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Entrevista a Alicia Albares y Paco Cavero, directores del corto candidato al Premio Goya «Esto no es Noruega»

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Hoy charlamos con Alicia Albares (‘Madres de Luna’, ‘Donde caen las hojas’) y Paco Cavero (‘Verde pistacho’ , ‘Por eso no tengo hermanos’) sobre su multipremiado cortometraje «Esto no es Noruega«, recientemente seleccionado por la Academia como aspirante a ser nominado a los próximos Premios Goya en la categoría ‘Mejor Cortometraje de Ficción’.

Protagonizado por Jordi Aguilar, María Garralón, Raúl Fernández de Pablo, Estrella Olariaga y Alba Bersabé, «Esto no es Noruega» presenta con delicadeza y humor una temática tan sensible como la salud mental, explorando el tema desde una perspectiva amable y con toques de humor negro.

Una producción de Mordisco Films, Bamf Producciones, Nacho Solana, Shift Dif, Gessas Producciones, Inge Vela, Amca Producciones y Delicias Film que cuenta con distribución de YAQ Distribución.

¿Por qué decidisteis abordar el tema de la salud mental desde un enfoque humorístico?

La principal fuente de inspiración han sido nuestras propias familias. En cualquiera de ellas se dan situaciones parecidas: malentendidos, reproches, rencillas pero también hay espacio para la comprensión y el cariño. Queríamos hablar de esto, esta doble cara que tiene la esfera de lo familiar en la vida de cualquier persona.

Desde ese prisma, pensamos que la familia juega en la salud mental un papel fundamental. Para bien y para mal. La familia muchas veces provoca traumas y problemas en la infancia que deterioran nuestro estado mental de adultos pero, al mismo tiempo, es la fuente de apoyo que necesitamos para salir de ciertos estados mentales. Por eso pensamos que tratar esta paradoja desde el humor es el mejor camino para entenderlo.

«Esto no es Noruega» plantea la dificultad de cumplir la última voluntad de un ser querido ¿Cómo conectasteis esta situación con la experiencia personal de Jorge y sus desafíos emocionales?

 La muerte del padre de Jorge es la gota que colma el vaso para su delicada situación personal. Por tanto, la necesidad de cumplir su última voluntad se convierte para él en un desafío personal, una forma de reforzar su propia valía y su autoestima. No deja de ser un objetivo que da sentido a su existencia en ese momento y también una oportunidad para reconectar con sus seres queridos cuando más los necesita.

La trama combina elementos de humor negro con temas sensibles ¿Hubo momentos en que sentisteis que se os podía malinterpretar?

Bueno, como guionistas y directores, somos la noche y el día. Alicia hace drama, Paco hace comedia y esta combinación de tonos nos ha funcionado muy bien siempre que hemos colaborado juntos. En esta ocasión queríamos repetir esa fórmula, por lo que pensamos que era interesante ir un paso más allá y convertir a nuestros personajes en entes poliédricos y complejos, no queríamos limitarnos al gag cómico. Sabíamos que si nuestros personajes estaban construidos de manera orgánica, sus conflictos emocionales iban a otorgar a la historia una profundidad bien integrada, que no desmereciera la comedia, sino que aportara a la historia contundencia y mensaje. Creemos que ha salido bien, porque el drama, de alguna forma, complementa al humor negro. Y el humor negro suaviza el drama.

¿De dónde surgió la idea del funeral vikingo? ¿Es solo una metáfora o representa algo más profundo en la relación de Jorge con su padre?

En realidad nos gustaba la idea del funeral vikingo por la parafernalia que conlleva. En el imaginario colectivo está esa imagen cinematográfica de la barca en llamas en el mar, todo muy épico y deslumbrante. Nos parecía que ese “espectáculo” marítimo era perfecto para ser imitado por una familia española con pocos medios y un personaje principal, como es Jorge, un tanto torpe. La comedia está servida con esos ingredientes. Y el desastre también.

¿Qué papel juega la familia en la historia, especialmente en el contexto de la salud mental? 

La familia es el pilar esencial de la historia, pues es el antagonista en algunas ocasiones y al mismo tiempo, el apoyo. Jorge ha de lidiar con la desconfianza (lógica) de los suyos y al mismo tiempo son ellos los que le sostienen cuando todo se derrumba. Esa idea de la presión y al mismo tiempo, el sostén desinteresado y omnipresente que supone la familia nos parecía fundamental para construir el personaje de Jorge.

El cortometraje tiene un estilo visual y narrativo particular, con toques surrealistas. ¿Cómo contribuye este enfoque a la historia que queríais contar?

Bueno, a nosotros como cinéfilos y directores nos encanta la fantasía  y el absurdo. Aunque este corto no se adscribe a este género, sí nos seduce la idea de que no todo sea realista. Por eso, a nivel de tono, nos parecía interesante utilizar formas diferentes para contar la historia: ese frisbie volador cercano al cómic o ese drakkar mal hecho que remeda a los barcos vikingos que todos conocemos. Creemos que este tono ayuda a construir la comedia.

«Esto no es Noruega» ha sido bien recibido en festivales internacionales. ¿Cuál ha sido la reacción del público ante la temática y el enfoque del cortometraje?

En general todo el mundo halaga la mezcla de comedia y drama. Y valoran el tema de la salud mental como centro de la historia, logrando que se hable de una manera más natural sobre los problemas de ansiedad que todos hemos sufrido alguna vez. Al mismo tiempo, se valora mucho la comedia y conseguir que durante esos 18 minutos, el público haya podido desconectar y pasar un buen rato.

¿Cómo fue el trabajo con el elenco, especialmente considerando que los personajes pasan por situaciones emocionales complejas, pero también absurdas?

Hemos contado con un equipo de actores y actrices maravillosos. Tuvimos la suerte (y la desgracia) de que el corto se rodara en dos tiempos, debido a una galerna que azotó Cantabria el día que rodábamos, así que pudimos trabajar con ellos de manera muy profunda sobre sus personajes. Buceamos en la biografía de cada uno y esto sirvió para crear dinámicas muy bonitas en rodaje. Se creó una atmósfera muy familiar, divertida y llena de cariño, lo que nos permitió superar el palo de tener que suspender el rodaje y aplazarlo casi un año. El equipo artístico, al igual que el técnico, estuvo al pie del cañón en las dos ocasiones, aunque perdimos a un actor en el camino, que no pudo por fechas en ese segundo rodaje. Los actores y actrices estuvieron entregados en todo momento, sabían que había que hacer un buen trabajo, pero que pasarlo bien era un objetivo también. Y eso fue lo que pasó. Este buen rollo que disfrutamos se nota en cada plano del corto. Y eso nos hace sentir orgullosos.

¿Qué opináis de la visibilización de la salud mental en el cine actual? 

Creemos que está empezando a ser un tema recurrente en el cine, lo cual nos parece fundamental y necesario, porque de lo que no se habla no existe. Por tanto, es el momento de tratar el tema desde prismas diferentes, no siempre desde el drama. Mirar hacia esta problemática desde un planteamiento divertido y satírico no le resta importancia ni minimiza su lugar en nuestra opinión pública. Al contrario, pensamos que así se acerca al espectador, se abre el debate y se normalizan vivencias que mucha gente arrastra en silencio.

«Esto no es Noruega» cuenta con la participación de varias productoras y una distribución amplia. ¿Cómo lograsteis reunir este equipo? 

Bueno, fue precisamente ese “rodaje interruptus” que sufrimos lo que nos llevó a tener que buscar apoyos para compensar parte del presupuesto que perdimos por culpa de los avatares climatológicos. Si no hubiera sido por esos “productores rescatadores” que aparecieron cuando más lo necesitábamos, la película ahora mismo no existiría. Ellos han hecho posible que se lleve a cabo, con su colaboración tanto económica como personal. Han sido esenciales. Junto a ellos y gracias a un elenco y a un equipo técnico entregadísimo (en un duro rodaje en Cantabria), conseguimos un resultado que superó con creces nuestras expectativas.

La película aspira a una nominación a los Premios Goya. ¿Cómo os sentís ante esta posibilidad y qué impacto creéis que podría tener para el cortometraje y su mensaje?

Es la primera vez en nuestras carreras que conseguimos llegar a esta fase, a pesar de llevar toda la vida haciendo cortos y ser unas “viejas glorias” del formato. Para nosotros llegar hasta aquí ya es un sueño largamente perseguido. Esto desde luego va a servir para que el corto sea visto en más sitios, más festivales se interesen por él y al final, llegue a más público. Y para nosotros ese es el mejor premio: que la gente lo vea, que empatice con sus personajes y se identifique con lo que estamos contando. Si hemos logrado esto y la carrera hacia el Goya lo facilita, ya estamos felices.

 ¿Cuáles han sido los mayores desafíos a los que os habéis tenido que enfrentar?

Pues nuestro principal problema fue climatológico. Empezamos a rodar un viernes pensando que podría llover, pero poquito. Cuál no fue nuestra sorpresa cuando el sábado amaneció con tormenta, marejada y un viento que nos impidió rodar nada, obligándonos a anular el rodaje (y a perder gran parte de la subvención que teníamos y que ya estaba gastada). Esta anulación fue un palo muy grande para todo el equipo, tanto a nivel monetario como de ánimo. Nos obligó a suspender, parar y reconstruirnos, volviendo el año siguiente con nuevos aliados, más fuerza y ganas de hacerlo realidad. Y la cosa no ha salido tan mal…

Mirando hacia el futuro, ¿os gustaría continuar explorando temas sensibles como la salud mental en sus próximos proyectos? 

Bueno, creemos que construir personajes interesantes y realistas obliga a reflexionar sobre la salud mental siempre, de una u otra forma. Esto hace que las historias se hagan más profundas, más cercanas y busquen el corazón y la mente del espectador. No descartamos seguir usando la comedia para “llevar a la tierra” los problemas mentales y las dificultades familiares. De hecho, creemos que Esto no es Noruega podría ser un bonito germen para hacer un largometraje que profundizara en la historia de Jorge y su familia disfuncional.

¿Creéis que la industria del cine español valora lo suficiente al formato del cortometraje?

No, lo cierto es que queda mucho por hacer. El corto español es una rara avis a nivel internacional. Piezas que recorren los mejores festivales del mundo y que son reconocidas con prestigio y premios, pero que en nuestro propio país nadie conoce ni valora. El público no está educado para ver cortos en España, considera que son solo cantera de nuevos talentos, pero no los contempla como un formato cinematográfico en sí mismo, un territorio para experimentar y probar, para ser libres como creadores y contar mucho con muy poco.

Hace falta mucha más consciencia de público, hace falta más apoyo institucional y transformar de verdad una industria que sigue estando muy precarizada. Tenemos que valorar a nuestros cortometrajistas como lo que son: creadores sin más, no solo “futuros cineastas”. Tenemos que regularizar una tejido industrial que muchas veces funciona al margen de lo legal por falta de medios. Tenemos que lograr que los cortos sean vistos en el cine, se consuman en plataformas y se tengan en cuenta como piezas cinematográficas independientes y únicas. Queda mucho por hacer.

Finalmente, ¿Qué esperáis que el público se lleve al ver «Esto no es Noruega»?

Sobre todo, queremos arrancar una sonrisa y alguna que otra lagrimilla. Nos gustaría que la gente se sintiera identificada con las situaciones que ven, que les sirviera para reflexionar y pensar, pero siempre mientras pasan un buen rato, desconectan y se lo pasan bien. Y también, que se emocionen un poquito. Si logramos eso, el objetivo se habrá cumplido.

ProduccionAudiovisual.com es un blog independiente dedicado a la industria audiovisual en español. Desde 2014 comparte análisis, recursos y experiencias sobre financiación, producción y distribución de cine, televisión y nuevos formatos, con un enfoque práctico orientado a profesionales, estudiantes y empresas del sector. Más que un medio de actualidad, es un espacio para entender cómo se levantan los proyectos, cómo se estructura el negocio y cómo evoluciona el oficio de producir en un entorno en constante transformación.

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[PODCAST] Elisa Sirvent repasa su trayectoria como directora de producción en el nuevo podcast de APPA

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La Asociación de Profesionales de la Producción Audiovisual (APPA) estrena un nuevo episodio de su podcast. En esta ocasión, la invitada es Elisa Sirvent, directora de producción y socia de la asociación, que comparte su experiencia profesional en una conversación conducida por Aurora Martínez.

A lo largo del episodio, Sirvent repasa su trayectoria en la industria audiovisual, habla sobre el papel de la dirección de producción en los rodajes y comparte algunas de las experiencias que ha vivido al frente de proyectos cinematográficos y televisivos. Entre los títulos en los que ha trabajado figuran Alcarràs, La contadora de películas y Els encantats, entre otros.

Como es habitual, el programa también incluye sus secciones dedicadas a la actualidad del sector, consejos de producción, noticias sobre inteligencia artificial y la participación de colaboradores habituales de APPA.

Una charla especialmente interesante para estudiantes, profesionales y cualquier persona que quiera conocer mejor el papel de la dirección de producción dentro de la industria audiovisual.

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Alberto Ammann: «La mujer de la fila es una película que no tiene nacionalidad»

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Coincidiendo con el estreno en España de La mujer de la fila, conversamos con el actor sobre el reto de interpretar una historia basada en hechos reales, el trabajo junto al director Benjamín Ávila y la evolución de su carrera entre el cine de autor, las grandes producciones y las series internacionales.

La mujer de la fila llega a los cines españoles para acercar al público una realidad poco habitual en la ficción: la de las familias de las personas privadas de libertad. Dirigida por el cineasta argentino Benjamín Ávila, la película toma como punto de partida la historia real de Andrea Casamento, activista que durante años luchó por visibilizar la situación de las familias de las personas encarceladas y por mejorar sus condiciones.

En este contexto, Alberto Ammann interpreta a Alejo, un personaje cuya presencia resulta fundamental en el recorrido emocional de la protagonista. Para construirlo, el actor no solo trabajó estrechamente con Benjamín Ávila, sino que también tuvo la oportunidad de conocer al verdadero Alejo y profundizar en la realidad que inspira la película.

Más allá de hablar de La mujer de la fila, durante la conversación también repasamos su manera de elegir proyectos, su creciente interés por la producción audiovisual y la visión que tiene sobre una profesión que le ha llevado a participar en películas y series tanto en España como a nivel internacional.

A continuación, reproducimos la entrevista completa.

Aunque La mujer de la fila se rodó y estrenó hace ya un tiempo, me gustaría empezar preguntándote qué fue lo que más te llamó la atención del proyecto cuando te llegó y qué hizo que quisieras formar parte de él?

Lo primero que me llamó la atención fue el mundo de las mujeres que sostienen a las familias de las personas privadas de libertad. Era una realidad completamente desconocida para mí y me impresionó descubrir hasta qué punto son ellas quienes mantienen unidas esas familias durante todo el proceso.

También me interesó mucho la historia concreta de Andrea Casamento y de Alejo. Al final es una historia de amor muy bonita, pero también de resistencia y de humanidad.

Y, por supuesto, estaba Benjamín Ávila. Yo había visto Infancia clandestina muchos años antes y me había parecido una película extraordinaria. Me emocionó muchísimo y tenía muchas ganas de trabajar con él porque me parece un director con una mirada muy especial.

Has trabajado con directores de perfiles muy distintos a lo largo de tu carrera. ¿Qué destacarías de la forma de dirigir de Benjamín Ávila y qué te llevas del proceso de rodaje de La mujer de la fila?

Lo que más destacaría de Benjamín es su profundidad y su enorme humanidad. Tiene una capacidad muy especial para mirar a los personajes, las historias y los conflictos sin quedarse nunca en la superficie.

Es una persona muy sensible y eso se refleja en su forma de dirigir. Siempre busca entender qué ocurre realmente dentro de cada personaje y eso hace que el trabajo como actor sea muy enriquecedor. A mí me interesa mucho trabajar con directores que tienen esa mirada, porque te invitan constantemente a profundizar y a encontrar matices.

Tu personaje tiene una presencia contenida, pero muy significativa dentro de la historia. ¿Cómo se construye un personaje que aparece menos tiempo en pantalla, pero que debe resultar creíble y dejar huella en el recorrido emocional de la protagonista?

Creo que gran parte de ese trabajo nace del propio guion y de la forma en la que Benjamín construye las escenas. Había algo muy delicado en esa relación entre los personajes y era importante que cada encuentro tuviera peso emocional.

Yo intenté conectar con la vulnerabilidad de Alejo. Es un hombre que lleva muchos años viviendo en un entorno marcado por la violencia, la tensión y la prisión. Recuperar esa parte más inocente, más humana, era fundamental para entenderlo.

Además, hablé mucho con Andrea Casamento y conocí el trabajo de la organización que creó junto a otras mujeres en distintos países. Entender cómo son tratadas las familias de las personas encarceladas, especialmente las mujeres, fue muy importante para construir esa relación. En ese contexto, encontrarse con un gesto de cariño, de comprensión o incluso de vulnerabilidad por parte de Alejo supone un verdadero bálsamo para ella.

Todo ese trabajo fue posible gracias a muchas conversaciones con Benjamín. Su dirección fue clave para encontrar el tono que necesitaba el personaje.

La película parte de una historia real y pone el foco en una realidad que rara vez vemos representada en el cine: la de las familias de las personas privadas de libertad. Como actor, ¿cambia tu forma de preparar un personaje cuando sabes que detrás de la ficción hay personas que han vivido realmente esa experiencia?

Sí, cambia mucho. En este caso tuve la oportunidad de reunirme con el verdadero Alejo, la persona a la que interpreto en la película.

Pudimos tomar un café, hablar durante horas, reírnos y compartir muchas experiencias de vida. También me contó episodios muy duros de los más de veinte años que pasó en prisión. Escucharle fue muy inspirador porque te ayuda a comprender hasta qué punto una experiencia así puede marcar el carácter y la forma de relacionarse con el mundo.

Muchas veces la realidad supera a la ficción. Yo podía imaginar determinadas situaciones, pero conocerlas de primera mano te sitúa en otro lugar completamente distinto. Esa conversación fue fundamental para construir el personaje con honestidad.

Tu filmografía combina cine de autor, grandes producciones y series internacionales. Mirando atrás, ¿cómo ha cambiado tu forma de elegir los proyectos y qué buscas hoy en un guion para decidir involucrarte?

Lo primero que busco siempre es una buena historia. Si un guion consigue tocarme alguna fibra y siento que, como espectador, tendría ganas de ver esa película, ya tiene mucho ganado.

Después me fijo en el personaje y en si existe un espacio creativo donde pueda aportar algo. Si siento que puedo disfrutar construyéndolo, el proyecto ya me interesa, independientemente del género.

En esta etapa de mi vida también estoy empezando a involucrarme en la producción. Tengo ganas de impulsar historias que me gustaría ver en pantalla y muchas veces, para que esas películas existan, uno tiene que implicarse desde el origen del proyecto. Es una evolución bastante natural después de tantos años de profesión.

Para terminar, ¿por qué recomendarías La mujer de la fila al público español?

La recomendaría porque es una película que no tiene nacionalidad. Habla de una realidad que trasciende cualquier país: la de las familias de las personas privadas de libertad, un mundo muy desconocido para la mayoría de nosotros.

Creo que es importante tomar conciencia de que no todas las personas que están en prisión son personas perdidas para siempre y de que el sistema penitenciario todavía tiene mucho camino por recorrer. Una condena no debería convertirse en un viaje al infierno. Además, quienes se quedan fuera también terminan viviendo su propia condena.

Me gustaría que el público se acercara a la película dejando a un lado los prejuicios. Todos los tenemos, pero esta historia invita precisamente a hacer el ejercicio de ponerse en el lugar de Andrea, de Alejo y de tantas personas que viven una situación como esta. Después cada uno hará su propia lectura, pero creo que merece la pena recorrer ese camino.

 

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Entrevistamos a Pedro Aguilera director de «Día de caza»

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Pedro Aguilera regresa a la dirección con Día de caza, una reinterpretación libre del clásico de Carlos Saura que traslada sus conflictos al presente con un reparto encabezado por Rossy de Palma, Carmen Machi, Blanca Portillo y Zoé Arnao.

Con motivo de su estreno en cines el pasado viernes, conversamos con el cineasta sobre el origen de este ambicioso proyecto, el reto de dialogar con una obra tan icónica sin renunciar a una voz propia, la construcción de un potente reparto femenino y las claves de una película que reflexiona sobre el poder, la desigualdad y las heridas que siguen presentes en la España actual.

¿De dónde surge la idea de hacer “Día de caza”?

El origen de todo fue una reflexión sobre los remakes como fuente de inspiración cinematográfica. Cuando hice la primera versión del guion de DÍA DE CAZA, allá por 2018, no existía todavía ninguna revisión de una película importante de la cinematografía española. No existían remakes dentro del cine español, hechos por un cineasta español. Algo que es tan común en otras cinematografías, como la italiana, la francesa o en estados unidos, aquí no existe. y no sé bien por qué… ¿quizá porque no admiramos y respetamos tanto lo que han hecho nuestros maestros? Yo siempre estoy interesado en mi cine en cambiar los procesos de trabajo, cambiar la forma de trabajar para llegar a imágenes nuevas, salir de mi zona de confort. Solo cambiando el proceso podemos llegar a imágenes nuevas.

El proceso es la clave del cambio, de la sorpresa. Después de tres largometrajes escribiendo desde mi mundo, con mis ideas y mi propia voz, me pareció un reto introducir una voz ajena en mi propio lenguaje cinematográfico. De esta reflexión surgieron dos películas, mi film anterior, SPLENDID HOTEL que habla de la historia del poeta Arthur Rimbaud en África y después está DÍA DE CAZA. Pero ambas surgen de esa premisa, “introducir una voz ajena en mi propia voz”. Como una especie de invasión controlada, un virus auto inoculado. Cada película, después, fue concebida de maneras muy muy diferentes.

En el caso de DÍA DE CAZA el dilema era poder defender mi propia visión trabajando con el material de otro cineasta. Me pareció que eso era un reto interesante. Y creo que DÍA DE CAZA juega con ello a diversos niveles, básicamente se trataba de preguntarse: ¿puede hacer y decir una mujer en 2026 lo mismo que un hombre hacía y decía en 1966 en una España muy diferente a la actual? Y mi respuesta fue que sí, y que realmente eso plantea un dilema muy poderoso, no sólo cinematográfico sino histórico, sobre qué ha cambiado en España en todo este tiempo y qué no ha cambiado nada.

¿Cómo fue el proceso de adaptar el guion de Saura y Angelino Fons?

Fue un aprendizaje fascinante. Sabía que mi versión tenía que ser tremendamente igual, y tremendamente diferente. Entonces el juego conceptual era, por un lado, dejar intactos los momentos que creo que sí son universales y atemporales, y por otro, cambiar todo lo que sí se había desfasado con el tiempo, desde expresiones hasta acciones concretas. Al mismo tiempo reforzar la trama, justificar una matanza en femenino es mucho más difícil que en lo testosterónico. En ese sentido, para la construcción de los personajes fue clave Lola mayo, la coguionista. Y meter nuevos elementos desde lo contemporáneo: por ejemplo el juego con los drones, los dispositivos, en relación con la trama de las escuchas ilegales. También estaba el tema de “la sombra” de la película, en la de Saura son los muertos y los fantasmas de la guerra civil, aquí los de la crisis económica del 2008, la burbuja inmobiliaria, la corrupción.

La película retrata una España actual en la que el abuso del poder está muy presente,

Sí, creo que el abuso de poder y la desigualdad no han cambiado en sesenta años, ni en España ni en el mundo, lamentablemente. Quizá hasta se están acuciando más. “Que todo cambie para que todo siga igual” decía Lampedusa en el Gatopardo. Creo que eso es parte de este proyecto, la sensación extraña y triste de que apenas hemos aprendido de nuestros errores en todo este tiempo. DÍA DE CAZA es, lamentablemente, cada vez más actual. Sin duda hay dueños de latifundios que no son caciques y que cuidan mucho de sus trabajadores, pero los hay que no. Lo he visto con mis propios ojos. Y está el tema de mantener el poder a toda costa, eliminar elementos que nos impidan medrar o continuar en la hegemonía. Lo leemos en los periódicos y lo vemos en la TV, así somos, homo sapiens. Lo que sea por sobrevivir, por aguantar en el poder, por someter a la competencia.

La película tiene una identidad propia, ¿cómo has conseguido separarte de una película tan icónica como es “La caza”?

Como he dicho antes, trabajando mi versión en múltiples direcciones, una de ellas es que la película de Saura está “dentro” de la mía. Por eso digo que es más una secuela que un remake. Me costó defender mi propia voz durante el proceso, la encontré sobre todo en la edición y en el sonido, pero creo que había ya semillas plantadas en el guion, en los diálogos y en la forma de rodar. Considero DÍA DE CAZA una película muy personal, curioso viniendo de un texto ajeno. Supongo que Scorsese piensa lo mismo de “el cabo del miedo” o De Palma de “Scarface”. Ese era el reto. Creo que lo hemos conseguido.

¿Cómo fue la selección del casting principal de la película?

Quería cambiar el tono del guion. LA CAZA original de Saura es una película seca y dura, yo quería introducir un aire más de humor negro, de sátira, quitarle realismo y naturalismo, hacer algo más fresco y contemporáneo. Desde la primera versión del guion pensé en ellas, en Machi, Portillo y De Palma. Escribimos ya sabiendo que eran ellas, y claro, ese tono se fue manifestando en los textos. Era muy importante, no solo que fueran grandes actrices, sino de una edad muy concreta, pues nacieron más o menos cuando se hizo la película de Saura, en 1966. Eso las hace «hijas» de la película y de ese momento histórico. Tenían que ser mujeres adultas, con fuerza y personalidad. Trabajamos mucho para que cada una de ellas tuviera su propia voz, su propia energía y matices y claro estas super actrices, que son artistas realmente, más allá de ser intérpretes, le han dado mucha fuerza al texto. Tuvimos la fortuna de que apoyaron el proyecto y participaron de inmediato.

Creo que están increíbles en la película. Y por supuesto Zoé Arnao también, que les da el contrapunto perfecto, desde otra generación, otra mirada, otra energía. Arnao hizo el casting con muchas otras actrices, y la mayoría lo hicieron increíble, fue difícil decidirse, además el texto de la prueba era complejo y largo. Pero Arnao tenía algo único que era lo que buscaba, creo que hemos acertado con su elección. Es muy difícil estar en la escucha y en segundo plano en secuencias con estas actrices con tanta fuerza y experiancia, y al mismo tiempo manifestar sutilmente el carácter necesario, la personalidad, la integridad de su personaje, con pocos gestos y miradas. Me encanta cómo ha quedado su personaje, era eso precisamente lo que buscaba.

La fotografía, que corre a cargo de Eva Díaz, es toda con luz natural, ¿de dónde surge esa decisión y cómo fue la preparación y el rodaje? Además hay un juego muy interesante entre la cámara y el dron que vigila…

Eva Díaz ha hecho un trabajo extraordinario, y no era fácil. Por las necesidades y por las limitaciones que teníamos. Por un lado, no solo a nivel presupuestario, si no también como decisión formal, decidimos no trabajar nunca con luz eléctrica, todo luz natural, con todo lo que eso supone. Al mismo tiempo mantener el “raccord” lumínico pues todo pasa en un mismo día. Y también yo quería que la cámara se moviera mucho, sutilmente, pero en movimiento siempre, lo que implicó utilizar todo tipo de elementos, desde travellings, y grúas, hasta steadicam o drones.

Trabajamos con 4 drones diferentes para diversas cosas. El principal, y más grande, llevaba nuestra cámara Alexa y era complejo de manejar. Esa idea la trabajamos con Eva desde el concepto de “elevación”. En la película de Saura todo es a ras de tierra, a la altura de los ojos de los personajes, al trasladarlo a lo femenino comenzamos a hablar del acto de volar, o de elevarse. “Elevarse, hasta de la muerte” decíamos en rodaje. De ahí viene ese movimiento de alzamiento de algunos planos. Sí, en femenino, la cámara se eleva, pero ¿qué pasa cuando te elevas demasiado? Ese fue el tema interesante. Pues que te alejas tanto de los personajes que los conviertes en figuras de una maqueta, en una abstracción, los deshumanizas, eso es lo que trabajamos.

Y para las escenas de caza elevadas le enseñé a Eva mis referencias de cuadros de Brueghel o las fotos de Jeff Wall, hay una “elevación adecuada”, sobrevolamos la escena, como si mirara un dron. Y finalmente te preguntas ¿quién mira? Esa es una pregunta importante de la película. No solo hay un dron que vigila, un personaje de la trama, también hay una cámara que ve el dron que vigila, ¿es el cineasta el que observa eso o hay alguien más? Básicamente se trata de la pérdida de la privacidad en el mundo contemporáneo. Siempre hay alguien mirando. ¿Quién está mirando? Es una pregunta importante que lanza la película.

La música de Fernando Vacas tiene una gran presencia en la historia, ¿en qué se inspira? ¿Cómo fue el proceso de composición?

¡¡Es magnífica!! Para mí la película no estuvo lista hasta que llegó la música de Vacas. ¡Es un genio! Elevó, nuevamente ese concepto, la película a otro nivel. La amplió, no solo la acompaña, multiplica la película a nivel semántico y sensorial. Pero fue un proceso largo, complejo y difícil. No llegamos a ella de primeras, y Juan Ferro, el diseñador de sonido, fue clave en el proceso. Lo logramos entre los tres, pero las composiciones, el arte, la artesanía y el saber hacer son de Fernando Vacas. Todo son instrumentos analógicos, no hay nada digital, tocados de manera magistral.

Fernando reunió a unos cuantos músicos brillantes y grabó mucho material, porque mis referencias e indicaciones al principio fueron muy generales, pero teníamos flautas y arpas y chelos y muchas cosas… lo difícil fue comenzar a limpiar todo eso, ver los árboles dentro del bosque. Poco a poco fuimos limpiando y quedó esta estructura muy interesante basada en las tres primeras notas del himno de España que toca un contrabajo y que luego se van distorsionando y rompiendo de diversas maneras y una es con la percusión. Algo atávico, repetitivo, ancestral, una música que te atrapa y no te deja escapar, como si fueras su presa auditiva.

A niveles de producción ¿cómo fue el rodaje? ¿Cuáles fueron los principales retos y dificultades?

Lo más difícil fue eliminar 20 páginas de guion por temas presupuestarios, yo tenía muchas ideas locas que no pude probar, algunas seguro que no hubieran funcionado, pero de otras siempre me quedará la duda. En principio era un rodaje de 6 semanas y lo redujimos a 5, o sea, 25 días de rodaje. Lo que es muy poco para ciertas cosas complejas que teníamos que hacer.

Otro tema fue el calor, en la dehesa extremeña en julio y agosto a 40 grados a la sombra, hay un momento en que no puedes pensar con lucidez, y a las actrices les afectó mucho, aunque también aportó un extra de tensión que vino bien en otros sentidos. Ellas, vestidas de otoño -porque la película ocurre en noviembre-, con escopetas, caminando sin parar por la dehesa, estaban agotadas. Y luego rodamos muchos planos en plano secuencia, algunos de 5 minutos, lo que implica más ensayos y otras dificultades. Pero todo salió bien, tuvimos suerte en algunos momentos también.

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