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[ENTREVISTA] “Hacer cine también es un acto de fe” — Carlos Solano y Miriam Rodríguez sobre su ópera prima Leo & Lou

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Con su ópera prima, el director Carlos Solano firma una aventura conmovedora rodada en Galicia que navega entre géneros para llegar al corazón de todos los públicos. Junto a la productora Miriam Rodríguez reflexionan sobre siete años de lucha, financiación internacional y la apuesta por contar una historia universal de comunicación, familia y libertad creativa.

¿Cómo surgió la idea de hacer esta película y qué motivaciones de producción llevaron a decidir realizarla pensando en el público español?

Carlos: Puedo contarte cómo surgió la idea y qué fue lo que me atrajo del proyecto. Luego está Miriam, que ha estado ahí durante ocho años, peleando sin soltarlo, y eso me parece muy bonito.

Todo parte de un cortometraje escrito por Carlos Camba Tomé, el guionista y creador de la historia original. Sentía que los personajes de ese corto eran entrañables, o al menos tenían el potencial de serlo. Reflejaban un poco cómo nos encontrábamos él y yo en ese momento: él limpiando baños en cines de Londres y yo sirviendo cafés, intentando salir adelante en la industria como podíamos.

Pero en el corto todo pasaba demasiado deprisa; las cosas ocurrían porque los guionistas decidían que pasaran, no porque los personajes tuvieran el tiempo de vivir, sentir y emocionarse.

Durante un año, Carlos y yo estuvimos trabajando en desarrollar esa historia. Miriam sabía que estábamos con un proyecto, pero no le hicimos llegar el guion hasta que tuvimos una versión de largometraje con la que estábamos realmente contentos, lista para empezar a moverla y llegar hasta donde estamos hoy. Y ahí es donde entra Miriam Rodríguez, con todo lo que ella vio, sintió y luchó por sacar la película adelante.

Miriam: Yo llevo trabajando con Carlos desde la universidad, en nuestros cortometrajes, y cuando llegué a Zeta también quise mantener esa idea: apostar por directores jóvenes o noveles en el ámbito del largometraje, con historias universales que puedan conectar con un público amplio.

A menudo, las óperas primas en España parten de presupuestos muy pequeños y suelen centrarse en un cine más intimista, en historias de traumas personales. No estamos tan acostumbrados a ver primeras películas más vitalistas, con la ambición de llegar a más público. Este proyecto encajaba muy bien con la línea de Zeta, así que en 2021 decidimos opcionarlo para sacarlo adelante.

Desde entonces, ha sido un largo camino de financiación, pero finalmente hemos llegado hasta aquí.

Cuéntame cómo ha sido ese camino de financiación. Entiendo que es una coproducción internacional. ¿Cómo ha funcionado eso en términos financieros?

Miriam: La producción comenzó como una coproducción con Galicia, junto a Frida Films. Lo primero que conseguimos fue la ayuda del programa europeo Media Slate, así que el primer dinero que entró en la película fue europeo. A eso se sumaron las ayudas al desarrollo de la Comunidad de Madrid y de la Xunta de Galicia, con las que pudimos iniciar la fase de desarrollo del proyecto.

Más adelante se incorporó Televisión Española, y al analizar el panorama de financiación en España nos dimos cuenta de que no sería suficiente para cubrir todo el presupuesto. Por eso empezamos a buscar una coproducción internacional. Inicialmente iba a ser con Bélgica, pero no conseguimos levantar la ayuda de Eurimages, así que esa opción se cayó.

En ese momento reapareció Miranda, a quien conocimos en 2014 en el Festival de Cine de Cambridge, cuando ambos presentábamos nuestros primeros cortometrajes de escuela. Ella nos propuso explorar una posible coproducción con Reino Unido, y resultó muy bien: su participación se confirmó en diciembre, apenas unos meses antes del rodaje, que comenzó en abril.

Como los costes en Reino Unido eran bastante elevados, se incorporó también Rumanía para apoyarnos en la parte de laboratorio. Finalmente, completamos la financiación gracias a la ayuda a la producción de la Comunidad de Madrid, la de la Xunta de Galicia, y en Reino Unido con el apoyo de Lipsync y Richmond. La última pieza fue la aportación del ICAA, que fue justo lo que necesitábamos para sacar adelante la película.

¿Cuál fue el presupuesto total de la película?

Miriam: Claro, los precios en Reino Unido se desvirtuaron un poco, por eso prefiero hablar del coste de producción en España, que es lo que realmente manejamos nosotros. Los costes internacionales fueron bastante más altos, pero en España el presupuesto total ronda los 2.600.000 euros.

Carlos: Lo habitual en estos casos habría sido que el productor, tras varios años de intentos, terminara dejando el proyecto de lado. Pero Miriam nunca lo hizo.

En la película, el último agradecimiento es para ella, y dice algo así como: “por haber creído tan fuerte en este proyecto, que lo has hecho realidad.” Y es exactamente eso.

Han sido casi siete años desde que ella recibió el guion. Durante gran parte de ese tiempo se encontró con muchos “noes”, con negativas y con la sensación de que la película no encajaba en el tipo de cine que la industria estaba haciendo o buscando en ese momento. No respondía a lo que se suponía que interesaba al mercado o al público.

Y ahí está el mérito: que Miriam, desde su posición como productora, entendiendo el tipo de historias que quiere contar, vio en esta película algo por lo que merecía la pena luchar. Siete años de trabajo, de insistencia y de fe en el proyecto, que finalmente se ha hecho realidad.

A pesar de haber contado con el financiamiento necesario para realizar la película, ¿tuvieron algún obstáculo o situación en la que debieron modificar algo que querían hacer, o todo fluyó naturalmente y pudieron concretarlo tal como lo planearon?

Carlos: Claro que sí.

Miriam: Siempre hay tiras y aflojas.

Carlos: Sí, pero creo que, en nuestro caso, esos tiras y aflojas se dieron dentro de una relación de total confianza. Tanto Miriam como yo sabíamos que las decisiones que proponíamos no eran por ego o por interés personal, sino por el bien de la película. Después de tanto tiempo trabajando juntos, era como si fuéramos los padres de esta historia.

Miriam: Sí, me acuerdo que un par de días antes de empezar a rodar, en medio de toda la intensidad del momento, lo miré y le pregunté: “¿Tú crees que tenemos la misma película en la cabeza?”

Para mí era muy importante saber eso, tener la certeza de que compartíamos la misma visión. Porque si los dos veíamos la misma película, entonces cada uno podía luchar desde su lugar para conseguir la mejor versión posible. Y creo que eso lo logramos.
Evidentemente, luego están las típicas discusiones: “¿Por qué no podemos tener esta canción?” o “¿De verdad tiene que ser esta?”. Esas cosas siempre pasan.

Carlos: ¿Te acuerdas de aquella semana que te prometí que ibas a poder rodar? Pues tuvimos que recortar. Quitamos todos los días de esa semana: redujimos una semana entera de rodaje.

Miriam: Sí, no pudimos rodar las siete semanas que teníamos previstas; al final tuvimos que bajar a seis. Ese tipo de ajustes son inevitables, y cuando llegan, toca apretarse el cinturón. Son momentos duros.

Recuerdo también un día de rodaje que prácticamente perdimos por culpa del viento en el mar. No se pudo recuperar, así que tuvimos que rodar todas las escenas marítimas con un día menos.

Son situaciones difíciles, delicadas, que se sacan adelante, pero que se sufren en el proceso.

¿Cómo perciben la reacción de la industria audiovisual ante una propuesta que no está dirigida a un público específico, sino a todos? En ese contexto, ¿cómo esperan que funcione esta combinación y cuál es su panorama frente a ese desafío?

Miriam: Yo creo que este fue uno de los principales retos. Desde la industria y el marketing siempre se te pide que el producto esté muy enfocado a un público concreto, a un segmento definido. Pero Leo & Lou, desde el principio, es una película que navega entre géneros, que juega con distintos tonos.

Ese equilibrio fue difícil de trabajar: desde el guion, pasando por el rodaje, hasta la música. Pero creo que el resultado está muy conseguido, porque la película te lleva exactamente por los lugares emocionales por los que tiene que llevarte. No es una película para niños, es una película para todos los públicos, para todas las edades.

Y eso, a nivel de comunicación y posicionamiento, es complicado. A menudo todo el mundo quiere etiquetarte, meterte en una caja y decirte “esto es esto”. Pero Leo & Lou son muchas cosas a la vez. Y claro, eso a veces dificulta su posición en el mercado.

Lo que espero es que la gente le dé una oportunidad, porque la respuesta está siendo muy buena. Quienes la ven salen gratamente sorprendidos, emocionados, con ganas de recomendarla e incluso de volver a verla. Al final se trata de eso: que el público nos elija, que venga a verla y que sepa que no le vamos a defraudar.

Carlos: Claro, estamos hablando a productores, así que…

Miriam: (Ríe) Sí, lo entiendo. Es que todo el mundo intenta categorizarte, y creo que precisamente por no encajar del todo en esas categorías nos ha costado tanto sacarla adelante.

Carlos: Pero a la vez yo creo que por eso la película funciona y gusta.

Miriam: Sí, se sale un poco de las fórmulas habituales.

Carlos: Vivimos en una época muy marcada por fórmulas económicas: se hace lo que se cree que da rendimiento o lo que minimiza el riesgo. Pero el arte y la cultura, en esencia, implican riesgo.

Si quieres contar una historia que realmente emocione a la gente, probablemente tengas que salirte de la fórmula que ya han visto mil veces. Porque si no lo haces, es posible que no solo no los emociones, sino que ni siquiera los entretengas.

Y eso es difícil, sobre todo cuando se trata de presupuestos altos y de hacer las cosas de manera profesional. En mi caso, necesito poder expresarme narrativamente con libertad, y para eso hacen falta ciertos recursos. Si no los tengo, prefiero no hacerlo, porque sería contar la historia con una caligrafía que no es la mía.

Encontrar esa confianza, sobre todo cuando se trata de presupuestos importantes, no es fácil. Pero he tenido la suerte de cruzarme con gente que ha visto el valor en lo que hacemos. Estoy contento con las pocas cosas que he hecho, pero muy orgulloso de cómo las he hecho.
Y me gustaría pensar que, en el futuro, la gente siga apostando por historias que se salgan de esos márgenes preestablecidos por la industria. En ese sentido, la película está dirigida al público, paradójicamente.

La industria tiende a decirte qué es lo que el público quiere, pero hay algo perverso en ese discurso. Nosotros queríamos hacer una película para la gente, para disfrutarla con la gente: para emocionarla, hacerla reír, conmoverla desde un lugar honesto y puro. Creo que eso se nota, porque todas las personas que hemos participado la hemos llevado adelante con esa convicción. Y por eso, creo, la película llega.

Para cerrar, toda producción es un viaje que deja lecciones. ¿Qué aprendieron con Leo & Lou, ya sea en lo profesional o en lo personal? ¿De qué manera este proyecto los marcó?

Miriam: Creo que he aprendido a confiar más en mi propio criterio y a escuchar lo que el corazón te dice, a seguir lo que sientes que es lo adecuado para la película. También a rodearte de las personas que realmente quieren estar contigo en el proceso.

En nuestro equipo hay mucha gente que nos acompaña desde los cortometrajes: el montador, el diseñador de sonido, el director de fotografía, el compositor… Mucho equipo técnico y artístico que quiso formar parte del proyecto precisamente porque era nuestro primer largometraje juntos.

Y eso aporta muchísimo amor a la película. Creo que todas las personas que participaron, tanto delante como detrás de la cámara, lo hicieron desde el corazón y porque creyeron en la historia que estábamos contando. Y eso se nota; transmite una verdad muy especial. Para mí, esa conexión humana es fundamental cuando te enfrentas al rodaje de una película.

Carlos: Yo he aprendido tantísimas cosas… Durante todo este proceso conoces a mucha gente, y si escuchas con humildad, puedes aprender muchísimo —no solo sobre el trabajo, sino también sobre la vida.

Ahora mismo sigo un poco extasiado y agotado, porque le he puesto mucho cariño, mucho interés, mucha pasión. Soy bastante perfeccionista, y a veces eso me ha llevado a frustrarme o enfadarme cuando las cosas no salían como esperaba. Pero luego, con el tiempo, viendo el montaje, te das cuenta de que quizá te habías puesto un listón demasiado alto, injusto incluso, tanto para ti como para el propio proyecto.
Y entonces ves el resultado final y piensas: “llega al corazón de forma directa, sin artificios”. Incluso las pequeñas imperfecciones son humanas, naturales, y eso también tiene valor.

Así que he aprendido a abrazar lo que sucede, lo que ocurre en el camino. Y creo que lo más importante, en un proceso tan largo, es estar rodeado de las personas adecuadas. Y en nuestro caso, siento que ha sido así.

Miriam: Con Miranda decías mucho eso de trust the process, ¿no? Confiar en el proceso.

Carlos: Trust the process, sí, totalmente.

Miriam: Lo decían mucho los británicos, ¿te acuerdas?

Carlos: You think big…

Miriam: (Ríe) Eso desde el primer corto: think big.

ProduccionAudiovisual.com es un blog independiente dedicado a la industria audiovisual en español. Desde 2014 comparte análisis, recursos y experiencias sobre financiación, producción y distribución de cine, televisión y nuevos formatos, con un enfoque práctico orientado a profesionales, estudiantes y empresas del sector. Más que un medio de actualidad, es un espacio para entender cómo se levantan los proyectos, cómo se estructura el negocio y cómo evoluciona el oficio de producir en un entorno en constante transformación.

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[PODCAST] Elisa Sirvent repasa su trayectoria como directora de producción en el nuevo podcast de APPA

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La Asociación de Profesionales de la Producción Audiovisual (APPA) estrena un nuevo episodio de su podcast. En esta ocasión, la invitada es Elisa Sirvent, directora de producción y socia de la asociación, que comparte su experiencia profesional en una conversación conducida por Aurora Martínez.

A lo largo del episodio, Sirvent repasa su trayectoria en la industria audiovisual, habla sobre el papel de la dirección de producción en los rodajes y comparte algunas de las experiencias que ha vivido al frente de proyectos cinematográficos y televisivos. Entre los títulos en los que ha trabajado figuran Alcarràs, La contadora de películas y Els encantats, entre otros.

Como es habitual, el programa también incluye sus secciones dedicadas a la actualidad del sector, consejos de producción, noticias sobre inteligencia artificial y la participación de colaboradores habituales de APPA.

Una charla especialmente interesante para estudiantes, profesionales y cualquier persona que quiera conocer mejor el papel de la dirección de producción dentro de la industria audiovisual.

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Alberto Ammann: «La mujer de la fila es una película que no tiene nacionalidad»

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Coincidiendo con el estreno en España de La mujer de la fila, conversamos con el actor sobre el reto de interpretar una historia basada en hechos reales, el trabajo junto al director Benjamín Ávila y la evolución de su carrera entre el cine de autor, las grandes producciones y las series internacionales.

La mujer de la fila llega a los cines españoles para acercar al público una realidad poco habitual en la ficción: la de las familias de las personas privadas de libertad. Dirigida por el cineasta argentino Benjamín Ávila, la película toma como punto de partida la historia real de Andrea Casamento, activista que durante años luchó por visibilizar la situación de las familias de las personas encarceladas y por mejorar sus condiciones.

En este contexto, Alberto Ammann interpreta a Alejo, un personaje cuya presencia resulta fundamental en el recorrido emocional de la protagonista. Para construirlo, el actor no solo trabajó estrechamente con Benjamín Ávila, sino que también tuvo la oportunidad de conocer al verdadero Alejo y profundizar en la realidad que inspira la película.

Más allá de hablar de La mujer de la fila, durante la conversación también repasamos su manera de elegir proyectos, su creciente interés por la producción audiovisual y la visión que tiene sobre una profesión que le ha llevado a participar en películas y series tanto en España como a nivel internacional.

A continuación, reproducimos la entrevista completa.

Aunque La mujer de la fila se rodó y estrenó hace ya un tiempo, me gustaría empezar preguntándote qué fue lo que más te llamó la atención del proyecto cuando te llegó y qué hizo que quisieras formar parte de él?

Lo primero que me llamó la atención fue el mundo de las mujeres que sostienen a las familias de las personas privadas de libertad. Era una realidad completamente desconocida para mí y me impresionó descubrir hasta qué punto son ellas quienes mantienen unidas esas familias durante todo el proceso.

También me interesó mucho la historia concreta de Andrea Casamento y de Alejo. Al final es una historia de amor muy bonita, pero también de resistencia y de humanidad.

Y, por supuesto, estaba Benjamín Ávila. Yo había visto Infancia clandestina muchos años antes y me había parecido una película extraordinaria. Me emocionó muchísimo y tenía muchas ganas de trabajar con él porque me parece un director con una mirada muy especial.

Has trabajado con directores de perfiles muy distintos a lo largo de tu carrera. ¿Qué destacarías de la forma de dirigir de Benjamín Ávila y qué te llevas del proceso de rodaje de La mujer de la fila?

Lo que más destacaría de Benjamín es su profundidad y su enorme humanidad. Tiene una capacidad muy especial para mirar a los personajes, las historias y los conflictos sin quedarse nunca en la superficie.

Es una persona muy sensible y eso se refleja en su forma de dirigir. Siempre busca entender qué ocurre realmente dentro de cada personaje y eso hace que el trabajo como actor sea muy enriquecedor. A mí me interesa mucho trabajar con directores que tienen esa mirada, porque te invitan constantemente a profundizar y a encontrar matices.

Tu personaje tiene una presencia contenida, pero muy significativa dentro de la historia. ¿Cómo se construye un personaje que aparece menos tiempo en pantalla, pero que debe resultar creíble y dejar huella en el recorrido emocional de la protagonista?

Creo que gran parte de ese trabajo nace del propio guion y de la forma en la que Benjamín construye las escenas. Había algo muy delicado en esa relación entre los personajes y era importante que cada encuentro tuviera peso emocional.

Yo intenté conectar con la vulnerabilidad de Alejo. Es un hombre que lleva muchos años viviendo en un entorno marcado por la violencia, la tensión y la prisión. Recuperar esa parte más inocente, más humana, era fundamental para entenderlo.

Además, hablé mucho con Andrea Casamento y conocí el trabajo de la organización que creó junto a otras mujeres en distintos países. Entender cómo son tratadas las familias de las personas encarceladas, especialmente las mujeres, fue muy importante para construir esa relación. En ese contexto, encontrarse con un gesto de cariño, de comprensión o incluso de vulnerabilidad por parte de Alejo supone un verdadero bálsamo para ella.

Todo ese trabajo fue posible gracias a muchas conversaciones con Benjamín. Su dirección fue clave para encontrar el tono que necesitaba el personaje.

La película parte de una historia real y pone el foco en una realidad que rara vez vemos representada en el cine: la de las familias de las personas privadas de libertad. Como actor, ¿cambia tu forma de preparar un personaje cuando sabes que detrás de la ficción hay personas que han vivido realmente esa experiencia?

Sí, cambia mucho. En este caso tuve la oportunidad de reunirme con el verdadero Alejo, la persona a la que interpreto en la película.

Pudimos tomar un café, hablar durante horas, reírnos y compartir muchas experiencias de vida. También me contó episodios muy duros de los más de veinte años que pasó en prisión. Escucharle fue muy inspirador porque te ayuda a comprender hasta qué punto una experiencia así puede marcar el carácter y la forma de relacionarse con el mundo.

Muchas veces la realidad supera a la ficción. Yo podía imaginar determinadas situaciones, pero conocerlas de primera mano te sitúa en otro lugar completamente distinto. Esa conversación fue fundamental para construir el personaje con honestidad.

Tu filmografía combina cine de autor, grandes producciones y series internacionales. Mirando atrás, ¿cómo ha cambiado tu forma de elegir los proyectos y qué buscas hoy en un guion para decidir involucrarte?

Lo primero que busco siempre es una buena historia. Si un guion consigue tocarme alguna fibra y siento que, como espectador, tendría ganas de ver esa película, ya tiene mucho ganado.

Después me fijo en el personaje y en si existe un espacio creativo donde pueda aportar algo. Si siento que puedo disfrutar construyéndolo, el proyecto ya me interesa, independientemente del género.

En esta etapa de mi vida también estoy empezando a involucrarme en la producción. Tengo ganas de impulsar historias que me gustaría ver en pantalla y muchas veces, para que esas películas existan, uno tiene que implicarse desde el origen del proyecto. Es una evolución bastante natural después de tantos años de profesión.

Para terminar, ¿por qué recomendarías La mujer de la fila al público español?

La recomendaría porque es una película que no tiene nacionalidad. Habla de una realidad que trasciende cualquier país: la de las familias de las personas privadas de libertad, un mundo muy desconocido para la mayoría de nosotros.

Creo que es importante tomar conciencia de que no todas las personas que están en prisión son personas perdidas para siempre y de que el sistema penitenciario todavía tiene mucho camino por recorrer. Una condena no debería convertirse en un viaje al infierno. Además, quienes se quedan fuera también terminan viviendo su propia condena.

Me gustaría que el público se acercara a la película dejando a un lado los prejuicios. Todos los tenemos, pero esta historia invita precisamente a hacer el ejercicio de ponerse en el lugar de Andrea, de Alejo y de tantas personas que viven una situación como esta. Después cada uno hará su propia lectura, pero creo que merece la pena recorrer ese camino.

 

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Entrevistamos a Pedro Aguilera director de «Día de caza»

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Pedro Aguilera regresa a la dirección con Día de caza, una reinterpretación libre del clásico de Carlos Saura que traslada sus conflictos al presente con un reparto encabezado por Rossy de Palma, Carmen Machi, Blanca Portillo y Zoé Arnao.

Con motivo de su estreno en cines el pasado viernes, conversamos con el cineasta sobre el origen de este ambicioso proyecto, el reto de dialogar con una obra tan icónica sin renunciar a una voz propia, la construcción de un potente reparto femenino y las claves de una película que reflexiona sobre el poder, la desigualdad y las heridas que siguen presentes en la España actual.

¿De dónde surge la idea de hacer “Día de caza”?

El origen de todo fue una reflexión sobre los remakes como fuente de inspiración cinematográfica. Cuando hice la primera versión del guion de DÍA DE CAZA, allá por 2018, no existía todavía ninguna revisión de una película importante de la cinematografía española. No existían remakes dentro del cine español, hechos por un cineasta español. Algo que es tan común en otras cinematografías, como la italiana, la francesa o en estados unidos, aquí no existe. y no sé bien por qué… ¿quizá porque no admiramos y respetamos tanto lo que han hecho nuestros maestros? Yo siempre estoy interesado en mi cine en cambiar los procesos de trabajo, cambiar la forma de trabajar para llegar a imágenes nuevas, salir de mi zona de confort. Solo cambiando el proceso podemos llegar a imágenes nuevas.

El proceso es la clave del cambio, de la sorpresa. Después de tres largometrajes escribiendo desde mi mundo, con mis ideas y mi propia voz, me pareció un reto introducir una voz ajena en mi propio lenguaje cinematográfico. De esta reflexión surgieron dos películas, mi film anterior, SPLENDID HOTEL que habla de la historia del poeta Arthur Rimbaud en África y después está DÍA DE CAZA. Pero ambas surgen de esa premisa, “introducir una voz ajena en mi propia voz”. Como una especie de invasión controlada, un virus auto inoculado. Cada película, después, fue concebida de maneras muy muy diferentes.

En el caso de DÍA DE CAZA el dilema era poder defender mi propia visión trabajando con el material de otro cineasta. Me pareció que eso era un reto interesante. Y creo que DÍA DE CAZA juega con ello a diversos niveles, básicamente se trataba de preguntarse: ¿puede hacer y decir una mujer en 2026 lo mismo que un hombre hacía y decía en 1966 en una España muy diferente a la actual? Y mi respuesta fue que sí, y que realmente eso plantea un dilema muy poderoso, no sólo cinematográfico sino histórico, sobre qué ha cambiado en España en todo este tiempo y qué no ha cambiado nada.

¿Cómo fue el proceso de adaptar el guion de Saura y Angelino Fons?

Fue un aprendizaje fascinante. Sabía que mi versión tenía que ser tremendamente igual, y tremendamente diferente. Entonces el juego conceptual era, por un lado, dejar intactos los momentos que creo que sí son universales y atemporales, y por otro, cambiar todo lo que sí se había desfasado con el tiempo, desde expresiones hasta acciones concretas. Al mismo tiempo reforzar la trama, justificar una matanza en femenino es mucho más difícil que en lo testosterónico. En ese sentido, para la construcción de los personajes fue clave Lola mayo, la coguionista. Y meter nuevos elementos desde lo contemporáneo: por ejemplo el juego con los drones, los dispositivos, en relación con la trama de las escuchas ilegales. También estaba el tema de “la sombra” de la película, en la de Saura son los muertos y los fantasmas de la guerra civil, aquí los de la crisis económica del 2008, la burbuja inmobiliaria, la corrupción.

La película retrata una España actual en la que el abuso del poder está muy presente,

Sí, creo que el abuso de poder y la desigualdad no han cambiado en sesenta años, ni en España ni en el mundo, lamentablemente. Quizá hasta se están acuciando más. “Que todo cambie para que todo siga igual” decía Lampedusa en el Gatopardo. Creo que eso es parte de este proyecto, la sensación extraña y triste de que apenas hemos aprendido de nuestros errores en todo este tiempo. DÍA DE CAZA es, lamentablemente, cada vez más actual. Sin duda hay dueños de latifundios que no son caciques y que cuidan mucho de sus trabajadores, pero los hay que no. Lo he visto con mis propios ojos. Y está el tema de mantener el poder a toda costa, eliminar elementos que nos impidan medrar o continuar en la hegemonía. Lo leemos en los periódicos y lo vemos en la TV, así somos, homo sapiens. Lo que sea por sobrevivir, por aguantar en el poder, por someter a la competencia.

La película tiene una identidad propia, ¿cómo has conseguido separarte de una película tan icónica como es “La caza”?

Como he dicho antes, trabajando mi versión en múltiples direcciones, una de ellas es que la película de Saura está “dentro” de la mía. Por eso digo que es más una secuela que un remake. Me costó defender mi propia voz durante el proceso, la encontré sobre todo en la edición y en el sonido, pero creo que había ya semillas plantadas en el guion, en los diálogos y en la forma de rodar. Considero DÍA DE CAZA una película muy personal, curioso viniendo de un texto ajeno. Supongo que Scorsese piensa lo mismo de “el cabo del miedo” o De Palma de “Scarface”. Ese era el reto. Creo que lo hemos conseguido.

¿Cómo fue la selección del casting principal de la película?

Quería cambiar el tono del guion. LA CAZA original de Saura es una película seca y dura, yo quería introducir un aire más de humor negro, de sátira, quitarle realismo y naturalismo, hacer algo más fresco y contemporáneo. Desde la primera versión del guion pensé en ellas, en Machi, Portillo y De Palma. Escribimos ya sabiendo que eran ellas, y claro, ese tono se fue manifestando en los textos. Era muy importante, no solo que fueran grandes actrices, sino de una edad muy concreta, pues nacieron más o menos cuando se hizo la película de Saura, en 1966. Eso las hace «hijas» de la película y de ese momento histórico. Tenían que ser mujeres adultas, con fuerza y personalidad. Trabajamos mucho para que cada una de ellas tuviera su propia voz, su propia energía y matices y claro estas super actrices, que son artistas realmente, más allá de ser intérpretes, le han dado mucha fuerza al texto. Tuvimos la fortuna de que apoyaron el proyecto y participaron de inmediato.

Creo que están increíbles en la película. Y por supuesto Zoé Arnao también, que les da el contrapunto perfecto, desde otra generación, otra mirada, otra energía. Arnao hizo el casting con muchas otras actrices, y la mayoría lo hicieron increíble, fue difícil decidirse, además el texto de la prueba era complejo y largo. Pero Arnao tenía algo único que era lo que buscaba, creo que hemos acertado con su elección. Es muy difícil estar en la escucha y en segundo plano en secuencias con estas actrices con tanta fuerza y experiancia, y al mismo tiempo manifestar sutilmente el carácter necesario, la personalidad, la integridad de su personaje, con pocos gestos y miradas. Me encanta cómo ha quedado su personaje, era eso precisamente lo que buscaba.

La fotografía, que corre a cargo de Eva Díaz, es toda con luz natural, ¿de dónde surge esa decisión y cómo fue la preparación y el rodaje? Además hay un juego muy interesante entre la cámara y el dron que vigila…

Eva Díaz ha hecho un trabajo extraordinario, y no era fácil. Por las necesidades y por las limitaciones que teníamos. Por un lado, no solo a nivel presupuestario, si no también como decisión formal, decidimos no trabajar nunca con luz eléctrica, todo luz natural, con todo lo que eso supone. Al mismo tiempo mantener el “raccord” lumínico pues todo pasa en un mismo día. Y también yo quería que la cámara se moviera mucho, sutilmente, pero en movimiento siempre, lo que implicó utilizar todo tipo de elementos, desde travellings, y grúas, hasta steadicam o drones.

Trabajamos con 4 drones diferentes para diversas cosas. El principal, y más grande, llevaba nuestra cámara Alexa y era complejo de manejar. Esa idea la trabajamos con Eva desde el concepto de “elevación”. En la película de Saura todo es a ras de tierra, a la altura de los ojos de los personajes, al trasladarlo a lo femenino comenzamos a hablar del acto de volar, o de elevarse. “Elevarse, hasta de la muerte” decíamos en rodaje. De ahí viene ese movimiento de alzamiento de algunos planos. Sí, en femenino, la cámara se eleva, pero ¿qué pasa cuando te elevas demasiado? Ese fue el tema interesante. Pues que te alejas tanto de los personajes que los conviertes en figuras de una maqueta, en una abstracción, los deshumanizas, eso es lo que trabajamos.

Y para las escenas de caza elevadas le enseñé a Eva mis referencias de cuadros de Brueghel o las fotos de Jeff Wall, hay una “elevación adecuada”, sobrevolamos la escena, como si mirara un dron. Y finalmente te preguntas ¿quién mira? Esa es una pregunta importante de la película. No solo hay un dron que vigila, un personaje de la trama, también hay una cámara que ve el dron que vigila, ¿es el cineasta el que observa eso o hay alguien más? Básicamente se trata de la pérdida de la privacidad en el mundo contemporáneo. Siempre hay alguien mirando. ¿Quién está mirando? Es una pregunta importante que lanza la película.

La música de Fernando Vacas tiene una gran presencia en la historia, ¿en qué se inspira? ¿Cómo fue el proceso de composición?

¡¡Es magnífica!! Para mí la película no estuvo lista hasta que llegó la música de Vacas. ¡Es un genio! Elevó, nuevamente ese concepto, la película a otro nivel. La amplió, no solo la acompaña, multiplica la película a nivel semántico y sensorial. Pero fue un proceso largo, complejo y difícil. No llegamos a ella de primeras, y Juan Ferro, el diseñador de sonido, fue clave en el proceso. Lo logramos entre los tres, pero las composiciones, el arte, la artesanía y el saber hacer son de Fernando Vacas. Todo son instrumentos analógicos, no hay nada digital, tocados de manera magistral.

Fernando reunió a unos cuantos músicos brillantes y grabó mucho material, porque mis referencias e indicaciones al principio fueron muy generales, pero teníamos flautas y arpas y chelos y muchas cosas… lo difícil fue comenzar a limpiar todo eso, ver los árboles dentro del bosque. Poco a poco fuimos limpiando y quedó esta estructura muy interesante basada en las tres primeras notas del himno de España que toca un contrabajo y que luego se van distorsionando y rompiendo de diversas maneras y una es con la percusión. Algo atávico, repetitivo, ancestral, una música que te atrapa y no te deja escapar, como si fueras su presa auditiva.

A niveles de producción ¿cómo fue el rodaje? ¿Cuáles fueron los principales retos y dificultades?

Lo más difícil fue eliminar 20 páginas de guion por temas presupuestarios, yo tenía muchas ideas locas que no pude probar, algunas seguro que no hubieran funcionado, pero de otras siempre me quedará la duda. En principio era un rodaje de 6 semanas y lo redujimos a 5, o sea, 25 días de rodaje. Lo que es muy poco para ciertas cosas complejas que teníamos que hacer.

Otro tema fue el calor, en la dehesa extremeña en julio y agosto a 40 grados a la sombra, hay un momento en que no puedes pensar con lucidez, y a las actrices les afectó mucho, aunque también aportó un extra de tensión que vino bien en otros sentidos. Ellas, vestidas de otoño -porque la película ocurre en noviembre-, con escopetas, caminando sin parar por la dehesa, estaban agotadas. Y luego rodamos muchos planos en plano secuencia, algunos de 5 minutos, lo que implica más ensayos y otras dificultades. Pero todo salió bien, tuvimos suerte en algunos momentos también.

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