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Entrevisamos a Ruben Samos para descubrir cómo se hizo el espectacular maquillaje FX de la nueva película de Julio Medem

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Rubén Samos, candidato a Mejor Maquillaje en los próximos Premios Goya por su trabajo en «8», la última película dirigida por Julio Medem, es un reconocido maquillador de efectos especiales con una destacada trayectoria. Especializado en la creación de prótesis, caracterización y efectos de maquillaje para cine, televisión y publicidad, su trabajo ha sido clave en la transformación de actores en criaturas fantásticas, personajes históricos y figuras terroríficas en películas como «Dune 2», «Intemperie», «Ventajas de Viajar en Tren», «Guy Ritchie: El pacto», o «Exodus».

Con una pasión por la artesanía y la innovación en el maquillaje FX, Rubén afronta en «8» uno de los mayores retos de su carrera: envejecer a Ana Rujas y Javier Rey a lo largo de una película en las que les vemos en diferentes etapas de su vida como jóvenes, adultos y ancianos. El resultado: más que espectacular. En esta entrevista, descubrimos cómo lo ha hecho.

«8» es una producción de Barbazul La Película AIE, Eidan Produce y Morena Films, en coproducción con Quexito Films. Cuenta con la participación de RTVE y Movistar Plus+, en asociación con Latido Films, y con el respaldo de la Bilbao Bizkaia Film Commission y la Diputación Foral de Bizkaia, con la financiación del Ayuntamiento de Madrid. La distribución en salas comerciales en España corre a cargo de VerCine.

La película abarca 90 años de historia con los mismos actores protagonistas interpretando los mismos personajes con diferentes edades. ¿Cómo abordaste el desafío?

En el momento en el que se me planteó el proyecto y tras una primera lectura del guión, vi que tendríamos que llevar a cabo un arduo trabajo de caracterización con ambos protagonistas. Tanto Ana Rujas como Javier Rey se enfrentarían a largas jornadas en la silla de maquillaje, y eso nos marcaría el camino a seguir. Desde el principio Julio Medem quería ver una evolución acorde con el paso de las décadas , pero sin perder la frescura de ambos actores, ni rozar extremos. Por esa misma razón se diseñaron unos envejecimientos, que a riesgo de parecer sutiles, funcionaban muy bien en pantalla.

La combinación de pelucas, maquillajes y posticería de diferentes épocas, junto a las prótesis tanto en cara y cuello, como en manos, ayudaron a conseguir un aspecto realista, y efecto deseado. Los diseños de maquillaje de Cecilia Escot para las diferentes épocas y las ideas de Eduardo Torres marcando cada periodo de la historia funcionaron muy bien con mis propuestas de envejecimientos. Después de las primeras pruebas de maquillaje en Madrid empezamos a ver la luz, aunque nos quedarían mucho trabajo por delante, y cientos de ajustes por hacer.

Y por si eso ya no fuera suficiente, la película además se planificó como ocho planos secuencias.

La particularidad de rodar en planos secuencia planteó una serie de inconvenientes. Unos actores maquillados y peinados a primera hora de una larga jornada, implicaba que todo tenía que quedar perfecto en el menor tiempo posible. Los retoques entre planos de duración corta desparecían, y si veías algo que no te encajaba cuando mirabas el monitor, solo podías rezar por que Julio quisiera hacer otra toma. Cosa que a veces era un poco complicado, por el tiempo que llevaba empezar desde cero la secuencia. A pesar de todo, cuando terminaban los planos secuencia, siempre dispusimos de nuestro momento para atacar a los actores. Digamos, que acostumbrados a planos mucho más cortos de rodar, desde que se canta motor, nos mantuvimos muchas veces en vilo. Aún así, quedamos muy contentos con el resultado.

En general todos los maquillajes aguantaron muy bien y el clima frío del norte estuvo de nuestra parte. Cabe mencionar que la paciencia tanto de Ana Rujas como de Javier Rey fue espectacular. No solo por aguantar muchas horas en la silla de maquillaje al principio de la jornada, sino por soportar todas las horas de rodaje manteniendo muy bien las caracterizaciones. Y por supuesto no olvidar, que después había que desmaquillar, lo más rápido posible, sin que sufriera la piel para la siguiente jornada. Unos auténticos profesionales delante y detrás de la cámara. Así da gusto.

Imagino que para llegar a caracterizar a Ana Rujas y a Javier Rey como personas de 90 años, los procesos no debian ser precisamente rápidos. ¿Cómo os coordinasteis con el resto del departamento de maquillaje y peluquería?

Cada periodo en la historia tenía un juego completo y diferente de pelucas, posticeria y maquillaje protésico. Lo que nos llevó un trabajo de preparación de muchísimas horas diarias, y muy ajustado al comienzo del rodaje. Tanto, que incluso hubo que terminar un montón de cosas con el rodaje ya empezado. No olvidemos que a parte de los dos protagonistas, teníamos más personajes que también evolucionaban en la historia. Para el caso concreto de Ana y Javier con noventa años contacté con Eduardo Pérez y Victor Alcalá, de la empresa Barbatos FX. Ambos vinieron a mi estudio y juntos les sacamos un molde completo de cabeza y manos, tanto a Ana como a Javier. Eduardo Torres también estuvo durante el proceso, ayudando con la preparación de pelo y tomando medidas para las pelucas que se fabricarían posteriormente.

Todos los moldes que se sacaron fueron sobre los que tanto Barbatos, como yo mismo, usamos para los diferentes envejecimientos, y así diseñar sobre la cara de los actores. En un tiempo récord, e implicando en el proceso, tanto del modelado inicial como en la aplicación final de las prótesis a artistas como Cristina Malillos o Raquel Munuera entre otros, se consiguió un resultado fantástico.

Durante el maquillaje de los noventa años trabajaron hasta cuatro maquilladores por actor. Y así estuvieron listos en unas tres horas y media aproximadamente. Eduardo Torres y Carmen Veinat hicieron un trabajo espectacular con las pelucas de ambos. Y Cecilia Escot y Belén Cruces no se quedaron atrás con los maquillajes y la posticería, no solo de los protagonistas, sino del resto de actores. No es fácil trabajar con pelucas poco pobladas y con maquillajes sobre prótesis de silicona y de bondo. Pero el resultado conseguido fue muy bueno.

Era la primera vez que trabajas con Julio Medem y lo has hecho en la que, probablemente, sea su película formalmente más atrevida ¿Cómo ha sido trabajar con él?

Desde las primeras reuniones con Julio, me di cuenta que habría que encontrar un punto medio entre lo que se quería hacer y lo que realmente se podía hacer. Es un director con las ideas claras que sabe lo que quiere, pero que también sabe escuchar y está abierto a propuestas realistas fundadas en el tiempo de preparación y el presupuesto. Esto nos dio un respiro a la hora de plantear los diseños de los personajes.

Una vez que hicimos las pruebas de maquillaje y Julio veía que lo que había le gustaba, nos dio un poco de libertad a la hora de crear y presentar diferentes “looks”. Y una vez que empezamos a rodar perdimos un poco el contacto directo con el. Fue una buena señal. Si no nos decía nada, es que le gustaba lo que veía. También quiero entender que por lo ambicioso del proyecto, una vez que aprobaba algo, tendría que centrarse en lo siguiente. Sinceramente me hubiera gustado haber trabajado con él en otro proyecto para poder comparar. La sensación que me queda es de una dura y laboriosa, pero buena experiencia.

Por último, la película se estrenará en el próximo Festival de Málaga y posteriormente, el día 21 de marzo, en cines de toda España. ¿Cómo esperas que el público reciba una película con una propuesta visual tan impactante?

Tanto yo, como todo el equipo, hemos asistido a un rodaje atípico, con una propuesta visual arriesgada y diferente. Creo que son los ingredientes perfectos para crear discordia entre el público. Partiendo de la premisa de que no puedes agradar a todo el público por igual, independientemente del producto que vendas, le veo un potencial y una fuerza que no tienen otras películas. Creo que “8” es la apuesta más arriesgada, no solo de Julio Medem, sino de muchas películas que se han hecho en años. Y creo que eso es muy bueno.

ProduccionAudiovisual.com es un blog independiente dedicado a la industria audiovisual en español. Desde 2014 comparte análisis, recursos y experiencias sobre financiación, producción y distribución de cine, televisión y nuevos formatos, con un enfoque práctico orientado a profesionales, estudiantes y empresas del sector. Más que un medio de actualidad, es un espacio para entender cómo se levantan los proyectos, cómo se estructura el negocio y cómo evoluciona el oficio de producir en un entorno en constante transformación.

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‘Influjo psíquico’: entrevistamos a Alejandra Cardona e Idoya Barrabés

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¿Puede una persona ser condenada por ejercer un «influjo psíquico» sobre otras? Esta es la sorprendente pregunta que sirve de punto de partida a Influjo psíquico, el documental dirigido por Alejandra Cardona, con guion de Ana María Pinar y producido por Idoya Barrabés a través de Milyuna Historias, que investiga el proceso judicial contra el expresidente ecuatoriano Rafael Correa y profundiza en el fenómeno del lawfare, es decir, la utilización de la justicia como herramienta de confrontación política.

Tras tres años de investigación y rodajes en ocho países, la película llegó a España el pasado 1 de octubre con una proyección especial en el Palacio de la Prensa de Madrid. A medio camino entre la investigación periodística y el thriller documental, la producción reúne testimonios de distintas sensibilidades políticas y plantea preguntas sobre la relación entre justicia, poder y democracia.

En ProduccionAudiovisual.com entrevistamos a su directora, Alejandra Cardona, y a su productora, Idoya Barrabés, para conocer cómo se gestó este ambicioso proyecto, los desafíos de convertir un complejo caso judicial en una historia cinematográfica y las dificultades de financiar, rodar y distribuir un documental independiente de estas características.

¿Cómo nace Influjo psíquico y qué fue lo que os llevó a convertir el caso de Rafael Correa y el concepto de influjo psíquico en el punto de partida de una película?

La película nace casi por casualidad. Después de que Milyuna Historias, la productora, participara en la producción de Petro, el documental sobre el expresidente colombiano Gustavo Petro, conocemos el caso de Rafael Correa y descubrimos que había sido condenado por cohecho mediante «influjo psíquico». El concepto nos llamó muchísimo la atención y empezamos a investigar qué significaba realmente y cómo se había utilizado dentro de la sentencia. A partir de ahí entendimos que había una historia mucho más amplia y profunda, porque el caso nos permitía hablar, en realidad, de la relación entre justicia y poder y acercarnos a un fenómeno mucho más amplio como es el lawfare, es decir, el uso de los procesos judiciales como herramienta para proscribir contendientes políticos.

El proyecto se desarrolló durante tres años y en ocho países. ¿Cómo se organiza una investigación y un rodaje de estas características y cómo fue evolucionando la película durante ese tiempo?

Ha sido un proceso muy vivo, porque empezamos con una idea bastante más pequeña y la propia investigación fue abriendo caminos que no habíamos previsto. Cada entrevista nos llevaba a otra persona, a otro documento o incluso a otro país, de manera que la película fue creciendo de forma bastante orgánica. Hemos rodado en Ecuador, México, Venezuela, Colombia, España, Bélgica, Israel y Canadá, siguiendo las distintas ramificaciones de una historia que acabó siendo mucho más internacional de lo que imaginábamos al principio.

¿Cómo se abordó desde el guión una historia con tantas dimensiones (judicial, política y social) para conseguir que resultara comprensible para un público que quizá no conozca el contexto ecuatoriano?

Ese ha sido probablemente uno de los mayores retos del guion, porque necesitábamos explicar un procedimiento judicial muy complejo sin convertir la película en una clase de derecho ni exigir al espectador conocimientos previos sobre Ecuador. Por eso intentamos ir siempre de lo particular a lo general, utilizando el caso de Correa como hilo conductor y explicando únicamente aquello que el espectador necesita para poder avanzar en la historia. También recurrimos a gráficos, archivos y testimonios que nos permitieran traducir conceptos jurídicos complejos a un lenguaje mucho más accesible.

La película incorpora testimonios de personas con posiciones políticas muy diferentes. ¿Cómo trabajasteis la búsqueda de fuentes y la construcción de una mirada plural sobre los acontecimientos?

Desde el principio tuvimos claro que queríamos una película plural y que todos los agentes involucrados debían estar presentes. Buscamos voces de distintas sensibilidades políticas, juristas, politólogos, periodistas, protagonistas directos e incluso personas ideológicamente enfrentadas entre sí. Para nosotras era especialmente interesante comprobar qué ocurría cuando personas que parten de posiciones políticas muy distintas llegaban, sin embargo, a preguntas similares sobre el funcionamiento de la justicia. Por esta razón nos resulta tan interesante el testimonio de la ex vicepresidenta del Ecuador, Verónica Abad; ella denunció estar sufriendo lawfare por parte de su propio gobierno.

También contactamos con la ex fiscal Salazar y con el presidente Moreno, creíamos que era muy importante que ellos tuvieran espacio en la película, pero declinaron amablemente su participación. Hay muchos testimonios delante de la cámara pero hay muchos más que han formado parte de la investigación y la documentación y cimentan la mirada que hemos vertido en la película aunque no aparezcan en primera persona ante el espectador.

¿Qué retos supuso trabajar con un caso judicial todavía tan vinculado al debate político y cómo habéis buscado mantener el rigor documental sin perder la tensión narrativa?

El principal reto ha sido separar todo lo posible los hechos de las posiciones políticas, porque alrededor de Correa existe una polarización enorme. Por eso hemos intentado volver constantemente a las fuentes, a la sentencia, a los documentos y a los testimonios directos, mientras que cinematográficamente buscábamos construir una historia que mantuviera la tensión. Al final, el rigor y la narración no deberían ser incompatibles, queríamos contar una historia de forma atractiva intentando que los hechos fueran digeribles para un público que no tiene por qué saber nada del sistema judicial o político del Ecuador.

La película se acerca por momentos al lenguaje del thriller. ¿Qué decisiones de dirección, montaje, música o tratamiento de los archivos os ayudaron a construir esa dimensión cinematográfica?

Desde el principio queríamos alejarnos del documental construido únicamente a partir de entrevistas, porque la propia historia tenía elementos de investigación, poder y suspense que permitían acercarse al thriller. El montaje, la música, el tratamiento de los archivos, las imágenes aéreas y el uso de documentos y grafismos nos ayudaron a construir esa atmósfera, mientras que el rodaje en tantos lugares aportó una dimensión visual e internacional que también era importante para la película.

Habéis trabajado con una gran cantidad de documentación, archivos y testimonios. ¿Cómo fue el proceso de investigación y selección de materiales hasta llegar al montaje definitivo?

Fue un proceso enorme de acumulación y después de descarte, porque durante tres años reunimos entrevistas, sentencias, informes, noticias, archivos audiovisuales y muchísima documentación. Llegó un momento en el que el trabajo consistió sobre todo en decidir qué necesitaba realmente la película y qué, aunque fuera interesante, nos alejaba de su hilo principal. El montaje fue fundamental para encontrar ese equilibrio y conseguir que una investigación muy extensa terminara convertida en una historia que pudiera seguirse con claridad.

Y en este punto, la actualidad no nos ayudaba porque no han dejado de “pasar cosas” durante estos cuatro años, acontecimientos que era imposible en muchos casos obviar. Por eso uno de los momentos más dolorosos y al mismo tiempo liberadores ha sido ponerle el punto y final a una historia que todavía se está escribiendo.

Desde el punto de vista de la producción, ¿qué supuso levantar un largometraje documental independiente durante tres años y coordinar un equipo y rodajes en ocho países?

Supuso mucha flexibilidad y bastante resistencia, porque un documental independiente de estas características se construye mientras se investiga, se rueda y se busca financiación al mismo tiempo. Además, trabajar en ocho países implica coordinar equipos, viajes, permisos, personajes y situaciones que muchas veces cambian en el último momento. Ha sido una producción compleja, aunque esa dificultad también terminó enriqueciendo muchísimo la película.

¿Cómo ha sido el recorrido de Influjo psíquico desde sus primeras fases de desarrollo hasta llegar a su estreno en España y qué aprendizajes os lleváis del proceso de producción y búsqueda de financiación?

Ha sido un recorrido bastante artesanal, porque la película fue creciendo mientras investigábamos, rodábamos y buscábamos financiación para poder seguir avanzando. Empezamos con un proyecto mucho más pequeño y acabamos rodando durante tres años en ocho países, de manera que cada nueva etapa nos obligaba a replantear también la producción.

El mayor aprendizaje ha sido entender que levantar un documental independiente exige mucha perseverancia y una enorme capacidad de adaptación, porque casi nunca dispones desde el principio de todos los recursos que necesitarías y, sin embargo, tienes que conseguir que esa limitación no termine viéndose en la pantalla. Por otra parte, abordar temas políticos no siempre resulta fácil de financiar o distribuir.

Más allá del caso de Rafael Correa, ¿qué pregunta queríais que quedara en el espectador después de ver la película y qué os gustaría que generara el debate posterior al estreno?

Nos gustaría que el espectador saliera preguntándose qué ocurre con una democracia cuando la justicia puede convertirse en un instrumento de la lucha política, independientemente de quién sea la persona afectada o de si estamos de acuerdo con ella. La película utiliza el caso de Rafael Correa porque es extraordinariamente singular, pero nuestra intención siempre ha sido ir más allá y hablar de la fragilidad de las instituciones, del respeto al debido proceso y de la necesidad de mantener una mirada crítica ante cualquier forma de poder.

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[PODCAST] Elisa Sirvent repasa su trayectoria como directora de producción en el nuevo podcast de APPA

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La Asociación de Profesionales de la Producción Audiovisual (APPA) estrena un nuevo episodio de su podcast. En esta ocasión, la invitada es Elisa Sirvent, directora de producción y socia de la asociación, que comparte su experiencia profesional en una conversación conducida por Aurora Martínez.

A lo largo del episodio, Sirvent repasa su trayectoria en la industria audiovisual, habla sobre el papel de la dirección de producción en los rodajes y comparte algunas de las experiencias que ha vivido al frente de proyectos cinematográficos y televisivos. Entre los títulos en los que ha trabajado figuran Alcarràs, La contadora de películas y Els encantats, entre otros.

Como es habitual, el programa también incluye sus secciones dedicadas a la actualidad del sector, consejos de producción, noticias sobre inteligencia artificial y la participación de colaboradores habituales de APPA.

Una charla especialmente interesante para estudiantes, profesionales y cualquier persona que quiera conocer mejor el papel de la dirección de producción dentro de la industria audiovisual.

¡Dale al play!

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Alberto Ammann: «La mujer de la fila es una película que no tiene nacionalidad»

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Coincidiendo con el estreno en España de La mujer de la fila, conversamos con el actor sobre el reto de interpretar una historia basada en hechos reales, el trabajo junto al director Benjamín Ávila y la evolución de su carrera entre el cine de autor, las grandes producciones y las series internacionales.

La mujer de la fila llega a los cines españoles para acercar al público una realidad poco habitual en la ficción: la de las familias de las personas privadas de libertad. Dirigida por el cineasta argentino Benjamín Ávila, la película toma como punto de partida la historia real de Andrea Casamento, activista que durante años luchó por visibilizar la situación de las familias de las personas encarceladas y por mejorar sus condiciones.

En este contexto, Alberto Ammann interpreta a Alejo, un personaje cuya presencia resulta fundamental en el recorrido emocional de la protagonista. Para construirlo, el actor no solo trabajó estrechamente con Benjamín Ávila, sino que también tuvo la oportunidad de conocer al verdadero Alejo y profundizar en la realidad que inspira la película.

Más allá de hablar de La mujer de la fila, durante la conversación también repasamos su manera de elegir proyectos, su creciente interés por la producción audiovisual y la visión que tiene sobre una profesión que le ha llevado a participar en películas y series tanto en España como a nivel internacional.

A continuación, reproducimos la entrevista completa.

Aunque La mujer de la fila se rodó y estrenó hace ya un tiempo, me gustaría empezar preguntándote qué fue lo que más te llamó la atención del proyecto cuando te llegó y qué hizo que quisieras formar parte de él?

Lo primero que me llamó la atención fue el mundo de las mujeres que sostienen a las familias de las personas privadas de libertad. Era una realidad completamente desconocida para mí y me impresionó descubrir hasta qué punto son ellas quienes mantienen unidas esas familias durante todo el proceso.

También me interesó mucho la historia concreta de Andrea Casamento y de Alejo. Al final es una historia de amor muy bonita, pero también de resistencia y de humanidad.

Y, por supuesto, estaba Benjamín Ávila. Yo había visto Infancia clandestina muchos años antes y me había parecido una película extraordinaria. Me emocionó muchísimo y tenía muchas ganas de trabajar con él porque me parece un director con una mirada muy especial.

Has trabajado con directores de perfiles muy distintos a lo largo de tu carrera. ¿Qué destacarías de la forma de dirigir de Benjamín Ávila y qué te llevas del proceso de rodaje de La mujer de la fila?

Lo que más destacaría de Benjamín es su profundidad y su enorme humanidad. Tiene una capacidad muy especial para mirar a los personajes, las historias y los conflictos sin quedarse nunca en la superficie.

Es una persona muy sensible y eso se refleja en su forma de dirigir. Siempre busca entender qué ocurre realmente dentro de cada personaje y eso hace que el trabajo como actor sea muy enriquecedor. A mí me interesa mucho trabajar con directores que tienen esa mirada, porque te invitan constantemente a profundizar y a encontrar matices.

Tu personaje tiene una presencia contenida, pero muy significativa dentro de la historia. ¿Cómo se construye un personaje que aparece menos tiempo en pantalla, pero que debe resultar creíble y dejar huella en el recorrido emocional de la protagonista?

Creo que gran parte de ese trabajo nace del propio guion y de la forma en la que Benjamín construye las escenas. Había algo muy delicado en esa relación entre los personajes y era importante que cada encuentro tuviera peso emocional.

Yo intenté conectar con la vulnerabilidad de Alejo. Es un hombre que lleva muchos años viviendo en un entorno marcado por la violencia, la tensión y la prisión. Recuperar esa parte más inocente, más humana, era fundamental para entenderlo.

Además, hablé mucho con Andrea Casamento y conocí el trabajo de la organización que creó junto a otras mujeres en distintos países. Entender cómo son tratadas las familias de las personas encarceladas, especialmente las mujeres, fue muy importante para construir esa relación. En ese contexto, encontrarse con un gesto de cariño, de comprensión o incluso de vulnerabilidad por parte de Alejo supone un verdadero bálsamo para ella.

Todo ese trabajo fue posible gracias a muchas conversaciones con Benjamín. Su dirección fue clave para encontrar el tono que necesitaba el personaje.

La película parte de una historia real y pone el foco en una realidad que rara vez vemos representada en el cine: la de las familias de las personas privadas de libertad. Como actor, ¿cambia tu forma de preparar un personaje cuando sabes que detrás de la ficción hay personas que han vivido realmente esa experiencia?

Sí, cambia mucho. En este caso tuve la oportunidad de reunirme con el verdadero Alejo, la persona a la que interpreto en la película.

Pudimos tomar un café, hablar durante horas, reírnos y compartir muchas experiencias de vida. También me contó episodios muy duros de los más de veinte años que pasó en prisión. Escucharle fue muy inspirador porque te ayuda a comprender hasta qué punto una experiencia así puede marcar el carácter y la forma de relacionarse con el mundo.

Muchas veces la realidad supera a la ficción. Yo podía imaginar determinadas situaciones, pero conocerlas de primera mano te sitúa en otro lugar completamente distinto. Esa conversación fue fundamental para construir el personaje con honestidad.

Tu filmografía combina cine de autor, grandes producciones y series internacionales. Mirando atrás, ¿cómo ha cambiado tu forma de elegir los proyectos y qué buscas hoy en un guion para decidir involucrarte?

Lo primero que busco siempre es una buena historia. Si un guion consigue tocarme alguna fibra y siento que, como espectador, tendría ganas de ver esa película, ya tiene mucho ganado.

Después me fijo en el personaje y en si existe un espacio creativo donde pueda aportar algo. Si siento que puedo disfrutar construyéndolo, el proyecto ya me interesa, independientemente del género.

En esta etapa de mi vida también estoy empezando a involucrarme en la producción. Tengo ganas de impulsar historias que me gustaría ver en pantalla y muchas veces, para que esas películas existan, uno tiene que implicarse desde el origen del proyecto. Es una evolución bastante natural después de tantos años de profesión.

Para terminar, ¿por qué recomendarías La mujer de la fila al público español?

La recomendaría porque es una película que no tiene nacionalidad. Habla de una realidad que trasciende cualquier país: la de las familias de las personas privadas de libertad, un mundo muy desconocido para la mayoría de nosotros.

Creo que es importante tomar conciencia de que no todas las personas que están en prisión son personas perdidas para siempre y de que el sistema penitenciario todavía tiene mucho camino por recorrer. Una condena no debería convertirse en un viaje al infierno. Además, quienes se quedan fuera también terminan viviendo su propia condena.

Me gustaría que el público se acercara a la película dejando a un lado los prejuicios. Todos los tenemos, pero esta historia invita precisamente a hacer el ejercicio de ponerse en el lugar de Andrea, de Alejo y de tantas personas que viven una situación como esta. Después cada uno hará su propia lectura, pero creo que merece la pena recorrer ese camino.

 

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