Para Alejandro Martos, el montaje es el lugar donde la película termina de encontrar su verdad. En GANAS DE VIVIR, el debut como director del Langui, su trabajo fue mucho más que ordenar imágenes: fue dar forma al pulso emocional de la historia.
Desde un rodaje que comenzó por el desenlace hasta una estructura que se redefinió por completo en la sala de edición, Alejandro repasa en esta entrevista el proceso creativo, la importancia de la intuición y la honestidad narrativa, el valor de los silencios y el estrecho diálogo con Langui y el resto del equipo para construir, plano a plano, el viaje vital de Desirée.
El montaje es donde realmente se termina de escribir la película. ¿Cómo fue tu primer acercamiento al material de Desirée / GANAS DE VIVIR?
Siempre que recibes el material por primera vez es un chute de energía. Llevas tiempo viendo a tus compañeros rodar y te mueres de ganas por empezar a verlo. En este caso, como se empezó a rodar por el final, era una sensación extraña porque estás viendo cómo termina la película antes de empezar siquiera a montarla. Es una parte muy curiosa del oficio y muy divertida de contar a la gente.
En un documental con tanta carga emocional, ¿cómo encontraste el equilibrio entre ritmo y emoción sin sobrecargar al espectador?
Hay que confiar en el instinto y no perder de vista la mirada del espectador. Pero lo más importante es ser honesto con el mensaje, con lo que quieres transmitir y entender los tiempo narrativos de una película. Si confías en la inteligencia del espectador y evitas ser efectista, llegarás al corazón del público.
¿Cómo trabajaste la estructura narrativa?
Del guion original apenas permanece la esencia. En documentales de esta naturaleza es un proceso habitual. Se diseña una estructura que actúe como brújula durante el rodaje, pero es en el montaje donde la película realmente encuentra su forma.
Es la parte que más me apasiona del proceso. Llega un momento en que has visto el material tantas veces que comienzas a reorganizarlo mentalmente, a desplazar los bloques en tu cabeza, a obsesionarte… Te acuestas pensando que algo no termina de funcionar y al despertar la solución aparece con claridad. Es un diálogo interior muy intenso y emocionante.
Los silencios y las miradas tienen mucho peso en la película. ¿Cómo decidías cuánto dejar respirar una escena y cuándo cortar?
No hay nada más orgánico que la realidad y la película está llena de esos silencios, esas miradas que transmiten tanta verdad. Lo difícil sería inventártelo, pero en este caso solo había que ser lo más fiel posible a la realidad, sin perder de vista el ritmo de la película. También hay que decir, que Juanma tiene muy buen ojo para estos momentos tan íntimos y sutiles. En este caso me dejé guiar mucho por él.
¿Cómo fue el diálogo con Langui durante el proceso? ¿Es de los que tienen muy claro lo que quieren o dejaba espacio para probar y descubrir en montaje?
Juanma es un director que te hace las cosas muy fáciles. Él deja claro desde la fase de preproducción que es lo que quiere exactamente y te deja mucha libertad para llegar a ello.
Los primeros días de montaje pasamos más tiempo hablando que montando, pero esos diálogos fueron clave para poder definir el rumbo del montaje. Me dio mucha confianza y siempre me apoyó con las decisiones que fui tomando durante todo el proceso. Ha sido apasionante trabajar con Langui.
La música juega un papel importante. ¿En qué momento empezaste a trabajar con ella y cómo influyó en las decisiones de ritmo y tono?
Desde el inicio del proceso creativo, la música está presente como un elemento estructural. Para mí, la banda sonora no es un complemento, sino uno de los pilares fundamentales de la película.
Por ello, junto a Celia elaboramos una selección de referencias que definen con precisión el tono y el universo sonoro que acompañará al documental. Una vez finalizado el montaje, Celia compone la banda sonora original tomando esas referencias como punto de partida, de manera que su incorporación no se perciba como un añadido, sino como una verdadera simbiosis entre la historia y la música.
¿Hubo alguna secuencia especialmente difícil de montar —por razones emocionales o estructurales—?
El momento en que Víctor, el padre de Desirée, comparte su testimonio y se derrumba emocionalmente fue para mí especialmente difícil de afrontar. Soy una persona profundamente sensible y empática y al llegar a esa secuencia ya me encontraba íntimamente vinculado a la historia de Desirée.
Fue un viaje emocional en mayúsculas, y así intenté trasladarlo al montaje.
Y, por último, ¿en qué momento sentiste que la película estaba realmente terminada?
Justo antes de Navidades, entregué un corte que yo sentía que era realmente el último.
Era consciente de que aún quedaban por afinar algunos aspectos técnicos, pero la estructura estaba consolidada, tenía ritmo, emocionaba y la película transmitía, con honestidad, ganas de vivir. Ese fue el momento.
ProduccionAudiovisual.com es un blog independiente dedicado a la industria audiovisual en español. Desde 2014 comparte análisis, recursos y experiencias sobre financiación, producción y distribución de cine, televisión y nuevos formatos, con un enfoque práctico orientado a profesionales, estudiantes y empresas del sector. Más que un medio de actualidad, es un espacio para entender cómo se levantan los proyectos, cómo se estructura el negocio y cómo evoluciona el oficio de producir en un entorno en constante transformación.