiempo y qué no ha cambiado nada.

¿Cómo fue el proceso de adaptar el guion de Saura y Angelino Fons?

Fue un aprendizaje fascinante. Sabía que mi versión tenía que ser tremendamente igual, y tremendamente diferente. Entonces el juego conceptual era, por un lado, dejar intactos los momentos que creo que sí son universales y atemporales, y por otro, cambiar todo lo que sí se había desfasado con el tiempo, desde expresiones hasta acciones concretas. Al mismo tiempo reforzar la trama, justificar una matanza en femenino es mucho más difícil que en lo testosterónico. En ese sentido, para la construcción de los personajes fue clave Lola mayo, la coguionista. Y meter nuevos elementos desde lo contemporáneo: por ejemplo el juego con los drones, los dispositivos, en relación con la trama de las escuchas ilegales. También estaba el tema de “la sombra” de la película, en la de Saura son los muertos y los fantasmas de la guerra civil, aquí los de la crisis económica del 2008, la burbuja inmobiliaria, la corrupción.

La película retrata una España actual en la que el abuso del poder está muy presente,

Sí, creo que el abuso de poder y la desigualdad no han cambiado en sesenta años, ni en España ni en el mundo, lamentablemente. Quizá hasta se están acuciando más. “Que todo cambie para que todo siga igual” decía Lampedusa en el Gatopardo. Creo que eso es parte de este proyecto, la sensación extraña y triste de que apenas hemos aprendido de nuestros errores en todo este tiempo. DÍA DE CAZA es, lamentablemente, cada vez más actual. Sin duda hay dueños de latifundios que no son caciques y que cuidan mucho de sus trabajadores, pero los hay que no. Lo he visto con mis propios ojos. Y está el tema de mantener el poder a toda costa, eliminar elementos que nos impidan medrar o continuar en la hegemonía. Lo leemos en los periódicos y lo vemos en la TV, así somos, homo sapiens. Lo que sea por sobrevivir, por aguantar en el poder, por someter a la competencia.

La película tiene una identidad propia, ¿cómo has conseguido separarte de una película tan icónica como es “La caza”?

Como he dicho antes, trabajando mi versión en múltiples direcciones, una de ellas es que la película de Saura está “dentro” de la mía. Por eso digo que es más una secuela que un remake. Me costó defender mi propia voz durante el proceso, la encontré sobre todo en la edición y en el sonido, pero creo que había ya semillas plantadas en el guion, en los diálogos y en la forma de rodar. Considero DÍA DE CAZA una película muy personal, curioso viniendo de un texto ajeno. Supongo que Scorsese piensa lo mismo de “el cabo del miedo” o De Palma de “Scarface”. Ese era el reto. Creo que lo hemos conseguido.

¿Cómo fue la selección del casting principal de la película?

Quería cambiar el tono del guion. LA CAZA original de Saura es una película seca y dura, yo quería introducir un aire más de humor negro, de sátira, quitarle realismo y naturalismo, hacer algo más fresco y contemporáneo. Desde la primera versión del guion pensé en ellas, en Machi, Portillo y De Palma. Escribimos ya sabiendo que eran ellas, y claro, ese tono se fue manifestando en los textos. Era muy importante, no solo que fueran grandes actrices, sino de una edad muy concreta, pues nacieron más o menos cuando se hizo la película de Saura, en 1966. Eso las hace «hijas» de la película y de ese momento histórico. Tenían que ser mujeres adultas, con fuerza y personalidad. Trabajamos mucho para que cada una de ellas tuviera su propia voz, su propia energía y matices y claro estas super actrices, que son artistas realmente, más allá de ser intérpretes, le han dado mucha fuerza al texto. Tuvimos la fortuna de que apoyaron el proyecto y participaron de inmediato.

Creo que están increíbles en la película. Y por supuesto Zoé Arnao también, que les da el contrapunto perfecto, desde otra generación, otra mirada, otra energía. Arnao hizo el casting con muchas otras actrices, y la mayoría lo hicieron increíble, fue difícil decidirse, además el texto de la prueba era complejo y largo. Pero Arnao tenía algo único que era lo que buscaba, creo que hemos acertado con su elección. Es muy difícil estar en la escucha y en segundo plano en secuencias con estas actrices con tanta fuerza y experiancia, y al mismo tiempo manifestar sutilmente el carácter necesario, la personalidad, la integridad de su personaje, con pocos gestos y miradas. Me encanta cómo ha quedado su personaje, era eso precisamente lo que buscaba.

La fotografía, que corre a cargo de Eva Díaz, es toda con luz natural, ¿de dónde surge esa decisión y cómo fue la preparación y el rodaje? Además hay un juego muy interesante entre la cámara y el dron que vigila…

Eva Díaz ha hecho un trabajo extraordinario, y no era fácil. Por las necesidades y por las limitaciones que teníamos. Por un lado, no solo a nivel presupuestario, si no también como decisión formal, decidimos no trabajar nunca con luz eléctrica, todo luz natural, con todo lo que eso supone. Al mismo tiempo mantener el “raccord” lumínico pues todo pasa en un mismo día. Y también yo quería que la cámara se moviera mucho, sutilmente, pero en movimiento siempre, lo que implicó utilizar todo tipo de elementos, desde travellings, y grúas, hasta steadicam o drones.

Trabajamos con 4 drones diferentes para diversas cosas. El principal, y más grande, llevaba nuestra cámara Alexa y era complejo de manejar. Esa idea la trabajamos con Eva desde el concepto de “elevación”. En la película de Saura todo es a ras de tierra, a la altura de los ojos de los personajes, al trasladarlo a lo femenino comenzamos a hablar del acto de volar, o de elevarse. “Elevarse, hasta de la muerte” decíamos en rodaje. De ahí viene ese movimiento de alzamiento de algunos planos. Sí, en femenino, la cámara se eleva, pero ¿qué pasa cuando te elevas demasiado? Ese fue el tema interesante. Pues que te alejas tanto de los personajes que los conviertes en figuras de una maqueta, en una abstracción, los deshumanizas, eso es lo que trabajamos.

Y para las escenas de caza elevadas le enseñé a Eva mis referencias de cuadros de Brueghel o las fotos de Jeff Wall, hay una “elevación adecuada”, sobrevolamos la escena, como si mirara un dron. Y finalmente te preguntas ¿quién mira? Esa es una pregunta importante de la película. No solo hay un dron que vigila, un personaje de la trama, también hay una cámara que ve el dron que vigila, ¿es el cineasta el que observa eso o hay alguien más? Básicamente se trata de la pérdida de la privacidad en el mundo contemporáneo. Siempre hay alguien mirando. ¿Quién está mirando? Es una pregunta importante que lanza la película.

La música de Fernando Vacas tiene una gran presencia en la historia, ¿en qué se inspira? ¿Cómo fue el proceso de composición?

¡¡Es magnífica!! Para mí la película no estuvo lista hasta que llegó la música de Vacas. ¡Es un genio! Elevó, nuevamente ese concepto, la película a otro nivel. La amplió, no solo la acompaña, multiplica la película a nivel semántico y sensorial. Pero fue un proceso largo, complejo y difícil. No llegamos a ella de primeras, y Juan Ferro, el diseñador de sonido, fue clave en el proceso. Lo logramos entre los tres, pero las composiciones, el arte, la artesanía y el saber hacer son de Fernando Vacas. Todo son instrumentos analógicos, no hay nada digital, tocados de manera magistral.

Fernando reunió a unos cuantos músicos brillantes y grabó mucho material, porque mis referencias e indicaciones al principio fueron muy generales, pero teníamos flautas y arpas y chelos y muchas cosas… lo difícil fue comenzar a limpiar todo eso, ver los árboles dentro del bosque. Poco a poco fuimos limpiando y quedó esta estructura muy interesante basada en las tres primeras notas del himno de España que toca un contrabajo y que luego se van distorsionando y rompiendo de diversas maneras y una es con la percusión. Algo atávico, repetitivo, ancestral, una música que te atrapa y no te deja escapar, como si fueras su presa auditiva.

A niveles de producción ¿cómo fue el rodaje? ¿Cuáles fueron los principales retos y dificultades?

Lo más difícil fue eliminar 20 páginas de guion por temas presupuestarios, yo tenía muchas ideas locas que no pude probar, algunas seguro que no hubieran funcionado, pero de otras siempre me quedará la duda. En principio era un rodaje de 6 semanas y lo redujimos a 5, o sea, 25 días de rodaje. Lo que es muy poco para ciertas cosas complejas que teníamos que hacer.

Otro tema fue el calor, en la dehesa extremeña en julio y agosto a 40 grados a la sombra, hay un momento en que no puedes pensar con lucidez, y a las actrices les afectó mucho, aunque también aportó un extra de tensión que vino bien en otros sentidos. Ellas, vestidas de otoño -porque la película ocurre en noviembre-, con escopetas, caminando sin parar por la dehesa, estaban agotadas. Y luego rodamos muchos planos en plano secuencia, algunos de 5 minutos, lo que implica más ensayos y otras dificultades. Pero todo salió bien, tuvimos suerte en algunos momentos también.

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