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Entrevistamos a Luis María Ferrández tras el estreno en el Festival de Sevilla de su nueva película «Rabios@»

UN THRILLER DE ACCIÓN CON REMINISCENCIAS DE WESTER CONTEMPORANEO PROTAGONIZADO POR JOSÉ LUIS GARCÍA PÉREZ, PATRICIA ROSS Y VÍCTOR CLAVIJO

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Fotograma de la película "Rabios@", dirigida por Luis María Ferrández.

Rodada íntegramente en el desierto de Tabernas (Almería), con una sola trama, una localización y tres actores, la película «Rabios@», escrita y dirigida Luis María Ferrández («249, la noche en que una becaria encontró a Emiliano Revilla», «La pantalla herida», «Hemisferio», «Copenhague») a quien entrevistamos hoy tras su paso por el Festival de Sevilla, está protagonizada por José Luis García-Pérez y Patricia Ross, junto a Victor Clavijo. La película, que llegará a salas y plataformas en 2026 con una fuerte vocación hacia el mercado internacional, es una producción de Chester Media Producciones, Veramaya Producciones y Chestermaya AIE, con la participación de Canal Sur TV, que logró el primer premio al Mejor proyecto de producción almeriense en el Festival Internacional de Cine de Almería 2022.

Rabios@ es una película donde un personaje está encadenado a una tumba en mitad del desierto durante 90 minutos y a mitad de película aparece otro personaje con el que se produce un duelo narrativo que no para de crecer durante una hora hasta el clímax final donde todo da un giro tan espectacular como inesperado. ¿Cómo definirías esta película y porque este modelo tan minimalista y sin embargo tan trepidante?

Rabios@, es una película atípica para la narrativa y las producciones que hacemos en España. Es un thriller de acción que mezcla reminiscencias de western contemporáneo. Es la historia de un tipo que amanece encadenado a la cruz de una tumba solitaria en mitad del desierto el día de su boda y no recuerda cómo ha llegado allí ni cómo ni quién le ha hecho eso. A raíz de ese momento, buscando escapatoria continuamente en esa situación tan angustiosa, aparece Ventura, una mujer ruda y fría, vendedora ambulante por los pueblos del desierto. Cuando Marco cree que le va a liberar, se entabla una especie de duelo narrativo entre los dos al ir descubriéndose poco a poco quién es cada uno, por qué se han encontrado en esa situación, y que es lo que se esconde dentro de la tumba.

Es un thriller que cada 30 segundos o cada minuto ocurre algo que llama la atención del espectador, porque para mantener una narrativa de este tipo, donde durante casi 90 minutos hay un tipo encadenado a una tumba solitaria, hay que hacer un ejercicio importante desde un punto de vista escenográfico, de dirección, técnico, de fotografía, etc. Es una película trepidante, que recuerda películas como Buried, Locke o Phone booth.

Por eso nace con una vocación muy universal, y sobre todo que está planteada desde un punto de vista muy americana. Parece que estamos grabando en el desierto de Arizona, porque la construcción de la producción es muy de aquella estética, no solamente la parte narrativa, sino la parte de la producción, la parte del acting, de la actuación, el ritmo… Hemos procurado que sea una película muy universal.

¿Cuál es el mensaje de la película y que oculta en su historia? Pues a pesar de ser un thriller de acción, tiene un mensaje subyacente tan profundo como demoledor.

En realidad, Rabios@ es una crítica a un tipo de mala praxis periodística que está, más que al servicio de la información contrastada, fidedigna y profesional, al de unos intereses ideológicos y sectarios, de unos lobbies emocionales y al servicio, en definitiva, de imponer las causas por encima de la verdad. Podríamos decir que es una crítica al relato y, sobre todo, a la utilización de la narrativa de ficción emocional en la información mediática. No hay que confundir la profesión de guionista con la de periodista, porque desgraciadamente hoy día, parece que se han fusionado peligrosamente.

¿Entonces Rabios@ tiene múltiples lecturas como trama única?

Es una película con múltiples lecturas. Primero, es una película de entretenimiento. Es una película donde durante 90 minutos el espectador permanece anclado a la silla. El espectador que tenga ganas de ir al servicio y empiece la película lo va a tener un poco complicado porque va a tener que aguantar hasta el final. Pero es una película que tiene una vocación absolutamente de entretenimiento con un target universal para todos los públicos. Ese es su gran objetivo.

Y luego tiene un mensaje dirigido al espectador que desde el subconsciente está atrapando con una esponja, ese mensaje que subyace continuamente en el guion y en la narrativa que es lo que hemos hablado antes. Es decir, la utilización de la información para el interés personal o el interés de servicios de premisas ideológicas. Ha sido un reto narrativo a la hora de escribir el guion, el cual además lo hice en menos de una semana y retoqué muy poco de cara al rodaje sobre la versión 0. Casi fue un vomit draft.

¿Cuál sería el objetivo que define en entonces a esta película?

Es un film para ver, para disfrutar y, sobre todo, Rabioso es una película que debe dejar al espectador con una sensación de inquietud. Si el espectador se levanta de su asiento y no ha sentido nada, si no ha sido como una montaña rusa, si no ha pensado en lo que está viendo, si no se ha emocionado, si no ha reído y llorado, si no se ha sentido inquieto, si no se ha conmovido en su asiento, entonces Rabios@ no habrá logrado su objetivo, que es simplemente entretener, inquietar y conmover en nuestros asientos.

¿Cuáles han sido los mayores retos narrativos y de producción de la película?

A nivel narrativo mantener a un personaje anclado a la tumba de un desierto durante 90 minutos y que sólo puede interactuar con otro más y con un teléfono. Hay que decir que me encuentro profundamente cómodo en este tipo de narrativas que minimizan la producción al máximo en favor de historias muy potentes, tramas únicas y solventes y muy pocos personajes, pero muy marcados.

Por otro lado, a nivel de producción, prácticamente no teníamos nada de decorados, ambientación ni personajes, pero rodar en el desierto de Almería en pleno mes de junio, suponía un reto logístico para todo el equipo tanto como para llegar a la localización como para los servicios básicos y para implementar el plan de rodaje en tan solo dos semanas con un número limitado de horas debido al tiempo y la climatología. Rodar en el desierto siempre es un aliciente y un hándicap importante, ya que su clima extremo, hace que el cansancio y lo emocional haga más mella en el equipo técnico y en el equipo artístico. En ese sentido es admirable por ejemplo el trabajo de los actores tanto de José Luis García Pérez como de Patricia Ross.

Hay que reconocer que fue un rodaje perfecto y que salvo un par de días de lluvia que nos rompían el racord, el equipo estuvo unido como un pegamento. Las jornadas de rodaje se cumplieron a la perfección no hubo ningún problema y pudimos no solamente disfrutar del rodaje, sino de todo lo que le rodeaba en las jornadas de descanso. Almería y sus alrededores son un lugar fascinante y para mí ha sido un honor poder rodar en el mismo lugar donde se rodaron los espaguetis western más importantes de la historia y algunas de las películas de acción que se han quedado en la memoria colectiva universal. Ha sido una gran labor de producción y de todo el equipo técnico.

¿Cuál fue el origen de la idea: ¿la imagen del hombre encadenado en la tumba o la estructura “un día, una localización”?

Aquí hay dos vertientes en el origen de Rabios@ que confluyen: Rodar una película cada vez se hace más difícil por las dificultades que conlleva levantar la financiación, la enorme competencia y la escasez de recursos para la clase media de la industria nacional. En ese sentido pensé cómo podía hacer una película con lo menos posible y no hay nada más minimalista que un desierto, una tumba y dos personajes. Pensé que, si no obtenía ninguna compra de derechos antena, ayudas o cualquier tipo de financiación, podría irme al desierto con una pequeña cámara y un equipo súper reducido de amigos para hacer esta película. Por otro lado, aunque no es autobiográfica, sí que tiene una reminiscencia a una experiencia vivida personalmente.

Esos momentos donde de manera injusta, te lo arrebatan todo y te quedas simbólicamente atado a la cruz de una tumba en mitad del desierto en la más absoluta nada. Es un homenaje a todas las personas que luchan por encontrar la verdad y para salir de un desierto al que se quedan encadenados por culpa de la llamada cultura de la cancelación, que existe y está muy asentada en la sociedad occidental. Uno de los enormes y más grandes cánceres con los que tenemos que convivir hoy en día a nivel social, impregnado como una posibilidad amenazante imitando algunos de los momentos más oscuros de la historia de la humanidad donde la imposición de los dogmas se convierte en un rodillo que destruye cualquier posibilidad de raciocinio, verdad y justicia.

¿Cómo os preparasteis los actores y tú para la exigencia física y psicológica del desierto?

José Luis García Pérez era perfecto para el personaje el cual no solamente requería tener una técnica actoral extraordinaria, sino tener una capacidad mental, emocional y física muy preparada para enfrentarse a este reto. José Luis estuvo anclado a la cruz de una tumba literalmente 17 días bajo un calor que rozaba los 35 40° y una tensión actoral que le dejaba exhausto cada día cuando volvíamos al hotel. Pero su ilusión por el personaje y por la historia era de tal calibre, que todo eso no importada y quedaba oculto en una capa de enorme talento técnico. Estuvimos hablando sobre el personaje algunas sesiones en Madrid, pero cuando llegamos al desierto y rodó la primera toma ya lo teníamos, ese era el personaje.

El caso de Patricia es admirable ya que se incorporó a la producción a solo pocos días del comienzo de la misma y llegó al desierto de Almería sin poder reunirse conmigo antes porque yo me había ido unos días previos al inicio del rodaje para la preproducción. Allí, estuvimos hablando contrarreloj sobre el personaje y sus circunstancias. Patricia consiguió en pocas jornadas encontrar el tono perfecto aportando al personaje su condición física qué era perfecta para Ventura, (su personaje) y una técnica actoral qué fue floreciendo y asentándose a medida que avanzábamos.

Al final, el resultado ha merecido mucho la pena. No es fácil rodar en las condiciones del desierto que, como un personaje más, ha sabido envolver perfectamente a nuestros protagonistas. Cuando llegó Víctor Clavijo para la parte final de la película, lo tenía muy estudiado. Simplemente nos dimos unas instrucciones antes de dar acción y en cuestión de 2 tomas teníamos toda su parte hecha. Un enorme trabajo de los actores y actrices. Les estoy muy agradecidos por haber dado vida a las 90 páginas del guion.

Tabernas es un personaje más: ¿qué buscabas con la fotografía de Ignacio Aguilar y cómo se tradujo esto a la banda sonora y el diseño de sonido?

Efectivamente, el desierto es el tercer personaje en discordia. Es el contexto que lo engloba todo. Sin él la historia no tendría ningún sentido y por eso fue tan importante elegir la localización. En cuanto a la fotografía, tuve claro desde el principio y le dije a Ignacio que lo que quería era que fuera envolvente, muy cálida, asfixiante, agobiante y que tuviera reminiscencia del espagueti western y de los westerns americanos. Quería una película que pareciera rodada en el desierto de Arizona con esos colores amarillentos propios de las temperaturas elevadas y de los días donde el calor y el sol son asfixiantes. Fue Ignacio el que consiguió una atmósfera especial que define perfectamente el espíritu de la historia.

Por otro lado. José Sánchez- Sanz, el músico con el que trabajo en todas mis películas, tras pasarle algunas instrucciones y plantearle las notas de leitmotiv, encontró en algunas bandas sonoras una inspiración que también tenían que tener cierto homenaje a las notas predominantes de los westerns. José es una apuesta segura siempre en las películas, con una composición solvente y eficaz. Un día vimos las diferentes pistas que había compuesto en mi casa y salvo algunas anotaciones y sugerencias que le di, la banda sonora estaba terminada y encajaba a la perfección con la película.

Chuso Aparicio, con el que de nuevo repito tras mis anteriores dos películas en el diseño de sonido, es un experto y tiene un talento absoluto para el diseño del espacio sonoro, trabajando cada uno de los detalles que a veces parecen imperceptibles pero que envuelven a la historia de una manera psicológica en el subconsciente del espectador. Estuvimos trabajando varios meses en la postproducción de sonido, la cual cuidamos y mimamos hasta la extenuación. He quedado muy contento con todos los departamentos porque han integrado perfectamente la obra global y han conseguido llevar a la pantalla de una manera exquisita la tensión, el tiempo, el ritmo y la premisa de esta historia

¿Cómo ha sido la recepción en Sevilla? ¿Planeáis distribución comercial o más circuito de festivales?

Estrenar en el Festival de Cine europeo de Sevilla es hacerlo en un marco incomparable. De nuevo Andalucía. Me he encontrado muy cómodo en el mismo y la recepción fue muy buena para una sala que me sorprendió muchísimo para bien con el hándicap del día y la hora. Siempre digo que cuando escribes el guion, la película es tuya. Cuando las ruedas, es del equipo y, cuando se estrena, es del espectador. Por lo tanto, ahora he perdido el control sobre la misma y ya solamente es quién la ve, quien debe juzgarla por sí misma.

Efectivamente se planea una distribución comercial tanto en salas como en plataformas para el 2026 y una vez estrenada en el festival de Sevilla haremos un recorrido tanto por festivales nacionales como internacionales, qué es un mercado que me apasiona ya que creo que es una película que, por su marcada vocación comercial y su espíritu universal en la historia, creo que deben darle la oportunidad de qué puede haberse mucho más allá de las fronteras de nuestro país, donde creo que le llegarán las grandes oportunidades comerciales y de exhibición.

ProduccionAudiovisual.com es un blog independiente dedicado a la industria audiovisual en español. Desde 2014 comparte análisis, recursos y experiencias sobre financiación, producción y distribución de cine, televisión y nuevos formatos, con un enfoque práctico orientado a profesionales, estudiantes y empresas del sector. Más que un medio de actualidad, es un espacio para entender cómo se levantan los proyectos, cómo se estructura el negocio y cómo evoluciona el oficio de producir en un entorno en constante transformación.

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‘Influjo psíquico’: entrevistamos a Alejandra Cardona e Idoya Barrabés

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¿Puede una persona ser condenada por ejercer un «influjo psíquico» sobre otras? Esta es la sorprendente pregunta que sirve de punto de partida a Influjo psíquico, el documental dirigido por Alejandra Cardona, con guion de Ana María Pinar y producido por Idoya Barrabés a través de Milyuna Historias, que investiga el proceso judicial contra el expresidente ecuatoriano Rafael Correa y profundiza en el fenómeno del lawfare, es decir, la utilización de la justicia como herramienta de confrontación política.

Tras tres años de investigación y rodajes en ocho países, la película llegó a España el pasado 1 de octubre con una proyección especial en el Palacio de la Prensa de Madrid. A medio camino entre la investigación periodística y el thriller documental, la producción reúne testimonios de distintas sensibilidades políticas y plantea preguntas sobre la relación entre justicia, poder y democracia.

En ProduccionAudiovisual.com entrevistamos a su directora, Alejandra Cardona, y a su productora, Idoya Barrabés, para conocer cómo se gestó este ambicioso proyecto, los desafíos de convertir un complejo caso judicial en una historia cinematográfica y las dificultades de financiar, rodar y distribuir un documental independiente de estas características.

¿Cómo nace Influjo psíquico y qué fue lo que os llevó a convertir el caso de Rafael Correa y el concepto de influjo psíquico en el punto de partida de una película?

La película nace casi por casualidad. Después de que Milyuna Historias, la productora, participara en la producción de Petro, el documental sobre el expresidente colombiano Gustavo Petro, conocemos el caso de Rafael Correa y descubrimos que había sido condenado por cohecho mediante «influjo psíquico». El concepto nos llamó muchísimo la atención y empezamos a investigar qué significaba realmente y cómo se había utilizado dentro de la sentencia. A partir de ahí entendimos que había una historia mucho más amplia y profunda, porque el caso nos permitía hablar, en realidad, de la relación entre justicia y poder y acercarnos a un fenómeno mucho más amplio como es el lawfare, es decir, el uso de los procesos judiciales como herramienta para proscribir contendientes políticos.

El proyecto se desarrolló durante tres años y en ocho países. ¿Cómo se organiza una investigación y un rodaje de estas características y cómo fue evolucionando la película durante ese tiempo?

Ha sido un proceso muy vivo, porque empezamos con una idea bastante más pequeña y la propia investigación fue abriendo caminos que no habíamos previsto. Cada entrevista nos llevaba a otra persona, a otro documento o incluso a otro país, de manera que la película fue creciendo de forma bastante orgánica. Hemos rodado en Ecuador, México, Venezuela, Colombia, España, Bélgica, Israel y Canadá, siguiendo las distintas ramificaciones de una historia que acabó siendo mucho más internacional de lo que imaginábamos al principio.

¿Cómo se abordó desde el guión una historia con tantas dimensiones (judicial, política y social) para conseguir que resultara comprensible para un público que quizá no conozca el contexto ecuatoriano?

Ese ha sido probablemente uno de los mayores retos del guion, porque necesitábamos explicar un procedimiento judicial muy complejo sin convertir la película en una clase de derecho ni exigir al espectador conocimientos previos sobre Ecuador. Por eso intentamos ir siempre de lo particular a lo general, utilizando el caso de Correa como hilo conductor y explicando únicamente aquello que el espectador necesita para poder avanzar en la historia. También recurrimos a gráficos, archivos y testimonios que nos permitieran traducir conceptos jurídicos complejos a un lenguaje mucho más accesible.

La película incorpora testimonios de personas con posiciones políticas muy diferentes. ¿Cómo trabajasteis la búsqueda de fuentes y la construcción de una mirada plural sobre los acontecimientos?

Desde el principio tuvimos claro que queríamos una película plural y que todos los agentes involucrados debían estar presentes. Buscamos voces de distintas sensibilidades políticas, juristas, politólogos, periodistas, protagonistas directos e incluso personas ideológicamente enfrentadas entre sí. Para nosotras era especialmente interesante comprobar qué ocurría cuando personas que parten de posiciones políticas muy distintas llegaban, sin embargo, a preguntas similares sobre el funcionamiento de la justicia. Por esta razón nos resulta tan interesante el testimonio de la ex vicepresidenta del Ecuador, Verónica Abad; ella denunció estar sufriendo lawfare por parte de su propio gobierno.

También contactamos con la ex fiscal Salazar y con el presidente Moreno, creíamos que era muy importante que ellos tuvieran espacio en la película, pero declinaron amablemente su participación. Hay muchos testimonios delante de la cámara pero hay muchos más que han formado parte de la investigación y la documentación y cimentan la mirada que hemos vertido en la película aunque no aparezcan en primera persona ante el espectador.

¿Qué retos supuso trabajar con un caso judicial todavía tan vinculado al debate político y cómo habéis buscado mantener el rigor documental sin perder la tensión narrativa?

El principal reto ha sido separar todo lo posible los hechos de las posiciones políticas, porque alrededor de Correa existe una polarización enorme. Por eso hemos intentado volver constantemente a las fuentes, a la sentencia, a los documentos y a los testimonios directos, mientras que cinematográficamente buscábamos construir una historia que mantuviera la tensión. Al final, el rigor y la narración no deberían ser incompatibles, queríamos contar una historia de forma atractiva intentando que los hechos fueran digeribles para un público que no tiene por qué saber nada del sistema judicial o político del Ecuador.

La película se acerca por momentos al lenguaje del thriller. ¿Qué decisiones de dirección, montaje, música o tratamiento de los archivos os ayudaron a construir esa dimensión cinematográfica?

Desde el principio queríamos alejarnos del documental construido únicamente a partir de entrevistas, porque la propia historia tenía elementos de investigación, poder y suspense que permitían acercarse al thriller. El montaje, la música, el tratamiento de los archivos, las imágenes aéreas y el uso de documentos y grafismos nos ayudaron a construir esa atmósfera, mientras que el rodaje en tantos lugares aportó una dimensión visual e internacional que también era importante para la película.

Habéis trabajado con una gran cantidad de documentación, archivos y testimonios. ¿Cómo fue el proceso de investigación y selección de materiales hasta llegar al montaje definitivo?

Fue un proceso enorme de acumulación y después de descarte, porque durante tres años reunimos entrevistas, sentencias, informes, noticias, archivos audiovisuales y muchísima documentación. Llegó un momento en el que el trabajo consistió sobre todo en decidir qué necesitaba realmente la película y qué, aunque fuera interesante, nos alejaba de su hilo principal. El montaje fue fundamental para encontrar ese equilibrio y conseguir que una investigación muy extensa terminara convertida en una historia que pudiera seguirse con claridad.

Y en este punto, la actualidad no nos ayudaba porque no han dejado de “pasar cosas” durante estos cuatro años, acontecimientos que era imposible en muchos casos obviar. Por eso uno de los momentos más dolorosos y al mismo tiempo liberadores ha sido ponerle el punto y final a una historia que todavía se está escribiendo.

Desde el punto de vista de la producción, ¿qué supuso levantar un largometraje documental independiente durante tres años y coordinar un equipo y rodajes en ocho países?

Supuso mucha flexibilidad y bastante resistencia, porque un documental independiente de estas características se construye mientras se investiga, se rueda y se busca financiación al mismo tiempo. Además, trabajar en ocho países implica coordinar equipos, viajes, permisos, personajes y situaciones que muchas veces cambian en el último momento. Ha sido una producción compleja, aunque esa dificultad también terminó enriqueciendo muchísimo la película.

¿Cómo ha sido el recorrido de Influjo psíquico desde sus primeras fases de desarrollo hasta llegar a su estreno en España y qué aprendizajes os lleváis del proceso de producción y búsqueda de financiación?

Ha sido un recorrido bastante artesanal, porque la película fue creciendo mientras investigábamos, rodábamos y buscábamos financiación para poder seguir avanzando. Empezamos con un proyecto mucho más pequeño y acabamos rodando durante tres años en ocho países, de manera que cada nueva etapa nos obligaba a replantear también la producción.

El mayor aprendizaje ha sido entender que levantar un documental independiente exige mucha perseverancia y una enorme capacidad de adaptación, porque casi nunca dispones desde el principio de todos los recursos que necesitarías y, sin embargo, tienes que conseguir que esa limitación no termine viéndose en la pantalla. Por otra parte, abordar temas políticos no siempre resulta fácil de financiar o distribuir.

Más allá del caso de Rafael Correa, ¿qué pregunta queríais que quedara en el espectador después de ver la película y qué os gustaría que generara el debate posterior al estreno?

Nos gustaría que el espectador saliera preguntándose qué ocurre con una democracia cuando la justicia puede convertirse en un instrumento de la lucha política, independientemente de quién sea la persona afectada o de si estamos de acuerdo con ella. La película utiliza el caso de Rafael Correa porque es extraordinariamente singular, pero nuestra intención siempre ha sido ir más allá y hablar de la fragilidad de las instituciones, del respeto al debido proceso y de la necesidad de mantener una mirada crítica ante cualquier forma de poder.

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[PODCAST] Elisa Sirvent repasa su trayectoria como directora de producción en el nuevo podcast de APPA

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La Asociación de Profesionales de la Producción Audiovisual (APPA) estrena un nuevo episodio de su podcast. En esta ocasión, la invitada es Elisa Sirvent, directora de producción y socia de la asociación, que comparte su experiencia profesional en una conversación conducida por Aurora Martínez.

A lo largo del episodio, Sirvent repasa su trayectoria en la industria audiovisual, habla sobre el papel de la dirección de producción en los rodajes y comparte algunas de las experiencias que ha vivido al frente de proyectos cinematográficos y televisivos. Entre los títulos en los que ha trabajado figuran Alcarràs, La contadora de películas y Els encantats, entre otros.

Como es habitual, el programa también incluye sus secciones dedicadas a la actualidad del sector, consejos de producción, noticias sobre inteligencia artificial y la participación de colaboradores habituales de APPA.

Una charla especialmente interesante para estudiantes, profesionales y cualquier persona que quiera conocer mejor el papel de la dirección de producción dentro de la industria audiovisual.

¡Dale al play!

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Entrevistas

Alberto Ammann: «La mujer de la fila es una película que no tiene nacionalidad»

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Coincidiendo con el estreno en España de La mujer de la fila, conversamos con el actor sobre el reto de interpretar una historia basada en hechos reales, el trabajo junto al director Benjamín Ávila y la evolución de su carrera entre el cine de autor, las grandes producciones y las series internacionales.

La mujer de la fila llega a los cines españoles para acercar al público una realidad poco habitual en la ficción: la de las familias de las personas privadas de libertad. Dirigida por el cineasta argentino Benjamín Ávila, la película toma como punto de partida la historia real de Andrea Casamento, activista que durante años luchó por visibilizar la situación de las familias de las personas encarceladas y por mejorar sus condiciones.

En este contexto, Alberto Ammann interpreta a Alejo, un personaje cuya presencia resulta fundamental en el recorrido emocional de la protagonista. Para construirlo, el actor no solo trabajó estrechamente con Benjamín Ávila, sino que también tuvo la oportunidad de conocer al verdadero Alejo y profundizar en la realidad que inspira la película.

Más allá de hablar de La mujer de la fila, durante la conversación también repasamos su manera de elegir proyectos, su creciente interés por la producción audiovisual y la visión que tiene sobre una profesión que le ha llevado a participar en películas y series tanto en España como a nivel internacional.

A continuación, reproducimos la entrevista completa.

Aunque La mujer de la fila se rodó y estrenó hace ya un tiempo, me gustaría empezar preguntándote qué fue lo que más te llamó la atención del proyecto cuando te llegó y qué hizo que quisieras formar parte de él?

Lo primero que me llamó la atención fue el mundo de las mujeres que sostienen a las familias de las personas privadas de libertad. Era una realidad completamente desconocida para mí y me impresionó descubrir hasta qué punto son ellas quienes mantienen unidas esas familias durante todo el proceso.

También me interesó mucho la historia concreta de Andrea Casamento y de Alejo. Al final es una historia de amor muy bonita, pero también de resistencia y de humanidad.

Y, por supuesto, estaba Benjamín Ávila. Yo había visto Infancia clandestina muchos años antes y me había parecido una película extraordinaria. Me emocionó muchísimo y tenía muchas ganas de trabajar con él porque me parece un director con una mirada muy especial.

Has trabajado con directores de perfiles muy distintos a lo largo de tu carrera. ¿Qué destacarías de la forma de dirigir de Benjamín Ávila y qué te llevas del proceso de rodaje de La mujer de la fila?

Lo que más destacaría de Benjamín es su profundidad y su enorme humanidad. Tiene una capacidad muy especial para mirar a los personajes, las historias y los conflictos sin quedarse nunca en la superficie.

Es una persona muy sensible y eso se refleja en su forma de dirigir. Siempre busca entender qué ocurre realmente dentro de cada personaje y eso hace que el trabajo como actor sea muy enriquecedor. A mí me interesa mucho trabajar con directores que tienen esa mirada, porque te invitan constantemente a profundizar y a encontrar matices.

Tu personaje tiene una presencia contenida, pero muy significativa dentro de la historia. ¿Cómo se construye un personaje que aparece menos tiempo en pantalla, pero que debe resultar creíble y dejar huella en el recorrido emocional de la protagonista?

Creo que gran parte de ese trabajo nace del propio guion y de la forma en la que Benjamín construye las escenas. Había algo muy delicado en esa relación entre los personajes y era importante que cada encuentro tuviera peso emocional.

Yo intenté conectar con la vulnerabilidad de Alejo. Es un hombre que lleva muchos años viviendo en un entorno marcado por la violencia, la tensión y la prisión. Recuperar esa parte más inocente, más humana, era fundamental para entenderlo.

Además, hablé mucho con Andrea Casamento y conocí el trabajo de la organización que creó junto a otras mujeres en distintos países. Entender cómo son tratadas las familias de las personas encarceladas, especialmente las mujeres, fue muy importante para construir esa relación. En ese contexto, encontrarse con un gesto de cariño, de comprensión o incluso de vulnerabilidad por parte de Alejo supone un verdadero bálsamo para ella.

Todo ese trabajo fue posible gracias a muchas conversaciones con Benjamín. Su dirección fue clave para encontrar el tono que necesitaba el personaje.

La película parte de una historia real y pone el foco en una realidad que rara vez vemos representada en el cine: la de las familias de las personas privadas de libertad. Como actor, ¿cambia tu forma de preparar un personaje cuando sabes que detrás de la ficción hay personas que han vivido realmente esa experiencia?

Sí, cambia mucho. En este caso tuve la oportunidad de reunirme con el verdadero Alejo, la persona a la que interpreto en la película.

Pudimos tomar un café, hablar durante horas, reírnos y compartir muchas experiencias de vida. También me contó episodios muy duros de los más de veinte años que pasó en prisión. Escucharle fue muy inspirador porque te ayuda a comprender hasta qué punto una experiencia así puede marcar el carácter y la forma de relacionarse con el mundo.

Muchas veces la realidad supera a la ficción. Yo podía imaginar determinadas situaciones, pero conocerlas de primera mano te sitúa en otro lugar completamente distinto. Esa conversación fue fundamental para construir el personaje con honestidad.

Tu filmografía combina cine de autor, grandes producciones y series internacionales. Mirando atrás, ¿cómo ha cambiado tu forma de elegir los proyectos y qué buscas hoy en un guion para decidir involucrarte?

Lo primero que busco siempre es una buena historia. Si un guion consigue tocarme alguna fibra y siento que, como espectador, tendría ganas de ver esa película, ya tiene mucho ganado.

Después me fijo en el personaje y en si existe un espacio creativo donde pueda aportar algo. Si siento que puedo disfrutar construyéndolo, el proyecto ya me interesa, independientemente del género.

En esta etapa de mi vida también estoy empezando a involucrarme en la producción. Tengo ganas de impulsar historias que me gustaría ver en pantalla y muchas veces, para que esas películas existan, uno tiene que implicarse desde el origen del proyecto. Es una evolución bastante natural después de tantos años de profesión.

Para terminar, ¿por qué recomendarías La mujer de la fila al público español?

La recomendaría porque es una película que no tiene nacionalidad. Habla de una realidad que trasciende cualquier país: la de las familias de las personas privadas de libertad, un mundo muy desconocido para la mayoría de nosotros.

Creo que es importante tomar conciencia de que no todas las personas que están en prisión son personas perdidas para siempre y de que el sistema penitenciario todavía tiene mucho camino por recorrer. Una condena no debería convertirse en un viaje al infierno. Además, quienes se quedan fuera también terminan viviendo su propia condena.

Me gustaría que el público se acercara a la película dejando a un lado los prejuicios. Todos los tenemos, pero esta historia invita precisamente a hacer el ejercicio de ponerse en el lugar de Andrea, de Alejo y de tantas personas que viven una situación como esta. Después cada uno hará su propia lectura, pero creo que merece la pena recorrer ese camino.

 

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