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Claves y recursos

¿Cuándo fue la última vez que fuiste al cine? El 64% de los internautas lleva más de un mes sin acudir a una sala

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Ir al cine sigue siendo una de las experiencias culturales más reconocidas por los espectadores, pero cada vez parece menos habitual en el día a día. Así lo refleja la última edición del estudio Navegantes en la Red de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC), que ha preguntado a miles de internautas españoles una cuestión tan sencilla como reveladora: ¿cuándo fue la última vez que fuiste al cine?

La respuesta dibuja una realidad que invita a la reflexión dentro de la industria audiovisual. Según los datos del informe, el 64,3% de los encuestados asegura que acudió al cine hace más de un mes o que directamente nunca va. Es decir, casi dos de cada tres usuarios de Internet en España no han visitado una sala cinematográfica en las últimas cuatro semanas.

La asistencia reciente también muestra cifras moderadas. Solo el 2,3% afirma haber ido al cine el día anterior a responder la encuesta, un 3% lo hizo dos días antes y un 9,3% asegura haber acudido durante la última semana. Por su parte, un 21,1% señala que fue al cine en algún momento de los últimos treinta días.

Más allá de los porcentajes concretos, el dato deja una lectura clara: para una gran parte de los espectadores, ir al cine ya no forma parte de sus hábitos semanales ni siquiera mensuales. La visita a la sala parece haberse transformado progresivamente en una actividad más puntual, vinculada a determinados estrenos o eventos concretos, en lugar de ser una práctica de ocio recurrente.

Esta tendencia resulta especialmente relevante en un contexto donde el consumo audiovisual atraviesa uno de los momentos más intensos de su historia. Las plataformas de streaming, las redes sociales, los vídeos cortos y los contenidos bajo demanda han multiplicado las horas que los usuarios dedican al audiovisual. Sin embargo, ese crecimiento no se traduce necesariamente en una mayor frecuencia de asistencia a las salas.

Para productores, distribuidores y exhibidores, el reto no parece estar en despertar el interés por las historias audiovisuales, sino en conseguir que el público considere el cine una experiencia suficientemente diferencial como para abandonar el consumo doméstico y desplazarse hasta una sala.

La encuesta de AIMC pone sobre la mesa una cuestión que la industria lleva años analizando: el problema no es que la gente vea menos contenido audiovisual, sino que cada vez va menos al cine. Y esa diferencia puede ser clave para entender hacia dónde se dirige el negocio de la exhibición en los próximos años.

Porque, al final, la pregunta que plantea el estudio es también una pregunta para toda la industria: ¿cuándo fue la última vez que el cine formó parte de la rutina de los espectadores?

ProduccionAudiovisual.com es un blog independiente dedicado a la industria audiovisual en español. Desde 2014 comparte análisis, recursos y experiencias sobre financiación, producción y distribución de cine, televisión y nuevos formatos, con un enfoque práctico orientado a profesionales, estudiantes y empresas del sector. Más que un medio de actualidad, es un espacio para entender cómo se levantan los proyectos, cómo se estructura el negocio y cómo evoluciona el oficio de producir en un entorno en constante transformación.

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La inversión privada gana terreno en el cine español: dos películas financiadas por SEGO Creative llegan a San Sebastián

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La financiación de una película sigue siendo uno de los grandes retos para cualquier productor. A las ayudas públicas, televisiones, preventas, inversión propia o financiación bancaria se están sumando en los últimos años nuevas fórmulas que buscan atraer capital privado hacia el audiovisual. Una de ellas es la que propone SEGO Creative, que este año llegará al Festival de San Sebastián de la mano de dos películas en las que han participado sus inversores.

Se trata de ‘El mal hijo’, debut en la dirección de largometrajes del actor Jaime Lorente, y ‘Esta soledad’, primera película de Javier Giner. Ambas competirán en New Directors, la sección del festival dedicada a nuevos talentos.

Más allá de la selección de los títulos, el caso resulta interesante por la fórmula utilizada para completar su financiación. Entre ambos proyectos, SEGO Creative canalizó alrededor de 500.000 euros procedentes de inversores particulares.

La plataforma funciona como punto de encuentro entre productores que necesitan financiación y particulares interesados en invertir en proyectos concretos de la economía creativa. De esta manera, el inversor puede saber exactamente qué película, serie, documental, videojuego u otro proyecto cultural está financiando y conocer desde el principio las condiciones de la operación, incluyendo plazo, tipo de interés y momento previsto de cobro.

Desde el punto de vista del productor, se plantea como una herramienta complementaria a las fórmulas tradicionales. SEGO Creative permite incorporar préstamos de hasta cinco millones de euros para completar estructuras que pueden incluir ayudas públicas, financiación bancaria, recursos propios u otras fuentes. La compañía destaca además la rapidez de las operaciones, que pueden financiarse en cuestión de horas.

Una nueva vía para completar la financiación de una película

Este tipo de instrumentos puede resultar especialmente interesante en determinados momentos de una producción: cuando existe una parte importante del plan financiero asegurada pero todavía queda una necesidad de financiación por cubrir o cuando los tiempos del proyecto dificultan esperar a otras fuentes.

“Que dos proyectos en los que ha participado nuestra comunidad de inversores lleguen al Festival de San Sebastián demuestra de manera muy tangible lo que queremos conseguir con SEGO Creative: conectar capital privado con talento”, explica Patricia López, directora de SEGO Creative, que resume también su filosofía desde el punto de vista del productor: “No siempre necesitas la financiación más barata. Necesitas la financiación que puedas conseguir, en el plazo que necesitas y con unas condiciones que permitan ejecutar tu proyecto”.

La compañía comenzó su actividad en 2024 y desde entonces ha participado en más de 30 títulos, ampliando su ámbito de actuación más allá del cine hacia series, videojuegos, documentales, distribución y teatro. En total, asegura haber canalizado más de cinco millones de euros hacia proyectos culturales y haber devuelto más de dos millones a sus inversores.

La llegada de ‘El mal hijo’ y ‘Esta soledad’ a San Sebastián ofrece ahora un escaparate especialmente visible para este modelo y, sobre todo, vuelve a poner sobre la mesa una cuestión cada vez más relevante para los productores: la búsqueda de nuevas fuentes de financiación privada capaces de convivir con las herramientas tradicionales del audiovisual español.

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¿Qué estudios están detrás de las películas más taquilleras de la historia?

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Cuando pensamos en las películas que más dinero han recaudado en los cines, aparecen inmediatamente nombres como Avatar, Vengadores: Endgame, Titanic o Star Wars. Sin embargo, si en lugar de fijarnos en las películas miramos quién está detrás de ellas, el ranking mundial de taquilla ofrece una fotografía bastante reveladora de cómo funciona actualmente el negocio cinematográfico.

Y, sobre todo, de hasta qué punto se ha concentrado.

La película con mayor recaudación mundial sigue siendo Avatar, estrenada en 2009, con cerca de 2.924 millones de dólares. Originalmente fue una producción vinculada a 20th Century Fox, compañía que años después acabaría integrada en Disney tras la adquisición de buena parte de los activos de 21st Century Fox.

Algo parecido ocurre con Avatar: El sentido del agua, tercera película con mayor recaudación histórica, con más de 2.330 millones de dólares.

Entre ambas aparece Vengadores: Endgame, que alcanzó aproximadamente 2.800 millones. Su productora, Marvel Studios, también forma parte del ecosistema Disney desde que el grupo adquirió Marvel Entertainment en 2009.

El mapa empieza así a resultar bastante claro.

Disney, el gran protagonista de la taquilla mundial

La estrategia de adquisiciones desarrollada por Disney durante las últimas décadas ha terminado reuniendo bajo una misma compañía algunas de las marcas cinematográficas más rentables del planeta.

Marvel es solo una de ellas.

Disney compró Lucasfilm en 2012, incorporando a su catálogo el universo de Star Wars. El despertar de la Fuerza, estrenada en 2015, superó los 2.070 millones de dólares en todo el mundo.

También controla Pixar, responsable de Del revés 2, que se acercó a los 1.700 millones, y Walt Disney Animation Studios, detrás de éxitos como Zootrópolis 2.

A ello hay que sumar las películas procedentes de 20th Century Studios, entre ellas las dos entregas de Avatar presentes en los primeros puestos de la clasificación.

El resultado es que buena parte de las películas que han conseguido superar la extraordinaria barrera de los 2.000 millones de dólares terminan conectadas, de una forma u otra, con el mismo conglomerado.

Paramount y Sony mantienen posiciones

Fuera del universo Disney encontramos otros históricos de Hollywood.

Titanic, con unos 2.264 millones de dólares acumulados durante sus diferentes estrenos, nació de una operación compartida entre Paramount y 20th Century Fox. Paramount se encargó originalmente de Norteamérica mientras Fox asumió la explotación internacional.

También aparece Sony gracias a Spider-Man: No Way Home, que alcanzó alrededor de 1.920 millones de dólares.

El caso de Spider-Man refleja además otra característica del Hollywood contemporáneo: las complejas alianzas entre grandes compañías. Sony mantiene los derechos cinematográficos del personaje mientras Marvel Studios participa creativamente en las películas protagonizadas por Tom Holland.

Un intruso inesperado entre los gigantes de Hollywood

Pero quizá el nombre más interesante del ranking actual no sea Disney, Sony ni Paramount.

Es Beijing Enlight Pictures.

El estudio chino está detrás de Ne Zha 2, el fenómeno de animación estrenado en 2025 que superó los 2.200 millones de dólares y consiguió situarse entre las películas más taquilleras jamás estrenadas.

Por primera vez, una producción ajena al sistema tradicional de los grandes estudios occidentales ha alcanzado la zona más alta de una clasificación históricamente dominada por Hollywood.

Y su éxito plantea una cuestión especialmente interesante para el futuro de la industria.

Durante décadas, conseguir una de las mayores taquillas mundiales exigía conquistar prácticamente todos los grandes territorios internacionales. El crecimiento del mercado chino demuestra que una película puede alcanzar cifras extraordinarias apoyándose fundamentalmente en un mercado doméstico gigantesco.

El ranking de las películas más taquilleras sigue mostrando el enorme poder de Hollywood. Pero por primera vez también empieza a enseñar algo diferente: quizá el próximo gran estudio cinematográfico global no tenga necesariamente su sede en Los Ángeles.

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¿Qué diferencia hay entre el presupuesto, la financiación y el cash flow de una película?

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Cuando una productora comienza a trabajar en una película, hay tres documentos económicos fundamentales: el presupuesto, el plan de financiación y el cashflow. Están estrechamente relacionados, pero no son lo mismo ni responden a las mismas preguntas.

El presupuesto determina cuánto costará hacer la película. El plan de financiación explica de dónde saldrá ese dinero. Y el cashflow establece cuándo estará realmente disponible y en qué momento habrá que realizar cada pago.

Confundir estos tres conceptos puede llevar a una productora a creer que tiene una película completamente financiada y descubrir, justo antes del rodaje, que no dispone de liquidez suficiente para ponerla en marcha.

El presupuesto: ¿cuánto cuesta hacer la película?

El presupuesto recoge todos los costes necesarios para desarrollar, producir, terminar y entregar una película. Incluye desde los derechos del guion y los honorarios del reparto hasta las nóminas del equipo técnico, las localizaciones, el material de cámara, los seguros, la posproducción o la entrega de materiales.

También debe contemplar los gastos generales, las contingencias, los costes financieros y, cuando corresponda, el beneficio industrial de la productora.

Su función principal es calcular el coste total del proyecto y distribuirlo entre los diferentes capítulos y partidas. Es, por tanto, la traducción económica del plan de producción.

Un largometraje puede tener un presupuesto de dos millones de euros, pero esa cifra no significa que la productora disponga de ese dinero ni explica quién lo aportará. Solamente establece cuánto se prevé que costará realizarlo.

Además, el presupuesto no debería entenderse como un documento estático. A medida que avanza el proyecto pueden cambiar el guion, el reparto, el número de jornadas, las localizaciones o las necesidades técnicas. Cada decisión creativa tiene una consecuencia económica y debe reflejarse en una nueva versión.

El plan de financiación: ¿de dónde sale el dinero?

Una vez calculado el coste de la película, la siguiente pregunta es cómo se cubrirá. Esa es la función del plan de financiación.

Este documento reúne todas las fuentes con las que la productora espera financiar el presupuesto: ayudas públicas, contratos con televisiones o plataformas, inversión privada, preventas internacionales, aportaciones de coproductores, incentivos fiscales, préstamos, recursos propios o acuerdos de distribución.

Si una película cuesta dos millones de euros, el plan de financiación debe explicar cómo se obtendrán esos dos millones.

Sin embargo, no todas las fuentes incluidas tienen el mismo grado de certeza. Algunas cantidades estarán ya cobradas o comprometidas mediante contratos; otras pueden depender de la concesión de una ayuda, del cierre de una preventa o de la entrada de un inversor.

Por eso, un buen plan debe distinguir entre financiación confirmada, pendiente de formalización y meramente prevista. Considerar como seguro un ingreso que todavía no lo es puede crear una falsa sensación de viabilidad.

Tampoco basta con que la suma total alcance el 100 % del presupuesto. Hay que analizar las condiciones asociadas a cada aportación: qué derechos se ceden, qué garantías se exigen, si el dinero debe devolverse y qué posición ocupará cada participante en el reparto de ingresos.

El cashflow: ¿cuándo entra y sale el dinero?

El cashflow, o flujo de caja, traslada el presupuesto y la financiación a un calendario.

Su objetivo es reflejar cuándo se cobrará realmente cada ingreso y cuándo deberá pagarse cada gasto. Permite conocer cuánto dinero habrá disponible en cada momento y detectar con antelación posibles problemas de liquidez.

Una televisión puede comprometer una aportación de 400.000 euros, pero dividir el pago entre la firma del contrato, el inicio del rodaje y la entrega definitiva de la película. Una ayuda puede estar concedida, aunque su abono no llegue hasta después de justificar los costes. Del mismo modo, un incentivo fiscal puede formar parte del plan de financiación, pero convertirse en liquidez mucho después de terminar la producción.

Mientras tanto, la productora deberá pagar nóminas, Seguridad Social, alojamientos, alquileres, proveedores y transportes. Estos gastos se concentran especialmente durante la preparación y el rodaje.

Por tanto, una película puede tener el presupuesto completamente financiado y sufrir al mismo tiempo un grave problema de cashflow. El dinero llegará, pero no necesariamente cuando haga falta.

Una misma película, tres preguntas diferentes

Imaginemos una producción con un coste total de dos millones de euros.

El presupuesto detalla en qué se gastarán: reparto, equipo técnico, rodaje, viajes, seguros, montaje, sonido, música, efectos visuales, gastos generales y contingencias.

El plan de financiación establece de dónde procederán: una ayuda pública, una televisión, un coproductor, inversión privada, un incentivo fiscal y una aportación de la propia productora.

El cashflow sitúa cada una de esas entradas y salidas en el tiempo. Puede revelar, por ejemplo, que durante el rodaje habrá que pagar 700.000 euros, pero que en ese momento solo se habrán cobrado 450.000.

La película está financiada, pero existe un déficit temporal de 250.000 euros. Esa es la máxima necesidad de caja que la productora deberá cubrir mediante recursos propios, un préstamo, una póliza de crédito o el anticipo de algún contrato.

Y financiar ese desfase tiene un coste que también debería aparecer en el presupuesto.

Tener financiación no significa tener liquidez

Esta es probablemente la diferencia más importante. La financiación expresa el derecho o la expectativa de recibir recursos. La liquidez representa el dinero efectivamente disponible para pagar.

Un contrato firmado puede ser financiable, pero no es dinero en la cuenta. Una ayuda concedida puede anticiparse, aunque para ello quizá sea necesario aportar garantías. Un incentivo fiscal puede representar una parte importante del plan de financiación, pero normalmente exige encontrar antes a un inversor o articular una estructura que permita monetizarlo.

Cuando esos tiempos no están correctamente calculados, la productora debe buscar financiación puente con urgencia. Esto puede generar intereses, comisiones, gastos notariales, garantías y honorarios de intermediación que reducen el margen previsto.

Cuanto más tarde se detecta el problema de liquidez, menor es la capacidad de negociación y más cara suele resultar la solución.

Los tres documentos deben construirse conjuntamente

Aunque se presenten por separado, el presupuesto, el plan de financiación y el cashflow deben desarrollarse de manera coordinada.

Un cambio en el presupuesto puede exigir nuevas fuentes de financiación. Un retraso en una ayuda puede aumentar la necesidad de liquidez. Un préstamo destinado a cubrir ese desfase genera intereses que deben incorporarse al coste de la película. Y ese incremento obliga, a su vez, a revisar el plan de financiación.

Los tres documentos forman así un circuito: cualquier modificación importante en uno puede alterar los otros dos.

El cashflow también debería incluir distintos escenarios. No basta con calcular qué ocurrirá si todos los ingresos llegan exactamente en la fecha prevista. Conviene medir las consecuencias de posibles retrasos, sobrecostes o cambios en el calendario de producción.

La diferencia que puede salvar una producción

El presupuesto responde a cuánto cuesta la película. El plan de financiación indica de dónde saldrá ese dinero. Y el cashflow muestra si llegará a tiempo para poder producirla.

Una película puede estar bien presupuestada, pero insuficientemente financiada. Puede tener toda la financiación cerrada, pero carecer de liquidez. Y puede disponer inicialmente de caja, pero gastar más de lo previsto y agotar sus recursos antes de terminar.

Por eso, la viabilidad económica de una película no depende solamente de que las cifras cuadren al final. También exige que encajen a lo largo de todo el proceso.

En producción audiovisual, saber cuánto dinero se necesita y de dónde procederá es esencial. Pero conocer exactamente cuándo entrará y cuándo tendrá que salir es lo que permite que el rodaje comience, avance y termine sin poner en peligro a la productora.

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