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[ENTREVISTA] “Hacer cine también es un acto de fe” — Carlos Solano y Miriam Rodríguez sobre su ópera prima Leo & Lou
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hace 9 mesesel

Con su ópera prima, el director Carlos Solano firma una aventura conmovedora rodada en Galicia que navega entre géneros para llegar al corazón de todos los públicos. Junto a la productora Miriam Rodríguez reflexionan sobre siete años de lucha, financiación internacional y la apuesta por contar una historia universal de comunicación, familia y libertad creativa.
¿Cómo surgió la idea de hacer esta película y qué motivaciones de producción llevaron a decidir realizarla pensando en el público español?
Carlos: Puedo contarte cómo surgió la idea y qué fue lo que me atrajo del proyecto. Luego está Miriam, que ha estado ahí durante ocho años, peleando sin soltarlo, y eso me parece muy bonito.
Todo parte de un cortometraje escrito por Carlos Camba Tomé, el guionista y creador de la historia original. Sentía que los personajes de ese corto eran entrañables, o al menos tenían el potencial de serlo. Reflejaban un poco cómo nos encontrábamos él y yo en ese momento: él limpiando baños en cines de Londres y yo sirviendo cafés, intentando salir adelante en la industria como podíamos.
Pero en el corto todo pasaba demasiado deprisa; las cosas ocurrían porque los guionistas decidían que pasaran, no porque los personajes tuvieran el tiempo de vivir, sentir y emocionarse.
Durante un año, Carlos y yo estuvimos trabajando en desarrollar esa historia. Miriam sabía que estábamos con un proyecto, pero no le hicimos llegar el guion hasta que tuvimos una versión de largometraje con la que estábamos realmente contentos, lista para empezar a moverla y llegar hasta donde estamos hoy. Y ahí es donde entra Miriam Rodríguez, con todo lo que ella vio, sintió y luchó por sacar la película adelante.
Miriam: Yo llevo trabajando con Carlos desde la universidad, en nuestros cortometrajes, y cuando llegué a Zeta también quise mantener esa idea: apostar por directores jóvenes o noveles en el ámbito del largometraje, con historias universales que puedan conectar con un público amplio.
A menudo, las óperas primas en España parten de presupuestos muy pequeños y suelen centrarse en un cine más intimista, en historias de traumas personales. No estamos tan acostumbrados a ver primeras películas más vitalistas, con la ambición de llegar a más público. Este proyecto encajaba muy bien con la línea de Zeta, así que en 2021 decidimos opcionarlo para sacarlo adelante.
Desde entonces, ha sido un largo camino de financiación, pero finalmente hemos llegado hasta aquí.
Cuéntame cómo ha sido ese camino de financiación. Entiendo que es una coproducción internacional. ¿Cómo ha funcionado eso en términos financieros?
Miriam: La producción comenzó como una coproducción con Galicia, junto a Frida Films. Lo primero que conseguimos fue la ayuda del programa europeo Media Slate, así que el primer dinero que entró en la película fue europeo. A eso se sumaron las ayudas al desarrollo de la Comunidad de Madrid y de la Xunta de Galicia, con las que pudimos iniciar la fase de desarrollo del proyecto.
Más adelante se incorporó Televisión Española, y al analizar el panorama de financiación en España nos dimos cuenta de que no sería suficiente para cubrir todo el presupuesto. Por eso empezamos a buscar una coproducción internacional. Inicialmente iba a ser con Bélgica, pero no conseguimos levantar la ayuda de Eurimages, así que esa opción se cayó.
En ese momento reapareció Miranda, a quien conocimos en 2014 en el Festival de Cine de Cambridge, cuando ambos presentábamos nuestros primeros cortometrajes de escuela. Ella nos propuso explorar una posible coproducción con Reino Unido, y resultó muy bien: su participación se confirmó en diciembre, apenas unos meses antes del rodaje, que comenzó en abril.
Como los costes en Reino Unido eran bastante elevados, se incorporó también Rumanía para apoyarnos en la parte de laboratorio. Finalmente, completamos la financiación gracias a la ayuda a la producción de la Comunidad de Madrid, la de la Xunta de Galicia, y en Reino Unido con el apoyo de Lipsync y Richmond. La última pieza fue la aportación del ICAA, que fue justo lo que necesitábamos para sacar adelante la película.
¿Cuál fue el presupuesto total de la película?
Miriam: Claro, los precios en Reino Unido se desvirtuaron un poco, por eso prefiero hablar del coste de producción en España, que es lo que realmente manejamos nosotros. Los costes internacionales fueron bastante más altos, pero en España el presupuesto total ronda los 2.600.000 euros.
Carlos: Lo habitual en estos casos habría sido que el productor, tras varios años de intentos, terminara dejando el proyecto de lado. Pero Miriam nunca lo hizo.
En la película, el último agradecimiento es para ella, y dice algo así como: “por haber creído tan fuerte en este proyecto, que lo has hecho realidad.” Y es exactamente eso.
Han sido casi siete años desde que ella recibió el guion. Durante gran parte de ese tiempo se encontró con muchos “noes”, con negativas y con la sensación de que la película no encajaba en el tipo de cine que la industria estaba haciendo o buscando en ese momento. No respondía a lo que se suponía que interesaba al mercado o al público.
Y ahí está el mérito: que Miriam, desde su posición como productora, entendiendo el tipo de historias que quiere contar, vio en esta película algo por lo que merecía la pena luchar. Siete años de trabajo, de insistencia y de fe en el proyecto, que finalmente se ha hecho realidad.
A pesar de haber contado con el financiamiento necesario para realizar la película, ¿tuvieron algún obstáculo o situación en la que debieron modificar algo que querían hacer, o todo fluyó naturalmente y pudieron concretarlo tal como lo planearon?
Carlos: Claro que sí.
Miriam: Siempre hay tiras y aflojas.
Carlos: Sí, pero creo que, en nuestro caso, esos tiras y aflojas se dieron dentro de una relación de total confianza. Tanto Miriam como yo sabíamos que las decisiones que proponíamos no eran por ego o por interés personal, sino por el bien de la película. Después de tanto tiempo trabajando juntos, era como si fuéramos los padres de esta historia.
Miriam: Sí, me acuerdo que un par de días antes de empezar a rodar, en medio de toda la intensidad del momento, lo miré y le pregunté: “¿Tú crees que tenemos la misma película en la cabeza?”
Para mí era muy importante saber eso, tener la certeza de que compartíamos la misma visión. Porque si los dos veíamos la misma película, entonces cada uno podía luchar desde su lugar para conseguir la mejor versión posible. Y creo que eso lo logramos.
Evidentemente, luego están las típicas discusiones: “¿Por qué no podemos tener esta canción?” o “¿De verdad tiene que ser esta?”. Esas cosas siempre pasan.
Carlos: ¿Te acuerdas de aquella semana que te prometí que ibas a poder rodar? Pues tuvimos que recortar. Quitamos todos los días de esa semana: redujimos una semana entera de rodaje.
Miriam: Sí, no pudimos rodar las siete semanas que teníamos previstas; al final tuvimos que bajar a seis. Ese tipo de ajustes son inevitables, y cuando llegan, toca apretarse el cinturón. Son momentos duros.
Recuerdo también un día de rodaje que prácticamente perdimos por culpa del viento en el mar. No se pudo recuperar, así que tuvimos que rodar todas las escenas marítimas con un día menos.
Son situaciones difíciles, delicadas, que se sacan adelante, pero que se sufren en el proceso.
¿Cómo perciben la reacción de la industria audiovisual ante una propuesta que no está dirigida a un público específico, sino a todos? En ese contexto, ¿cómo esperan que funcione esta combinación y cuál es su panorama frente a ese desafío?
Miriam: Yo creo que este fue uno de los principales retos. Desde la industria y el marketing siempre se te pide que el producto esté muy enfocado a un público concreto, a un segmento definido. Pero Leo & Lou, desde el principio, es una película que navega entre géneros, que juega con distintos tonos.
Ese equilibrio fue difícil de trabajar: desde el guion, pasando por el rodaje, hasta la música. Pero creo que el resultado está muy conseguido, porque la película te lleva exactamente por los lugares emocionales por los que tiene que llevarte. No es una película para niños, es una película para todos los públicos, para todas las edades.
Y eso, a nivel de comunicación y posicionamiento, es complicado. A menudo todo el mundo quiere etiquetarte, meterte en una caja y decirte “esto es esto”. Pero Leo & Lou son muchas cosas a la vez. Y claro, eso a veces dificulta su posición en el mercado.
Lo que espero es que la gente le dé una oportunidad, porque la respuesta está siendo muy buena. Quienes la ven salen gratamente sorprendidos, emocionados, con ganas de recomendarla e incluso de volver a verla. Al final se trata de eso: que el público nos elija, que venga a verla y que sepa que no le vamos a defraudar.
Carlos: Claro, estamos hablando a productores, así que…
Miriam: (Ríe) Sí, lo entiendo. Es que todo el mundo intenta categorizarte, y creo que precisamente por no encajar del todo en esas categorías nos ha costado tanto sacarla adelante.
Carlos: Pero a la vez yo creo que por eso la película funciona y gusta.
Miriam: Sí, se sale un poco de las fórmulas habituales.
Carlos: Vivimos en una época muy marcada por fórmulas económicas: se hace lo que se cree que da rendimiento o lo que minimiza el riesgo. Pero el arte y la cultura, en esencia, implican riesgo.
Si quieres contar una historia que realmente emocione a la gente, probablemente tengas que salirte de la fórmula que ya han visto mil veces. Porque si no lo haces, es posible que no solo no los emociones, sino que ni siquiera los entretengas.
Y eso es difícil, sobre todo cuando se trata de presupuestos altos y de hacer las cosas de manera profesional. En mi caso, necesito poder expresarme narrativamente con libertad, y para eso hacen falta ciertos recursos. Si no los tengo, prefiero no hacerlo, porque sería contar la historia con una caligrafía que no es la mía.
Encontrar esa confianza, sobre todo cuando se trata de presupuestos importantes, no es fácil. Pero he tenido la suerte de cruzarme con gente que ha visto el valor en lo que hacemos. Estoy contento con las pocas cosas que he hecho, pero muy orgulloso de cómo las he hecho.
Y me gustaría pensar que, en el futuro, la gente siga apostando por historias que se salgan de esos márgenes preestablecidos por la industria. En ese sentido, la película está dirigida al público, paradójicamente.
La industria tiende a decirte qué es lo que el público quiere, pero hay algo perverso en ese discurso. Nosotros queríamos hacer una película para la gente, para disfrutarla con la gente: para emocionarla, hacerla reír, conmoverla desde un lugar honesto y puro. Creo que eso se nota, porque todas las personas que hemos participado la hemos llevado adelante con esa convicción. Y por eso, creo, la película llega.
Para cerrar, toda producción es un viaje que deja lecciones. ¿Qué aprendieron con Leo & Lou, ya sea en lo profesional o en lo personal? ¿De qué manera este proyecto los marcó?
Miriam: Creo que he aprendido a confiar más en mi propio criterio y a escuchar lo que el corazón te dice, a seguir lo que sientes que es lo adecuado para la película. También a rodearte de las personas que realmente quieren estar contigo en el proceso.
En nuestro equipo hay mucha gente que nos acompaña desde los cortometrajes: el montador, el diseñador de sonido, el director de fotografía, el compositor… Mucho equipo técnico y artístico que quiso formar parte del proyecto precisamente porque era nuestro primer largometraje juntos.
Y eso aporta muchísimo amor a la película. Creo que todas las personas que participaron, tanto delante como detrás de la cámara, lo hicieron desde el corazón y porque creyeron en la historia que estábamos contando. Y eso se nota; transmite una verdad muy especial. Para mí, esa conexión humana es fundamental cuando te enfrentas al rodaje de una película.
Carlos: Yo he aprendido tantísimas cosas… Durante todo este proceso conoces a mucha gente, y si escuchas con humildad, puedes aprender muchísimo —no solo sobre el trabajo, sino también sobre la vida.
Ahora mismo sigo un poco extasiado y agotado, porque le he puesto mucho cariño, mucho interés, mucha pasión. Soy bastante perfeccionista, y a veces eso me ha llevado a frustrarme o enfadarme cuando las cosas no salían como esperaba. Pero luego, con el tiempo, viendo el montaje, te das cuenta de que quizá te habías puesto un listón demasiado alto, injusto incluso, tanto para ti como para el propio proyecto.
Y entonces ves el resultado final y piensas: “llega al corazón de forma directa, sin artificios”. Incluso las pequeñas imperfecciones son humanas, naturales, y eso también tiene valor.
Así que he aprendido a abrazar lo que sucede, lo que ocurre en el camino. Y creo que lo más importante, en un proceso tan largo, es estar rodeado de las personas adecuadas. Y en nuestro caso, siento que ha sido así.
Miriam: Con Miranda decías mucho eso de trust the process, ¿no? Confiar en el proceso.
Carlos: Trust the process, sí, totalmente.
Miriam: Lo decían mucho los británicos, ¿te acuerdas?
Carlos: You think big…
Miriam: (Ríe) Eso desde el primer corto: think big.
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